Reportaje

Los Mejores Cómics: 300, de Frank Miller y Lynn Varley

Por Jesús Delgado
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Aprovechando la llegada de 300: The Rise of the Empire, hablamos del cómic que dio pie a ésta y a la anterior película: 300. De este modo, por fin, el cómic de Frank Miller visita nuestra sección de Los Mejores Cómics. 

Amigos de 300, veamos si reconocéis esta frase, supuestamente pronunciada hacia el año 480 antes de nuestra era por el rey Leónidas de Esparta: "Espartanos, desayunad bien. ¡Porque hoy cenaremos en el infierno!"

Efectivamente, si más de uno habéis cogido el mocho y habéis gritado a pleno pulmón "Au, au, au", entonces es que habéis reconocido al instante de que película estamos hablando: la más conocida de Zack Snyder. Y es que, ¿para qué vamos a negarlo?, nos emociona el estreno de la segunda parte, 300: El Origen de un Imperio y nos mola hablar sobre el tema. Pero, ojo, hoy no vamos a tratar las pelis, sino del cómic original en el que está basada: 300, de Frank Miller y Lynn Varley

Lo que tenemos ante nosotros es un cómic hecho con amor y, posiblemente el último que hizo Frank Miller antes de que comenzara la espiral que le ha llevado a ser a día de hoy uno de los autores más controvertidos del mundo del cómic. 300 es una recreación, muy libre, de la famosa batalla de las Termópilas, uno de los episodios claves de la Segunda Guerra Médica, que enfrentó a las ciudades de la Antigua Grecia con el Imperio Persa.

En 300, Frank Miller propone su visión de cómo el rey Leónidas de Esparta resistió con su guardia de honor, 300 hombres, ante el avance del ejército de Persa, ganándo tiempo a los griegos para que se reorganizaran y prepararan una resistencia decente contra la invasión oriental. ¿Queréis saber más? ¡Pues venga, vamos!

Frank Miller rememora su infancia

Mucho se ha hablado de nuestro amigo "Frank". Hay quien lo llama despectivamente "facha yanki", quien lo tilda zumbado, e incluso quien asegura que Miller afortunadamente hizo Daredevil y Batman: Año Uno, porque si no hubiera acabado por matar a alguien. Pero cuando hablamos de 300 tenemos que pensar en un Frank Miller tierno, que vuelve a una de sus películas preferidas de la infancia: El León de Esparta (The 300 Spartans).

El León de Esparta es un entretenido, e idílico peplum dirigido Rudolph Maté en 1962. En ella se nos presenta a una idealizada Esparta en la que un grupo de valientes hombres, liderados por su rey Leónidas parten al encuentro del invasor persa, y bloquean el paso de las Termópilas, ayudados de 7000 soldados de ciudades estado vecinas.

La cinta, como peplum (peli de romanos y griegos), no está nada mal para la época. De hecho, hay quien dice que fue un blockbuster. Y esto explicaría por qué al amigo Frank Miller, que cuando se estrenó tenía solo cinco años, le marcó tanto. De hecho, en otros cómics como El Regreso del Caballero Oscuro y Sin City también hace ciertas menciones al episodio.

Por ello, con esta obra, al final lo que hace Miller es rendir culto a una de las historias que configuran su propio mundo imaginario interior, una de las piedras angulares que dan forma a los héroes que crea. No en vano, la Batalla de las Termópilas es para Miller un signo de valentía y sacrifio, una oda al patriotismo y a la propia idea de la construcción nacional, unas constantes en su obra, que podemos ver no sólo en este cómic, sino en otros como Martha Washington o, incluso, sus versiones de Batman.

Una visión muy personal de Esparta

Podríamos hablar del dibujo, de las tintas, e incluso de la narrativa. ¿Pero para qué deciros que en general es una maravilla, si ya en el titular, antes del nombre del cómic, hemos puesto bien grande lo de Los Mejores Cómics? Únicamente diremos al respecto que 300 fue, posiblemente, la gran última obra de Frank Miller antes de volcarse en cómics de mucho menor calado y calidad, tales como El Contraataque del Caballero Oscuro o Holly Terror. Y también el de su ex-esposa y colorista Lynn Varley.

