Reportaje

Homefront: The Revolution - Impresiones de la campaña

Por Rafael Aznar
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Homefront: The Revolution asaltará PS4, Xbox One y PC el 20 de mayo, y ya hemos podido probar una versión casi final de su campaña, en un evento celebrado en Londres. ¿Estáis listos para guerrear y liberar Filadelfia del yugo del Ejército Popular de Corea?

Homefront: The Revolution saldrá de las trincheras el 20 de mayo, con la intención de propiciar una emboscada en PS4, Xbox One y PC. Si hace dos meses pudimos probar el multijugador cooperativo, la semana pasada estuvimos en Londres para catar varias misiones de la campaña, en una versión que estaba ya muy cerca de ser la definitiva.

El juego será una secuela del título que THQ lanzó en 2011, pero con un giro de 180º, pues dejará de lado la campaña lineal y el multijugador competitivo para apostar por un modo historia a lo sandbox y por un modo cooperativo. Si el primero fue un intento de Call of Duty, éste mirará al modelo de Far Cry, pero con una ambientación urbana. Conviene destacar que el juego lleva cinco años en desarrollo y ha pasado por las manos de hasta tres editoras: la propia THQ, Crytek (que adquirió la IP tras la bancarrota de la compañía que la alumbró) y, finalmente, Deep Silver. El estudio de desarrollo sí que ha sido siempre el mismo, aunque no ha estado exento de reestructuraciones e, incluso, de cambios de nombre. Si, al comienzo del proyecto, se llamaba Crytek UK, hoy es Dambuster Studios, lo que, en su día, fue Free Radical Design. Parece improbable que esos vaivenes no hayan afectado de alguna manera al proyecto, pero lo que vimos en la última demo, aun sin ser ninguna revolución centro del género del shooter, nos causó buena impresión, sobre todo en comparación con lo mostrado en la Gamescom 2015.

I want you…

En el evento de presentación al que asistimos, en el que el diseñador Fasahat Salim ejerció como maestro de ceremonias, pudimos probar varias secciones de la versión de PC. Para poder apreciar las diferencias entre unas áreas y otras, los desarrolladores nos pusieron diversas misiones salteadas.

La trama se desarrollará en 2029, pero, para empezar, se nos presentará una rápida cronología en una secuencia a caballo entre CG e imagen real, para dotar de un poco de trasfondo a la invasión del territorio de Estados Unidos por parte de una Corea unificada bajo el mando de Kim Yong-Un. En la primera entrega, se expuso como principal razón de la invasión un ataque electromagnético, pero, en esta ocasión, conoceremos detalles más específicos, vinculados a la exportación de ‘tecnología trampa’ por parte del país asiático. En otras palabras, igual deberíamos tener cuidado si compramos móviles de Samsung o televisores de LG, porque podríamos ser los próximos en caer… Esta ocurrencia (porque es una ocurrencia, ¿verdad?) entroncará con una predicción histórica, consistente en el fracaso absoluto de las guerras libradas por Estados Unidos en Oriente Medio. El resultado de toda esa tesitura será la claudicación del Tío Sam ante el Ejército Popular de Corea.

Así pues, el ejército estadounidense estará desmantelado, por lo que viviremos el conflicto desde el lado de la resistencia. Más concretamente, encarnaremos a Ethan Brady, un recién llegado que, nada más unirse, se verá envuelto en una redada y tendrá que contemplar cómo los norcoreanos eliminan a sangre fría a dos de sus compañeros, de un tiro y a martillazos, respectivamente (el juego no escatimará en crudeza). Con ayuda de un líder llamado Benjamin Walker, acabará uniéndose a un grupúsculo encabezado por Dana Moore, una mujer de armas tomar. La ambientación puede dar bastante de sí (por ejemplo, veremos cómo los telediarios se han convertido en una máquina propagandística al servicio del nuevo régimen, que “ya tal”), aunque, de primeras, nos echa un poco para atrás el hecho de que el protagonista no articule palabra, tratándose de un personaje hecho para la ocasión, y no el típico álter ego personalizable. Y sí, ya sé que hay sagas donde este recurso no está mal visto, como The Legend of Zelda, pero, en un shooter con carga narrativa, parece algo antediluviano.

Despertando a un pueblo oprimido

Homefront: The Revolution estará construido en torno a una decadente Filadelfia. La cuna de la independencia estadounidense estará dividida en tres zonas principales, algo que se dejará notar en las misiones. En las que jugamos, nosotros pudimos ver la zona roja, que estará bajo control total de los soldados coreanos y donde no se permitirá el paso de nadie ajeno, y la zona amarilla, correspondiente a los guetos donde residirá la población oprimida. Habrá una tercera zona, la verde, que estará a mitad entre ambas, con control de los coreanos y gente autóctona a su servicio.

