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Análisis de Call of Duty Black Ops
MarcComemucho

Superjuegos Reunidos

 

El detonante de todo fue
mi hermano. Al muy cenizo se le iluminó la bombilla en el peor momento y el
peor lugar. Un gesto ingenuo, tan casual como la idea de sacar una Coca-Cola o
una bebida energética en oferta de la nevera, precedido por un comentario de la
misma naturaleza: ‘tienes que jugar a esto, el online es una pasada’. Sabe que odio ese tipo de videojuegos, la
clase de basura-sin-cerebro con la que los idiotas de mis ex-compañeros de
instituto se divierten y llenan sus miserables vidas, basadas en cenas caras y
discotecas de dudoso gusto frecuentadas por pechugonas desdentadas. Sólo de
pensarlo me entraban arcadas. Sin tiempo a abrir la boca, bajó con la carcasa
del juego en la mano y una estúpida sonrisa de autosuficiencia dibujada en su
rostro.

 

 

No me preguntes cómo, pero
en poco tiempo estaba irremediablemente atrapado. Jugaba todas las noches, casi
poseído, para aliviar el estrés diurno y la desesperación de saberme encerrado en
pleno verano en la isla de las maravillas. Devoraba vídeos en Youtube de
conocidos partners (Willyrex, gizmog,
Outconsumer y otros nombres igual de absurdos), e incluso llegué a elaborar una
guía sobre las armas del juego, la cual imprimí junto a las figuras en color
correspondientes y sus estadísticas. Soñaba con las partidas multijugador, y
aún despierto no dejaba de pensar en posibles combinaciones de habilidades,
ventajas, armas secundarias y accesorios del arma principal.

 

 

En cierta manera
recuerda a aquel tan poco estimulante y casposo pasatiempo, los Superjuegos Reunidos.
Cartones impresos con la tabla del ajedrez, el juego de la oca, fichas de damas
y palillos chinos, dados pequeños, cubiletes, entretenimientos orientales sin
instrucciones, una inservible ruleta que era el reclamo de la carátula en los
Toys ‘R’ Us y la sección de juguetes de los centros comerciales. ¡Diablos!
Prefería mil veces el Paper Boy de la Master System a aquella bazofia. O aquel
cartucho inspirado en las Olimpiadas que me trajo el rey Gaspar con cinco años ¡Ése
sí era un verdadero superjuegos reunidos! Aunque la mayoría de pruebas olímpicas
se basaran en pulsar repetidamente A ó B…

 

 

Black Ops es la clase
de mierda que el cerebro necesita. Azúcar ultra-refinado inyectado directamente
en las sienes y las retinas. Es sencillo, ¿Sabes? Al menos todo lo sencillo que
puede llegar a ser llenar de pólvora a un pobre diablo… Una vez superada esa
barrera, no hay vuelta atrás. Puedes sentir la tensión mientras sostienes el
arma esperando a que el tipo aparezca por la puerta. En cuestión de segundos
uno de los dos pasará a mejor vida y cada movimiento, por nimio que parezca,
adquiere relevancia –y aquí odiarás que tu conexión a Internet sea equivalente
a la de un chirriante módem de 56K. Pero eso no es todo. Debes mimetizarte con
el ambiente, conocer cada rincón del mapa, predecir todas las posibles vías de
entrada y de salida, los puestos de francotirador o los movimientos perfectos de
la pantera rosa.

 

 

Ellos van a joderte, y
tú lo sabes. Tal vez se camuflen con ramas y hojas imitando a Bulbasur, el Pokémon
mitad dragón barbudo mitad planta, o te vuelen la cabeza sin ni siquiera
haberlos atisbado. Pueden intoxicarte con gas Nova o clavarte un tomahawk en el
entrecejo, acuchillarte antes de que logres levantar tu pesada FN FAL o dejarte
entumecido para seguidamente dedicarte ráfagas de metralla. Pueden adherir a tu
cuerpo una granada Sémtex, o hacerte volar por los aires con un lanzagranadas
acoplado al fusil, usarte como diana para la ballesta, enviarte perros o un helicóptero
artillado y, al viejo estilo Western, hacerte bailar al son de dos revólveres Phyton
en un ritual hipnótico. Existen infinitas combinaciones para morir… O matar. Si
no tienes suficiente, siempre puedes dedicarte a exterminar zombis.

 

 

Pero no es cosa de niños,
¿Entendido? No basta con que vacíes el cargador ante crecientes oleadas
de nazis de ultratumba… Es algo más complejo que eso. Debes entender sus
movimientos, conectar la electricidad y beber mejunjes de las máquinas
expendedoras. Buscar las ‘cajas del osito’ para conseguir armamento letal y
entender la dinámica de cada uno de los emplazamientos. El viejo George
únicamente es capaz de relajarse dándose un baño en aguas glaciales… En
Shangri-La los conductos de agua pueden salvar tu pellejo. En cierta manera,
debes tratar a los zombis como un rebaño de ovejas, sólo que en lugar de comer
hierba quieren hacer un festín con tus intestinos. Si te aburres de sus babas u odias a los camperos, el último cartón de estos superjuegos reunidos –algo
más lustroso por su poco uso pero no por ello menos entretenido– corresponde al
modo campaña. Espectacular e inverosímil, proporciona las horas justas de
diversión-sin-cerebro para hacer correr el tiempo cuando no dispones de
conexión a la red (aun a costa de perder los trofeos para frikis).                 

 

 

De no haber sido por
el modo multijugador de Black Ops, seguramente no habría soportado la presión:
constituyó mi válvula de escape ante la dificultad que suponía entregar un
trabajo científico y riguroso en un mundo repleto de imbéciles. Mi estudio
sobre inhibidores tirosina quinasa no fue, en modo alguno, extenso. En la
presentación del mismo había preparado la respuesta en caso de que al tribunal
se le ocurriese objetar ese punto. No fue necesario, pero quizás sea ahora
pertinente escudarme en ella con el fin de justificar la brevedad del presente
análisis (dejando de lado su poco disimulada subjetividad). Hace más de 50 años,
Watson y Crick describieron la estructura de la molécula de ADN en dos caras de
un folio. Si la mayor revolución del conocimiento científico del siglo XX puede
explicarse en tan poco espacio, ¿Porqué no analizar un videojuego en poco más
que un par de párrafos?

  


Mis otras reviews
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93

Excelente

Lo mejor

Lo peor

Análisis de HobbyConsolas

    Review del esperado Call of Duty Black Ops

    Call of Duty regresa cuando más lo necesitábamos. Eso sí, se olvida de la guerra moderna y nos transporta hasta uno de los conflictos más apasionantes de todo el siglo XX: la Guerra Fría que tuvo entretenidos a americanos y soviéticos en la década de los 60 a cuenta de Cuba, Kennedy y Vietnam, Call of Duty Black Ops es, en su modo campaña, una montaña rusa que nos va llevando por escenarios tan variados como reales, en distintos puntos del planeta y que Treyarch ha llevado a cabo con una maestría que empieza a ser costumbre en la serie. Es como si ya manejaran el lenguaje de las guerras

    Hobby

    96

    Obra maestra

    Lo mejor

    La ambientación, los gráficos y, sobre todo, la tremenda diversión que proporciona...

    Lo peor

    El modo campaña se queda muy corto, salvo que queramos exprimirlo online.

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