Los 7 Samuráis
Reportaje

Antes de Los 7 Magníficos fueron Los 7 Samuráis

Por Manuel del Campo
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Ante el inminente estreno de una nueva versión de Los 7 Magníficos, dirigida por Antoine Fuqua y protagonizada por Denzel Washington y Ethan Hawk, es obligado hacer un recorrido por la trayectoria de este film, cuyo origen está en una de las grandes obras maestras del cine, Los 7 Samuráis de Akira Kurosawa.

Seguro que estáis deseando ver al bueno de Denzel Washington pegando tiros junto a Ethan Hawk y Chris Pratt en la nueva versión de Los 7 Magníficos. A muchos, los más mayorcitos, os sonará -y puede que hayáis visto alguna vez- la película de 1960 de John Sturges, con Yul Brynner y Steve McQueen, y la inolvidable y pegadiza banda sonora de Elmer Bernstein. Pues bien, antes de que vayáis ansiosos al cine el próximo fin de semana, guardad unos minutos para leeros este reportaje y podréis presumir ante vuestros amigos y amigas de que lo sabéis todo sobre esta historia de forajidos y justicieros, y cómo hemos llegado hasta esta nueva versión de 2016 cuando todo empezó en 1954…

Samuráis en el Japón Feudal

Akira Kurosawa (1910-1998) está considerado uno de los más grandes directores de cine, no solo en Japón sino en todo el mundo. Su influencia ha sido crucial, especialmente en las películas de aventuras y acción, y algunos de sus films han sido posteriormente versionados por el cine occidental.

Sorprendentemente, el nunca sintió ese reconocimiento, y a principios de los 70 se intentó suicidar. Afortunadamente falló, porque tras rehacer su vida nos regaló aún más obras maestras como la preciosa Dersu Uzala (Oscar a la Mejor Película de Habla No Inglesa en 1975) o Ran (1985).

Dersu Uzala
Imagen de la película de Kurosawa Dersu Uzala

Mucho antes de todo eso, en los años 50, Kurosawa ya era un director muy reconocido, entre los más importantes en Japón y con un gran prestigio internacional gracias, entre otras muchas, a una maravilla llamada Rashomon (Oscar a la Mejor Película de Habla No Inglesa en 1950), en la que se narra un crimen bajo cuatro puntos de vista, y que también tuvo su adaptación de Hollywood con Paul Newman de protagonista.

Los antepasados de Kurosawa fueron samuráis y el llevaba dándole vueltas a realizar una película sobre un día en la vida de un samurái que acababa con el protagonista haciéndose el harakiri. En estas estaba él y su equipo de guionistas, tratando de hacer realidad algo bastante complicado, cuando en la labor de documentación se toparon con la historia real de seis samuráis que habían defendido a un pueblo de los bandidos. Bingo. Kurosawa había dado con la historia perfecta. Durante semanas trabajó sin descanso en un guión que acabó teniendo más de 500 páginas. Kurosawa, un perfeccionista que ríete tú de Kubrick, escribió la biografía y el perfil de todos los personajes que tienen al menos una línea de diálogo en la película (¡son decenas!) y, de regalo, también las relaciones detalladas de todos los habitantes del pueblo en el que se desarrolla todo: si eran primos, sobrinos, vecinos, si se llevaban bien, si se emborrachaban con sake los viernes… De locos.

Sin embargo, algo fallaba. Una historia con seis samuráis henchidos de códigos de honor y tradiciones se quedaba algo coja y un pelín aburrida. Y así surge el personaje de Kikuchiyo (interpretado por el actor fetiche de Kurosawa, Toshiro Mifune) un auténtico descerebrado cuyo rol es clave en la historia. El único que no está basado en un personaje real. Como dirían en el film, ya tenemos a los 7. Los 7 Samuráis.

Los 7 Samuráis
Toshiro Mifune interpretando al impredecible Kikuchiyo

Si hace poco os contaba el riesgo que para la MGM supuso una producción como Ben-Hur, para la compañía japonesa Toho Los 7 Samuráis no lo fue menos. Esta productora ya estaba embarcada en un mega proyecto, con un protagonista algo peculiar, que os sonará, llamado Godzilla. Y Kurosawa, lejos de conformarse con un presupuesto pequeño para su historia de guerreros, manda construir un poblado entero de la nada, rueda muchas escenas con varias cámaras, con la inversión que eso supone, para después poder montar los planos a su gusto (y dar más libertad artística a los actores, según él) y el rodaje se alarga durante casi un año (cuando iban a ser tres meses) con todo tipo de problemas y amenazas de cancelación por parte de la Toho, que al final no le quedó más remedio que ceder porque perdía aún más si la película no se estrenaba, a pesar de que el presupuesto se multiplicó por cuatro.

