Reportaje

E3 2016 - Avance de The Legend of Zelda Breath of the Wild

Por Álvaro Alonso
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The Legend of Zelda Breath of the Wild ha sido el juego estrella de Nintendo en el E3 2016. Tras muchos gameplays en el Treehouse Live, hemos podido jugar nuestra primera partida y os contamos nuestras impresiones.

Era uno de los juegos más esperados del E3 2016, y no ha defraudado ni un ápice. The Legend of Zelda: Breath of the Wild nos ha dejado en este Nintendo Treehouse Live (además de su título definitvo) una buena cantidad de detalles, novedades y montones de vídeos gameplay que servirán para hacer la espera más fácil (¿o difícil?) hasta su lanzamiento en 2017.

 

Como ya sabéis, nosotros estamos en el E3, y hemos tenido la oportunidad de jugar al nuevo The Legend of Zelda para Wii U y Nintendo NX. Concretamente, a dos demostraciones de aproximadamente 20 minutos de duración. La primera se desarrollaba avanzada la aventura, mientras que la segunda nos situaba justo al inicio.

 

Dado que la esperadísima aventura de Nintendo tiene una escala como nunca antes se había visto en ningún otro juego de la saga, es difícil explicar todo lo que ofrece The Legend of Zelda Breath of the Wild. En lugar de un avance o unas impresiones al uso, os contamos punto por punto cómo fue nuestra experiencia con las demos. Hemos invertido el orden de las demos para seguir el orden cronológico del propio juego. Y todo, narrado por el mismísimo Link, ¡disfrutad!

 

 

“Despierta Link… Despierta.”

Abro los ojos y descubro que estoy tumbado sobre una superficie que no alcanzo a distinguir. Me pongo en pie y me siento desorientado, pero una extraña voz me invita a seguir adelante. Sobre una especie de pedestal, encuentro un artefacto extraño; parece un libro, pero con una tecnología mucho más avanzada. Al recogerlo, las puertas de la estancia se abren.

 

En la siguiente habitación, dos cofres me esperan. En su interior encuentro una camisa y unos pantalones viejos; no son la mejor protección, pero al menos ya no estaré desnudo. Veo luz al final del túnel y me dirijo hacia allí en busca de la salida, pero antes me veo obligado a trepar un pequeño obstáculo. No puedo escalar eternamente; mi resistencia se agota a medida que me muevo por la pared, y si se acaba antes de alcanzar la parte superior, caeré.

 

Llego arriba y por fin alcanzo la salida. La luz del sol me ciega… A medida que voy recuperando la visión, un paisaje compuesto por montañas, bosques y acantilados se materializa ante mí. Pero apenas tengo tiempo para disfrutar de las vistas: la voz vuelve a sonar en mi cabeza, y me insta a seguir avanzando. Desciendo por la ladera y, para mi sorpresa, me encuentro con un anciano. Esconde su cara bajo una capucha, pero alcanzo a ver claramente una barba frondosa y dos enormes ojos azules que le confieren aspecto de búho. Me resulta muy familiar…

 

Me hace preguntas extrañas y me habla de recetas culinarias. Al parecer, puedo cocinar los ingredientes que recojo en cualquier hoguera, o incluso descansar para que el tiempo avance. Como regalo por nuestro encuentro, me entrega un hacha: es grande y pesada, pero también muy poderosa.

 

Avanzo tan solo unos metros y se presenta la primera oportunidad para probarla: un bokoblin solitario. Los ataques de mi nueva arma son lentos, pero provocan un gran daño. Decido cargar el ataque y empiezo a girar sobre mí mismo, como una peonza, arrasando con todo lo que me rodea. Por desgracia, esto agota mis energías y debo reposar unos segundos para recuperar el aliento.

 

Una vez repuesto, continúo mi viaje siguiendo las indicaciones de la misteriosa voz. Me explica que, si me pierdo, puedo usar el extraño libro como mapa. Al abrirlo, veo claramente un punto amarillo: es mi objetivo.

