Reportaje

Día del libro: videojuegos convertidos en literatura

Por David Martínez
-

Para celebrar el día del libro hemos decidido realizar un "experimento". Los miembros de nuestra redacción interpretan pasajes de sus videojuegos favoritos como si se tratase de una novela, para que podamos disfrutar de dos de nuestras aficiones favoritas en un solo formato. No os cortéis, enviadnos también vuestros "ensayos" y votad por vuestro favorito. 

ACTUALIZADO: 17:10 Añadido The Secret of Monkey Island por Clara Castaño Ruiz. 16:15 Añadido Krusty's Super Fun House por Rafael Aznar. 15:00 Añadido Zelda por Álvaro Alonso. 14:07 Añadido SoulCalibur II por Javier Parrilla. 13:25 Añadido Silent Hill 2 por Daniel Acal. 13:00 Añadido Pokémon por Juan Carlos García. 12:30 Añadido Tetris por Javi Abad.

Call of Duty Modern Warfare 4 por David Martínez

Me enseñaron a controlar la respiración, a esperar el momento adecuado, a "leer" las señales en la naturaleza. Pero nadie me dijo que viviría con las consecuencias de ese disparo toda mi vida. El fusil Barret de calibre .50 no es un rifle de francotirador, ¿sabéis? En realidad se diseñó como arma anticarro, así que imaginad lo que es capaz de hacerle a una persona; no es agradable ver cómo salta un trozo de tu enemigo, y menos aún, comprobar que después de aquello sigue vivo. 

Tengo que reconocer que los muchachos de inteligencia lo hicieron bien. Sabían exactamente en qué momento aparecería Zakhaev. Otras veces he tenido que esperar a mi objetivo durante días, meándome encima, y soportando el acoso de los mosquitos, el hambre y la soledad. Ahora que lo pienso, no sé si los mosquitos sobrevivieron en Prypiat después de la catástrofe en Chernobyl. Pero esta vez no. Ahí estaba mi objetivo; como todas las personas, ignorante de su fragilidad.

Me imagino que Julio César, antes de ser apuñalado también se creía poderoso. La primera vez que disparas te concentras en la respiración, la segunda vez, en estrujar el gatillo en lugar de tirar de él. Con más entrenamiento consigues no pensar en nada, sólo hacer el trabajo. Esperas a que tu objetivo se cruce en el punto de mira, haces las correcciones necesarias, según el viento, la temperatura, la distancia y el efecto coriolis por la rotación de la Tierra. Y entonces, estás a punto de acabar con un conflicto en un segundo... pero fallas. Ahora Imran Zakhaev no puede dar palmas (le acabo de arrancar un brazo) pero la balanza se ha inclinado del otro lado: es mi vida la que está en juego... y por mi culpa, la de muchos inocentes. 


Metal Gear Solid 4: Guns of the Patriots por Estela Villa


Ha pasado mucho tiempo desde que comencé a considerarme un soldado. Nunca pensé que aquel joven que se infiltró con éxito en Outer Heaven iba a terminar expirando su último aliento de vida de la misma manera. He visto la muerte pasar por mi lado en multitud de ocasiones pero nunca vino a por mí, sino a llevarse a los enemigos que iba dejando tras mi paso, la vida de unos soldados que peleaban sin un verdadero motivo y a los que les habían puesto un arma en sus manos sin apenas saber sujetarla.

Perdí mi juventud intentando arreglar los errores de aquellos que me crearon y por eso estoy aquí, en mi última misión antes de despedirme de quienes me importan de verdad, dejando como legado un mundo libre de la soga de los Patriots. Muchos han caído en el intento, pero donde otros fracasaron, yo conseguiré tener éxito.

Parto hacia mi último destino con la esperanza de que algún día todo esto sirva de ejemplo de lo que nunca se tuvo que haber producido, algo que sirva a las generaciones futuras, algo que evite que cometan los mismos errores que nosotros hicimos antaño y así conseguir un mundo donde cada cual sea libre de tomar sus propias decisiones. "No soy un héroe. Nunca lo fui. Nunca lo seré."


