Reportaje

HTC Vive: ¡ya las hemos probado!

Por Álvaro Alonso
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HTC Vive son las gafas de realidad virtual realizadas en colaboración por la conocida marca de teléfonos móviles y Valve, todopoderosa ama y señora de Steam comandada por Gabe 'Gaben' Newell. Viajamos hasta las oficinas de HTC en Slough, Londrés, para probar el dispositivo, y estás fueron nuestras impresiones. 

No me gusta la Realidad Virtual. Es escuchar esas palabras y mi cerebro las asocia directamente con los estrepitosos intentos del pasado (Virtual Boy, por poner un ejemplo que todos conocemos) o con una tecnología de ciencia ficción que probablemente no llegaremos a ver nunca. Y, sin embargo, ahí lo tenemos: las compañías están apostando muy fuerte por la RV, y dentro de poco tendremos avalancha de dispositivos en el mercado: Oculus Rift, Project Morpheus, Hololens, Samsung Gear... ¡Es de locos! Además, soy un jugador de la vieja escuela: me gusta repanchingarme en el sofá y usar mi mando de control clásico mientras miro a la pantalla de televisión, situada a una distancia prudencial (aunque no lo suficiente, según el aviso de seguridad que viene con el manual). Lo máximo a lo que he llegado en este sentido fue mi experiencia con Wii, y aun así, procuraba pasar la mayor parte del tiempo sentado o tumbado. Qué le voy a hacer: vago nací y vago moriré.

No ayuda tampoco el que mi única experiencia con las gafas de Realidd Virtual fuese una pequeña demo para Oculus Rift que se realizó el año pasado en Madrid Games Week. Si fuisteis capaces de aguantar la gigantesca cola, es posible que lo recordéis: se trataba de un paseo guiado por la Endurance, la nave de Interstellar. Podría utilizar muchas palabras para describirlo, pero creo que un simple 'meh' lo dice todo sobre la impresión que me causó... ¡Y eso que me encantó la última película de Nolan! Con todo esto como antecedente, os podéis imaginar que mi motivación cuando me invitaron a probar HTC Re Vive, las gafas de realidad virtual realizadas en colaboración por HTC y Valve, estaba bajo mínimos.

Pero ayer, cuando llegé a mi casa tras pasar el día entero en las oficinas de HTC en Slough, ya no era el mismo. Algo dentro de mí había cambiado. Hoy, 25 de junio de 2015, puedo decir que creo en la Realidad Virtual.

Tenía pensado empezar hablando de las especificaciones técnicas de HTC Vive, pero sinceramente, no le veo mayor utilidad que la de lucir músculo. Sí, los 90fps hacen que todo fluya sin tirones y la resolución de 1200x1080 (en cada ojo) consigue que las imágenes se muestren con una nitidez fantástica... Pero ningún dato técnico conseguirá expresar las emociones que sentí ayer cuando me puse las gafas. De hecho, no creo que sea capaz siquiera de describirlo con palabras. Pero voy a intentarlo, que para eso estoy aquí.

El modelo que se utilizó para la demostración era un prototipo, así que el diseño no era final y los mandos no disponían de conexión inalámbrica, dando lugar a una escena un tanto aparatosa: ahí estaba yo, ataviado con unas gafas gigantes en la cabeza, auriculares, una suerte de cinturón de seguridad, dos mandos de aspecto bastante extraño y cables, muchos cables. Por suerte, la única conexión por cable que requerirá el modelo final será la que vaya de las gafas al PC. Podemos dormir tranquilos, que no acabaremos asfixiados por una maraña de goma y cobre. En cuanto a los mandos, hay que decir aquello de 'las apariencias engañan': a pesar de su aspecto son increiblemente ligeros y cómodos. Disponen de varios botones, entre ellos un gatillo, y un pad circular que reconoce todas las pulsaciones dentro de la circunferencia. 

Una vez hechos los ajustes pertinetes y con todo en su sitio, la gafas se activaron y entré en el mundo de la Realidad Virtual.

Lo primero que vi fue un espacio blanco infinito, coronado por unas letras flotantes que me daban la bienvenida a la demostración de HTC Re Vive. Me recordó enormemente al Constructor, el espacio virtual que utilizan los protagonistas de Matrix para acceder a todo tipo de contenido (recordad que estamos hablando de Realidad Virtual, cuanto antes os acostumbréis a las referencias a películas de ciencia ficción, mejor).

Era inevitable.

