Reportaje

La trilogía de la venganza de Park Chan Wook

Por Raquel Hernández Luján
-

Park Chan Wook es uno de los directores coreanos que más proyección internacional tiene. Su forma de narrar y sus enrevesados guiones son legendarios: no pueden dejar a nadie indiferente. Nacido en 1963 en Seúl y catapultado a la fama gracias a su film de 2000 Joint Security Area, comenzó en 2002 a darle forma a su trilogía de la venganza: tres películas en las que la complejidad de sus protagonistas es apabullante.

Si algo caracteriza a las películas de Park Chan Wook es una notable dosis de poesía y estilización visual, a pesar de la inmensa dosis de violencia que preña prácticamente cada fotograma. Tres películas sobresalientes beben de fuentes occidentales como la famosa novela "El conde de Montecristo" de Alexandre Dumas para hibridarse con el imaginario del autor.

¿Es la venganza una forma justificada de infligir dolor? ¿Alcanza el que se resarce la paz que tanto ansía? ¿Quién tiene derecho a vengarse y hasta qué punto? La intensidad emocional alcanza cimas insospechadas en las tres cintas que componen esta visión del castigo que proporciona el agraviado y también del autoinfligido a través de la penitencia.

Encuadres precisos, imágenes fantásticas, metáforas visuales y una conjunción de guiones muy elaborados y de intérpretes valientes definen todos sus trabajos. El nivel de exigencia es extremo: quien se sitúa delante de la cámara que dirige Park Chan Wook sabe a qué se enfrenta. En primer lugar, a la propia censura de la moral tradicional, porque sus películas abordan sin tapujos escenas de sexo, violencia y de conductas socialmente reprobables (incesto, relaciones con menores, abusos sexuales, etc.). Pero sus intérpretes también tienen que ser capaces de hacer cosas que nadie había hecho antes ante la cámara y que, probablemente solo podrás ver en una de sus películas.

El abanico de emociones y sentimientos que el director consigue tocar, como si fuera un magnífico director de orquesta, es brutal: la compasión, la ira, la incomprensión, el terror...

Un vistazo a la trilogía

Sympathy for Mr. Vengeance es la traducción que se le dio a la primera película en la que Park Chan Wook se centró en la temática de la venganza. El argumento gira en torno a un joven sordomudo llamado Ryu que recurre al mercado negro de órganos para conseguirle un riñón a su hermana, gravemente enferma. Sin embargo, la mafia le timará y se verá abocado a perpetrar un rapto para conseguir sus objetivos. Víctima y a la vez verdugo, Ryu tendrá que responder de sus acciones a pesar de ser él mismo quien busque resarcimiento.

Oldboy es quizás la película más famosa de la trilogía, hasta el punto que ha sido la elegida para que se perpetre un remake sobre ella. Personalmente se me antoja del todo imposible superar la calidad artística y el enorme mérito de Oldboy, sería como echarle edulcorante al azúcar. Un hombre despierta cautivo sin saber por qué está retenido. En su encierro comienza a hacer memoria, recordando a qué personas ha podido herir a lo largo de su vida, pero no consigue esclarecer quién le mantiene prisionero. Jura vengarse de su carcelero, hasta que un buen día es sedado y despierta en libertad. Así comienza el juego macabro que le llevará a su raptor, un fantasma del pasado.

La última película de este puzle cinematográfico, aunque no por ello menos meritoria, es Sympathy for Lady Vengeance. Geum Ja es una joven adorable que incomprensiblemente se acusa a sí misma del rapto y muerte de un niño. Cuando trece años y medio después sale de la cárcel, no le dará tregua a la persona que la condujo hasta allí. Entre tanto conoceremos su recorrido vital en prisión y su compleja personalidad forjada en el rencor a fuego lento.

El victimismo, a pesar de lo que pueda parecer, se difumina en todas las cintas: ninguno de los actores principales es puro, ni inocente (como nadie lo es, en realidad). Esa dualidad pone en valor la premisa de que todos llevamos dentro el cielo y el infierno y es la inquietante reflexión a la que conduce esta trilogía que eriza el vello y asombra por su poderío visual y argumental.

Lecturas recomendadas