Reportaje

Nuestras recreativas favoritas (II)

Por David Alonso Hernández
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Seguimos con nuestro especial 'retro' en el que recordamos las recreativas favoritas de nuestros lectores. Este segundo reportaje incluye altas dosis de nostalgia, imágenes ochenteras de salones arcade, grandes juegos y la aparición un personaje único e irrepetible: ¡Pac-Man!

La semana pasada iniciamos un particular viaje al pasado para rememorar nuestras recreativas favoritas. Aquellas que recordamos con más cariño y en las que, tirando de paga semanal, más monedas de 25 Pesetas nos dejamos en nuestras inolvidables tardes en los salones recreativos. ¡Ay, si las hubiese metido todas en un bote como insitía mi madre!

Fue en esa primera entrega de este especial 'retro', en el que recopilaremos los 30 arcade que más os han marcado, donde vimos en detalle los 10 juegos primeros juegos de esta mirada atrás ; los que menos apoyo obtuvieron de vuestra lista de los más votados. Los "menos" de lo "más", vamos.

 

Los intensos combates de Mortal Kombat, la divertidísima propuesta de Tumblepop o la frenética acción de Commando fueron sólo algunos de los juegos que vosotros elegisteis y que nosotros, con la misma ilusión que nos inspiraban hace 20 años, cuando nos pasábamos las horas muertas en los 'billares', rescatamos del pasado para comprobar que no sólo nunca pasarán de moda, sino que están más vivos que nunca.

Ahora, llega el momento de seguir con este viaje y, en esta segunda entrega de nuestro especial, recordamos los siguientes 5 juegos del listado de las que, a vuestro juicio, son las mejores recreativas de la historia.

 

Sí, sé que en un primer momento dijimos que en cada entrega de este especial hablaríamos de 10 títulos, pero es que todos y cada uno de los juegos que quedan por llegar son tan grandes, tan especiales, tan míticos y tienen tanto, tanto que contar que hemos preferido dividir los reportajes restantes para poder saborear cada juego al máximo, sin prisas; con todo el respeto que merecen estas joyas del pasado que, de alguna manera u otra, han contribuido de manera decisiva a que hoy exista esta web, a que en más de un 30% de los hogares de España haya una consola, a que la industria maneje unas cifras millonarias realmente mareantes... En definitiva, a que los videojuegos hayan dejado de ser una simple forma de pasar el rato para convertirse en parte fundamental de nuestras vidas.

 

Pero bueno, lo mejor será que me deje ya de sentimentalismos y que pasemos a lo que realmente hemos venido a hacer, que no es otra cosa que recordar nuestras recreativas favoritas... Así que ya sabéis lo que toca:

Chicas, chicos... ¡Insert Coin!

20.Altered Beast

Arrancamos nuestra segunda entrega de vuestras recreativas favoritas como más nos gusta hacerlo (escribir reportajes): a lo bestia. Más concretamente con las imponentes criaturas en las que nos podíamos convertir en este mítico videojuego de Sega, que llegó a los salones arcade en 1988.

Como seguro sabéis, Altered Beast fue un beat ´em up de scroll vertical ambientado en la Antigua Grecia, y en el que manejábamos a un centurión caído en batalla, pero resucitado por el mismísimo Zeus con el objetivo de rescatar a su hija, Atenea, de las garras del malvado Dios Demoniaco Neff.

Antes de enfrentarse a tamaño enemigo en persona, nuestro héroe debía recorrer cada uno de los niveles acabando con todo tipo de criaturas, como esqueletos, zombis o demonios, con la única ayuda de sus puños, patadas y saltos... y de las orbes de poder que soltaban los cerberos de dos cabezas de color blanco al morir.

Las dos primeras de estas esferas de energía aumentaban la masa muscular del centurión más que los 'ciclos' que se gasta Rafa Mora, pero lo realmente interesante venía tras recoger el tercer orbe, que servía para que nos transformáramos en una poderosa bestia diferente en cada fase.

 

Así, mientras que en el primer nivel nos convertíamos en un hombre lobo capaz de lanzar bolas de fuego, en el segundo encarnábamos a un dragón que volaba y escupía electricidad. El resto de trasformaciones nos fundían con un imponente oso pardo, con un ágil tigre y, en la fase final, luchábamos por la vida de Atenea manejando a un llamativo hombre lobo dorado. ¡Muy épico!

Por supuesto, los poderes de estas bestias no sólo servían para hacer más fácil nuestros enfrentamientos con los 'enemigos rasos', sino que resultaban fundamentales para acceder al jefe de final de nivel, que siempre era el mismísimo Neff transformado en una letal criatura, que también cambiaba en cada escenario y vez nos complicaba más la vida cada vez más.

