Reportaje

Nuestras recreativas favoritas (X)

Por David Alonso Hernández
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Llegamos a la décima entrega de nuestras recreativas favoritas, el especial 'retro' en el que estamos repasando algunos de los mejores arcade de la historia. ¿Nos acompañáis en este nuevo viaje al pasado?

Llega una nueva entrega de nuestras recreativas favoritas. ¡Y ya van diez! como sigamos a este ritmo el primer reportaje de este especial también se va a convertir en retro, pero como aún queda bastante para eso, lo mejor es que sigamos recordando algunas de los mejores juegos arcade de la historia.

Esta semana hemos vuelto a apostar por la variedad (además de escuchar vuestras peticiones) y rememoramos 5 nuevos títulos que, en diferentes épocas, fueron verdaderos éxitos en los salones recreativos.

Desde el mítico 1942, que Capcom publicó en 1984, y hasta el frenético Crazy Taxy, que nos flipó en 1999, recorremos 15 años de la historia de los videojuegos y nos detenemos en algunos títulos que acapararon gran cantidad de nuestras adolescentes pagas semanales.

Como casi siempre os recordamos, podéis dejar vuestras propuestas de recreativas para futuros reportajes en los comentarios, aunque también os pedimos un poco de paciencia ya que las peticiones, que llegan por todo tipo de vías, son muy numerosas. ¡Y es que todos tenemos nuestras recreativas favoritas!

Eso sí, os prometemos que leemos todos vuestros comentarios, mails o 'tuits', y que ninguno de ellos cae en el olvido... ¡igual que estos míticos juegos!

Venga, al lío: amigos, amigas... Insert Coin!

Crazy Taxi

Vamos con una de las recreativas más modernas de las que hemos hablado hasta ahora en esta serie de reportajes, y cuyo lanzamiento llegó en 1999, justo un año antes de su genial versión para la inolvidable Dreamcast.

Desarrollado por Hitmaker y publicado por Sega, la propuesta de Crazy Taxi no podía ser más sencilla (ni su título más descriptivo), y el juego nos proponía ejercer de taxista pasándonos las normas de circulación por las llantas. ¡A saco!

Así, y tras elegir a uno de los 4 conductores disponibles, acelerábamos a fondo para recorrer las calles en busca de clientes a los que transportar y que se encontraban repartidos en diferentes puntos.

Encontrar a estos incautos clientes era bastante fácil, ya que su número era elevado y se diferenciaban del resto de viandantes  por tener sobre la cabeza un icono con el símbolo del dólar de distinto color, y que nos indicaba la dificultad y distancia a destino.

Una vez “cargados”, el siguiente paso era conducir a toda velocidad por las calles siguiendo las indicaciones de la flecha verde, que nos marcaba la dirección a destino, e intentar llegar antes de que el tiempo disponible se acabara.

El ritmo era muy frenético, y todo valía para llegar a la dirección indicada a tiempo: derrapes imposibles, saltos, adelantamientos a escasos centímetros de otros coches (y que nos proporcionaban jugosas propinas)… todo ello aderezado con un apartado técnico espectacular, que sacaba todo el partido a la potencia a la placa Naomi, y de una genial banda sonora, que incluía temazos de bandas como Offspring o Bad Religion.  ¡Buenísimo!

Wonder Boy

Retrocedemos hasta 1986  para hablar de Wonder Boy, la mítica recreativa de Sega que nos presentaba a Tom-Tom (no confundir con los navegadores), un simpático cavernícola de pelazo rubio que debía rescatar a su novia Tina de las garras del Rey Oscuro, también conocido como Drancon. ¿Pero cuántas novias llevaremos rescatadas ya?

El caso es que, para llegar hasta la pobre chica debíamos superar 8 áreas, divididas en 4 rondas cada una, con un desarrollo muy plataformero y que estaban repletos de trampas, como hogueras o enormes pedruscos rodantes, y también de enemigos tan peligrosos como ranas, arañas o pulpos saltarines.

Para superar los diferentes peligros debíamos ajustar muy bien los saltos, mientras que para acabar con los bichos teníamos que lanzar hachas de piedra como si no hubiera un mañana, algo que no era nada sencillo debido al elevado número de criaturas.

Este clásico desarrollo, que ya habíamos visto en muchos otros juegos, se hacía especialmente divertido en Wonder Boy gracias a varios factores, siendo uno de los principales la introducción de una barra de energía que descendía constantemente, y que sólo podíamos mantener repleta recogiendo fruta u otra clase de comida que había desperdigada por los niveles, haciendo que siempre debiéramos avanzar rápidamente.

Otro de los grandes aciertos de Wonder Boy fue la inclusión de diferentes potenciadores, como el hada que nos hacía invulnerables durante un periodo limitado de tiempo o el mítico monopatín. Estas sorpresas siempre se encontraban en el interior de huevos, aunque había que tener cuidado porque algunos de ellos estaban “pochos” y, al romperlos, causaban efectos negativos, como por ejemplo que la barra de energía descendiera más rápido de lo normal.

Por si superar todos los niveles del juego no fuera una tarea de por sí complicada (que lo era), Wonder Boy también proponía un reto sólo al alcance de los jugadores más hábiles, y que consistían en encontrar la muñeca oculta en cada una de las áreas, algo que –aún en día- sigue trayendo de cabeza a cualquiera que se anime a superar este arcade.

Cabal

Aunque en los juegos actuales el sistema de coberturas en los tiroteos es algo de lo más habitual, en 1986 ya había juegos que nos proponían disparar a todo lo que se movía desde una posición protegida.

Uno de los principales referentes es, sin niguna duda, Cabal. Un intenso arcade que pos proponía justo eso: acabar con cientos de enemigos mientras esquivábamos sus disparos y nos resguardábamos tras diferentes elementos a modo de cobertura.

