Reportaje

Apocalipsis tecnológico, ¿una realidad?

Por Raul Tejera
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Siempre se tiende a pensar que la llegada del Apocalipsis será por causas ajenas a nosotros mismos, como catástrofes naturales, invasiones alienígenas o epidemias de todo tipo. Lo que nadie se ha planteado es que la causa de nuestro cataclismo sea la falta de previsión del hombre en cuestiones tan obvias como el desarrollo de la tecnología o la economía sostenible.

Los usuarios más críticos apuntan a lo innecesario del cambio de generación. Por lo que hemos podido ver, el salto gráfico no es significativo. La mayoría de la gente no puede diferenciar entre un Assassin’s Creed 4 funcionando en PS3 o en PS4. La revolución que supuso el cambio de Super Nintendo a Nintendo 64 fue todo un hito. Todos vivimos con ansia el relevo de PSOne por parte de PS2. El salto de Xbox a Xbox 360 nos sumergió en la alta definición. Cada cambio de generación tuvo su razón de ser, pero en esta ocasión las expectativas son más difusas.

Las nuevas bazas de Xbox One y PS4 residen en poder compartir nuestras partidas y en utilizar la tele de forma más “completa”. ¿Es eso bastante atractivo? La razón de todo esto es que ya estamos llegando al techo tecnológico en lo que se refiere al nivel gráfico en las consolas. Ese techo también se está alcanzando en la mayoría de los productos que usamos a diario. Mirad a vuestro alrededor. Los televisores son cada vez más perfectos, planos y ligeros. La imagen apenas se puede mejorar. Desde la industria apuntan que el siguiente paso serán las teles de resolución 4k. Los más escépticos llaman a esto “un timo para seguir vendiendo aparatos”. Nosotros no queremos ser tan duros, pero es cierto que en pocas décadas llegará un punto en el que la calidad no se podrá mejorar, y es ahí donde entra la teoría del Apocalipsis Tecnológico.

Cuando los consumidores pierdan el interés por comprar nuevos productos, cuando nada nos sorprenda o cuando simplemente nos conformemos con el móvil que tenemos, la gente dejará de adquirir tecnología. Supongamos que este pensamiento lo tengan millones de personas. Cuando nadie compre, las empresas quebrarán, no habrá inversión para nuevas ideas, el dinero dejará de fluir y miles de despidos dejarán las fábricas vacías, entre otros nefastos desencadenantes. 

Crisis globales, problemas particulares

Algunos indicios de la crisis de nuestro sistema de producción global son ya palpables. En China, los trabajadores de Apple se suicidan porque no pueden dar abasto a las exigencias de fabricación. Se necesitan más y más unidades de sus productos para vender en el mundo entero. En Bangladesh, los edificios se derrumban con sus obreros dentro, porque Occidente reclama más y más ropa para ser distribuida en las tiendas. Toda una maquinaria global que no puede parar, que pide sin descanso bienes y servicios.

Es obvio que esto tiene fecha de caducidad. "Es imposible, siempre habrá alguien que quiera comprar", dicen los poderes privados. Lo mismo pensaban en España, que la gente siempre iba a comprar casas. Hace poco se dieron con su propio ladrillo en las narices, y ahora todos lo estamos pagando. El problema es que todo nuestro modo de vida se basa en la economía de crecimiento infinito, y, al igual que llegará el techo tecnológico, también llegará el techo del crecimiento a escala mundial, con consecuencias devastadoras.

Hemos vivido estas crisis de manera cíclica, aunque lo peor está por llegar. Cuando se junte la falta de interés para comprar nuevos productos, con la falta de dinero para pagarlos, llegará el Apocalipsis Tecnológico.

Adiós a nuestro modo de vida

Juegos como The Last of Us o Dead Rising 3 nos someten a realidades apocalípticas donde la supervivencia es todo un logro. Sin ser tan pesimistas, bien es cierto que con la llegada del Apocalipsis Tecnológico ni siquiera podremos comprar repuestos o productos que ya conocemos en las tiendas, porque la industria estará totalmente en bancarrota. Ni que decir tiene que si se estropea nuestra consola no podremos repararla.

Al estar tan dañadas las infraestructuras globales y las corporaciones que manejan los servicios de red, internet también caerá. Ya que las empresas no podrán asumir los grandes costes de mantener un suministro que los clientes no pueden pagar, éstas se verán obligadas a cortarlo. Internet sólo existirá para los gobiernos y para las comunicaciones absolutamente imprescindibles. Claro que siempre habrá quien logre "cogerlo" con métodos poco corrientes, pero esto solo estará al alcance de hackers y expertos informáticos. La gran mayoría de la población se quedará sin internet. Olvidaos de cosas tan habituales y accesibles hoy en día como PS Network o Xbox Live, porque también desaparecerán.

Con este panorama, sólo podremos jugar a cosas tangibles, físicas, que existan entre nuestras manos. Florecerá la compra-venta de videojuegos, el trueque, el mercado de estraperlo. Tener una Mega Drive o un cartucho de NES será todo un lujo, y aquellos que conserven buenas reliquias y máquinas antiguas pueden hacerse ricos con este negocio. Es por ello que pensamos que algún compañero (como David Martínez) puede hacerse millonario en semejante encrucijada. Si no nos creéis, echad un vistazo al vídeo donde nos muestra toda su colección de material lúdico.

Esperemos que en una situación tan adversa, a la gente no le dé por matarse entre ellos. Desde luego el concepto de cómo vivimos cambiará radicalmente. Eso de traer fruta tropical desde Sudamérica para comprarla en el supermercado del barrio se acabará. Lo más probable es que tengamos que sobrevivir a costa del autoabastecimiento, con pequeños huertos propios o similares. Quizá sin llegar al extremo de convertirnos en una Lara Croft, seguramente sí nos veamos obligados a ser supervivientes en un contexto nuevo.

Con esto no queremos meteros miedo, sólo estamos especulando acerca de la teoría del Apocalipsis Tecnológico y sus consecuencias. Queda a vuestra elección creer en ella o no, pero seguro que ahora os lo pensáis dos veces antes de tirar a la basura un VHS de Pulp Fiction, un vinilo de Nirvana o un cartucho de Master System II. ¿Os imagináis la fortuna que valdrían estos artículos con la llegada del Apocalipsis Tecnológico y la desaparición de internet?

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