Bud Spencer
Reportaje

Bud Spencer: La bofetada hecha arte

Por Jesús Delgado
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Con Bud Spencer muerto, se nos va uno de los íconos del cine de finales del siglo XX. Aunque sus películas nunca serán recordadas como grandes obras de arte, para todos los que crecimos con ellas, permanecerán en el recuerdo como pequeñas joyas de valor incalculable. 

Ayer por la noche me desvelé. Y no, no me refiero a la Eurocopa. Eso, la trae al pairo. Más bien lo que me machachó fue la triste noticia de la muerte de Carlo Pedersoli, más conocido como Bud Spencer. La muerte de "Bud" es palo para la mayor parte de los que nacimos en los 70 y 80 y crecimos con sus películas. Le llamaban Trinidad, El Corsario Negro, ZapatonesY si no, nos enfadamos, Quien tiene un amigo tiene un tesoro, En Nochebuena... se armó el Belén... son solo algunos de los títulos que nos acompañaron a lo largo de dos décadas (incluso más, si atendemos al trabajo de Bud Spencer en los 90 y tiempo después). 

 

Carlo Perdesoli nació allá por el 31 de octubre de 1929 en Borgo Santa Lucia, en Nápoles (Italia). Si bien casi todo el mundo le conocemos por su carrera en el cine, tampoco es un hecho desconocido que Perdesoli comenzó como nadador olímpico, participando en las olimpiadas de  Helsinki 1952 y Melbourne 1956. No en vano, fue campeón 7 veces de los 100 metros libres. Debido a sus largos viajes al extranjero, Perdersoli era además capaz de hablar en seis idiomas distintos. Muchos más que algunos presidentes del gobierno.

Paralelamente, Carlo Perdesoli fue un actor de reparto habitual en numerosos peplum. Su participación en Aníbal (1959) le haría encontrarse por vez primera delante de la cámara con Mario Girotti, más conocido como Terence Hill. Aunque hay quien dice que ya se conocían de entrenar en la misma piscina. El dúo volverían a formar pareja tiempo después, pero con alias anglosajonizados. En el caso de Perdesoli adoptó el nombre de Bud en honor a la Budweiser, su cerveza preferida. Lo de Spencer, sería un reconocimiento a su actor predilecto: Spencer Tracy. Los detalles del origen del nombre de su casi eterno compañero, son más oscuros. Hay quien dice que es en honor a su madre, otros que en homenaje al dramaturgo clásico de comedia romana Terencio. 

Sea como fuera, en 1967 se cruzarían en el western Dios Perdona, Yo No. Se habría forjado el inicio de una larga relación que se iría macerando en la llamada Trilogía de Cat Stevens y Hutch Bessy. Si bien Spencer ya tenía una cierta trayectoria en el Spaghetti Western, pronto se demostró que la química con Hill les permitía a ambos explorar la comedia y la parodia del género. Y así fue en Le llamaban Trinidad (1971) un rotundo éxito para el momento, en la que se basaría el futuro de su carrera profesional, construyéndose a bofetada limpia. Literalmente hablando.

Aunque, ojo, no os olvidéis que en los 80 y 90, hasta décadas más recientes, también trabajó solo y con otros compañeros. Banana Joe, Zapatones o sus apariciones en distintas series televisivas así lo atestiguan. De hecho, hasta este mismo año, Bud Spencer estuvo en activo aunque fuera en pequeños proyectos. 

Un humor a base tortas

Su cine, aunque denostado y mal considerado por los círculos más elitistas de supuestos cinéfilos, debido principalmente a sus bajas pretensiones, sin embargo, resulta un paradigma y un rayo de luz muy característico de su época. Prácticamente, la mayor parte de las películas posteriores a Le Llamaban Trinidad se cimentaban en una misma premisa: dos tipos, habitualmente pícaros, acababan teniendo que defender a un grupo de inocentes de unos matones, gángsteres o forajidos (la naturaleza del malo era lo de menos, solían estar cortados por el mismo patrón).