Por tranquilidad de Toho el resultado es una película sensacional, hasta en su metraje, tres horas y veintitrés minutos (lo que la sitúa entre las películas más largas de la historia), aunque tanto en el país nipón como en Europa y USA se distribuyen versiones reducidas (con tijeretazos de hasta una hora que obviamente penalizan la calidad de la obra). El éxito en Japón supera todas las expectativas, y la película se convierte en la más taquillera…¡durante 30 años! En el resto del mundo el impacto no es menor, y Los 7 Samuráis suponen un fenómeno que pone el cine japonés en lo más alto. Premios en la Mostra de Venecia y nominaciones en los Oscar y los Bafta, entre muchos otros galardones, completaron el aplauso unánime que ya habían dado crítica y público.

Los 7 Samuráis
Kanbei, el líder de los 7 Samuráis

 

Soldados sin fortuna

El argumento de Los 7 Samuráis es tan simple como atractivo: en el Japón feudal de finales del XVI, un pueblo es continuamente saqueado por un grupo de bandidos. Hartos de la situación, deciden contratar a unos samuráis para que les defiendan. Kanbei, un experimentado y templado samurái con grandes dotes de liderazgo acepta ayudarles a cambio solo de comida, y decide que necesitan al menos siete samuráis para combatir a los 40 bandidos. Él mismo, con la ayuda de un joven guerrero, se encarga de reclutarlos uno a uno, bajo sus mismas condiciones, es decir, solo a cambio de comida, hasta que llegan a la simbólica cifra. Una vez instalados en el pueblo, los días irán pasando entre las batallas con los bandidos mientras se desarrollan las relaciones con los campesinos y entre ellos mismos.

Los 7 Samuráis
Una escena de batalla en Los 7 Samuráis

Kurosawa nos cuenta esta aventura con un vigor narrativo que hace que las más de tres horas pasen en un suspiro, a la vez que nos ofrece un cuidado retrato de personajes –una de las claves del film son las diferentes personalidades de los samuráis, guerreros sin grandeza cuyo único punto en común es su innegociable sentido de la justicia- y escudriña un tiempo marcado por el feudalismo, el honor, la brutalidad y el machismo. Todo ello aderezado con grandes dosis de acción y humor.

Si alguno os animáis a verla (actualmente está disponible en Movistar, Filmin y Wuaki) he de advertidos que en un primer momento puede resultar algo chocante para los ojos occidentales. La cultura japonesa es muy diferente a la nuestra, y tanto la forma de expresarse, con constantes gritos e insultos, así como algunos comportamientos exagerados y hasta grotescos (especialmente del personaje Kikuchiyo) causan cierta sorpresa y desconcierto. Y es precisamente en este sentido donde se pone de manifiesto el inmenso talento de Kurosawa, pues sin apenas darnos cuenta nos sumerge en la historia de tal manera que pronto interiorizamos ese envoltorio cultural para poner el foco en las cuestiones verdaderamente universales: la justicia, la guerra, el odio, el amor, la compasión, la amistad, el honor, el respeto, el valor. Cualquier persona en el mundo, haya nacido en Trebujena o Teherán, entiende esos conceptos, especialmente si los trata una mente brillante.

Los 7 Samuráis
En pleno combate en Los 7 Samuráis

Ni que decir tiene que técnicamente la película es una exhibición constante, por su puesta en escena, por la magnífica fotografía en blanco y negro (soberbia iluminación), el rodaje de las batallas (con planos a cámara lenta, sí, medio siglo antes que Matrix) o la dirección artística. Kurosawa demostró ser uno de esos contados directores capaces de maravillar tanto por el continente como por el contenido.

 

Los 7 Magníficos (8, con la banda sonora)

Un fenómeno de tal calibre no iba a escapársele a Hollywood. Apenas seis años después, la United Artists se dejó convencer por el actor Yul Brynner, toda una estrella en aquel tiempo, para, en una redonda metáfora del argumento y haciendo honor a su nombre, reunir a un puñado de carismáticos actores que -sustituyendo las katanas por las pistolas y el Japón feudal por el Oeste del siglo XIX- recrearan la versión occidentalizada de la película de Kurosawa.

