Reportaje

Especial Halloween: Terror psicológico

Por Daniel Quesada
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Halloween es época de monstruos, vampiros y brujas, pero hay otro tipo de miedo: aquél que no comprendemos. Hoy, queridos niños, vamos a repasar el terror psicológico, el que juega con nuestra mente para que una sombra en la distancia nos dé más miedo que un puñal a nuestro lado...

Empezaremos este reportaje dejando claro que el concepto "terror psicológico" es un tanto redundante. ¡Pues claro que es psicológico, todo miedo se forma en nuestra mente! Sin embargo, se usa esta expresión para crear una diferencia con el terror más gráfico, más explícito. Así, en teoría, una película gore representa el polo opuesto al terror psicológico aunque, en realidad, casi nunca estamos ante una obra pura en ese sentido. En algún punto u otro, los narradores querrán jugar con nuestro cerebro...

Esa es la columna vertebral del asunto. El tipo de terror que nos ocupa intenta tocar los interruptores justos de nuestra cabeza para que nos mantengamos con el culete torcido durante toda la duración de la película o el juego. Puede que ni siquiera veamos sangre, o un monstruo con tentáculos y colmillos resplandecientes. Lo importante es que estemos tensos, incluso asustados de principio a fin y no sepamos del todo por qué...

Somos unos animalicos

Por supuesto, es el espectador quien no sabe en ese momento por qué tiene miedo, pero la fórmula, en realidad, está bastante estudiada. La mayoría de las veces, la cosa tiene que ver con que...

¡Ojo, spoiler!

...venimos de los simios.

Fin del spoiler

Y, debido a ello, a que, en lo más profundo de nuestro cerebro seguimos siendo animales que luchan por sobrevivir, hay muchas cosas que desde una perspectiva racional no darían miedo pero que nos asustan igualmente. Arañas, serpientes o la propia oscuridad siguen centrifugando la química de nuestra "azotea", apelando a nuestro instinto... Y eso es algo que aprovechan los juegos y películas de terror.

El efecto miope

Los que tenemos unas pocas dioptrías tenemos una ventaja sobre el resto de los mortales: podemos pasar miedo gratis, sin pasar por el cine. Basta con quitarnos las gafas y quedarnos quietos en una acera. Cuando lo que se acerca a unos metros de nosotros es una mancha borrosa, no puedes por menos que sentir inseguridad. Tu parte racional te dice que, lógicamente, es un transeúnte más, pero tu parte cobardica piensa: ¿y si es un serial killer que quiere descuartizarme? ¿Y si es alguien peligroso, como un vampiro o un inspector del frac?

No saber lo que se nos acerca nos hace sentir vulnerables. Por eso, es tan común que en las historias de terror se recurra a la oscuridad... O la niebla.

Sí, los creadores de Silent Hill supieron convertir la desventaja en virtud. PlayStation no podía mover demasiados elementos a la vez, así que crearon a propósito un efecto de niebla (que tradicionalmente se usaba para ocultar errores de "popping"), que impedía que supiéramos lo que se nos aproximaba, a no ser que confiáramos en nuestros oídos... El juego de Konami jugaba con los seres deformes, los sonidos en la distancia y nuestra sensación de indefensión para transmitir un miedo casi sobrenatural, que para muchos aún no ha sido superado. Y eso, casi sin "casquería". ¿Veis a lo que nos referíamos?

Pero no ha sido la única apuesta en ese sentido. Otro caso claro es, lógicamente, la película La niebla, basada en el libro de Stephen King, que presentaba a unos seres temibles que solo atacaban si nos internábamos en la niebla que los rodeaba...

Hágase la oscuridad

Oye, sale mucho más barato apagar las luces y ahí sí que tenemos ejemplos para aburrir. De hecho, el cine español ha jugado bastante con la presencia de la oscuridad, como en Los otros o Darkness. No es que la luz o la falta de ella contribuyeran a la atmósfera. Es que formaban parte de la trama. En los videojuegos, la penumbra, las sombras en la distancia y los sonidos de locura tenían un papel crucial en el comienzo de Bioshock, aunque más adelante el título derivaba hacia la acción.

Penumbra o Amnesia también nos metían en entornos oscuros y nos hacían sentir desprotegidos porque, para más inri, no teníamos armas. ¿Se puede estar mucho más asustado que eso cuando sabes que vienen a por ti? Los recientes Outlast o Slender repiten el recurso de la oscuridad sin parar (nada que no hubiera hecho años atrás Doom 3, por cierto) apoyados, además, en el nuevo cliché de la cámara en mano.

