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Análisis de GTA IV
MarcComemucho

Guía para quienes no sepan disfrutarlo

Odio sinceramente, con todo el respeto del mundo, a aquellos que siempre salen con la moralina de 'el anterior era mejor', 'ya no es lo que era'... niños con pensamientos de viejo, en muchos aspectos: música (que si el último disco de Franz Ferdinand o The Strokes es peor), películas (bueno, aquí la cosa suele ser diferente...), épocas ('cuando era joven...'). Por descontado, el mundo de los vídeo-juegos no iba a ser una excepción, y después de haberme pasado Grand Theft Auto IV y de haberlo gozado igual que cuando me viciaba con 13 años (edad no recomendada para jugarlo, por otro lado), me repatea soberanamente tener que leer algunos comentarios déspotas -y sin mucho sentido- de presuntos 'expertos' resentidos con el título. Si es que ya lo dice Punset, muchas veces somos infelices porqué nos creamos unas expectativas de la realidad exageradas... en fín.  

 

Si antes de ayer me animé a escribir una review formal de Assassin's Creed II, me apetece ahora hacer algo diferente y, a modo de consejos sobre cómo disfrutar de la vida -en este caso jugando a un vídeo-juego-, rebatir los principales argumentos que utilizan los defensores del pasado (GTA San Andreas, por ende) y animarles a ser felices y a no sentirse frustrados con la 'dura' realidad (GTA IV, o próximamente la quinta entrega).

 

1. No pienses. ¿Acaso eres analista de vídeo-juegos profesional? ¿Trabajas para el gobierno haciendo estadísticas de los hábitos de consumo de la población? ¡No! Relájate, coge el mando de la Play o la Xbox, o el teclado del PC y disfruta de la experiencia que te ofrece GTA IV. No busques las siete diferencias entre éste y el otro, un gimnasio o un sitio donde puedas tunear tu coche. Pon tu mente en blanco y sal por la puerta del piso de mala muerte en la zona de Broker, date un paseo por la pasarela de tablones de Playa de Hove en Firefly Island -si lo ves necesario, zurra a algún viandante- y vete seguidamente, con la cabeza bien alta, a darle una mano a tu primo Roman en el taller cochambroso que regenta, que buena falta le hace.

 

2. Nico Bellic es un tio con personalidad (y con una vida más excitante que la de cualquiera de nosotros). Para empezar, a los que hacen comentarios racistas sobre el protagonista de GTA IV habría que colgarles de los hue... en la Estatua de la Felicidad. Es tan inmigrante un serbio en EEUU como un español, así que dejémonos de patochadas franquistas y retrógradas en cerebros de niños. Seamos modernos y guais. Segundo, Nico es un tio interesante, un personaje que busca el sueño americano, a la vez que venganza por el asesinato de sus compañeros en la guerra de Bosnia. Es frío y calculador, sí, pero también leal a sus amigos, pasional con las mujeres y tiene gusto a la hora de vestir (por si no has caído todavía, te supera en los tres apartados).  

 

3. ¿Te resulta aburrido el juego? Veo un gran problema en GTA IV: solamente las primeras 20 horas son súper-adictivas (las demás son adictivas a secas). ¿Qué esperabas? ¿Que llenase todas las carencias que faltan en tu vida? Es un juego hombre. Si no hay gimnasio en la ficción -como en San Andreas-, pues baja al que tienes en el barrio y así te desenganchas un poco de las consolas, que has puesto barriga.