 

Avanzo en su dirección, consiguiendo nuevas prendas que, poco a poco, me van ofreciendo mejor protección. Vuelvo a cruzarme con más bokoblins, y esta vez me veo en un aprieto cuando el arma que utilizo se rompe en pleno combate y me encuentro peleando con las manos desnudas. Por suerte, uno de los enemigos ha dejado caer un garrote, y cambiar de armas y escudos es tan simple como pulsar un botón.

 

Finalmente llego a mi objetivo, donde me espera un pedestal que desprende una luz amarillenta. Al interactuar con el mecanismo, el suelo tiembla a mis pies y comienzo a elevarme por los aires: ¡es una torre! En la distancia, veo varias construcciones similares surgiendo por todo Hyrule. Parecen servir como faros, pues ha hecho que la zona al completo quede revelada en mi mapa.

 

Vuelvo a oír esa misteriosa voz; me dice que he estado 100 años durmiendo, y que debo tratar de recordar. Que soy la luz que debe detener las tinieblas. Fijo mi vista en el horizonte y contemplo un enorme castillo: la oscuridad lo rodea, pero no se trata de una oscuridad normal: al fijarme mejor, alcanzo a distinguir lo que parecen dos cuernos… ¿Y una nariz de aspecto porcino? No, no puede ser… Debo haberlo imaginado.

 

 

Comienzo el descenso de la torre y, al llegar abajo, vuelvo a encontrarme con el misterioso anciano. Le hablo de la voz que me guía, y me pregunta si conozco su identidad. Ante mi respuesta negativa, una leve sonrisa cruza sus labios (¿me estará ocultando algo?). Vuelve a ofrecerme un obsequio: se trata de una suerte de planeador con el que podré cubrir grandes distancias.

 

Pero esta vez debo ganármelo; quiere que vaya a la mazmorra cercana y consiga el objeto que hay en su interior. Me avisa de los peligros que me aguardan en el camino, pero no tengo miedo. Mi aventura acaba de comenzar, y no pararé hasta haber explorado el último rincón de esta hermosa tierra… Y descubrir quién se esconde tras esa hermosa voz.

 

La aventura de Link continúa


En esta segunda demo es de día y estoy en un bosque. Avanzo unos metros y me topo con varias setas y una rama. Al recogerlos, descubro que las primeras están destinadas a ayudarme a recuperar salud. Puedo usar la rama como arma, pero tengo una espada mucho más poderosa. Antes de seguir, compruebo mi inventario: además de lo puesto, tengo otra camisa; su protección es inferior, pero me abrigará en condiciones de frío extremo.

Sigo avanzando y la hierba es cada vez más alta, ¡me llega hasta la cintura! De repente, me doy de bruces con un jabalí. Saco mi arco rápidamente, pero no lo suficiente; el animal huye. Echo a correr siguiendo su rastro y lo alcanzo a verlo entre los árboles, no muy lejos. Apunto… y disparo. Esta vez la flecha no falla y doy en el blanco. Aprovechando que la criatura está confusa, realizo un segundo disparo y cae. Me acerco para recoger mi botín: carne. También recupera salud, pero resulta mucho más efectiva si la cocino en una hoguera.

Sigo explorando el bosque, en busca de nuevos objetos. La luz se filtra entre los árboles, provocando que sus sombras tengan un aspecto extraño. Veo manzanas colgando de uno de ellos y trepo hasta la copa para recogerlas. Desde lo alto, diviso la salida del bosque y de un salto llego al suelo y me dirijo hacia allí.

 

Al abandonar la espesura, un mundo GIGANTESCO se abre ante mí. Sin lugar a dudas, la construcción más llamativa es un enorme castillo alrededor del cual orbitan elementos que no alcanzo a distinguir. Trato de acercarme para contemplarlo mejor, pero un acantilado detiene mis pasos. Me giro, en busca de otro camino, y me doy de bruces con un campamento bokoblin; dos en el suelo y un vigilante en lo alto de una torre de madera.

 

Aprovecho que no me han visto, apunto cuidadosamente una flecha a la cabeza del vigilante y… ¡SNAP! La criatura desaparece en una nube de humo de un solo disparo. Pero sus compañeros me han visto y se lanzan raudos al ataque. Para solventar la inferioridad numérica, dejo en el suelo una de mis bombas; brilla con un intenso color azul. Cuando los bokoblins están cerca, la detono a voluntad usando el control remoto. Eso los ablandará.