Lemmings por Luis López Zamorano

Lo primero que dicta nuestro credo es que debemos proteger al prójimo con nuestra propia vida. Esa fue la razón por la que elegí entrar el último en esta terrorífica cueva. Pensé que los peligros del mundo exterior nos perseguirían en nuestro peregrinaje, pero lo que nunca imaginé es que el horror nos golpearía directamente en la cara. Uno tras otro he visto como compañeros se han sacrificado por mí en la oscuridad de este páramo sin que yo pudiera hacer nada.

Otro de los dictámenes de nuestra sociedad es precisamente el de respetar las decisiones de los demás miembros de la comunidad, sobre todo si han sido tomadas con el objetivo de cumplir la ley suprema. Es por eso que nadie se opuso cuando me ofrecí voluntario a cerrar la fila, y es por eso que no pudiera impedir que Vicente, Carlos y Juan se pararan al borde de los desfiladeros para evitar que los demás siguiésemos caminando y nos precipitásemos al vacío. Y es que si algo hace un Lemming es caminar.

Caminar sin rumbo definido. Sólo sabemos que nuestro deber es el de caminar para afrontar los retos que la vida nos depare. Una continua odisea ciega, a veces sin sentido, pero que nos enseña a colaborar unos con otros. En esta cueva hemos trabajado hombro con hombro. Hemos picado roca y escavado túneles, levantado puentes y caminado unos juntos a otros hasta llegar a la salida.

Ahora miro atrás, arrepentido de haber elegido esta última posición. Mis compañeros se han sacrificado durante nuestro viaje. Algunos de ellos probando la altura de un precipicio y dejándonos ver que era demasiado larga la caída para nuestros pequeños cuerpos, otros devorados por los ríos de lava. Sea como sea, ha llegado la hora de salir de aquí. Unos pocos han cesado su viaje para que continúe el nuestro, y mi deber es el de honrar su memoria caminando. Soy un Lemming y caminaré hasta que mi luz se apague.


Tomb Raider por Sonia Herranz

¿Qué ha pasado? Abro los ojos y apenas veo… ¿qué? ¿rocas? ¿sombras? Una luz lejana, pero ¿dónde? Me duele la cabeza, no puedo mover los brazos y las piernas… ¿qué les pasa a mis piernas? Todo se mueve, es raro… Como si todavía estuviera en el barco, zarandeado por la tormenta… ¡El barco! ¡La isla! Espera, el pelo me cuelga, me puedo mecer… Un golpe, sí, un golpe, justo donde me palpita la mandíbula. Tengo fuego tras los párpados. ¿Sam? ¿Roth? Atada, estoy atada. Sola y colgando bocabajo. Las luces son velas. ¿Un altar? Un altar a quién. Tengo que salir de aquí. El corazón me golpea en el pecho, con fuerza, cogiendo carrerilla para huir. ¿de quién? ¿De dónde? Grito, pero nadie me contesta. A mi lado hay más bultos, paquetes como yo, colgando como ofrendas macabras. Y dentro hubo personas, que ahora no son más que huesos descarnados, amarillos, putrefactos. No quiero morir así. Ni aquí. Ni ahora.

Me zarandeo, puedo mecerme. Los músculos de mis piernas protestan, pero tendrán que aguantar. Un poco más, un empujón más. Pero… ¿hacia donde? El fuego. Si se prende mi sudario, si las quemaduras no son graves, si no me rompo el cuello al caer… Demasiados “si” y ninguna alternativa. Un poco más. El golpe contra el suelo, húmedo y palpitante, me deja sin aliento. Pero hay algo más, un dolor agudo, nuevo. Algo me atraviesa la carne… ¿es un hueso? ¿Una de mis costillas me ha atravesado el costado o es el resto de algún cadáver? Hay muchos restos… No lo pienso más y me lo arranco. Todo se pone oscuro, mi cerebro grita y se quiere apagar. ¡No pudo desmayarme! Tengo que andar, salir de aquí. Como sea, donde sea. Me angustio, la estrecha caverna se cierra sobre mí. Tengo miedo. No puedo tener miedo.

