Reportaje

Batman v Superman, ¿críticos vs. fans? Blog

Por Jesús Delgado
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Batman v Superman está ya en cines, pero la crítica y los fans están divididos. La película funciona en taquilla de maravilla, pero los críticos la defenestran. ¿Qué ha pasado? ¿Cuál ha sido el problema? Jesús Delgado nos cuenta lo que piensa en este artículo de opinión.

Esta es la primera vez que escribo en siete años un artículo de opinión. Lo dejé de hacer porque, la verdad, no soy muy dado en meterme en estos jardines, ya que prefiero presentar datos e información, o hechos si lo preferís, antes que poner mi ego mis partes pudientes sobre la mesa a imagen y semejanza del columnista medio de este país. De hecho, puestos a elegir, me hubiera gustado que mi regreso a estas lides hubiera sido en plan festivo y completamente emocionado. Sin embargo, mucho me temo, amigo lector, que hoy no vengo a esto. De hecho vengo bastante enconado con motivo de todo el circo que se ha montado en torno a Batman v Superman.

Como os decía, estoy bastante contrariado con el estreno de Batman v Superman. La fractura entre detractores y defensores comenzó a hacerse evidente ya hace meses. Es lo lógico: sobre gustos, colores. Pero en la pasada Semana Santa, tras su estreno, la cosa se ha escalado, convirtiendo una película, una mera obra de entretenimiento, en objeto de enfurecidas discusiones, dogma de fe e incluso motivo suficiente para abiertamente insultar y faltar al respecto ya sea en Internet como en la vida diaria. 

¿Ejemplos? Desde  los amantes de la conspiración que ven iluminatis, cultistas (¡alabemos al gran Cthullu y al ornitorrinco!) y maletines con el sello de Marvel por doquier, para justificar las malas críticas, hasta cierto artista peruano, aprovechando la polémica para dar bombo a su obra basada en las barriobajera y chulesca “Fuck Marvel” de un nada lúcido Jason Momoa, que debía de tener muy mal día cuando se le ocurrió hacer semejante (y baja) proclamación de principios. Y mientras, Zack Snyder, en lugar de encajar las críticas con cierta integridad, no se le ocurre otra cosa que comparar su película con la de Star Wars de J.J. Abrams. Ah, y no olvidemos tampoco a los que acusan a mi compañera Raquel Hernández de ser una persona poco apta para hacer críticas de cine de superhéroes alegando que por ser mujer se encuentra completamente desautorizada para dicha labor. Lo dicho, a la gente parece que se le va la olla por una película que básicamente trata sobre dos tíos, vestidos con pijama y capa, que quedan para partirse la cara en un puerto una noche.

Pero es que críticos y fans desde hace días están de uñas por la dichosa peliculita. Unos sostienen, básicamente, que Batman v Superman es el truño más grande que Warner parió desde Green Lantern; otros, que es la obra que redefine el cine de superhéroes. ¿Quién tiene razón y quién no? ¿Qué es lo que ha pasado para que la gente esté tan quemada? Vamos ir por partes. Por un lado, analicemos las notas en las principales páginas de críticas de cine, páginas de renombre y a las que se le considera cierta independencia y criterio y nada susceptibles a la influencia de esos proverbiales maletines de soborno. Rotten Tomatoes da una nota que oscila en torno al 30%. Metacritic tampoco es muy generosa. Le da un 44%. Y si ya vamos a Filmaffinity, la cosa ronda el 6,4. En tanto, IMDB, con una base de usuarios no profesionales, le da un 7,5 sobre 10, una nota media que contrasta con el 70 y el 80 que le dimos Raquel y yo en nuestra crítica. ¿Qué diablos está pasando?, me pregunto. 

