Reportaje

El giro brusco de Ridge Racer Unbounded

Por Óscar Díaz
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Ridge Racer Unbounded no va a romper la costumbre de tener un juego nuevo de la saga junto al lanzamiento de una consola. Su historia es paralela a la tradición, porque llegará por su cuenta y, por otro lado, poco va a tener en común con lo que hemos visto desde hace muchos años.

   

Como confirman sus responsables, este Ridge Racer va a tener poco que ver con los anteriores. Ni siquiera se han basado en la saga para conseguir un título que contente a los fans. El objetivo, esta vez, es llamar a un público más amplio. El mismo que se divierte con los Burnout, FlatOut o Split/Second Velocity, pero unido a todo aquel aficionado que quiera vivir algo más que derrapes interminables y físicas imposibles.

Ridge Racer, sólo en el título

La base de Ridge Racer Unbounded es original, aunque sus responsables en Bugbear Entertainment tienen un historial más que dilatado. La base que les proporciona la serie FlatOut o Sega Rally Revo, nos deja ver que los coches van a ser espectaculares y no vamos a ver un apartado técnico pobre. Todo lo contrario. En el título que presentó Namco Bandai hace unos meses, la espectacularidad es uno de sus platos fuertes.

Con varios modos de juego, en los trazados veremos puntos especiales donde se activarán algunas escenas llenas de acción. Edificios que ceden, tráfico que nos pone las cosas difíciles, atajos imposibles y muchos elementos en movimiento harán que nos preocupemos por algo más que correr. Toda esta acción, fuera y dentro de la pista, es una nota típica en los Ridge Racer, pero en Unbounded, pasa a ser protagonista.

Con nuestras acciones conseguiremos puntos, que llenarán la barra necesaria para activar las escenas especiales. Algo que suena a ya visto, pero en lo que Namco tiene mucha fe a la hora de sorprender a los aficionados. Además, todo está generado con el motor del juego, con lo que será difícil ver dos escenas iguales en toda nuestra trayectoria.

El escenario para tanta destrucción y ganas de venganza es una ciudad norteamericana, inventada, pero con un nombre bien pensado: Shatter Bay. En ella tendremos todo tipo de circuitos, con un buen repaso a lo que podemos esperar de un juego que lleva Ridge Racer en el título. Sin embargo, el acabado visual tiene poco que ver con lo que podíamos esperar, ya que las exageraciones no vienen de la mano de noches llenas de neones.

Ciudades infinitas

Una de las ventajas con que cuentan los fineses de Bugbear es el editor de escenarios. Sus herramientas están muy depuradas, algo que han conseguido con años de experiencia y, ahora, construir una ciudad parece tan sencillo como colocar piezas sobre un terreno. Esta modularidad promete ser un buen aliciente para conseguir nuevos circuitos a base de descargas, aunque esto no quiere decir que el juego vaya a venir escaso de ellos. Precisamente, las piezas con que se construyen los diferentes entornos de Shatter Bay hacen que también resulte sencillo cambiar un recorrido entre niveles que ya conocemos. Algo en lo que confiamos, porque las posibilidades son realmente interesantes.

Pero no todo va a ser recorrer los circuitos que nos dan. En Ridge Racer Unbounded sentiremos la necesidad de crear nosotros mismos el camino, aunque sea a través de edificios, entrando por escaparates de tiendas y saltando desde varias plantas de altura, después de destrozar un complejo de oficinas. Lo mejor de esto es que lo vamos a ver muy de cerca, en lugar de ser estructuras lejanas que apenas nos rocen al destruirse.

El garaje, lleno de vehículos que poco tienen que ver con la realidad, se nutre de verdaderos tanques con ruedas. Aparentemente, se trata de super deportivos capaces de alcanzar grandes velocidades. Pero al ver cómo atraviesan el acero o el cemento, dejamos de pensar en ellos como si fueran piezas de coleccionista o bólidos delicados. Hasta la forma de conducir se ha diseñado para tener siempre algo que hacer, aparte de derrapar y acelerar.


Ridge Racer Unbounded tiene su propio botón para aprovechar las curvas, algo que nos recuerda los orígenes de su título, pero que se queda sólo en eso, una idea traída por los pelos. Según el tipo de vehículo, entre tres variedades, tendremos mayor o menor control sobre nuestros derrapes y las partidas dejarán de lado cualquier parecido con otros Ridge Racer o, por el contrario, nos los recordarán a base de deslizamientos imposibles.

¿Habrá nacido un nuevo estilo para una saga tan veterana o podrán convivir lo antiguo lo nuevo en nuestras consolas? Parece que este descanso, prolongado eso sí, en la serie FlatOut, le ha permitido a sus creadores hacer algo bien diferente a lo que podíamos esperar, los aficionados a Ridge Racer y, también, sus nuevos jefes en Namco Bandai. Esperemos que se superen y tomen carrerilla para su siguiente título, aún más espectacular y destructivo. Por ahora, toca pensar en 2012, porque hasta entonces no descubriremos qué significa, realmente, Unbounded.

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