Reportaje

Civil War - Review del cómic en el que se basa Capitán América Civil War

Por Jesús Delgado
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Reseñamos Civil War Integral, el recopilatorio con la serie troncal del reconocido crossover de Marvel Comics, de Mark Millar y Steve McNiven, en el que se basa Capitán América: Civil War, la próxima película del superhéroe interpretado por Chris Evans para Marvel Studios. 

Con Capitán América: Civil War, la primera película de la Fase 3 del Universo Cinematográfico de Marvel, llamando a nuestras puertas no nos lo podíamos perder. ¿El qué diréis? Pues el cómic original de Civil War que Panini ha reeditado en una nueva edición el pasado de mes de marzo y en el que se recopila la serie troncal de Marvel Comics.


Curiosiddes de MARVEL -MUTE- por hobbyconsolas

En el tomo que os vamos a reseñar este volumen que contiene New Avengers Illuminati y Civil War 1-7 USA. Vamos, lo más básico de la colección para entender a grandes rasgos qué ocurre en esta guerra civil de los superhéroes Marvel. De hecho, como descubriréis, Civil War dio mucho más de sí. No obstante, para saber qué pasó, por qué y los distintos puntos de vista, solo tendréis que leer este volumen, ampliando posteriormente información con más material.

Ahora bien, ¿Por qué es importante Civil War aparte de porque la próxima película de Capitán América se inspire en él? Sobre este tema en particular hablaremos y, de la misma manera, también os explicaremos si realmente merece todos los laureles con los que se ha coronado.

La fábula progresista de Marvel

Existe un detalle que normalmente suele pasarse por alto, sobre todo entre los lectores más jóvenes. Habitualmente se tiene a Civil War como un texto inocente, blanco y de ligera crítica a EEUU y al papel de los superhéroes en la actualidad. Esto es verdad únicamente en la superficie. Detrás de Civil War hay mucha más enjundia.

Marvel, por si no lo sabíais, es la editorial progresista de superhéroes. Este detalle habitualmente se pasa por alto y se tiende a recurrir al discurso “tan español” de que los “yankees son todos unos fachas” y se tiende a poner al Capitán América como el “fachoso mayor” por vestir con una bandera. Esto evidencia una gran laguna de desconocimiento respecto a Marvel, que realmente es la editorial progresista de EEUU, cuyos superhéroes suelen tener extracción social baja o ser representantes de minorías. ¡Más aún! Fue la primera editorial que dio cabecera propia a un superhéroe afroamericano y actualmente apuesta por minorías como portoriqueñros (Miles Morales – Ultimate Spider-man) o musulmanes (Ms. Marvel). Y el “fachoso mayor del Capi” es de hecho de origen irlandés (clase baja, inmigrante y habitualmente votante demócrata), criado y residente en uno de los barrios gays de Nueva York y, para rizar el rizo, estudiante de Bellas Artes. Para rematar la faena, si ya queréis ir a lo polémico y cuestionable, notad que su traje es mayoritariamente azul, el color representativo de los progresistas en EEUU.

¡Y todavía más aún! Hablando de este mismo héroe, os recordamos que en Captain America Vol 1 #169 al 175 (1974), Marvel se atrevió a señalar a Nixon como cabeza del Imperio Secreto, una rama de Hydra que pretendía tomar el control de EEUU y subvertir el Estado en beneficio propio. Huelga decir que esta historia no fue sino una crítica feroz de Marvel a lo sucedido con el escándalo Watergate. Eso sí, muy velada. Nixon no aparecía como tal, pero se dejaba entrever que él era el verdadero líder del Imperio Secreto antes de cometer suicido para evitar el escándalo público.

Y aunque esta explicación está muy simplificada, creemos que con ella podéis haceros a la idea de por dónde van los tiros en Marvel desde hace muchas décadas. Y de ahí que debáis entender lo que pasó tras el 11 de septiembre de 2001. Tras el atentado de las Torres Gemelas, la mayor parte de Estados Unidos se plegó sobre sí mismo, en un efecto conocido como “Rally Under the flag” (Concentrarse bajo la bandera). En este aspecto, Marvel siguió el camino de numerosos medios y editoriales, realizando un esfuerzo patriótico para superar la tragedia. Sin embargo, la crítica implícita en sus cómics quedó bastante aguada, en un intento de mantener las ventas y no ser considerada “antiamericana”.