El desarrollo general no será el de una guerra al uso, sino el de una guerra de guerrillas, en la que muchas misiones consistirán en emboscadas, en las que deberemos tirar la piedra y, luego, correr todo lo que nos permitan nuestras piernas o las motos que podremos conducir. Dambuster Studios se ha inspirado claramente en Far Cry, de modo que podremos conquistar las zonas controladas por el enemigo, lo que propiciará cambios estéticos (como la presencia de banderas y grafitis). Esto entroncará con el sistema ‘Corazones y mentes’, alusivo a momentos en los que deberemos inspirar a la población de un distrito para que se rebele. A base de realizar ciertas acciones, como sabotear instalaciones, destruir convoyes, eliminar a oficiales o salvar a civiles, veremos crecer un porcentaje de progresión que, al llegar al 100%, se traducirá en el cambio de manos de esa área.

La acción combinará tiroteos con el uso de diferentes dispositivos. Como decíamos, no habrá refriegas abiertas, al no ser una lucha de igual a igual, pero podremos reclutar a milicianos para que nos acompañen en nuestras incursiones. El control de las armas de fuego no destaca particularmente, pero es correcto, y entronca con una personalización bastante amplia: podremos cambiar agarres, culatas, cañones, miras… Por otra parte, a base de recoger diversos ‘ingredientes’ de los escenarios, podremos elaborar dispositivos de hackeo, cócteles molotov y otros cachivaches de gran utilidad. También habrá alicates para abrir nuevos caminos o una linterna para poder moverse por estrechos túneles. Por si os lo preguntáis, volverá el Goliath, el vehículo blindado que ya vimos en la primera entrega, aunque, por ahora, sólo lo hemos visto en una misión en la que había que robarlo y protegerlo ante la llegada masiva de oleadas de enemigos. Es de esperar que podamos controlarlo para desatar todo su arsenal de combate.

Un aspecto que nos ha gustado, y que pega muy bien con la temática del juego, es la inclusión de un nivel de alarma al más puro estilo GTA. Si llamamos la atención de los enemigos, empezarán a perseguirnos, pero, dándoles esquinazo, podremos reducirlo a cero, algo a lo que contribuirá el hecho de poder esconderse en contenedores o retretes portátiles. Eso sí, esperemos que, en la versión final, la IA sea menos errática, porque, a día de hoy, presenta algunos altibajos: lo mismo te puede acribillar a discreción que pasar a dos metros de ti y no darte ni los malos días. En relación con eso, mientras esperábamos a un convoy a la vuelta de la esquina, para emboscarlo, nos encontramos con que había desaparecido, repentinamente, al volver a asomar la cabeza por la calle por la que se suponía que venía hacia nuestra posición.

Una gigantesca escombrera

Homefront: The Revolution contará con un mapa de tamaño generoso, que podremos recorrer con libertad… siempre que no haya de por medio algún impedimento coreano. La versión que pudimos probar era la de PC y el apartado técnico, apoyado en el Cry Engine 3, nos pareció muy competente, aunque habrá que ver cuál es el nivel en PS4 y Xbox One.

El diseño de niveles será muy variado, de modo que podremos acceder a numerosos edificios, al metro o a recónditos túneles de evacuación. Aunque su presencia en ciertas secciones parece un poco forzada, especialmente en aquéllas cubiertas de escombros, las motos resultarán muy útiles para recorrer grandes distancias en poco tiempo, y se han introducido algunas rampas para dar rienda suelta al acelerador y poder ejecutar ciertos saltos con los que superar barricadas. No tenemos claro si el ciclo será dinámico, pero sí que habrá misiones tanto de día como de noche, algo que Dambuster Studios parece haber aprovechado muy bien. Así, en la oscuridad, no sólo podremos escurrirnos con mayor facilidad, sino que habrá interesantes detalles gráficos, como las luces que llevarán los soldados enemigos o la incidencia de diferentes fuentes de luz de los entornos. Eso sí, hay un detalle que, si bien no tiene mucha importancia, sí que nos ha parecido flojo: al romper algunas cajas, veremos cómo los pedazos se subliman ante nuestros ojos.

En lo sonoro, para aumentar la sensación de incertidumbre, los enemigos hablarán en coreano. Por lo que pudimos comprobar en las varias horas que estuvimos jugando, la banda sonora, lejos de ser anecdótica, dejará muy buenos momentos.

Como curiosidad, en una de las últimas misiones que pudimos jugar, nos encontramos un huevo de pascua genial. En la segunda planta de un edificio, nos toparemos con una recreativa desvencijada que permitirá ejecutar dos niveles de TimeSplitters 2, el shooter que Free Radical Design lanzó en PS2, Xbox y Gamecube en 2002. Siempre es de agradecer que los estudios tiren de nostalgia y ofrezcan detalles como éstos.

¡Es la guerra (de guerrillas)!

El género del shooter está muy saturado, y resulta difícil ser innovador dentro de él, pero Dambuster Studios parece haberse mirado en un buen espejo, el de Far Cry, y eso se dejará notar en Homefront: The Revolution. Con su particular guerra de guerrillas en un campo de batalla urbano, esta secuela puede ir un poco más lejos de lo que lo hizo su predecesora. Es difícil que vaya a poder apostarse entre la élite de los tiradores virtuales, pero, a poco que la historia acompañe, y teniendo un multijugador cooperativo paralelo a la campaña, puede que, pronto, se cuele en uno de los belicistas discursos de Donald Trump.

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