Con un llamativo apartado técnico, un divertidísimo modo para dos jugadores simultáneos y una dificultad bastante exigente, Altered Beast fue uno de los reyes indiscutibles de los salones en los recreativos a finales de los años 80.

 

19.Bubble Bobble

Abandonamos a las peligrosas bestias del juego de Sega para conocer a dos dragones mucho más simpáticos y 'salaos': Bub y Bob, los intrépidos protagonistas de Bubble Bobble, uno de los arcade más populares de la historia y que Taito lanzó en 1986.

El épico viaje de Bub y Bob comenzaba cuando sus novias eran raptadas por el villano Super Drunk, que -lejos de poner las cosas fáciles- ponía tierra de por medio, o mejor dicho, 100 niveles, que los pequeños dragones debían superar.

Jugando en solitario o en compañía de un amigo, la mecánica de Bubble Bobble era tan sencilla como tremendamente adictiva: con tan sólo un botón de salto y otro para lanzar burbujas, nuestro objetivo era limpiar de enemigos cada una de las fases, que siempre eran estáticas e incluían diferentes estructuras de plataformas.

La única manera de acabar con los malos era atraparles en una de nuestras burbujas para hacer que flotaran y, posteriormente, darles un cabezazo para desintegrarles. Cuantos más enemigos atrapáramos y explotáramos de una vez, más puntos conseguíamos. 

Otra forma de conseguir puntos era zamparnos los alimentos, como plátanos o porciones de tarta, que soltaban los enemigos al caer o que se encontraban en partes estratégicas de los niveles. Por suerte, Bub y Bob podían aprovechar sus propias pombas como plataformas (sólo explotaban si les dábamos de frente), por lo que la estrategia era casi tan importante como la habilidad si pretendíamos que nuestras iniciales figuraran en la pantalla de máximas puntuaciones.

 

Un buen número de potenciadores con diferentes efectos que podían ser recogidos, como las zapatillas que aumentaban la velocidad o los paraguas que nos permitían saltarnos algunos niveles, y un epiquísimo modo para dos jugadores en el que las posibilidades aumentaban sobremanera, permitiendo, por ejemplo, que un jugador atrapara en una burbuja a otro para hacer que ascendiera hasta un nivel superior, hicieron que Bubble Bobble obtuviera una tremenda popularidad que se ha mantenido hasta nuestros días.

 

 

18.Windjammers

En 1994 SNK sorprendía a propios y extraños publicando Windjammers, un arcade desarrollado por Data East que se alejaba bastante de la línea habitual de la compañía y  nos proponía, ni más ni menos, que disputar unos intensos partidos que mezclaban algunos elementos del tenis, pero que sustituía a los tenistas, raquetas y pelotas por unos personajes chulo-playeros y, lo más importante: ¡un frisbee! (o disco volador, si lo preferís).

En una pista dividida en dos mitades por una red, nuestra meta en estos partidos era lanzar el disco hacia la zona del rival para intentar introducirlo en su portería, que estaba diferenciada en dos zonas de colores (la amarilla, más "a huevo", proporcionaba 3 puntos, y la roja, más complicada de acertar, nos daba 5 puntos por cada tanto).

Cada ronda, que se disputaba al mejor de 3 'set', incluía encuentros de 30 segundos de duración en los que el ganador era el primero en conseguir 11 puntos o, en su defecto, el que más puntuación llevara acumulados tras el pitido final. Sencillo, ¿verdad?

Pues no os creáis, ya que la endiablada velocidad a la que se sucedían los lanzamientos y, sobre todo, a las amplias posibilidades de acción existentes, que nos permitían (y a nuestros rivales) lanzar el disco de forma directa, aprovechando los rebotes de las paredes laterales, o de forma bombeada para intentar hacer una dejada (y conseguir dos puntos si el disco tocaba el suelo), exigían unos reflejos a prueba de bombas... sobre todo cuando nos tocaba lanzarnos al suelo para tratar de alcanzar ese disco lanzado a la esquina con mala baba o, aún peor, defender alguno de los tiros especiales que, por suerte, también nosotros podíamos ejecutar.

Además de la intensidad de sus encuentros, que a dos jugadores ya eran directamente épicos, otro de los atractivos de Windjammers eran sus 6 personajes seleccionables, con un español llamado Jordi Costa incluido, y que poseían unas características, como fuerza o velocidad, totalmente distintas.