Lo único que necesitábamos saber de la historia de Cabal es que nos tocaba asumir el rol de un comando, que podía estar acompañado por otro si jugábamos con un amigo, y que nuestra misión consistía en sembrar la destrucción en unos escenarios estáticos. ¡Suficiente!

Así, y desde una perspectiva en tercera persona, debíamos controlar el desplazamiento (sólo de forma lateral) de nuestro soldado mientras manejábamos un punto de mira que nos permitía disparar nuestra arma, que contaba con munición ilimitada, y lanzar las preciadas granadas que nos sacaban de muchos apuros (aunque éstas sí que se acababan).

El juego incluía 5 fases divididas en 4 rondas, y en todas ellas el desarrollo era frenético: para superar el nivel con éxito teníamos que llenar la barra situada en la parte inferior de la pantalla… y la única forma de hacerlo era acabando con los soldados, estructuras y vehículos militares que poblaban los escenarios. ¡Había que arrasar con todo!

Al inicio de cada nivel siempre contábamos con algún tipo de cobertura que nos protegía del fuego enemigo, pero pronto el intercambio de disparos hacía mella y, poco a poco, la barrera protectora se iba desintegrando. Esto nos obligaba a movernos constantemente de lado a lado (o a rodar) para esquivar el fuego enemigo… sin parar de apuntar y disparar  a todo lo que sucedía en la parte superior de la pantalla, lo que hacía que las partidas fueran de lo más intensas.   

Por suerte, de vez en cuando conseguíamos granadas extra o armas más potentes, que aumentaban nuestro poder de destrucción durante tiempo limitado, pero la verdad es que derribar a decenas de soldados, buzos, helicópteros de combate, tanques, pequeñas edificaciones y hasta a un submarino, no era nada fácil. Eso sí, el divertido bailecito que se pegaba nuestro comando cuando superábamos un nivel compensaba de sobra todo el sufrimiento.

1942

Seguimos demostrando nuestra desenvoltura en la guerra, pero dejamos los áridos combates terrestres de Cabal para ponernos a los mandos de un Lockheed P-38 Lightning(aunque en el juego se referían a él como “Super Ace”), el avión de combate que debíamos pilotar en 1942, el clásico arcade de Capcom.

Publicado en un temprano 1984, 1942 fue uno de los primeros ‘pelotazos’ de Capcom en el mundo de las recreativas, y el juego gozó de muchísima popularidad tras su lanzamiento, lo que propició que se convirtiera en una de las primeras sagas de la compañía... Aunque de sus secuelas, 1943 y 1941, hablaremos otro día.

Ambientado en la Guerra del Pacífico, en plena Segunda Guerra Mundial, 1942 nos sumergía en unas intensas escaramuzas aéreas contra las tropas japonesas, que nos atacaban de forma incesante a bordo de aviones como el Kawasaki Ki-61 Hien o el poderoso Nakajima G8N Renzan.

A lo largo de sus 32 niveles, nuestro objetivo en este shoot em up de scroll vertical era acabar con todos los aviones enemigos, que nos salían al paso en diferentes formaciones, mientras evitábamos que sus disparos nos alcanzaran.

Según su tamaño, resistencia y poder de ataque, cada uno de estos enemigos nos otorgaba una cantidad de puntos diferentes al ser derribados, siendo los enormes enemigos finales los que más engordaban nuestro marcador, pero también los que nos ponían las cosas más difíciles, por lo que tocaba emplearse a tope con los 'loops' defensivos y sacar todo el provecho a los 'power-ups', que aumentaban la potencia de nuestros disparos.

Técnicamente muy bien ejecutado (no olvidemos que salió en 1984), 1942 fue uno de los primeros títulos que ayudó a Capcom a convertirse en lo que es en la actualidad: una de las mejores desarrolladoras de videojuegos de la historia.

Gang Wars

Terminamos por hoy con una de vuestras peticiones de la semana pasada. Y es que, anda que no os mola un buen beat'em up de estilo clásico, ¿eh?

Pues justo eso: repartir sopapos bimensionales como panes, era la propuesta principal de Gangs War, el arcade desarrollado por ADK y publicado por SNK en 1989, y que -como casi siempre en estos casos- no destacaba por tener un argumento demasiado profundo.

El caso es que, tras el habitual rapto de chica, sabíamos que debíamos recorrer las calles de Nueva York dando para el pelo a cientos de "macarras", lo cual era más que suficiente para coger cariño a Mike y Jackie, los protagonistas del juego que podían dar leches cooperativas si un amigo echaba una moneda.

Al principio de la partida podíamos indicar nuestras iniciales (dato importante) y lo que era aún mejor, elegir entre 4 puntos fuertes diferentes: fuerza, velocidad, defensa o 'standard', que equilibraba al máximo todos los atributos de nuestro prota.

A partir de ese momento daba comienzo un intenso beat'em up en el que debíamos acabar con todos los enemigos a base de puñetazos, patadas o de ataques con todo tipo de armas, que aportaban bastante "chicha" al desarrollo. Botellas, porras, palos y otras herramientas todavía más eficaces, como metralletas o lanzallamas, podían ser encontradas a lo largo y ancho de los escenarios... y nosotros encantados, claro.

Una cantidad moderada de sangre y algunas ilustraciones, que se sucedían entre nivel y nivel, nos acompañaban también durante este intenso juego, que no alcanzó la fama de otros beat'em up de la época, pero que sí se ha ganado un hueco en nuestros recuerdos.

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Y hasta aquí nuestra visita al salón arcade de esta semana. Si queréis recordar más juegos clásicos, no os perdáis las anteriores entregas de nuestras recreativas favoritas:



Lecturas recomendadas