Y es que insinuar que nuestro destino depende de una máquina que puede estropearse o quedarse sin batería en cualquier momento multiplica nuestra¡o desasosiego. ¡Sin ella, o sin la linterna de turno, nos quedamos en la más absoluta oscuridad! Que se lo digan a Alan Wake...

Siendo justos, este recurso viene del cine. Sobre todo, de esta amiga:

Hace ya 15 años que El proyecto de la bruja de Blair removió los cimientos del terror (y del márketing) convencional. Aquí no hay travellings ni planos generales que nos "saquen" de la acción, todo depende del pulso de los desdichados protagonistas. Muchos otros han seguido sus pasos, como Rec, La Cueva o esa nueva churrería que es Paranormal Activity.

La guasa de los espíritus

Esta última película nos lleva a profundizar en el asunto paranormal. Solo Íker Jiménez sabe de verdas qué nos espera en el otro barrio, así que todo lo relacionado con almas en pena invadiendo casas da miedo sí o sí. La gracia está en mostrarlas lo justo, sin abusar. En este caso es especialmente evidente que, cuanto más insinúes en lugar de mostrar, mejor funciona la cosa. ¿Ejemplos? El sexto sentido, Sinister, Expediente Warren, F.E.A.R. o, cómo no, nuestras amigas, las gemelas "creepy" de El resplandor.

No hacen nada, solo miran a cámara e invitan a Danny a jugar, pero eso (y un magnífico montaje) bastan para ponernos los pelos de punta. Como ya dije en la crítica de la película, Kubrick sustituyó el terror convencional por otras pulsiones mucho más sutiles, como el uso de la simetría (en las niñas, en el laberinto, en la moqueta del hotel) para hacernos sentir incómodos sin que supiéramos muy bien por qué. El hecho de que las niñas miraran directamente a cámara en un plano general también nos descolocaba: si se nos presenta algo de golpe, mirándonos directamente a los ojos, notamos que algo no va bien.

El lado racional nos haría recapacitar sobre que, en técnica cinematográfica, lo normal es presentar a alguien en plano medio y que no mire al objetivo de la cámara, sino un poco a su derecha. Como espectadores, estamos acostumbrados a eso y lo tenemos asimilado, aunque nunca nos hayamos parado a pensarlo. Si alguien se salta la norma, nos desasosiega, pero no sabemos por qué...

Pero, si hay alguien que supo llevar esa técnica hacia el extremo, fue Hideo Nakata con Ringu. Sí, la posterior adaptación americana, The Ring, también era digna:

Apenas sucedía nada "mortal" en toda la película, pero un par de planos al comienzo, bastaban para dejarnos el corazón encogido durante todo el metraje, hasta esa escena casi final en la que Sadako hacía... Otra cosa inesperada con un chico. Sin duda, uno de los mejores climax de una película de terror. A raíz de su éxito, otras películas japonesas siguieron su estela, pero para profundizar en ello os invito a leer nuestro especial de terror asiático.

Al final, la clave está en no saber qué demonios pasa

Cuando te persiguen Jason o el asesino de Scream, tu duda es por dónde atacará. Sin embargo, en el terror psicológico, nos sentimos más "pequeñitos", porque ni siquiera sabemos qué es lo que nos acecha o por qué. A medida que van avanzando la película o el videojuego, puede que el autor quiera desvelarnos la verdad detrás de todo, pero al principio, es el no saber nada lo que asusta más.

Dead Space acaba convirtiéndose en una aventura de acción, pero al principio basta con ver la Ishimura para hacernos popó. ¡Y ni siquiera hemos llegado allí! Lo mismo pasa con Alien: El octavo pasajero. Con el paso de los años, sabemos cómo es el alien, cómo se mueve y qué tipo de sangre tiene (Cero negativo con un poco de ácido), pero cuando se lanzó la película, el miedo pasaba también por entender qué era ese ser y por qué iba a por los amigos de Ripley. El misterio que rodea al bicho se ha sabido trasladar muy bien al reciente Alien Isolation. Somos la presa, pero no sabemos de qué ni cómo detenerlo...

Puede parecer complicado articular una película o juego en torno a eso, pero el maestro Hitchcock ya lo hizo en 1960 con Psicosis. Y es que de eso va el terror psicológico, de que te vayan inyectando, poco a poco, conceptos que no esperes o que no percibas del todo hasta que todo junto explote en nuestro cerebelo. De hecho, nosotros mismos hemos estado jugando contigo. Seguramente no te has percatado, pero si lees la primera letra de cada renglón de este artículo, descubrirás algo espeluznante...

¿Ya lo has intentado? Bueno, vale, no pone nada de nada. Pero, ¿y si lo hubiera puesto? Asusta como podríamos manipularte, ¿eh? ¡Muaaaajajajajajajaaaaaa! Venga, hasta luego.

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