 

Por su parte, las 6 pistas de juego también tenían una composición diferente (unas eran más estrechas que otras, otras incluían pequeños obstáculos en la red. Y en todas ellas cambiaba la distrubución de las zonas amarillas y rojas de la portería), potenciaban aún más la experiencia de juego, que -como curiosidad- complementaba sus partidos con dos divertidos minijuegos para aumentar puntuación.

En el primero de ellos, al que accedíamos tras superar la segunda ronda, nos tocaba perseguir y un disco volador manejando a un perrete, mientras que en el segundo minijuego, que salía al pasar la ronda número cuatro, teníamos que derribar unos bolos con un certero lanzamiento de disco. ¡No nos digáis que no mola! 

 

 

17.Pac-Man

Vamos con uno de los grandes. Pero de los grandes de verdad.

A estas alturas, poco se puede decir de esta leyenda de los videojuegos que no se haya contado ya, y tampoco tiene demasiado sentido extendernos demasiado explicando su desarrollo (por favor, si hay alguien en la sala que nunca haya jugado a Pac-Man, o –como mínimo- a uno de sus numerosísimos ‘clones’, que abandone la página ahora mismo).

Bien, cómo veo que seguimos todos, qué os parece si explicamos brevemente la historia y la mecánica del juego, y luego nos extendemos un poco más en algunas de las anécdotas y curiosidades que rodean al incombustible ‘comecocos’. Vamos con ello:

 

Diseñada por el nipón Toru Iwatani (con ese nombre no iba a ser de Albacete, claro), en 1980 llegaba a los salones recreativos la máquina original de Pac-Man, que en Japón sería distribuida por su desarrolladora, Namco, mientras que en Estados Unidos se encargaría de ‘moverla’ Midway Games.

La mecánica, que todos conocéis de sobra, invitaba al jugador a convertirse en un punto amarillo y recorrer con él una serie de laberintos, en los que el objetivo era comerse todos los puntos de color blanco (y, de forma secundaria, algunas frutas para aumentar nuestra puntuación) mientras evitaba que los 4 incansables fantasmas, cada uno de un color distinto, le dieran caza.

En algunos lugares estratégicos de estos niveles encontrábamos un punto (o coco) de mayor tamaño, y que al ser ingeridos por Pac-Man daban la vuelta a la tortilla al asunto y hacían que, durante unos segundos, los fantasmas se volvieran vulnerables y huyeran de forma a toda velocidad. Parpadeando de color azul, los muy cobardes.

Si en ese momento nos zampábamos a uno o varios de los fantasmas, éstos regresaban a su “casa”, una zona acotada en mitad de los niveles, en la que los coloridos espectros necesitaban de unos segundos para regenerarse y volver para darnos guerra. Lo malo de estos salvadores puntos es que a partir del nivel 18 ya no tenían efecto sobre los fantasmas, lo que –a partir de ese punto- complicaba aún más la creciente dificultad de las pantallas.

Cuenta la leyenda que la idea del juego se le ocurrió a Toru Iwatani una noche de fiesta con los colegas. No, no pongáis esa cara, que -en principio- no había consumido nada raro. Simplemente se dice que, mientras cenaba en un restaurante, el diseñador japonés miró un trozo de pizza al que le faltaba una porción e, inmediatamente, se le vino a la cabeza la idea de Pac-Man, que –por cierto- fue el primer personaje creado en exclusiva para un videojuego.

Por su parte, el origen del nombre Pac-Man viene de la onomatopeya japonesa “paku-paku”, que procede del ruido que se produce al comer (si somos un pelín "gochos", la verdad). Posteriormente, el nombre derivó a Puck-Man en Japón, pero –a la hora de importarlo a occidente- Midway decidió dejarlo en Pac-Man para evitar que las mentes más brillantes de la época cayeran en la tentación de cambiar la “P” inicial de Puck, por la “F” de… bueno, ya sabéis de qué. ¡Fuck yeah!

El juego tiene 255 niveles, aunque es posible acceder a uno más que no debería estar ahí. Simplemente, el nivel 256 (o nivel de la muerte) es un ‘bug’, o error de programación, que tiene lugar tras completar todas las fases anteriores.

Y es que, según se dice, los programadores creyeron que nadie sería capaz de completar el juego, por lo que no se preocuparon demasiado a la hora de darle un final. Anda que si les llegan a decir que, en 1999, el norteamericano Billy Mitchell conseguiría culminar una partida perfecta de Pac-Man… vamos, lo que es conseguir 3.333.360 puntos (el máximo posible) comiendo para ello cada coco, fruta o fantasma de todos los niveles y, lo más asombroso, utilizando para ello una única vida. ¡Menudo máquina!