Esta lectura general se traduce en que Warner tiene entre manos la película de supertipos más arriesgada de su historia. No lo digo por la premisa: una película de Batman o de Superman siempre es oro puro en taquilla. Aunque fuera una mala película, Batman y Superman son los moldes de los superhéroes. El resto de “supers” siguen la estela y el patrón de estos dos, dividiéndose entre los vigilantes (Daredevil, Blue Bettle, Búho Nocturno, etc.) y los superhombres (Hyperion, Capitán Marvel, Superior, Invencible). Todos los reconocemos, todos sabemos su historia y no necesitamos ninguna presentación para saber quiénes son, a grandes rasgos. Pero, en cambio, Batman v Superman es arriesgada porque es hasta la fecha la película más comiquera que Warner ha hecho, sobre todo en contraste con el Batman de Nolan. Y Batman Begins es un peliculón, ojo, pero tiene de comiquera lo justo. Es una película de superhéroes hecha para captar gente que consideraba en su momento el cine de superhéroes solo para retrasados emocionales y niños, un género menor y mediocre. Y en ese aspecto, Batman Begins era perfecta pues cumplía satisfaciendo a los frikis y a un público exigente y reacio con este tipo de películas. Sin embargo, Batman v Superman es todo lo contrario. Es una película basada en los comics de principio a fin, con montones de referencias, huevos de pascua que hacen guiños a las obras originales. ¡Pero más aún! Su narrativa no es tanto cinematográfica como de cómic. Y, eso sin contar todo el material eliminado, que veremos solo en DVD y Blu-Ray. Y ahí está el problema.

Salvando las carencias y vicios de Zack Snyder como director (que son muchos, como los de Joss Whedon, ojo), Batman v Superman: el amanecer de la Justicia es una película honesta. Pretende contar un cómic y lo hace. Claro, esto al crítico medio le chirría porque no le interesa el cómic y tampoco le interesa actualizarse leyendo el material original. ¿Para qué? “Es una película y no tengo que conocer el tebeo en el que se inspira”, dirá más de uno. En este aspecto yo disiento, aunque entiendo que lo que busca ese crítico en una película no lo encuentre en el planteamiento de Snyder: una serie de convenciones y aspectos técnicos más ortodoxos. Pero en lugar de entrar a cuchillo de forma tan gratuita como se ha hecho, quizá los profesionales deberían(mos) entender y aceptar por qué estamos ante una película difícil de digerir, y que mucha gente que sale de verla está dividida por dentro entre la satisfacción y la desilusión.

Por otro lado, aunque la crítica rabie y exija la poda de cabezas, les guste o no, la fórmula ha funcionado tanto en taquilla como entre los fans de los personajes. Los “DeCeros” tienen finalmente un Superman azul y rojo, unos Batman y Robin a los que tomar en serio, Wonder Woman, la promesa de un Darkseid y la Liga de la Justicia, un Juicio Final que tiene cosas cuestionables pero que aun así está bien en pantalla… ¡claro que están contentos! ¡Sabían a lo que venían y han salido del cine tocando las castañuelas! Igual que lo hicieron los marvelitas con la escena de la reunión de los Vengadores en el corazón de Nueva York. Es lo que querían y se lo han dado. En esto los marvelitas solo pueden aplaudir, alegrarse porque sus hermanos fans tienen la "droga" que pedían y felicitarles por ello. Lo contrario sería mediocre y mezquino. 

Tampoco podemos esperar ni más ni menos que una película experimental, con la que Warner ha asumido que los superhéroes no son monolitos inamovibles y que no puede utilizar la fórmula de Nolan para todo. La compañía está aprendiendo a destajo a dar forma a un universo complicado, con sus propias reglas, humor, tono, color y narrativa. ¡Más aún! Marvel (con quien siempre se compara para bien o para mal) le lleva diez años de ventaja. Lo que Warner está haciendo en una única película, la competencia lo lleva haciendo a lo largo de una docena de películas. Algunas tóxicas, maravillosas otras tantas. Por tanto, no solo nos debe extrañar que Batman v Superman tenga un porrón y medio de virtudes, sino también un montón de fallos. Todas las bondades y vicios han sido condensados en una única película que ha servido de conejillo de indias para hacer algo nuevo. ¿Qué esperamos si no?

Por mi parte yo solo diré que a mi Batman v Superman sí me ha gustado y soy marvelómano.  Ahora bien, en la diversidad está el gusto y la cinta de Snyder augura la maduración de un producto propio y no un plagio al uso de lo que hace Marvel. Gracias a ella, Warner podrá en pocos años ofrecer un producto de la misma calidad, gancho y legitimidad que el que tiene la competencia. Y de ahí que ambas nos ofrecerán historias tan competitivas entre sí, como divertidas y diversas. Tengamos presente que Marvel y DC no tienen las mismas convenciones y que las reglas de juego de sus personajes son distintas. Resumiendo, los héroes de DC Comics se basan en héroes mitológicos, mientras que los de Marvel son héroes de caracter social. El fin de sus historias y la forma de narrarse son distintas por completo. En base a esta idea, que Warner ha asumido, se plantea un plan cinematográfico interesantísimo. Recordad mis palabras: cuando lleguemos a 2020 tendremos un buen y nutrido surtido de películas buenísimas y otras con la que la crítica y los fans se querrán rasgar las vestiduras. Pues de eso va este mundillo. Unas veces se pierde, otras veces se gana. 