Bud Spencer, con o sin Terence Hill: ***tias mil

Como os podéis imaginar, lejos de ir plan Rambo, repartiendo muerte, los dos angelitos que estos dos interpretaban, lo que iban repartiendo eran moratones y chichones, abriéndose paso entre ejércitos de sicarios a guatazo bien dado. De esos que dolían y escocían con solo verlos.

Dicho ésto, esta base no tiene nada de malo. Sobre todo por lo que representaba. Las "películas de Bud Spencer y Terence Hill" llegaron en los años 70, un momento muy cínico del cine. La Edad Dorada de Hollywood había dado paso a una industria en EEUU gris y a veces hasta autocrítica, más centrada en retratar la realidad tal y cómo era (o cómo debía de ser) antes que de entretener o mandar mensajes esperanzadores al público. En este contexto, las películas de Bud Spencer rompían con este discurso, con un humor chusco, muy mediterráneo, que compartimos a día de hoy tanto españoles como italianos, pero que siguen teniendo aún así un alcance y un entendimiento universal.

De hecho el maniqueísmo de estas películas y su aparente falta de grises era una de las claves de su éxito. Basadas en dos tíos que iban resolviendo a hostia limpia los entuertos y problemas del mundo, resultan a tiempo pasado unas películas hasta relajantes y agradables de ver. Sobre todo porque parece que desde hace cierto tiempo para acá todo tiene que ser cuestionado y tener una vuelta de tuerca para que la película esté bien considerado. ¡Ay, es defecto gafapastoide del cine de ahora, que si no tiene truco el final no es buena película! Y aprovecho esta salida de tono para refutar eso de que las películas de Bud Spencer y Terence Hill son malas.

 

Mientras escribo estas líneas me he puesto a ver algunas de las pelis de estos dos de fondo y he comprobado una cosa: sus secuencias de pelea son muy buenas. Incluso a día de hoy, y a pesar de las mejoras técnicas que podamos tener en la actualidad, las peleas de hace cuarenta años de estos dos son tremendamente precisas. Casi me hace creer que algún que otro extra y doble se comiera una o dos tollinas de verdad. Además, la sincronización de movimientos es casi hipnótica y el trabajo físico de los actores, empezando por el de Hill y Spencer, bastante duro. Sobre todo cuando utilizan el decorado como "armas". Casi podemos decir que son peleas "Batman Arkham" de hace cuarenta años. De hecho, la próxima vez que juegue a los juegos de Rocksteady, me voy a poner de fondo Dune Buggy de Oliver Onions, el tema musical de Y si no, nos enfadamos (no, realmente no pienso hacerlo).

Y, por otro lado, no nos olvidemos que Bud Spencer era un tipo que sí, que hacía comedia. Pero que no era nada fácil hacerla y sacarnos unas risas o una sonrisa. El actor ya venía de hacer drama y películas de acción y sabía lo que hacía. Si se dedicaba a este género no era por limitaciones, sino porque podía permitirse hacerlo y era lo que le gustaba. Además de componer muchos temas musicales que luego escuchábamos en ellos, ojo. D

¿Y qué demonios? No pretendían tampoco inventar la rueda. De hecho, en declaraciones plasmadas en medios y en su propia biografía, el actor aseguró que en estas películas vertía buena parte de sus deseos y los del público que quisiera revelarse contra la injusticia y la opresión, a puñetazo limpio, lidiando con estos villanos de la forma más simple y directa posible. Vamos, lo que viene siendo ofrecer de alguna manera lo que el público necesitaba ver, una vía de escape. De una manera blanca y primitiva, pero no por ello menos agradecida. 

En resumen, que se nos ha ido una gloria del cine de finales del siglo XX. Quizá su trabajo no fuera reconocido por los círculos más esnob, pero la industria al final sí se lo supo reconocer. En 2010, no en vano, le premiaron con el premio David di Donatello por su trabajo y su aportación a las artes. Un premio que, por cierto, compartió con Terence Hill. De hecho, más allá de su faceta como productor, actor y demás, Carlo Perdesoli, de hecho, se caracterizó por tener un corazón tran grande que no nos extraña tampoco las dimensiones que gastaba su torso para contenerlo. Sus últimas palabras, según se ha sabido, fueron precisamente "Gracias".

Bud Spencer

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