Hay más huesos, más cadáveres, más velas… Dios, qué es esto. ¿Me estoy volviendo loca? ¿Me he desmayado? ¿Me he muerto y esto es el infierno? Me da igual. Tengo que salir de aquí y me arrastro por el agua que huele a muerte. Cojo una antorcha y avanzo. No te pares. El dolor es bueno, es demasiado real para que estés muerta y lo sabes. Sigue. Me deslizo por un rendija entre las rocas ¿y si me atrapa la piedra, como un cerbero inmóvil? ¿Moriré bajo la montaña? No importa, alguien viene, alguien con pasos violentos, con respiración peligrosa… Me zumban los oídos, de miedo, de adrenalina… de ganas de vivir. Corre, corre. ¡Me ha agarrado! Dedos duros y firmes en mi tobillo. Pataleo, golpeo y me arrastro, me arrastro…

Yo no voy a morir así. No puedo morir aquí. Sé que mi destino está más allá de esta guarida de carroñeros, más allá de esta isla maldita, más allá de una diosa de las tormentas. Quiero creer que me queda mucho por vivir, por sufrir, por disfrutar. Lo creo, lo creo, lo creo… Lo creo con tanta fuerza que el dolor se apaga, como mi antorcha, y el miedo se diluye lentamente. Voy a salir de aquí y sé cómo. Mi cerebro funciona otra vez y empiezo a trazar un plan. Esto no es el final, es sólo el principio. Que se preparen los monstruos que habitan esas cavernas. Me llamo Lara Croft y he vuelto.


Pac-Man por Alberto Lloret

 

 

Madre mía… ¡MADRE MÍA! ¡Otra vez NOOOOOOO! ¡Por favor! ¡Necesito salir de aquí y volver a ver a mi mujer! ¡Salir al exterior y volver a contemplar la luz del día! ¡Necesito respirar aire fresco y huir de este oscuro sótano! Acabo de abrir los ojos y, de nuevo, la pesadilla se repite otra vez, desde el principio. Da igual cuantas veces consiga escapar del laberinto donde mis secuestradores me han encerrado. El final siempre es el mismo: un breve fundido a negro… y vuelta al punto de partida. Desde el principio. Con todo colocado de nuevo en su sitio original. Parece cosa de brujería.

 

Lo peor de todo es que ya me estoy quedando sin ideas para escapar. Después tantos días de cautiverio, incluso he probado las más enrevesadas teorías: devorar las pequeñas galletas que hay diseminadas por los oscuros pasillos en distinto orden, comer (o no) las frutas que mis captores me arrojan desde una pasarela superior que apenas veo… Y el resultado es siempre el mismo. Incluso he hecho acopio de fuerzas y he evitado tomar unas obleas de mayor tamaño, esas que parecen un LSD, y que deben contener alguna sustancia psicotrópica que afecta tanto a mi visión (lo veo todo con tonos azulados parpadeantes), como a mi oído (un agudo sonido repiquetea mi tímpano) y a mi fuerza. Los efectos duran poco, pero lo suficiente para… acabar… con “Ellos”.

 

“Ellos”… aún no os he hablado de su existencia, porque me tiembla el cuerpo solo de pensar en ellos. Antes de caer en este macabro experimiento, en mi vida anterior, era de los que pensaban que no existían… Pero aquí los veo, y son una amenaza real. Cuatro espíritus etéreos recorren incansables los pasillos, con movimientos orquestados para acorrarlarme y poner fin a mi miseria. Por eso, aunque no quiera recurrir a las obleas, en muchas ocasiones son mi única salvación para poder acabar con ellos… aunque sea por unos breves instantes porque siempre, SIEMPRE, vuelven incansables. ¡DIOS! ¡Cuanto tiempo va a durar esta pesadilla!