Sin embargo, poco tiempo después, Joe Quesada (editor jefe entre 2000 y 2011) comenzó un plan para retomar el discurso progresista de Marvel. La mayor parte de vosotros reconoceréis el esfuerzo más destacado, The Ultimates (2002/2004) y The Ultimates 2 (2005/2007). Estas versiones realistas y actuales de Los Vengadores, ambientadas en un universo paralelo de Marvel, servirían de conducto para un discurso soterrado que criticaba la política internacional y nacional de George W. Bush en tanto tanto otras colecciones de la línea tradicional de Marvel también prepararían el camino de la crítica hacia la administración Bush de manera más discreta.

Ahora bien, el auténtico pelotazo fue Civil War, que supuso una verdadera puñalada al corazón a gobierno conservador. La historia, como ya os hemos contado, gira en torno a un acta de registro de superhumanos, que se aprueba tras el fiasco de una misión de Los Nuevos Guerreros, un grupo de segunda línea de supers, que se salda con la muerte de más de una veintena de escolares. La nueva ley en la ficción obliga a los superhéroes a registrar sus identidades para trabajar únicamente bajo la supervisión de SHIELD. Esta ley ficticia a su vez se basa en una ley de 2001, el acta patriótica (Patriot Act) en la que numerosas libertades civiles se restringieron en favor de la seguridad nacional, tras lo sucedido en el 11-S.

Con este paralelismo Marvel presentaba al Capitán América, representante de la progresía y los derechos civiles en EEUU, como el adalid del bando anti-acta, liderando esta facción a regañadientes y solo tras haber sido puesto en la mira por parte de su propio gobierno. Mientras, Iron Man (el perfecto neo-con) se convierte en el representante de los conservadores yankees, con sus medidas tecnócratas y autárquicas, con un discurso inspirado en el terror y (para rematar la faena) luciendo el color rojo, una seña de identidad del partido republicano, prometiendo un futuro dorado, basado en el control de los héroes y de sus derechos por parte de una burocracia estatal. 

Que Mark Millar, por otro lado, firme esta historia tampoco debería sorprendernos. Grant Morrison, Warren Ellis y Millar son exponentes de la escuela de guionistas británica y su lenguaje por tanto suele ser bastante parecido en cuestiones sociales. En el momento histórico en el que se publica Civil War, Mark Millar era un valor en alza y muy prometedor. Era el candidato perfecto para el trabajo, y más teniendo sus desavenencias con Wildstorm debido a su trabajo en The Authority, en el que criticó abiertamente a la administración Bush, lo cual se dice que le valió la expulsión de la serie. Sin cortarse ni un pelo, el lenguaje que Millar usa en Civil War está tremendamente politizado. Etiquetas totalitarias como fascista o contracultura tienen la clara intención de llamar a la conciencia política del lector y, mientras, los juicios de valor de la narrativa exponen claramente las simpatías de Millar y la orientación de la crítica. 

Por otro lado, Millar no es un narrador maniqueo, a pesar de sus simpatías. Precisamente, la serie pretende ofrecer puntos de vista y se trataba de vender bajo la idea de que los lectores adoptasen bandos. Ahora bien, a título personal del autor de estas líneas, si nos paramos a sopesarlo, veremos que Millar propone que los que “se supone que tienen razón” son los del bando del Capi. El bando de Iron Man pierde la legitimidad debido a sus acciones totalitarias. Posiblemente un ciudadano norteamericano no habría podido ser tan afilado ni distanciarse hasta el punto de construir una metáfora tan elaborada. 

Por mucho que su discurso sea duro, tampoco penséis que con Civil War se acabó la crítica a los conservadores. La Iniciativa, Invasión Secreta y Reinado Oscuro, los siguientes grandes crossover, siguieron la estela dejada por Civil War, magnificando y escalando la idea de una "Era Oscura" para Marvel (ergo para América). La historia de Asedio sería el fin de esta crítica feroz a la administración Bush. El crossover se publicaría aproximadamente al año de llegar Barack Obama a la presidencia (diciembre de 2009) dando paso a La Edad Heroica (abril de 2010), que supondría la promesa de “nueva edad dorada” para los héroes.

Dicho esto, quisiéramos acabar este epígrafe haciéndoos notar que dudamos que Capitán América: Civil War vaya a adentrarse en estas cuestiones. Como producto generalista, dudamos que Marvel Studios y Disney vayan a meterse en los lodos de la diatriba política y ejemplarizante. De hecho, casi podemos aventurar que los motivos de la Civil War en el cine se deberán a motivos más blancos y menos complejos como la lealtad entre amigos frente a la autoridad civil, con una base más cercana al cine de western que al thriller político. Lo cual tampoco es un desacierto, ojo, sino únicamente una licencia creativa necesaria para atraer a públicos de espectros más diversos, sin entrar en pretensiones innecesarias.

