Reportaje

Especial Homefront: The Revolution - Por qué es un shooter diferente

Por Hobbyconsolas.com
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Homefront: The Revolution está a punto de infiltrarse en PS4, Xbox One y PC. Con una peculiar ambientación en una Filadelfia invadida y un estilo guerrillero, el shooter de Dambuster Studios y Deep Silver aportará armamento nuevo a un género con fuerte tendencia a apolillarse.

Homefront: The Revolution tomará las barricadas de PS4, Xbox One y PC el 20 de mayo, y su propuesta promete ser un soplo de aire fresco para un género muy dado a caer en la autocomplacencia y la obviedad, como es el del shooter bélico. En desarrollo desde 2011, el juego ha tenido que esquivar varios obstáculos en forma de cambios de editora (THQ, Crytek y, finalmente, Deep Silver), pero ya está listo para desplegar su arsenal urbano.

El equipo encargado del proyecto ha sido Dambuster Studios, que cuenta con un buen recorrido en el ámbito de los disparos. No en vano, bajo su anterior denominación, Crytek UK, se encargó de la vertiente multijugador de Crysis 2 y Crysis 3. Antes de eso incluso, como Free Radical Design, firmó la reputada saga TimeSplitters y trabajó en Star Wars Battlefront III, cancelado a última hora por LucasArts.

Un giro de 180º

La primera entrega de esta saga vio la luz en 2011, con la intención de plantarle cara a Call of Duty con sus mismas armas, es decir, con una campaña lineal y un multijugador competitivo. El juego era notable, pero no lo suficiente como para inmutar al rival. Sin embargo, en esta ocasión, se ha optado por un enfoque totalmente opuesto, que se asemeja al de Far Cry, pero con su propia identidad. Así, la campaña abraza el género del sandbox, con un mundo abierto por el que moverse libremente, y hay un modo cooperativo, con misiones independientes para cuatro jugadores.

Pese a ser sólo la segunda entrega de la saga, The Revolution no es una secuela, sino un reseteo, pues se ha decidido reescribir la historia desde cero. La premisa vuelve a ser una invasión de Estados Unidos por parte del ejército coreano, en 2029, pero, en esta ocasión, el motivo no es un ataque electromagnético a gran escala, sino uno más maquiavélico: la progresiva exportación de tecnología militar coreana… convertida en una herramienta trampa para tomar el control del país. Llegado el momento, las autoridades asiáticas desactivan esa tecnología y dejan inservible el arsenal estadounidense. Así, el juego se ambienta en la ciudad de Filadelfia, un icono del Tío Sam, por ser el lugar donde se firmó la declaración de independencia de 1776.


Con ese punto de partida, el juego no está protagonizado por soldados convencionales, ya que el ejército nacional ha quedado desmantelado, sino por civiles convertidos en guerrilleros. Así pues, no vemos un conflicto simétrico, sino una guerra de guerrillas ejecutada por la resistencia, a la que Ethan Brady, el protagonista, se une nada más empezar la aventura. Esta reimaginación de la historia trae consigo un gran énfasis en la narrativa, con numerosos momentos de brutalidad y de dilemas morales. Si ponemos la televisión mientras estamos en un refugio, veremos cómo los telediarios se han convertido en una máquina propagandística al servicio de la causa coreana, y los enemigos hablan en su propia idioma, por lo que no entenderemos lo que digan cuando nos crucemos con ellos, para potenciar la sensación de hostilidad.


Como miembros de la resistencia, nuestro objetivo es liberar la ciudad, que está dividida en tres zonas. La roja está bajo control coreano y no se permite el paso a personas ajenas (se disparará a quienes lo hagan, como se suele decir). La amarilla se corresponde con los guetos donde vive la población oprimida. Finalmente, la verde está entre dos tierras, controlada por el ejército coreano con la ayuda de habitantes autóctonos que están a su servicio. Por su tipología, cada zona tiene un enfoque diferente a la hora de abordar las misiones. No es lo mismo moverse por los suburbios y las fábricas destruidas de la zona roja que por los guetos de la zona amarilla o las áreas 'seguras' de la zona verde, que alberga los retos más desafiantes, tanto por los propios coreanos como por los traidores.


Para ‘sanear’ el territorio, hay dos vías. Por un lado, hemos de tomar ciertos enclaves estratégicos muy fortificados y enarbolar la bandera de la resistencia. Por otro lado, podemos inspirar a la población de un distrito a que se rebele, cometiendo diversos actos de protesta: sabotear instalaciones, destruir convoyes, salvar a civiles a los que estén maltratando… En esa guerra de guerrillas, se hace imprescindible mantener un equilibrio entre acción y sigilo, sabiendo que la munición tiende a escasear y que la única forma de obtener más es registrando cadáveres. Lo bueno es que podemos pedir la ayuda de otros camaradas para que nos acompañen. De cara a huir y reducir la alarma, podemos hacerlo a pie o en moto, aunque, a medida que nos hagamos infamemente conocidos entre las filas enemigas, será más complicado mantenerse en la clandestinidad.

Sacando las castañas del fuego en tierra hostil

Como shooter bélico en primera persona, Homefront: The Revolution tiene muchas peculiaridades. La más destacada es, seguramente, la modificación de armas. Gracias a un amplio sistema de mejoras, podemos cambiar cualquier parte: mira, agarre, cargador, silenciador… Y no sólo eso, sino que es posible convertir una determinada arma en otra distinta. Por ejemplo, con un par de adiciones, podemos transformar una pistola en un subfusil o un fusil de asalto en una escopeta.

Además de las armas más convencionales, hay otras más propias de la guerra de guerrillas, como los cócteles molotov o los explosivos-trampa. Asimismo, hay dispositivos de hackeo y otros cachivaches, como un teléfono móvil que nos ofrece valiosa información. Y no hay que olvidarse del Goliath, una tanqueta acorazada que es ideal para causar estragos.


El desarrollo en un mundo abierto se ha aprovechado para plantear unas refriegas en entornos a diversas alturas. Edificios, barricadas, escombros, túneles… Las derruidas calles de Filadelfia se prestan a múltiples oportunidades de actuación, a lo que hay que añadir un ciclo día-noche dinámico que hace que, al cobijo de la oscuridad, sea más fácil sorprender a los soldados enemigos.


El modo Resistencia, que es independiente de la campaña, también presenta particularidades. Para empezar, en él, hay que crearse un personaje propio, eligiendo entre 42 profesiones que determinan su estilo. Luego, podemos mejorar sus habilidades con un sistema de experiencia y adquirir armamento con el dinero acumulado. De serie, hay doce misiones, con una rejugabilidad alta, gracias a la presencia de medallas. Además, en los próximos meses, el contenido se irá ampliando de forma gratuita.


Homefront: The Revolution llega a PS4, Xbox One y PC el 20 de mayo. Estados Unidos está al borde del colapso, pero, como hace 240 años, Filadelfia será la piedra sobre la que construir un nuevo futuro. Es el momento de resistir.

Contenido creado por Hobby Consolas para Koch Media

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