 


Resident Evil por David Alonso

Miércoles 9


Cuando desde la central de la empresa nos comunicaron que  la siguiente fase de la investigación se desarrollaría en la enorme Mansión Spencer me sentí muy confundido. ¿Qué sentido tenía trasladar a casi todo el equipo a aquel caserón perdido en mitad de las montañas Arklay?

Aunque al principio tuve mis reticencias y estuve tentado de rechazar la propuesta, cada día que pasaba preparando mi traslado estaba más convencido de que la idea no estaba tan mal. Al fin y al cabo, iba a ser algo temporal.  Y seguro que unos meses alejado de la gran ciudad, respirando aire puro, me vendrían bastante bien. Quizá la distancia y el frío aire de aquellas montañas era justo lo que necesitaba para templar mi relación con Lucy…

Jueves 1


Las primeras semanas en la Mansión Spencer están transcurriendo con la aburrida normalidad que me temía cuando acepté formar parte de este proyecto. Para un simple técnico de mantenimiento como yo la jornada es pura rutina. Mi trabajo pasa totalmente desapercibido y sé que para Umbrella soy un simple número;  un peón sin importancia. Los jefes sólo tienen ojos para esos científicos que siempre miran por el encima del hombro y que sólo se dirigen a mí para recordarme que no puedo entrar en las zonas restringidas. ¡Cómo si yo tuviera algún interés en saber lo que se traen entre manos esas ratas de laboratorio!

Además, y por si su altiva y prepotente actitud habitual no fuera suficiente, durante estos últimos días he tenido que aguantar todo tipo de salidas de tono de estos estúpidos “batas blancas”. Se les ve muy tensos, y por aquí se rumorea entre los chicos que algo no va bien en los laboratorios. Algunos han escuchado algo acerca de un“incidente”, y otros aseguran haber oído lejanos gritos y gruñidos mientras trabajaban en la sala de armaduras. En fin, supongo que son historias que se inventan los veteranos para meter el miedo en el cuerpo a los auxiliares más jóvenes… está claro que el lugar en el que estamos invita a ello.

A mí lo único que me quita el sueño es pensar en que el proyecto termine lo antes posible para poder regresar  a casa junto a Lucy. Bueno, eso y los picores que llevan dándome la lata tres días ya. Yo creo que el jueves, mientras podaba las plantas del jardín, hubo alguna que debió darme algún tipo de alergia, porque esa misma noche empecé a sentir una intensa quemazón en el brazo. Me temo que mañana pediré ver al médico, porque la cosa no parece mejorar y ahora mismo me escuece todo. Dios, siento como si mi cuerpo entero ardiera…


Donkey Kong por Pablo Cosano

 

 

¡Qué difícil es la vida del héroe de videojuegos! Uno, aunque quiera, nunca puede retirarse.Recuerdo aquellos tiempos en los que los barriles caían como una gran cascada por las escaleras del primer Donkey Kong. Eran tiempos duros, pero a la vez tiempos buenos. Puedo confirmar que mi vida era mucho más sencilla, sin tantas complicaciones como ahora. No importaba que todos los barriles fueran iguales, solo tenía que tirarlos y llevarme a la princesa si el fontanero se acercaba mucho... Parece sencillo, ¿no?

 

Si te pones a pensarlo es un poco irónico. Cuando decides retirarte a tu isla, tranquilo, con tu familia y tus amigos, es cuando acabas pringando más que nunca. Justo cuando todo lo que necesitas es relajarte en la playa, con tus plátanos y tus bongos, para disfrutar de un día soleado; alguien tiene la necesidad de venir a molestarte. Sí maldito King K. Rool, ¡estoy hablando de tí! Y luego vienen los amigotes que te obligan a apuntarte a todos sus planes: ir a los karts, de fiesta, pelearnos, jugar al tenis y un largo etcétera.