Lo que no sabemos es si el bueno de Mitchell utilizó el refugio secreto de Pac-Man para, al menos, ir al baño en algún momento de las 6 horas que tardó en completar en su hazaña. Ah, ¿qué nunca habéis oído hablar de este refugio? Pues mirad el vídeo de abajo, en el que se ve cómo es posible tomarse un descanso en Pac-Man. Eso sí, tened en cuenta que este “truco” sólo funciona en cierta zona de los laberintos y, muy importante, que los fantasmas no deben vernos hacerlo, ya que si lo hacen no pasarán de largo.

 

Ah, y hablando de los fantasmas. ¿Sabéis que cada uno de ellos tiene un patrón de movimiento distinto? ¿y que la posición de sus ojos nos indica qué dirección tomarán en el siguiente giro? ¿y que sus nombres, en occidente, son Inky, Pinky, Blinky y Clyde? Estos espectros sí que dan juego y no los de Iker Jiménez. 

En fin, que Pac-Man mola tanto que podría estar horas y horas escribiendo sobre sus curiosidades y anécdotas, pero creo que ya me he extendido demasiado… mucho más de lo que pretendía en un principio. Así que, si habéis aguantado leyendo hasta aquí, no se me ocurre mejor manera de pediros perdón por el “tocho” que poniendo el link al genial ‘Doodle’ que Google colgó en su web con motivo del 30 aniversario de Pac-Man, y que nos permite jugar una exclusiva partida al mítico título.

Dice la compañía (y con esta anécdota ya acabo, tranquilos), que el éxito de esta iniciativa fue tan grande que les hizo perder más de 120 millones de dólares en productividad, ya que, durante esos días, los usuarios del buscador pasaron más tiempo jugando al 'doodle' de Pac-Man que utilizando su motor de búsqueda. ¡Si es que es irresistible!

16.Shinobi

Rescatamos la katana del trastero de los 80 para hablar de Shinobi, el beat ´em up de scroll horizontal que Sega lanzó en 1987, y en el que conocimos por primera vez a Joe Musashi, un letal ninja elegido para enfrentarse a la organización criminal "Zeed" y llevar a cabo una peligrosa misión de rescate.

El juego estaba repartido en 5 misiones diferentes, divididas a su vez en varias fases, y estando cada una de ellas comandada por un enemigo final y por unos objetivos diferentes, aunque -en líneas generales- el desarrollo siempre era el mismo.

Manejando a Joe Musashi, nuestro objetivo era recorrer los escenarios, que estaban ambientados en 5 ubicaciones distintas, acabando con todos los enemigos que nos salían al paso y rescatando a los rehenes, que al ser liberados nos premiaban con puntos o 'power-ups'.

Como buen ninja, Musahi era un ejemplo en lo que a variedad de movimientos se refería, por lo que sus saltos, ataques de katana, lanzamientos de 'shurikens' e incluso su ataque especial, que sólo se podía usar una vez por nivel, eran una garantía para acabar con todo lo que se movía y, sobre todo, para que el ritmo del juego siempre fuese muy elevado.

Eso sí, pese a la letal eficacia de nuestro héroe, la dificultad del juego era bastante alta y había que tener unos reflejos propios de un gato para superar todos los niveles, rescatar a todos los rehenes, vencer a los enemigos finales y, además, conseguir una buena puntuación en el minijuego que aparecía tras completar cada misión, y en el que -desde una vista subjetiva- teníamos que despachar shurikens como si no hubiese un mañana.

 

Con esta infalible fórmula Shinobi consiguió convertirse en uno de los arcade más populares de finales de los 80, lo que dio lugar a un enorme número de adaptaciones a consolas como Master System y a otros sistemas, como ZX Spectrum o Commodore 64. ¡Ah, y a ocupar un puesto de excepción en vuestra lista de recreativas favoritas!

 

Game Over. Continue?

Y con este mítico arcade de Sega nos despedimos por esta semana, pero no sin antes regalaros un crédito extra en forma de una curiosidad que seguro os va a poner los dientes largos, muy largos.

¿Os imagináis lo que molaría tener un salón arcade con muchos de los títulos de este reportaje en el sótano de casa? Pues dejad de soñar y echad un ojo la web de este aficionado a los juegos 'retro', que se ha montado en una salita que... bueno, mejor lo veis vosotros mismos en el vídeo que os dejamos aquí mismo. ¡A ver si sois capaces de reconocer todas las recreativas que salen!

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