Reportaje

La música de los Batman: Arkham

Por Laura Gómez
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Los Arkham de Warner cuentan con unas bandas sonoras muy tradicionales, pero con muchos matices y curiosidades. El álbum complementario que salió con Arkham City tiene a músicos muy dispares, pero contiene letras dedicadas enteramente al universo de Gotham. Por su parte, Arkham Origins presentaba variaciones más electrónicas para un Batman más joven e inexperto. 

Allá por 2009, Batman: Arkham Asylum se convertía en un gran caso de estudio sobre cómo transportar una franquicia de cómic al entretenimiento de las consolas. Desarrollado por Rocksteady y publicado por Warner Bros., este primer juego recogía los frutos de contar con uno de los escritores más veteranos de Batman a los mandos de la historia, Paul Dini. Al contrario que otros juegos del hombre murciélago, este guión era sencillo, pero estaba claramente dirigido a los fans más puristas y exigentes. Su secuela fue anunciada el mismo año, incluyendo una mención especial a su música, cosa que no pasó con Asylum. Batman: Arkham City - The Album contendría once temas de artistas muy variopintos especialmente compuestos para la secuela, además de los cortes instrumentales de Nick Arundel.

 

Hacía 14 años desde la última vez que un buen Batman se lanzara con música de artistas populares: las películas de Nolan tenían lo ambiental de Hans Zimmer y Asylum llegaba sin banda sonora. Era Arkham City el que se encargaba de resucitar las grandes uniones de las películas más antiguas que llevaban a Prince, Method Man o The Offspring. En este caso, músicos de perfiles tan diferentes como Coheed and Cambria, Panic! At The Disco, Black Rebel Motorcycle Club, Crosses o Daughtry. Y por muy extraño que parezca, todos sus temas funcionan. Eclécticos y con su propia interpretación de los cómics, todos tienen algo en común: su contenido. Todos los temas hablan del universo Batman. El álbum subraya los aspectos más noir de la ciudad con guitarras turbias, líneas vocales inquietantes y ritmos irregulares que contextualizan el ocaso de Gotham.

El corte aparentemente más brillante corre a cargo de Panic! e incluye un sample que analiza la muerte de los padres de Batman desde los ojos del Profesor Hugo Strange (How does it feel to stand on the very stones that ran with your parents' blood?). Incluso Daughtry, más inmersos en el pop, modifican su trayectoria con la siniestra “Drown in You”. En “Afterdark”, Blaqk Audio exploran los problemas de los alter-egos diurnos y nocturnos, y la “Total Paranoia” de Serj Tankian, vocalista de System of a Down, está llena de saltos y juegos vocales muy acordes a los enemigos excéntricos del caballero oscuro.

 

Claudio Sánchez, cantante de Coheed and Cambria, es un fan confeso de los cómics y está acostumbrado a contar historias en su música. Las canciones de su banda están contadas en una serie de cómics llamada The Amory Wars, con guión del propio Sánchez. Su aportación al universo Gotham es “Deranged”, que habla sobre la relación entre Batman y el Joker, escrita desde la visión del enemigo (Who will be your pretty little enemy? / When I'm gone your world will prove empty / I promise, you will always remember me). Toda esta compilación es una rara gema que surgió con la intención de sacar dinero a propósito de los entusiastas de la música actual, pero acabó siendo un disco más que decente que complementaba otras carencias.

Dentro del juego, el conjunto de música ambiental de Nick Arundel tiene algo de esa epicidad de Zimmer y algo de la magia y el misterio de las composiciones de Danny Elfman, el niño mimado de Tim Burton. Sus cortes ambientales son más elegantes y tradicionales que la Gotham que ha creado Christopher Drake en Batman: Arkham Origins, mucho más electrónica. El héroe de Gotham tiene una gran tradición musical que se mueve entre lo oscuro y lo épico de una ciudad destrozada y llena de peligros. Con rasgos sucios, decadente y corrupta, en contraposición a la Metropolis brillante y esperanzadora de Superman.

 

Según contaba en Rolling Stone, su idea principal era mantener una continuidad. Este Batman es mucho más joven que el que nos encontrábamos en Asylum y en CIty, así que comete más errores, es menos preciso. A la hora de componer música para Batman, existe cierto “código” que no se puede sobrepasar. Batman es silencioso, sobrio, elegante, y si perdemos ese ADN que le caracteriza perdemos su esencia. Sin embargo, esta precuela le ofrecía mayor libertad a Drake: compuso una banda sonora algo más arriesgada, con toques más metálicos.

Cuando Batman se adentra en la ciudad, la música está compuesta por capas. Si entra en la prisión, suena un tema, pero si utiliza el sigilo se añade otra capa de sonido que crea otras sensaciones. La tercera capa de sonido se activa si Batman entra en una pelea e incluye sintetizador para aumentar el dinamismo, y la cuarta capa de sonido entra en juego cuando hay una gran lucha épica, así que tiene una orquesta clásica con una percusión muy marcada. El oído recibe estos cambios inconscientemente y, se añadan o se quiten estas capas, siempre está arropado por el ambiente base de la ciudad.

Dentro de un juego, la música se ciñe a los tiempos. Si es una escena terrorífica o dramática, los instrumentos se adaptan a esa secuencia, y quizá no dura más de dos minutos. Algunos somos más torpes y tardamos más en derrotar a algún enemigo pesado, así que ahí entra en juego el espectro que ha programado Drake: todo está pensado para no convertirse en tedioso o repetitivo. Una de las mejores bazas de la tradición musical de Batman es que, a pesar de ser necesariamente oscura, su decadencia no pone límites. Estoy deseando que surja un Batman donde los combates no sean orquestales, sino electrónicos; el tipo de modificación del medio que hizo Trent Reznor con La red social. Al hombre murciélago le pega la electrónica oscura con metales, pero es un riesgo demasiado alto. ¡Valentía!

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