 

Pero así funciona este mundo. Si te atrapa no puedes dejarlo. Casi 35 años no han sido suficientes para conseguir que me retire (chúpate esa Game Boy). Muchas veces pienso que ya está bien, que necesito darme un respiro y dejar que Diddy se encargue de todo... Sé lo que estáis pensando y pienso igual que vosotros, ¡Diddy no es lo bastante mono para sacar adelante la familia Kong! Lo único que deseo por todos mis plátanos es no acabar nunca como ese viejo de Cranky...


Super Mario Bros por Rubén Guzmán

 

 

Después de ver "Pagafantas", Mario salió del cine con una depresión del quince.

 


Soneto de la concha azul, por Daniel Quesada

 

 

Como un apocalipsis condensado,

un loco armagedón en miniatura,

si el primer puesto te han arrebatado,

tú la querrás lanzar con muy mala uva.

 

Sí, la concha azul, la que se hace esquiva,

al menos cuando tú la buscas yerras,

mas si no la buscas y oteas arriba,

¡Pum! Te fulmina, se acabó la guerra.

 

Solo si vas "prime" debes temerla,

y quizá sea mejor marchar segundo

para no gritar ¡mamma mía! al verla.

 

Lo llaman concha, otros caparazón,

yo lo llamo ese horror, un demonio azul

que amo, pero que me parte el corazón.

 


Tetris, por Javi Abad

 

 

Buscar encaje en la vida es nuestra más notable y antigua aspiración. Si este fuera un mundo justo, todos deberíamos encontrar un huequecito que nos permitiera ser felices. Un lugar donde echar raíces, rodeados de aquellos con los que nos sentimos a gusto. No es pedir mucho, ¿verdad?

Sin embargo, la realidad es obstinada y se empeña en echar por tierra nuestros sueños. Nos vemos obligados a seguir un ritmo frenético, a elegir entre opciones fundamentales sin apenas tiempo para madurarlas. Todos conocemos casos cercanos y dramáticos que tienen su origen en este maldito frenesí: decisiones equivocadas que apenas llevan un segundo, pero marcan de por vida. Y el temor a que te suceda a ti también te acompaña siempre, recordándote que no eres diferente.

No es fácil ser una pieza de Tetris. Quisiera pasar el resto de mis días junto a una T morada, pero creo que ella está colada por un cuadrado azul. No me queda mucho tiempo para convencerla de que se venga conmigo, y encima está la música, esa horrible música que cada vez suena más deprisa y me impide pensar con claridad…


Pokemon por Juan Carlos García

 

 

Yo era un autor de éxito. Acababa de publicar un libro de los que luego ves la portada en el escaparate de todas las librerías de la ciudad, en la primera mesa de novedades de El Corte Inglés, esa que está nada más entrar, y todo el mundo habla de él: los que te han leído y los que seguramente no lo vayan a hacer nunca.

 

Tratando de asimilar la fama, me paseaba por los centros comerciales y calles de la ciudad aun asombrado por ver mi nombre en la portada del libro más vendido, y lo que es aun más increíble: mi foto en la última página. Sin embargo, no lejos de ese montón de hojas deliciosamente encuadernadas, algo parecía atraer hipnóticamente la atención de todo el mundo. Mucho más que mi libro. Parecía proceder de las estanterías del final, donde un cartel de VIDEOJUEGOS era flanqueado por unas extrañas criaturas con forma de animales, y un logo en el que se podían leer varias letras en mayúscula y en medio una “é” acentuada en minúscula.