Los 7 Magníficos
Cartel de Los 7 Magníficos

Ya solo el reparto era para relamerse: juntar en un mismo film al mencionado Brynner más Steve McQueen, James Coburn, Charles Bronson, Robert Vaughn más Eli Wallach como jefe de los bandidos, todos en su mayor esplendor físico y artístico, aportando su rostros duros y atractivos y sus miradas pétreas a una historia tan golosa debió ser, salvando todas las distancias, como lo que Stallone logró con sus Mercenarios en el siglo XXI.

 

Los 7 Magníficos (1960)
Yul Brynner y el resto de los 7 Magníficos

El director, John Sturges, un especialista en westerns y films de acción que había creado escuela con Duelo de Titanes y lo haría después con La Gran Evasión, acostumbrado a manejar estrellas, se enfocó, como no podía ser de otra forma, en el lado más entretenido y espectacular de la historia, confiando en que la arrebatadora personalidad de los actores haría el resto. Acertó… a medias. La película es muy entretenida y se ve de un tirón, las escenas de acción están muy bien rodadas y los actores antes nombrados llenan la pantalla con su carisma. Pero Sturges fracasa al trasladar al personaje clave de la obra de Kurosawa, Kikuchiyo, que aquí es una mezcla del joven guerrero y el descerebrado, que en manos del actor alemán Horst Buchholz roza la caricatura. Se quedó lejos de aportar el peso humorístico, dramático y romántico que al pobre le pusieron sobre sus espaldas. Quizá el error fue tratar de recrear, al menos en parte, el talento de Kurosawa, algo suicida cuando se trata de genios. Menos mal que allí estaba el gran Steven McQueen para compensar el desaguisado con sus líneas de humor negro. Y, por supuesto, una pegadiza e inolvidable banda sonora que después oímos hasta hartarnos en los anuncios de Malboro.

Los 7 Magníficos
Steve McQueen y Yul Brynner en un descanso del rodaje

Aún con todo, Los 7 Magníficos supuso un gran ejemplo de cine comercial de calidad, que sin llevar el western a los niveles que habían logrado John Ford, Howard Hawks o Anthony Mann, sí respetó sus líneas maestras potenciando el entretenimiento, una tendencia que luego fue imitada (a veces mal imitada) en las décadas posteriores. Kurosawa quedó tan encantado con que en Hollywood hicieran un remake de su película, que incluso regaló una katana a John Sturges.

Los 7 Magníficos pasó así a la historia más por su éxito comercial y su carácter icónico que por su calidad, aún siendo una película notable.

 

Secuelas, homenajes y remakes

El fenómeno 7 Magníficos no había hecho más que empezar. La repercusión del film fue tan grande que desde entonces se han realizado un buen número de películas y series relacionados de una u otra forma con la historia, por no mencionar las múltiples películas donde se muestra su influencia.

En los siguientes años se estrenaron tres secuelas, El Regreso de Los 7 Magníficos (1966) de nuevo con Yul Brynner de protagonista (del resto no repitió ninguno), La Furia de Los 7 Magníficos (1969), con George Kennedy tomando el relevo de Brynner y los españoles Sancho Gracia y Fernando Rey en el reparto, y El Desafío de Los 7 Magníficos (1972), con Lee Van Cleef al frente y rodada en España, todas ellas con una línea argumental similar a la primera, aunque obviamente sin alcanzar su nivel.

La Furia de Los 7 Magníficos
George Kennedy, protagonista de La Furia de Los 7 Magníficos

También hubo una serie de televisión de 23 episodios (1998-2000) llamada Los 7 Magníficos con Michael Biehn (Terminator, Aliens) en el papel principal y la aparición de uno de los actores del film de 1960, Robert Vaughn.

Y la cosa no se detuvo ahí. En 1980 se estrenó Los 7 Magníficos del Espacio, en plena fiebre Star Wars, también con Robert Vaughn (que por lo que se ve le cogió el gustillo a la historia).

También en la animación hemos visto la influencia de esta historia, muy claramente en Samurái 7 y de forma más sutil en la popular Bichos.

Por último, la más reciente de las adaptaciones ha sido la película hongkonesa 7 Espadas estrenada en 2005.

Con toda esta prolífica trayectoria, no es de extrañar que esta versión de 2016 haya causado tanto revuelo. Si habéis llegado hasta aquí, ya podéis acudir al cine con la conciencia tranquila, sabiendo que Los 7 Magníficos es mucho más que una película.

 

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