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Análisis de Final Fantasy VII
Esli

El Séptimo Cielo

Hay historias que merecen ser
contadas con el grado de empatía e implicación que sólo los videojuegos pueden
alcanzar. Y hay aventuras que merecen ser vividas con el compromiso y el valor
de un héroe, dispuesto a enfrentarse a su pasado y a su destino para salvar el
mundo y, de paso, salvarse a sí mismo. Ese héroe puedes ser tú, si te atreves.

 

Hace unos quince años, cuando
Square-Enix todavía era Squaresoft y producía las entregas de su franquicia más
emblemática en dosis menores, Final Fantasy VII llegó y arrasó. Para muchos
representó entonces el súmmum de la saga, y para algunos, lo sigue siendo. Pero
también hubo un enorme grupo de personas, en el que me incluyo, para el que
esta séptima fantasía fue la primera. Dicen que el primer amor nunca se olvida,
y quizás por eso este juego es tan especial para los que descubrimos Final
Fantasy junto a Cloud, Tifa, y Aeris.

 

Con esta review me enfrento a un
enorme desafío, ya que no es nada fácil hacerle justicia al mágico recuerdo que
atesoramos muchos de sus jugadores contemporáneos. Y tampoco es sencillo
ofrecer una descripción acertada a los que lo desconocen, en parte porque ésta
es una de esas experiencias jugables que resultan imposibles de medir con
palabras, y también porque el paso de los años le deja en clara desventaja en
lo que refiere a su aspecto visual, creando una barrera invisible (e injusta) y
dificultando que el juego pueda entrarte por los ojos. Pero haré lo posible por
avivar tu interés sin forzarlo, siendo justo con el juego y contigo, y compartiendo
mi experiencia sin maquillar las arrugas que el paso del tiempo y de las
generaciones le han dibujado.

 

Así pues, sin más dilación, te
invito a recordar o a descubrir la séptima fantasía de Squaresoft, en este
particular homenaje redactado con todo el cariño y la perspectiva de alguien
que ha mirado atrás y se ha dado cuenta de que supo amarla entonces tanto como
lo hace ahora. Os presento a Final Fantasy VII.

 

 

Avalancha al rescate


El planeta está en peligro, y el
grupo activista Avalancha, liderado por el temperamental e impulsivo Barret, se
ha autoasignado la misión de hacer lo imposible por salvarlo. Su plan de
defensa consiste en boicotear los Reactores Mako que están succionando la
energía del Planeta. Y para llevar a cabo tan peligrosa hazaña reclutan al
mercenario Cloud Strife, ex-miembro de SOLDADO, una unidad militar de élite
vinculada a Shinra, la misma malvada corporación que también es propietaria de
los Reactores que Avalancha pretende destruir.

 

Éste es el punto de partida
argumental, tan sólo un diminuto ápice de una historia enorme que esconde mucho
más de lo que parece a simple vista. Porque a cada paso que das se desatan
detalles apasionantes sobre cada personaje, conspiraciones que nos amenazan, y
un misterioso mal que nos acecha a lo largo de nuestro periplo y que está
personificado en un atormentado ser, poderoso y siniestro; el que posiblemente
sea el villano más carismático y temible de todos los Final Fantasy: Sephiroth.

 

Mi intención hasta aquí ha sido
la de poneros en situación sin arruinar las sorpresas que abundan en su
desarrollo y, aunque pueda parecer poca cosa, estoy bastante seguro que no
necesitáis saber más porque los detalles sobre su trama ya circulan con fuerza
por la red de redes (rozando un peligroso exceso que os expone a dolorosos
spoilers, cuidado con eso), y porque de todos modos, leer sobre su historia no
es lo que podría enamoraros del juego, sino experimentarlo por vosotros mismos
y, sobre todo, conocer a sus inolvidables personajes.

 

 

Todo relato tiene un protagonista. O nueve


Ya he hablado lo justo y
necesario sobre Cloud y Barret (y Sephiroth). Y aunque sé que mencionarlos a
todos alargará demasiado este texto, jamás me perdonaría a mí mismo si no
profundizo al menos un poco más.

 

El primer encuentro con Aeris
parece fortuito, y el segundo, accidentado. Pero esta atractiva joven guarda un
secreto ancestral que se convierte en eje argumental y es protagonista del
momento más emotivo que he vivido con un pad en las manos.