A mi alrededor aparecieron paneles flotantes, como pantallas de televisión, que anticipaban los contenidos de lo que iba a presenciar a continuación, pero antes, como en cualquier videojuego, tocaba realizar un pequeño tutorial. La persona encargada de guiarme a través de la demostración me invitó a contemplar los mandos que, efectivamente, tenían su propia representación virtual. Al presionar cualquier gatillo, un globo de helio surgía del mando y se inflaba rápidamente, para acto seguido quedarse suspendido frente a mí. "Golpéalo" me dijo el guía; y eso mismo hice. El Globo salió despedido hacia delante y hacia arriba, de la misma forma que esperarías que lo hiciese un globo de helio real tras empujarlo con la fuerza y velocidad que yo había puesto en el movimiento. Resumiendo: físicas realistas y muy logradas.

Lo siguiente... Fue moverse. La demostración de Oculus que pude probar en Madrid Games Week me obligaba a permanecer sentado, pudiendo únicamente girar la cabeza  para ver lo que me rodeaba: el protagonismo era de la nave que estaba visitando. Sin embargo, con HTC Vive YO era el protagonista. De repente estaba rodeado de columnas con forma hexagonal, y me invitaron a dar un paso al frente; al hacerlo, las columnas descendían hasta colocarse al nivel del suelo, reconociendo de forma perfecta mis pasos. Es probable que estéis pensando... "¿Y no te chocaste con ninguna pared?" Pues no, y para evitarlo han recurrido a una idea extraída directamente del mundo de los videojuegos: las dimensiones que reconoce HTC Vive son de 5x5 metros (si nuestra habitación es de menor tamaño, podemos configurar el dispositivo para que reconozca las medidas deseadas) y, cuando nos acercamos a uno de los límites, una malla virtual aparece para avisarnos de que estamos a punto de abandonar el área de reconocimiento... Y de darnos de bruces con la pared más cercana.

Ya sabíamos utilizar los mandos y desplazarnos, así que llegó el momento de la primera experiencia "real". Y qué mejor forma de empezar, que pasando directamente al plato fuerte: todo a mi alrededor se oscureció, adoptando distintos tonos de azul y negro. Mientras trataba de comprender dónde me encontraba, un grupo de peces pasó a toda velocidad por delante de mis ojos: era el fondo del océano. Al agitar el mando, los peces que se atrevieron a acercarse lo suficiente huyeron despavoridos. Miré a mi alrededor y descubrí que estaba en la proba de un viejo barco hundido. Di varios pasos al frente y me asomé para contemplar lo que había más abajo y... Lo admito: sentí vértigo. El barco estaba situado sobre un acantilando submarino desde el que era imposible ver el fondo. Decidí alejarme del borde, sólo por si las moscas, y me di la vuelta para contemplar el resto del barco: madera destrozada tras años bajo el agua, restos de metal oxidado, el mastil partido por la mitad... Pero entonces, escuché el canto que anuncia la llegada de uno de los soberanos del fondo marino: una gigantesca ballena apareció ante mis ojos, y su aleta pasó tan cerca... Que tuve la sensación de poder tocarla.

Y tan pronto como había llegado, el océano desapareció. Pero la demostración no había hecho más que comenzar: si antes había tenido la oportunidad de sentirme minúsculo ante la inmensidad de las profundidades, la siguiente etapa de mi viaje me hizo sentir gigantesco. Me encontré contemplando una batalla campal desde el aire, como una partida de Age of Empires. "Puedes agacharte para verlo más de cerca" me dijeron. Al hacerlo, prácticamente me introduje dentro del campo de batalla y pude contemplar como cada una de las unidades disparaba o saltaba por los aires. La parte más curiosa, sin embargo, fue que no se trataba de una batalla al uso: era una partida de tablero, sobre la típica mesa. Al agacharme aún más, pude ver las patas de madera y un pequeño cajón en el que varias unidades excavaban en busca de recursos para después mandarlos a los niveles superiores.

Al terminar, la batalla dio paso al momento 'pinta y colorea'... Con la diferencia de que el momento 'pinta y colorea' adquirió una nueva dimensión gracias a la Realidad Virtual. El mando izquierdo servía como paleta desde la que podía elegir color, tonalidad, tipo de pincel... Haciendo uso del giroscopio para cambiar entre las distintas posibilidades. El derecho, como os estaréis imaginando, funcionaba a modo de pincel. Así que seleccioné una brocha 'efecto fuego', un tono azulado y probé a girar mi mano derecha al mismo tiempo que daba varios pasos hacia atrás. El resultado fue sencillamente alucinante: era como si llamas mágicas brotasen de mis manos en un espectáculo de luz y color. Me quedé tan anonadado, que apenas tuve tiempo de sacar a relucir mi vena artística durante el resto de la demostración, pero no puedo más que maravillarme pensado en las posibilidades creativas que semejante aplicación, tan simple a primera vista, puede tener para el mundo artístico.