 

No tardé en ir a ver qué pasaba, qué era eso que brillaba con luz propia y me quitaba protagonismo a cada minuto. Sí, estaba nervioso. Un niño, no sé, tendría como 8 años, tiraba de la manga de mi chaqueta llamando mi atención por algo. Cuando giré y bajé la cabeza, el chaval aprovechó el movimiento para colarse delante de mi y estirando la mano tomó una caja de un tamaño no demasiado grande, cuadrada, llamativa, y con el mismo logo y las mismas imágenes de animales que había visto desde lejos. Ahora estaba seguro de que ponía POKéMON, escrito de esta forma tan peculiar, debajo podía leerse Edición Roja o también Edición Azul (había dos cajas diferentes), y a la izquierda de un dragón rojo o de lo que parecía una tortuga con cara de malas pulgas, unas letras enormes que decían GAME BOY.

 

Después llegó otro chico y repitió la operación del anterior, y luego un padre, y dos niñas, y la abuela, y un director general, y un par de adolescentes y un conductor de ambulancia. Miré a lo lejos y contemplé mi libro. Había varias personas hojeándolo, así que respiré tranquilo. ¿Por qué no? –me dije. Y estiré yo también el brazo para hacerme con esa pequeña caja tan valiosa. Mi libro ya lo tenía muy leído.

 


Silent Hill 2 por Daniel Acal

 

 

¿Qué coño hago aquí? En una vieja y asquerosa letrina, en este sitio alejado de la mano de Dios… Me miro en el espejo y no me reconozco. Veo a un hombre hundido, una carcomida versión de mí mismo. Intento obligarme a sonreir, pero no he vuelto a ser capaz. No desde aquello. Nunca volví a ser el mismo desde que te fuiste, Mary. No puedo dejar de pensar en lo felices que fuimos, en el futuro que íbamos a compartir… Hasta que esa maldita enfermedad te alejó de mí, te apartó de mi lado para siempre. Llevo tres años solo, consumido por tu ausencia y por un terrible sentimiento que no puedo explicar.

Y entonces recibo esta carta. Tu carta. En ella me dices que me esperas aquí, en Silent Hill. Recuerdo que una vez visitamos este tranquilo pueblecito, lleno de gente amable y muy hospitalaria con los visitantes. Recuerdo que estuvimos todo el día tumbados en el césped, los dos solos, contemplando la quietud de las aguas del precioso lago Toluca. Fue uno de los mejores días de mi vida. Y ahora dices que me esperas aquí, en Silent Hill, en nuestro lugar especial…

¿Por qué me haces esto, Mary? No paro de pensar que esto es ridículo. Que es completamente imposible que estés aquí, esperándome. En Silent Hill. Sé que prometí que volvería a traerte y que no llegué a cumplir mi promesa. Como tantas otras cosas que dejamos sin hacer. Esa maldita enfermedad. ¿Por qué tuvo que tocarnos a nosotros? Éramos tan felices. Pero el último recuerdo que tengo de ti, en aquella cama… Ya no eras tú, Mary. Ya no eras tú. Nunca olvidaré cómo me miraste por última vez.

¿Es posible que sigas viva? ¿Que estés esperándome en algún lugar de Silent Hill? No dejo de repetirme que es un disparate, que esto no puede estar pasando. Pero empiezo a andar. El parque Rosewater, el viejo hotel Lakeside. Nuestro lugar especial. La niebla me envuelve, cada vez más. Voy a buscarte, Mary. Espero que puedas perdonarme algún día.


SoulCalibur II por Javier Parrilla (texto extraído del juego)

“Escogido por la historia, un hombre se convierte en guerrero.

Presente en sus páginas, un guerrero se convierte en héroe.”

Canción de un trovador del Siglo XIV

“Una historia de espadas y almas, eternamente relatada,

 que trasciende la historia y el mundo.”

Anónimo

Son innumerables las leyendas en torno a una espada conocida como Soul Edge. Hay quien afirma que es la mejor de las armas. Otros se refieren a ella como la Espada de los Héroes; una espada fantasma dotada de inconmensurable poder por los espíritus; la llave de la eterna juventud; un tesoro sin parangón; un remedio para toda enfermedad. Hay incluso quien la considera la Espada de la Salvación. El origen de Soul Edge formó parte de numerosas leyendas, aunque su verdadera naturaleza es demoníaca. Es una espada maldita que se alimenta de almas.