 

Perteneciente a una curiosa raza
de aspecto felino, a Red XIII lo encontramos en un cruce desafortunado, pero se
une a nuestro grupo como el más leal y sabio compañero, a pesar de su
“juventud”.

 

También tenemos a Cid, un piloto
que vive amargado a causa de sus sueños rotos, y a Cait Sith, una especie de
marioneta de gato montada encima de un gran peluche y que parece esconder
algo... Por otro lado, requieren una mención especial los personajes opcionales
del juego que sólo encontrarás si los buscas con empeño: la ninja (y
ladronzuela) Yuffie, y el enigmático Vincent.

 

Y para el final de esta sección
me he reservado a mi preferida, Tifa Lockhart, amiga de la infancia de Cloud,
por quien guarda un aprecio incondicional y con quien comparte un pasado que es
la clave en la búsqueda de la verdad sobre sí misma, Cloud, y mucho más. Además
de bella, es valiente y dulce, y regenta un establecimiento llamado El Séptimo
Cielo, en cuyo sótano se esconde la guarida de Avalancha.

 

Es imposible no encariñarse con
estos personajes, sobre todo después de vivir con ellos las apasionantes
aventuras y los terribles hechos que los marcan y unen para siempre. Junto a
ellos serás testigo y cómplice de una historia de amistad y lealtad, venganza y
redención. Una historia de magia y fantasía que te atrapará y te romperá el
corazón.

 

 

Entremos en “Materia”

 

En este absorbente JRPG, los
elementos jugables convergen con el argumento de manera magistral. ¿Y cuál es
el nexo? Pues la Materia, una fuente de poder mágico que es el resultado de
condensar Mako (la energía del planeta). Y como no podía ser de otro modo,
podemos (y debemos) utilizarla con cuidado.

 

Final Fantasy VII es todo un
mundo, lleno de pueblos y ciudades que están habitadas por multitud de NPCs que
tienen mucho que contarnos y tareas que pedirnos. Tampoco faltarán las tiendas
donde adquirir o vender Materia, al igual que equipo, amuletos, y armas, cada
uno con sus atributos y propiedades elementales. Y entre una localización y
otra, recorremos un hermoso y amplio mapamundi, ya sea a pie o conduciendo
alguno de los vehículos cuando están a nuestra disposición y que nos dan acceso
a nuevas zonas. Y por supuesto, también podemos criar y montar Chocobos, esas
adorables criaturas semejantes a las aves que nos ayudarán a ir más deprisa si
necesitamos huir de algún monstruo, y también nos permitirán llegar a zonas que
de otro modo serían inalcanzables.

 

Pero avanzar no sólo consiste en
explorar los entornos y en leer los diálogos, ya que al andar nos asaltan
batallas aleatorias que deberemos vencer al estilo clásico: por turnos. Cada
personaje dispone de una barra que, al llenarse, nos permite elegir su próxima
acción. Y aunque los primeros combates son muy simples, poco a poco aumenta su
complejidad según los enemigos a los que nos enfrentamos requieren tácticas más
elaboradas. Y parte de la correcta planificación de nuestra estrategia reside
en la configuración de los personajes en el Menú, donde escogeremos armas y
equipo defensivo que, además de otorgarnos poder para atacar y para
protegernos, contienen unas ranuras en las que podemos insertar la Materia. Hay
cinco clases de Materia (categorizadas por colores) y su uso es lo que más
posibilidades nos dará a la hora de combatir, permitiéndonos realizar hechizos
destructivos y curativos, ataques especiales, y mucho, mucho más. Y para mí, la
guinda de los combates son los ataques Límite de cada personaje, que nos
permiten realizar ataques devastadores cuando alguno de ellos ha sufrido una
determinada cantidad de daño. Son las acciones más espectaculares y a menudo
incluso suponen el clímax en alguna de las batallas más importantes, si tienes
la suerte de rematar a tu enemigo de este modo.

 

Y así, aumentando de nivel,
potenciando la Materia, encontrando mejores armas y equipo, explorándolo todo y
hablando con todos... te sumerges en una abrumadora aventura que a cada paso te
está preparando para su apoteósico desenlace final.

 

 

La obra maestra de ayer, ¿lo sigue siendo hoy?