¿Pero Civil War es tan grande como dicen?

Civil War no es mal crossover. Es de lo mejor escrito por Mark Millar y atendiendo a su contexto histórico, se le debe reconocer el valor editorial y cultural. Eso sí, es una historia quizá endiosada y mitificada en cierto exceso. Los motivos se deben entender en tanto a que desde La Era de Apocalipsis (1995) los cómics de superhéroes habían protagonizado auténticos fiascos a nivel de crossover. Un proceso iniciado en 2000 - 2002 (aproximadamente) con la inclusión regular de autores tales como Brian Michael Bendis, Garth Ennis, Ed Brubaker o Grant Morrison habían ido consolidando una serie de títulos bastante sexis a ojos de los lectores. Por poneros un ejemplo, la etapa de Brubaker (2005) en Capitán América, con el regreso de Soldado de Invierno, fue el soplo de aire fresco que el Capi necesitaba tras la debacle ocurrida en 2001/2002 en la que se le volvió a colocar en una posición de “héroe patriotero”.

Civil War fue el culmen de esta regeneración de títulos, creando un nuevo lenguaje y realizando una severa retcon de la continuidad (introduciendo a los Iluminati, por ejemplo); llevando al límite la rivalidad amistosa de Capitán América y Iron Man; poniendo a Spider-man en una situación que jamás habríamos esperado, revelando su identidad; disgregando a los 4F en función de sus simpatías; matando a algún que otro héroe medianamente novato; lo que es básicamente cambiar el status quo de todo Marvel, vaya. Por otro lado, tras la orgía tecnológica y paramilitar de los 90, tomaba un poco de tierra, tomando contacto con la realidad en la que al final se basan los cómics.

En este aspecto, Mark Millar junto a Joe Quesada, Bendis y el resto de guionistas implicados ofrecen un relato muy apasionante y bien articulado acerca de lo que pasa en una guerra civil basada en ideología y en la manera de entender la realidad. Una propuesta muy arriesgada, sobre todo si nos atenemos a que estamos ante un producto juvenil. Ahora bien, Civil War también adolece del vicio moderno de los crossovers. Esto es, la necesidad de tener que leer al menos un par de colecciones asociadas, protagonizadas por un personaje en concreto, para sacar jugo a la historia y tener una imagen mucho más global de la trama. De hecho, el Integral de Civil War no relata la otra consecuencia de la guerra, la muerte (temporal) del Capitán América y su sustitución por parte de Bucky Barnes.  Esta historia se ha de buscar en la colección de Capitán América y en los tie-in asociados. Del mismo modo, tampoco se puede entender del todo la reacción de Spider-man sin leer los números dedicados del trepamuros al evento, por poneros otro ejemplo.

Ahora bien, uno de los valores que tampoco hemos de pasar por alto en este cómic es el trabajo de Steve McNiven (Némesis, El Viejo Logan), el dibujante de la colección principal. El trabajo de McNiven es una delicia. El nivel de detalle del ilustrador es exquisito y la composición de escenas muy digna de su nombre. Sin embargo, el trabajo conjunto de las tintas de Dexter Vines y el color de Morry Hollowell convierten los siete números de la serie en una auténtica gozada visual.

Por último quisieramos destacar que ni mucho menos vamos a entrar en el postureo de “si no te lo has leído no eres un verdadero fan”. Por mucho que Civil War mole y sea una de las cosas más decentes de Marvel en los últimos años, tampoco nos vengamos arriba pensando que es un “must read” obligatorio. Esnobismos aparte, a día de hoy las consecuencias de este crossover en la continuidad de Marvel son mínimas. De hecho, los héroes han dado tantas vueltas en los últimos diez años, que podéis pasar de él salvo que (por supuesto) queráis disfrutar de una de las mejores sagas de Marvel, de manera independiente y sin buscar continuidad ni los tres pies al gato.

Concluyendo, Civil War Integral es un tomo ideal para regalar(os) si tenéis la golosina de compraróslo. Panini lo edita desde hace unos meses a un precio de 25 euros, en un formato de tapa dura, con una calidad de papel inmejorable. Además, su lectura puede complementarse con el tomo Capitán América: Civil War, que sirve de precuela a lo sucedido en él y con los otros tomos de Marvel Gold de Civil War dedicados a Lobezno, Spider-man, 4 Fantásticos…

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