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La opinión de
Javier Abad

Con vuestro permiso

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¡Hay que ver como pasa el tiempo! Parece que fue ayer cuando escribí mi primer texto para la revista TodoSega en un pedazo de ordenador 386 con monitor de fósforo verde, y aquí me tenéis ahora, zambulléndome de cabeza en el ciberespacio. Os confesaré una cosa: a lo largo de todos estos años uno de mis grandes retos ha sido lograr que mi madre entienda que yo no trabajo en Nintendo, que nosotros escribimos sobre videojuegos, pero los “fabrican” en otras compañías. Estaba casi a punto de conseguirlo y ahora llega esto. Vaya palo mami, ¿como te explico que me he convertido en bloguero?

Y que conste que mantener un blog parece sencillo, pero conlleva una responsabilidad tremenda, porque la libertad para escribir sobre el tema que más te apetezca multiplica las posibilidades de meter la pata. Por eso, cuando mi jefe me sugirió la opción “voluntaria” de tener mi blog, yo me planté delante suyo, puse cara de firmeza... y le dije que sí (“voluntariamente”, claro). Eh, pero no vayáis a pensar que mi jefe es un ogro. De eso nada, que en mi propia editorial los hay mucho peores... ¿Veis?, acabo de empezar y ya me he metido en un jardín. ¡Lo sabía!

Como la decisión ya está tomada, ahora la pregunta es: ¿qué puede aportar mi blog, si aparece entre los de tantas figuras que me dan mil vueltas en esto de los videojuegos? Os aseguro que yo miro alrededor y no sé si estoy en una página de Internet o en Silent Hill, porque me veo rodeado de monstruos... de monstruos del periodismo, quiero decir, que luego los conoces de cerca y son unas bellísimas personas. Toma, ya van dos. Como exista un premio al blog más breve me lo dan seguro, porque esta puede ser mi primera y última aportación.

En fin, que en vista de que mis compañeros saben tanto, escriben tan bien y no se les escapa un detalle de la actualidad (así vas bien Javi, con prudencia), he pensado que a lo mejor os apetece que yo os comente las interioridades de este tinglado, las cosas que pasan en una redacción, los cierres de cada número, nuestras relaciones con las compañías, las broncas, digooo, las “negociaciones”, etc. Pero que quede claro que voy a tomármelo siempre con humor, que no pienso dar nombres y que cualquier parecido de lo que leáis en este blog con situaciones reales será pura coincidencia (o casi). ¿Entendido?

Ahora me voy, que tengo una conversación pendiente con mi madre. Seguiremos en contacto... con vuestro permiso, claro.

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