La espada, forjada por manos humanas, cobró vida y comenzó a devorar almas después de bañarse en sangre humana en numerosas ocasiones. Por aquel entonces, apareció misteriosamente una espada espiritual llamada Soul Calibur, casi como para dar respuesta a la llamada de la espada maligna.

Ambas espadas chocaron en varias ocasiones a lo largo de los siglos, pero sus encuentros nunca se registraron en las páginas de la historia, por lo que nadie supo…

A lo largo de la historia, los hombres han deseado grandes aventuras. Cualidades humanas como la avaricia, la curiosidad, así como las mentes inquietas, han estado íntimamente ligadas a la historia, la cual avanza inexorablemente.

Los hombres consideraban a Soul Edge como la recompensa definitiva. Los rumores que giraban en torno a ella se difundían rápidamente, tentando a todo aquel que escuchara su historia.

Esa época estaba inundada de enfrentamientos y batallas de guerreros que vagabundeaban por la tierra en busca de la Soul Edge. Era un mundo en que cualquier deseo se podía materializar con la voluntad y fuerza suficientes.

La historia que va a comenzar es la de uno de estos guerreros.

Esta es tu historia de espadas y almas…


The Legend of Zelda: Ocarina of Time por Álvaro Alonso

Intento incorporarme pero me fallan las fuerzas: ese último ataque ha debido dislocarme el hombro derecho. He levantado mi escudo en el último momento, pero solo ha absorbido parte del impacto. “¡Vamos, puedes hacerlo!” Los gritos de mi compañera parecen provenir desde el más profundo de los abismos... Pero me aferro a esas palabras, y me levanto. El Rey Demonio se alza ante mi, con una sonrisa surcando sus afilados colmillos. Sus ojos brillantes me observan, aguardando mi siguiente ataque... Mi último ataque.

Hay mucho en juego, todo depende de este último golpe. La tierra en la que nací depende de mi, todos los amigos que he conocido a lo largo del camino dependen de mi, Ella... Depende de mi. ¡Ella! El simple recuerdo de su rostro devuelve mágicamente la fuerza a mis brazos, y siento como una intensa luz recorre mi cuerpo, dándome las energías que necesito: estoy listo. Cierro los dedos con firmeza alrededor de la empuñadura de la Espada y me lanzó al ataque. Mi enemigo es incapaz de contener una exclamación de sorpresa al verme correr con decisión hacia él: no se lo esperaba. Sonrió y aprovecho este momento de flaqueza para lanzar una estocada directa contra sus ojos, que se llenan de terror ante un ataque que sabe que no puede evitar...

… Pero antes de que mi Espada haga contacto con su piel nauseabunda, siento frio. Y me detengo. Noto cómo un extraño líquido recorre mi abdomen. Bajo la mirada y veo el filo de una espada, atravesándome las entrañas. Caigo de rodillas y siento como la vida escapa rápidamente de mi cuerpo. Antes de que mis ojos se cierren para siempre, vislumbro una figura oscura, de aspecto insultantemente parecido al mío, recogiendo la herramienta de mi destrucción y arrodillándose ante su maestro: “está hecho, mi señor.”

No podéis dejar el destino del mundo en manos de un niño que vive encerrado en el cuerpo de un adulto. 


Krusty's Super Fun House por Rafael Aznar

¡Hola, hola, niños! Parafraseando a Troy McClure, tal vez me recordéis de episodios de Los Simpson como Krusty entra en chirona, Krusty es cancelado, De tal palo, tal payaso o Papá, payaso loco. Sí, dicen que estoy loco, y probablemente estén en lo cierto, porque mi vida ha sido un exceso continuo, alejado de lo que promulgaba mi padre, el rabino Hyman Krustofsky. Tan majara estoy que, por mi cerebro, revolotea el extraño convencimiento de que, algún día, protagonicé un videojuego en el que mi objetivo no era divertir a la audiencia con la colaboración de Rasca y Pica (ni siquiera la de Proletario y Parásito). No, mi cometido era limpiar una mansión de una plaga ratonil. Suena extraño, ¿verdad?