Este aclamado título de
Squaresoft está disponible para descargarlo en la PS Store y disfrutarlo en tu
PS3, PSP, o Vita, aunque es más recomendable jugarlo en alguna de las
plataformas portátiles, cuya resolución de pantalla se ajusta mejor al nivel
gráfico de este juego en particular, y de los clásicos de PSone en general.

 

Pero, ¿merece la pena? Ésta es la
gran pregunta, y la respuesta no es evidente porque depende, sobre todo, de ti
y de tus expectativas. Es posible que esta review haya despertado o acentuado
tu curiosidad. Si ése es el caso, creo que debes tener en cuenta una serie de
advertencias que podrían ayudarte a tomar la decisión correcta y, en caso de
que dicha decisión sea la de jugar el juego, a hacerlo con el enfoque adecuado.

 

El principal “defecto” de
cualquier clásico es su apariencia antigua. Su limitado apartado técnico podría
amortiguar las intensas sensaciones que probablemente habrías experimentado si
lo hubieras jugado en su época, pero eso no significa que no lo puedas
disfrutar. Y aunque su aspecto es fácil de ver porque salta a la vista, no lo
es tanto todo lo que hay detrás. Me refiero a su mecánica jugable, que podría
parecer demasiado pausada si estás muy acostumbrado al estilo de rol moderno.
Pero cuidado, esto no significa que sea aburrido ni de lejos, sino que
inevitablemente es menos espectacular, pero igual de efectivo si le das una
oportunidad concienzudamente.

 

Para mí, Final Fantasy VII es uno
de los mejores juegos que se han creado, y todavía lo juego de vez en cuando
con la misma ilusión de antaño, siempre que me apetece abrir la ventana de la
nostalgia a este mundo que, sea capaz de impactar hoy o no, puede imprimir en
ti una huella imborrable.

 

 

LO MEJOR: Tener la oportunidad y el privilegio de descubrir (o
revivir) una de las mayores joyas que existen en el mundo de los videojuegos, y
de la cultura multimedia en general. Un juego de culto que nadie se debería
perder.

 

LO PEOR: Su ya anticuado apartado técnico requiere un esfuerzo
adicional para poder apreciar esta obra de arte como es debido.

 

 

Gráficos: 8 – El diseño artístico es sublime, aunque el acabado
técnico no sea actual. Los variados escenarios prerenderizados, las animaciones
y modelados de las batallas, y las escenas cinemáticas, son más que correctos.
Pero contrastan con unos personajes in-game que (salvo en los combates) son
caricaturas que puedes encontrar entrañables o toscas, depende de ti.

 

Sonido: 10 – El sonido sintetizado delata los años de este título,
pero a pesar de ello, la calidad musical por sí misma merece el más alto
reconocimiento. Sus batallas más épicas lo son aun más gracias al
acompañamiento idóneo de la banda sonora, y el tema principal es el más
conmovedor y mágico que he oído en un juego o en cualquier otra producción
(cine incluido).

 

Duración: 10 – Un enorme mundo por descubrir, con cientos de
personajes con los que interactuar, un hilo argumental elaborado y complejo...
todo esto (y más) da como resultado una aventura tan larga como tú quieras que
sea. Hasta unas 110 horas si te lanzas a explorar en busca de los más valiosos
tesoros y a la caza de las criaturas más monstruosas y peligrosas. ¿Rejugable?
Yo ya llevo cuatro runs, y los que seguirán.

 

Concepto: 10 – Su desarrollo contiene una de las más ajustadas
curvas de dificultad que he experimentado, y el uso de la Materia y el equipo
te desafía a encontrar las combinaciones óptimas que mejor encajen con tu
estilo, para luego aplicarlo como mejor sepas en los combates. Una delicia
jugable para cualquier amante del rol clásico.

 

Diversión: 10 –  El mal se
cierne sobre el mundo de Final Fantasy VII, y tú debes protegerlo. Esta
preciosa epopeya atrapa de principio a fin mientras te invade la sensación de
volverte más fuerte a cada paso y mientras sus personajes te conquistan sin
remedio. Si le dejas, la séptima fantasía de Squaresoft tocará tu corazón y
nada volverá a ser igual.

 

 

TOTAL: 48 sobre 50 = 96

 

 

- Esli

 

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