Y de una clase de pintura pasé a otra de cocina, pensada para poner a prueba la funcionalidad de los mandos y la interacción con el mundo virtual. El objetivo principal era cocinar una deliciosa sopa siguiendo una sencilla receta; los mandos se convirtieron en manos con las que podía recoger ingredientes, que se volvían de color azul cuando los seleccionaba para que no cogiése nada por error. Ya estaba totalmente inmerso en la experiencia, así que pensé "¿Por qué acercarme a depositar los ingredientes en la cazuela cuando puedo lanzarlos desde aquí?" Por desgracia, el baloncesto nunca ha sido lo mío, así que mandé un bote de sal hasta la otra punta de la sala. Para terminar de comprobar las físicas, me invitaron a cocinar unos huevos fritos que por supuesto tuve que estrellar contra la sartén para verlos hechos realidad. Por suerte, salieron bastante mejor que la sopa.

Para la siguiente parte de la demostración entramos de lleno en terreno videojuego: se trataba de una pequeña adaptación de The Room, el título de puzzles para dispositivos móviles (y más tarde PC) desarrollado por Fireproof Games. Aparecí en una habitación oscura, rodeado de elemntos tan variopintos como una ballesta, un armario, la maqueta de un barco... Al acercarme a cualquiera de ellos, la habitación cambiaba por completo, por ejemplo, en el caso del barco, se convertía en un camarote. No resultó tan espectacular como el resto de demostraciones, aunque, quizás, tuvo algo que ver el que lo que vino a continuación nos dejó ojipláticos...

Antes de ponernos las gafas, los afortunados asistentes bromeábamos con la posibilidad de que, para vender como churros, Valve lance Half-Life 3 en exclusiva para HTC Vive. Pero después de la última parte de la demostración, la idea no me parece tan descabellada... No, tranquilos, no era Half-Life.

Era Portal.

De repente estaba en una habitación de los laboratorios Aperture, recreados a la perfección con el diseño propio de la saga. Una voz electrónica me invitó a llevar a cabo sencillas tareas, como intentar reparar un Atlas defectuoso. El humor característico de Portal estaba presente en cada situación, e incluso descubrí un pedazo de tarta oculto en un cajón...

Pero la gran sorpresa vino al final: el laboratorio se desmanteló a mi alrededor y GLaDOS apareció ante mí, con la inconfundible voz de Ellen McLain. Fiel a la personalidad del personaje, me dijo unas palabras "amables" y me mandó directo a la papelera de reciclaje, poniendo así punto y final a la demostración.

Portal 3, ¿exlusivo de HTC Vive? Jamás se me ocurriría hacer semejante afirmación, pero la calidad de la demo estaba fuera de toda duda, y contar con la voz original de GLaDOS para una secuencia de apenas unos minutos... Y eso, sin contar con que Portal es el juego perfecto para ser llevado a un dispositivo de Realidad Virtual: imaginaos creando portales en las paredes de una habitación y transportando elementos a través de ellos... Los puzzles adquirirían una nueva dimensión.

La cara de alguien que ya no quiere vivir en el mundo real.

Al quitarme las gafas me pidieron una primera impresión... Y no fui capaz de articular palabras. Suelo meterme de lleno en las historias de videojuegos, libros y películas, me identifico con los personajes y me siento parte de sus mundos. Pero jamás, en toda mi vida, me había sentido tan inmerso en un mundo ajeno al nuestro como lo hice ayer, hasta el punto de que, al terminar, mi cerebro tardó varios minutos en asimilar que todo lo que tenía ante los ojos era real y tangible.

Si tenéis oportunidad de probarlo, no lo dudéis: lanzaos a por HTC Vive. Diciembre de 2015 es la fecha en que el dispositivo llegará a las tiendas, a un precio sin confirmar. De momento, lo único que sabemos al respecto es que se trata de 'Realidad Virtual premium' (sacad vuestras propias conclusiones).

Por mucho que describa y explique, no conseguiré transmitiros ni un ápice de las sensaciones que tuve ayer. Fue una experiencia única que cambió drásticamente mi forma de entender la Realidad Virtual y que recomiendo encarecidamente a todo el mundo, sobre todo a aquellos que, como yo, no tengan ninguna confianza en esta nueva tecnología. Me fui de allí dándole vueltas a todas las posibilidades que podría aportar al mundo de los videojuegos... Y son sencillamente infinitas.

Es increible, pero cierto. Es ciencia ficción hecha realidad. El futuro es ahora.

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