Reportaje

Ash vs. Evil Dead: Primera temporada - Crítíca

Por Jesús Delgado
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Ash vs. Evil Dead ha terminado en Starz. Por eso os proponemos una crítica para reseñar la primera temproada completa de la tv-serie de Sam Raimi para Starz. 

Ash vs. Evil Dead ha concluído su primera temporada. El cuarto episodio de Posesión Infernal, llevado a teleserie, cierra por el momento. Pero ahora nos toca a nosotros hablaros de esta primera temporada completa de la serie con la que Sam Raimi ha vuelto a resucitar de entre los muertos (y nunca mejor dicho) su clásico título de terror de serie-B, slasher, gore y humor negro para Starz.

Si bien recordaréis que ya en su momento os ofrecimos una crítica del primer episodio, con el que abrimos boca hará cosa de dos meses, hoy os proponemos la crítica de la serie completa, analizando y sopesando si el formato y contenido ha logrado llegarnos al corazón (o a las tripas cuanto menos), con el característico estilo de Raimi sus no-muertos infernales. Y es que, tengamos presente, que Ash vs. Evil Dead no es un remake, sino un capítulo más de la saga que comenzó con Evil Dead (Posesión Infernal) y concluyó con El ejército de las tinieblas, que viene a sustituir la continuidad de los videojuegos y cómics como secuelas de estas películas.  Por eso mismo, nos preguntamos, ¿ha aguantado bien el cambio de formato, de cine a teleserie? 

La respuesta os la ofrecemos a continuación...


El viejo y entrañable gore de la vieja escuela

Si por algo se ha caracterizado esta Ash vs. Evil Dead durante la primera temporada es por ser un canto al cine de serie-B, chusco y de slasher, sin trascendencia, trampa ni cartón que se hacía hace treinta años. Estamos ante una serie que bebe, respira y habla un lenguaje deudo de la forma de entender el cine de terror de casquería de los años ochenta. Lejos de tratar de brindarnos un imposible ejercicio intelectual, con sesudos y tramposos giros argumentales, Ash vs. Evil Dead es un festival de sustos, vísceras, amputaciones, sangre, testosterona, lenguaje obsceno chulería, sangre y ríos y ríos de Bruce Campbell.

Dicho de otro modo. Esto no es el dramón de Walking Dead y no vamos a necesitar hacer memes a costa del pobre Carl para echarnos unas risas. Estamos ante una odisea epicodecadente, bizarra (tanto en el sentido español como anglosajón de la palabra), gamberra en clave de road-trip. La cual, está rematada por un héroe que  es un pobre desgraciado, bastante manazas, inepto, inculto y que además vive sus horas físicas más bajas. Con este panorama, la humanidad parece tenerlo bastante crudo ante la incipiente invasión de demonios y no-muertos bastante cafres que pretenden tomar nuestro mundo por las bravas. ¿O no? Si lo pensamos detenidamente, ésta venía siendo la premisa de la trilogía original (y de sus spin-offs) desde Evil Dead 2 (Terroríficamente Muertos, en España)

De hecho, si atendemos a la historia de esta temporada 1 de Ash vs. Evil Dead bien podriamos pensar que más que una serie, lo que estamos viendo es una cuarta película de Evil Dead, ya que la continuidad está asegurada. Ora en la construcción del mundo y sus monstruos, ora en los pequeños detalles argumentales, las conexiones existentes con las cintas y las localizaciones. Y eso sin mencionar su desenlace... del cual no hablaremos para no generar SPOILERS.

Esta intención, a su vez, queda bien patente si además atendemos al trabajo del director Sam Raimi y de los otros encargados de dirigir el resto de episodios (Michael J. Bassett, David Frazee, Tonny Tilse, Rick Jacobson y Michael Hurst, para más señas), los cuales lo adornan del estilo de las antiguas películas, construyendo una serie que se adapta a la característica estética de éstas. Aunque, eso sí, los medios que se utilizan a día de hoy son bastante más modernos y de ahí que el resultado final también sea más espectacular que el de las películas originales, cuyos efectos especiales, dependientes del stopmotion, ya no son tan impresionantes como en su momento. De ahí que el maquillaje y el uso de efectos especiales, si bien respeta bastante la estética que recordábamos de los monstruos, los hace bastante creíbles en general, amén de desagradables, de cara a un público tan descreído como el actual.

Por otro lado, no lo olvidemos, la elección del formato (30 minutos por episodio) resulta bastante atípica si atendemos a las actuales dinámicas de las series de tv. Sin embargo, y aunque este formato a veces nos sabe a poco, al final resulta acertado para narrar esta peli de terror sanguinolento convertida en teleserie, pues dosifica convenientemente la trama en diez episodios. 

Mención especial, por supuesto, merece Bruce Campbell, un intérprete hecho a su perfil ya de celebridad del mundo de la cultura friki. Campbell se muestra muy a sus anchas en el papel de Ash Williams, regalándonos el que quizá sea su gran personaje. Se nota que al veterano intéreprete le va el personaje y la marcha y que disfruta de lo lindo volviendo a interpretarlo treinta años después (sin contar su actuación de voz para los videojuegos). Sus dialogos, expresiones y la forma en la que los directores y guionitas elaboran la historia nos hace que no podamos sino simpatizar con este dinosaurio machista, engreído y narcisista, que sin embargo tiene un gran corazón.  Y, ojo, lo mismo puede decirse de Lucy Lawless, la cual llena la pantalla con su presencia en sus contadas apariciones. Solo diremos de ella que sin su participación en esta serie, Ash vs. Evil Dead no sería lo mismo.

Ahora bien, contadas todas estas virtudes, hemos de tener en cuenta una cosa. Ash vs. Evil Dead no es una serie mainstream como Walking Dead o The Strain. Es una serie con un espíritu cutre y bastante malévolo. Aunque en esencia es una historia de terror, muertes, demonios y vísceras, el público generalista podría sentirse incómodo o no entender bien su discurso provocativo y sin alardes de grandeza. No por ello, ojo, se la debe despreciar, sino tener en cuenta como el buen exponente de un título clásico, madurado y evolucionado. Sin embargo, que vaya cuajar entre la audiencia española es algo que aún está por verse. Máxime cuando aún no hay visos de que vaya a emitirse en castellano en nuestro país a corto plazo. 

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