Reportaje

Battleborn - Impresiones del modo Incursión

Por Rafael Aznar
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Battleborn sigue desvelando sus claves y, en esta ocasión, le toca el turno al modo Incursión, una mezcolanza entre shooter y MOBA que promete ser la gran estrella cuando el juego se ponga a la venta el 3 de mayo, para PS4, Xbox One y PC. Preparaos para actuar a múltiples bandas, compincharos con esbirros y no perecer en el intento.

El modo Incursión de Battleborn puede dar mucho que hablar en los próximos meses. Como ya hicieron con Borderlands, Gearbox Software y 2K Games pretenden dar otra vuelta de tuerca al género más revenido de la última década: el del shooter. Tratarán de hacerlo con una nueva macedonia de ingredientes cuyo sabor será, como poco, fresco e innovador.  Así es la cocina transgresora.

Desde que el título se anunció en julio de 2014, se han ido desvelando sus características con una cadencia constante, gracias, en buena medida, al enorme juego que dan los veinticinco personajes seleccionables que incluirá, cada uno con un estilo de combate tremendamente diferenciado. Se habían dado también los detalles de la campaña y de los modos Captura y Fusión, pero faltaba la guinda del pastel: el modo Incursión. Pues bien, ya hemos tenido ocasión de probarlo, en una visita a las oficinas de 2K en Windsor (Inglaterra), y las impresiones que nos ha causado han sido muy sabrosas.

Veinticinco ‘cabronazos’ de tomo y lomo

Ya hemos hablado en anteriores ocasiones de todas las características generales del título (podéis revisarlas en el último avance que publicamos), pero vamos a hacer un pequeño recordatorio. Tomando muchos fundamentos de Borderlands, Battleborn será un shooter en primera persona que abordará tanto el típico modo Historia como los modos competitivos desde su peculiar perspectiva. Así, se ambientará en un futuro en el que todas las estrellas se han ido apagando hasta quedar sólo una, Solus, por cuya supervivencia peleará una coalición de héroes. La campaña, de la que os contaremos más detalles próximamente, estará estructurada por episodios y contará con cooperativo para cinco personas, en tanto que los modos competitivos no irán de acumular más bajas que nadie, sino de trabajar en equipo.

Por dar un par de pinceladas recordatorias más, los veinticinco personajes jugables (o ‘cabronazos’, como los han bautizado sus progenitores) tendrán estilos de combate muy diversos, y a varios niveles. Por un lado, cada uno usará un arma diferente, bien a distancia o bien cuerpo a cuerpo: pistolas, ametralladoras, lanzacohetes, rifles de francotirador, katanas, floretes, hachas, abanicos… En función de su herramienta de trabajo, cada uno tendrá tres habilidades especiales de uso limitado. En relación con eso, habrá un sistema de progresión que se reseteará tras cada partida y que permitirá evolucionar al personaje de distintas formas, eligiendo entre dos mejoras en cada uno de los diez niveles que habrá (en el quinto, además, se desbloqueará la tercera habilidad, de gran potencia). Por otro lado, los personajes podrán estar enfocados al ataque, a la defensa o al apoyo, lo que hará imprescindible la colaboración entre compañeros. Por ejemplo, si un personaje está pensado para el cuerpo a cuerpo, será bueno que vaya acompañado de un sanador que lo proteja de los rivales que usen armas de fuego. Los lobos solitarios estarán condenados de antemano.

Estrategia a múltiples bandas

Aclarado el punto de partida, vayamos con la joya de la corona: el modo Incursión. En esta ocasión, aunque habrá modo Campaña con cooperativo (online y, en el caso de PS4 y Xbox One, también a pantalla partida), parece muy evidente que Gearbox ha puesto el foco sobre el multijugador competitivo, y el modo que nos ocupa va a ser, con diferencia, el más interesante de todos, como consecuencia de las múltiples ideas que toma prestadas de un género tan particular como el MOBA para adaptarlas a una dinámica de shooter en primera persona. Antes de entrar en harina, aclaramos que pudimos probar un único mapa, Maleza, y que la versión estaba ya muy avanzada, hasta el punto de contar ya con voces en español.

Se enfrentarán dos equipos de cinco personas, de modo que la meta será eliminar a dos centinelas acorazados que tendrá el rival, a la vez que se protege a los dos centinelas propios. Esos objetivos estarán ubicados, más o menos, en los dos extremos del alargado mapa, que será simétrico, con la base de reaparición de cada equipo en una punta. Habrá algunas bifurcaciones laterales que ayudarán a coger por sorpresa al rival, aunque el resultado de la partida se dirimirá, en buena medida, en la almendra central.