 

No, en serio. Cuando la historia principal no te llene, vete a comer una hamburguesa con un colega a cualquier Burguer Shot o Cluckin' Bell, recarga tu arsenal de armas en los comercios clandestinos, juega al billar con tu chica (de acuerdo, jugar a dardos o a bolos no están entre las ideas más brillantes de Rockstar...), corre carreras de autos para el loco de Brucie o sobrevuela la ciudad en su helicóptero, busca un poco de cariño en los clubs de striptease como el Triangle Club, en Bohan, encuentra las rampas donde volar con tu PCJ-600 en cámara lenta, pídete un perrito caliente en los puestos ambulantes (aunque la cara del vendedor sea siempre la misma), roba automóbiles o motos y píntalos en cualquier Pray n' Spray, échale una partida a las máquinas recreativas, emborráchate en el puñado de antros disponible, mata gente con el rifle de francotirador, consulta el mapa de metro incluido en el manual de instrucciones y date un garbeo con el proletariado, acribilla hasta a 15 personas online creándote tu propio personaje y con tráfico rodado, haz el gamba saltando por los tejados, escucha tu emisora de radio favorita (la mía es Vladivostok), pide un taxi o llama a Roman para que te lleve gratis, trabaja para él de taxista, refréscate el gaznate con una bebida gaseosa en una expendedora, telefonea a la policía y quítales el coche para acceder a su base de datos (luego a los paramédicos para que te curen los balazos, o bien acude al hospital), haz fotos con el móvil y ponle una melodia que vaya con tu rollo, solicita una canción al programa radiofónico ZIT, encuentra las tropecientas palomas dispersas por la ciudad y reviéntalas con el bate de béisbol, cumple misiones secundarias de asesinato, tira una granada en un restaurante, perfecciona tu inglés con Liberty City TV, entra en un ciber-café Tw@ y envialé un e-mail a tu madre, para acto seguido navegar a través de la web de citas y contactar con una pelandrusca de tres al cuarto (yo acabé en la cama con una tipeja medio china y los pechos operados), párate a charlar con vagabundos que te darán pasta si les haces favores algo turbios, date un paseo en lancha, hazte asiduo de los patéticos shows del cabaré Perestroika en Broker, cómprate ropa de marca en los establecimientos de lujo de Algonquin en el distrito financiero de Suffolk (si estás tieso píllate un chándal en la tienda rusa), o simplemente recorre la ciudad haciendo turismo por los barrios de la verdadera Nueva York, los cuales se corresponden con Brooklyn, Queens, el Bronx, Manhattan (¡la gran manzana!) y Nueva Jersey.

Repito, ¿tan aburrido y tedioso te resulta el juego?

 

4. Métete en la piel de N. Bellic. Pocas sensaciones puedes encontrar en un vídeo-juego tan fascinantes como las que transmite GTA IV cuando llegas por primera vez a Liberty City. Es de noche y el cochazo con chófer del que Roman te habló, y que supuestamente tenía que venir a recogerte al puerto, es en realidad un carro destartalado que conduce tu primo borracho. Os moveís a oscuras por una ciudad desconocida, con las luces de la urbe y los focos del vehículo redimiéndote del frío, mientras Roman te escupe sándeces con aires de triunfador desde su asiento de co-piloto. A pesar de todo, sueñas con que mañana podrás ver esa ciudad de día y conocer a sus entrañables habitantes. Encontrarás un buen curro, una novia guapa y serás el rey de la fiesta. Si señor Nico, estás en América... lástima que las cosas se tuerzan tan pronto.

 

Si no consigues sumergirte de lleno en el juego con los gráficos del ala, los diálogos de jod... yankis, la ambientación colosal, las escenas de acción (¡puedes cubrirte de las ráfagas de disparos detrás de cualquier superfície!), las físicas sublimes de los coches, los personajes miserables como la misma naturaleza humana... es que, amigo, tienes un problema de insensibilidad crónica. Seguro que más adelante en el juego, en el momento que te den a elegir a cual de tus dos compadres liquidar, te decantas por Dwayne, el pacífico grandullón, en lugar de Playboy X, un individuo arrogante y altivo que se cree que puede educar a los chavales de la calle vendiéndoles droga.

 

Tienes un problema amigo. Luego, cuando salga el quinto capítulo de la saga, no digas que GTA IV era mejor.

 


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