Numerosos intelectuales, artistas y algún que otro moderno pasado de rosca ha querido sumar el conservadurismo extremo de Miller a un discurso político que ni va ni viene a esta obra para demonizar este cómic. Que si "Miller es un maniqueo porque los griegos son buenos, guapos y atléticos, mientras los persas son escorzos contrahechos"; que si "Miller trata de establecer una analogia de Esparta-EEUU contra Persia-Irak/Iran". Y el mejor de todos: "Que si los Espartanos eran unos infames desalmados militaristas y no los honorables guerreros que nos pinta Miller". 

Hay que tener claro al leer 300 (y esto va para todo aquel que pretenda estudiar historia con películas, novelas y cómics) que las obras de ficción no son tratados de historia y suelen estar escritos para el público mainstream. De ahí que Frank Miller no sea exacto historiográficamente hablando, porque tampoco quiere, ni lo busca. Como el artista ya señaló en su momento, si hubiera hecho a los espartanos no de manera idealizada y cercana al público actual sino tal y como eran, no habría habido forma de que el público en general pudiera empatizar con ellos. Después de todo, lo que se busca es presentarlos como "los buenos". Y de haberlos retratado fielmente, en general pocos lectores actuales hubieran podido ni entenderlos, ni simpatizar con su causa. 

Sobre los discursos políticos, está claro, si te has leído al menos dos o tres obras de Miller, que el amigo Frank no ve con buenos ojos a los progresistas ni a los hijos de la contracultura, y que su ideal de sociedad pasa por el de culturas como la espartana y la samurái, ambas basadas en una oligarquía dominada por las castas guerreras. Comerciantes, burócratas, reyes, nobles, sacerdotes, artistas y demás son retratados siempre como ejemplos de las más absoluta bajeza moral y de la depravación humana. Y a eso mismo va en 300.

Miller propone que los espartanos (guerreros) defienden al resto de griegos (comerciantes y artistas, luego inferiores) del Imperio Persa, representante de poder totalitario (llámalo Fascismo, llámalo Comunismo, llámalo Antiguo Régimen), quienes están secretamente aliados con los eforos (los sacerdotes). Miller de este modo enaltece la idea de hombres libres (ergo ligeramente superiores) frente a hombres degenerados y esclavos del poder totalitario, aliado del poder religioso y supersticioso. Y así, con 300 mata dos pájaros de un tiro. No sólo rinde culto a su película preferida de juventud, sino que además nos lanza el panfleto ideológico a la cara.

¿Significa eso que 300 es un mal cómic? Os lo diremos así, ¿Es El acorazado Potemkin una mala película o El Triunfo de la Voluntad un mal documental? Si nos lo tomamos como un cómic y no sacamos más lecturas, malpensadas ni malidicentes, entonces es muy posible que incluso lo encontremos bien artículado, divertido y realizado con sobrado buen gusto. Pero si nos ponemos a ir de intelectuales, a buscarle los tres pies al gato y, en definitiva, escribir una crítica como la que os acabamos de poner, entonces apaga y vámonos.

¿Dónde y cómo puedo encontrarlo?

Si estáis aqui, bien por vosotros, porque en lugar de amargaros con la reseñita, lo que hemos conseguido es picar vuestra curiosidad. Y creednos, como cómic, 300 merece vuestra atención.

Actualmente es muy fácil encontrarlo. Norma Editorial lo edita (y re-edita) en España en un único tomo, que recoge los cinco capítulos originales del cómic. Suu precio es de 19,95 euros.  Dicho tomo puede adquirirse tanto en la página de Norma, como en grandes superficies o librerías especializadas. 

¡Por cierto! Que no se nos olvide. Si os ha gustado esta reseña, no dejéis de pasaros por la crítica de la película de 300, que ha hecho Raquel Hernández. Si no la habéis leido, hacedlo ya o mandaremos a trescientos espartanos a vuestra casa. O en su defecto a Frank Miller para que os dé la chapa.  


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