Destruir a las dos arañas centinelas del rival no será moco de pavo, ya que serán autónomas y, por tanto, dispararán a discreción en cuanto nos vean. Si vamos solos y a pecho descubierto contra ellas, nos ametrallarán en menos que canta un gallo. ¿Y si van los cinco miembros, a lo loco? Seguramente también claudiquen a las primeras de cambio. Es aquí donde entran en juego los esbirros (o ‘minions’, que se suele decir), una serie de unidades manejadas por la CPU que se desplazarán por diversas sendas, en busca de la base rival. ¿Qué importancia tiene eso? Toda y más, pues esos esbirros serán los únicos con la capacidad para anular los escudos de protección que tendrán los centinelas. Por tanto, habrá que proteger a nuestros esbirros en su andadura… y tratar de fulminar a los del otro bando, para garantizar la integridad de nuestras arañas. Uno de esos centinelas se quedará en la retaguardia, adonde será casi imposible acceder con los esbirros, por lo que tendremos que ir una por una.

Y aún hay más: en ciertos puntos del mapa, aparecerán esbirros mucho más fuertes y resistentes, llamados mercenarios, que, de primeras, atacarán tanto a un equipo como al otro. Sin embargo, si los eliminamos y, luego, nos colocamos sobre un interruptor, generaremos un nuevo mercenario que luchará de nuestro lado. Si habéis jugado a algún MOBA, todos estos elementos os sonarán muy familiares.

Por si todo eso fuera poco, el modo Incursión tendrá aún más condicionantes estratégicos. El primero es la adquisición de elementos de apoyo, como torretas o fuentes regenerativas. Para poder comprarlas y mejorarlas, deberemos recolectar una serie de esquirlas que habrá dispersas por el escenario. En segundo lugar, el tiempo de reaparición de cada jugador irá incrementándose: cuantas más veces muera, más tardará en volver al campo de batalla. Así, al principio, sólo se tardarán dos o tres segundos en regresar, pero, si la diñamos continuamente, el tiempo de regeneración podrá extenderse hasta más allá del minuto. Esto significa que, por ejemplo, si los cinco miembros de un equipo mueren a la vez y tardan un minuto en reaparecer, el bando rival podrá desencadenar una auténtica escabechina en su ausencia. Como contrapunto a esa tesitura, si vemos que estamos a punto de morir, podremos teletransportarnos a la base, lo que regenerará automáticamente nuestro escudo y nuestra salud, aunque ello suponga perder la posición avanzada que tengamos en el mapa. Eso sí, el teletransporte tardará un par de segundos en ejecutarse, por lo que, si estamos a merced de los ataques de un rival, estaremos condenados. Por si os lo preguntáis, no será posible revivir a los aliados caídos: irán directamente al limbo de espera.

A todo ese componente estratégico inherente al modo Incursión, se sumará la idiosincrasia del propio juego. Por tanto, añadid a la ecuación las diferencias entre los veinticinco personajes, sabiendo que, dentro de cada equipo, no se podrá repetir y que tampoco se podrá cambiar durante la partida. Además, habrá que tener en cuenta el nivel en el que esté cada personaje y las potenciales ventajas asociadas a ese nivel, algo que habrá que ganarse a base de eliminar objetivos (la progresión no serán automática, ni mucho menos). Tampoco habrá que desdeñar los posibles objetos de equipamiento que utilice cada jugador, como, por ejemplo, mejoras de la velocidad de desplazamiento o del poder de ataque (su activación se pagará con esquirlas, por lo general). Todo eso, junto con la cooperación altruista dentro de cada equipo (será casi imprescindible que alguien ‘se sacrifique’ y elija a un sanador), hará que cada refriega sea como una partida de ajedrez. En ese sentido, las sesiones tenderán a ser largas, aunque habrá un límite de tiempo de media hora. Si se supera, ganará el bando que más daño haya causado a los centinelas ajenos.

Una ensalada con mucho fundamento

Si nos atenemos al modo Incursión, Battleborn parece un juego ideal para los eSports, ya que readapta los fundamentos del género MOBA al de los disparos en primera persona, con una vasta cantidad de personajes. No sabemos cómo calará su sesuda apuesta entre el gran público, en la medida en que requerirá una gran dedicación y un sempiterno trabajo en equipo, pero sus mimbres jugables nos han dejado con muchas ganas de más, y eso que, en las tres partidas que pudimos disputar, recibimos tal somanta que aún no somos capaces de levantarnos de la cama sin ver las estrellas, sobre todo Solus.

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