Ahora bien, las reacciones en contra de la crítica han sido, cuanto menos, deplorables. Y también las reacciones de los que han cargado contra los defensores de la película. Me despierta vergüenza ajena y me indigna cómo la gente pierde la cabeza con algo que no es ni religión ni real, sino entretenimiento puro y duro. Muchas de estas reacciones y contestaciones, alegatos en favor y en contra nos hacen ser merecedores de ser llamados frikis y no fans. Admitámoslo, el término friki (del inglés freak, rareza) sigue siendo una voz peyorativa. Aún es una forma de definir como raritos a los que nos gusta el cómic y el cine fantástico (además de otras cosas) que no salen de sus aficiones y las defienden con un fervor casi fanático. 

Si nuestra reacción con películas y con la opinión del crítico como ésta en lugar de ser normal y madura, sigue siendo la de alguien con un severo complejo de “Peter Pan” (con comportamientos pueriles, gamberros, chulos y supuestamente transgresores), difícilmente podremos exigir a Warner y Disney (empresas suministradoras de nuestros "vicios") que nos tomen en serio y que hagan productos que nos satisfagan. De seguir en esta línea, al final estas compañías seguirán prefiriendo centrarse en el público generalista, cuya reacción suele ser mesurada, en lugar de atender a un sector que debería definirse a sí mismo como público especialista y especializado, y que tendría que demostrar respeto tanto por sí mismo como por quien no opina como él. Un sector que tendría que no cerrarse tanto en sí mismo y entender que se deben tender puentes aún para que el público general admita un producto especializado que todavía le cuesta entender y aceptar.  

¡Jolines, chicos! ¿No os acordáis aún del cirio que se montó con el Episodio VII de Star Wars hace unos meses? Prácticamente hubo gente que acusaba a los que les había gustado de ser unos posturetas o de no ser fans de Star Wars. ¡Como si el derecho a que te gustara una cosa o no tuviera que pasar por unos cánones sectarios! ¿En qué cabeza medianamente cuerda y adulta? Resulta casi paradójico que éstos mismos exijan productos maduros y oscuros, cuando sus reacciones precisamente evidencian tendencias diametralmente opuestas. 

No obstante, estamos en un momento inmejorable para ser fan (o friki, si os gusta más el término). Los superhéroes, La Guerra de las Galaxias, el género fantástico con Juego de Tronos a la cabeza, la ciencia ficción y los videojuegos (Lara Croft, Assassin’s Creed…¡Warcraft!) son productos mainstream. Este año 2016 es nuestro año. Tenemos seis películas de superhéroes y un pléyade de series y productos basados en nuestros gustos, somos un público importante al que se le puede, debe y se intenta escuchar y tomar en serio.

Creo que no debería haber un divorcio entre los críticos y los fans. Unos han sido profesionales y han sido líderes de opinión durante años. Tienen experiencia, son expertos de lo suyo y se les presupone una calidad intelectual que les convierte en referentes a tener en cuenta. Pero también tienen que actualizarse, y admitir que los tiempos cambian, que las convenciones no son las mismas que hace treinta años y que el "cine bueno" ha evolucionado en forma y contenido. Por otro lado, los fans deben bajarse del carro y no pretender lecturas literales de sus contenidos y entender que no todo el mundo conoce sus historias como ellos. Se han hecho avances enormes, y aún habrán de hacerse muchas más en abrir "su mundo" y darlo a conocer. Pero también tienen que entender que el mundo de la subcultura, los juegos, los cómics y demás ficciones que nos apasionan no son algo que el público generalista haya aceptado y abrazado completamente.

Debe de hacerse un esfuerzo de conciliación conjunto en la misma dirección y costará aún un tiempo. Pero, amigos lectores, pensad cómo estábamos hace veinte años con Batman Forever, la maltrecha serie de Flash y el dónde estamos ahora, con Primark vendiendo camisetas de Star Wars y de Batman v Superman; todo el mundo conociendo Iron Man y Capitán América; usando Mordor como expresión para referirnos a algo lejano y orco para decir que alguien es muy muy feo... Solo pensad en eso y veréis que las cosas se han normalizado mucho y más que, con el tiempo, se normalizarán. 

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