Por lo que recuerdo –el alcohol y las drogas me han dejado “carumba”­–, tenía que conducir a los roedores hasta el matadero, cual flautista de Hamelín. Así, debía servirme de una serie de ladrillos desperdigados por los escenarios y, con ellos, construir escalones y escaleras con las que guiar a los ratones, que, por algún motivo que no alcanzo a comprender, andaban a dos piernas. Por suerte, me ayudaban grandes tipos, que estaban al cargo de diversas máquinas con las que aniquilar a tan repugnantes seres animales. Bart los aplastaba con un guante de boxeo, Homer los freía con una máquina de rayos, el actor secundario Mel los inflaba hasta hacerlos explotar... Menos mal que ninguno era tan violento como Pica. Ahora, me marcho, que me comunican por DLC que las Malvinas han sido invadidas. Repito: “¡Las Malvinas han sido invadidas!”. Sí, esto es una reemisión: el pasado siempre vuelve, aunque no lo queramos.


The Secret of Monkey Island por Clara Castaño Ruiz

Prólogo

Hola, soy Guybrush Threepwood y desde que era pequeño siempre quise ser un pirata. La gente me decía que esa era la vida mejor pero yo, desde que llevo en este negocio, sólo he encontrado rompecabezas, secretos, luchas a espada, un malvado enemigo, y a mi parienta, Elaine. Llevamos 24 años juntos, y los que nos quedan. Hoy quiero contaros la historia de cómo me convertí en un gran pirata.

Yo era un pipiolo largilucho la primera vez que llegue a la isla Mêlée. No sabía muy bien el camino que debía tomar para llegar a ser un pirata y, en mi aventura, se cruzó un cartel que anunciaba el bar Scumm. Entré, no es que fuera la mejor taberna del mundo, más bien era un antro de mala muerte lleno hasta los topes, con olor a sudorcillo pero, al menos, tenía buena música y un perro con el que poder conversar.

- Ponme un grog - le dije al camarero del Scumm, sin saber que esa mezcla explosiva, que me iba a meter en el gaznate, me iba a ayudar en más de una ocasión durante mi aventura.
- ¿Quieres ser un auténtico pirata? - Oí que me decían desde una mesa ocupada por tres imponentes bucaneros. Les miré extrañado como diciéndoles, ¿es conmigo con quién habláis? Finalmente, y un poco temeroso, decidí acercarme.
- Me llamo Guybrush Threepwood, y quiero llegar a ser un pirata.
- Para lograrlo debes superar tres pruebas - dijo el que estaba sentado en el centro.
- Debes dominar el arte de la espada - añadió el de su izquierda.
- El arte del robo - indico el de la derecha.
- Y por supuesto, la búsqueda de tesoros - dijeron los tres.
- ¿Me podríais indicar cómo conseguir superar estas tres pruebas?
No obtuve respuesta, así es que decidí comenzar como buenamente pude.

Ésto sólo fueron los primeros momentos de mi iniciación a la piratería. Continuad leyendo mi diario si queréis saber más, y os encontraréis con apasionantes luchas dialécticas y a espada:
- Luchas como un ganadero - me dijo un pirata con camisa de rayas.
- Que apropiado, tu luchas como una vaca - le respondí indignado.
Y me acompañaréis en un apasionante viaje para rescatar a mi amada, Elaine Marley, de las malvadas manos del Pirata Fantasma, LeChuck.
Bienvenidos a "El diario de The Secret of Monkey Island."

Capítulo 1: Las tres pruebas

Lecturas recomendadas