 

Decido que ha llegado el momento de actúar de una forma más íntima. Saco mi espada y empieza el baile. Soy más rápido, asi que ataco sin miramientos al primero. Pero, en mitad de mi sucesión de espadazos, la criatura me arrea un golpe terrible con su porra y salgo volando varios metros. Son más duros de lo que aparentan a simple vista. Me levanto y, esta vez, preparo mi escudo. La criatura vuelve a lanzarse al ataque, pero esta vez esquivo sus embestidas saltando y aprovecho un descuido para darle el golpe de gracia. Dos menos, sólo queda uno.

 

En un arrebato de confianza, decido lucirme; puedo rechazar sus golpes con mi escudo… Pero es una habilidad que requiere práctica, y mis intentos de desviar sus ataques fallan continuamente. Me veo acorralado y decido poner fin al combate: justo cuando el bokoblin ataca, salto a un lado y el tiempo se detiene a mi alrededor; desato una oleada de golpes sobre la criatura, que desaparece con una explosión y deja tras de sí varios objetos, entre ellos su enorme porra. Es increíble la facilidad con la que puedo equipar el objeto, pero decido seguir confiando en mi espada.

 

Sobre la torre de vigilancia hay un cofre. Escalo para abrirlo, pero parece estar bloqueado por un poder extraño… ¡Hay otro bokoblin cerca! Salto y me preparo una vez más para combatir. Esta vez, soy precavido y pienso antes de actuar. Golpeo cuando veo una apertura y me protejo cuando se prepara para atacar. Aprovechando que me he colocado a su espalda, ejecuto un salto y caigo a toda velocidad mientras la espada silba como acompañamiento. La criatura sale despedida, pero no voy tras ella: el tesoro me espera.

 

Vuelvo a la torre y contemplo que el color del cofre ha cambiado, ¡puedo abrirlo! Coloco mis dedos sobre la ranura y empiezo a levantar. Una luz brillante sale de su interior… Y obtengo varios objetos cuyo uso no alcanzo a comprender.

 

Lo guardo todo en la bolsa y continúo mi viaje. A lo lejos, diviso lo que parece ser un pequeño poblado, pero al acercarme descubro que no son más que unas ruinas. Sin embargo, una construcción llama mi atención: tiene una forma retorcida y brilla con una luz tenue. Me acerco y descubro que se trata de un santuario. Dicen que hay más de 100 repartidos por todo el reino de Hyrule y que ocultan grandes premios para aquellos capaces de resolver sus enigmas.

 

Me adentro en sus profundidades y descubro que estoy en una sala con plagada de piezas de aspecto antiguo, pero con cierto toque tecnológico. Registro mi bolsa en busca de los imanes; estos pequeños me permiten manipular las piezas y recolocarlas a mi antojo. Elevo dos paneles que cubren el suelo y descubro unas escaleras.

 

Al descender, me topo con una pared de bloques de piedra; tienen el mismo aspecto antiguo y tecnológico que los paneles… ¿Y si… ? Utilizo los imanes y… ¡Bien! Al desplazar uno de los bloques el resto se derrumba. Prosigo mi camino y me cruzo con una criatura con forma de araña que no duda en atacarme... Pero no es rival para mi espada; con un violento golpe, cae a un canal y desaparece para siempre.

 

A continuación, vuelvo a ver otro panel. Un vistazo rápido a la sala me indica que debo desplazarlo para crear un puente que me permita seguir avanzando. Vuelvo a sacar los imanes y... 

 

Una voz, esta vez no tan angelical como la que había oído anteriormente, me dice que mi tiempo en Hyrule se ha acabado. Apenas he podido disfrutar de una pequeña porción de lo que está por venir y tengo tantas ganas de seguir explorando este bello mundo que decido volver a caer en un profundo sueño para que la espera se haga más corta. Por favor, despertadme sólo cuando The Legend of Zelda Breath of the Wild salga en Wii U y Nintendo NX

 


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