Reportaje

Perdiendo la virginidad con el E3 2016

Por Álvaro Alonso
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El E3 2016 acaba de comenzar... Y yo estoy aquí, en la ciudad de Los Angeles, viendo las conferencias con mis propios ojos, sin necesidad de trasnochar y a punto de tener acceso a juegos que aún no están a la venta. Si esto es un sueño: por favor, que nadie me despierte.

El E3... La feria más grande e importante del mundo de los videojuegos, el momento que marca el devenir de la industria durante los próximos 365 días, el lugar donde un grupo de privilegiados puede disfrutar con antelación de los títulos más esperados y hablar en exclusiva con sus creadores... En definitiva, la fábrica de los sueños para todo aquel que considera los videojuegos algo más que una afición.

Y por alguna razón que aún no alcanzo a comprender... estoy aquí.

Voy de un lado para otro como un perro perdido, tratando de seguir el ritmo de dos soldados que ya han vivido esta misma batalla más veces de las que son capaces de recordar. Intento estar a la altura de lo que se me exige a cambio de realizar el viaje de mi vida. Pero antes que las responsabilidades, las pocas horas de sueño cortesía del jet lag y el intentar causar una buena impresión ante la cámara (es difícil cuando eres la sosez en carne y hueso), hay una idea que se antepone a la vorágine de pensamientos que recorre mi cabeza: "estoy en el maldito E3, joder".

Al igual que muchos de vosotros, también crecí leyendo la revista Hobby Consolas. Nunca fui el mayor fan del mundo, no tengo todos los números ni podía permitirme comprarla todos los meses. Pero si me agenciaba tres euros, mi primera parada era el kiosco. Y al abrir la revista, lo primero que veía era la cara de cuatro tipos dándome la bienvenida. Pero la mayoría de las veces, lo único que podía pensar era: "malditos cabrones, ¿cómo habrán acabado ahí?"

Este "odio" se multiplicaba cuando llegaba el número especial de junio: además de ver sus caretos en primera página, había que aguantar una buena cantidad de fotografías en las que era difícil no verles sonriendo. Aparecían paseando por una ciudad soleada, o a punto de entrar en un edificio gigante abarrotado de gente de lo más variopinta, o probando juegos que hasta ese mismo momento desconocía o, para qué negarlo, posando junto a un grupo de chicas que podían alimentar las fantasías de un muchacho en plena edad del pavo durante varios meses.

Pero en mi cabeza, la fantasía era muy distinta. Vivía esa oscura época en la que profesores y familia te empiezan a atosigar para que tomes una decisión, para que encauzes tu vida hacia un futuro decente. Al no tenerlo demasiado claro, tuve que plantearme LA pregunta: si pudiera elegir un trabajo al que dedicarme durante el resto de mi vida, ¿cuál sería?

La respuesta, por supuesto, era escribir para Hobby Consolas. También recuerdo haber bromeado alguna vez con mis amigos de la época, diciendo que el sueño de mi vida era ir al E3, en Los Angeles. Pero en mi interior sabía de sobra que nada de eso iba a pasar jamás. Escribir en la revista de videojuegos más prestigiosa del país no estaba al alcance de un pringao como yo, menos aún viajar hasta la feria más importante del sector.

Quién me iba a decir a mí que, diez años después, esos tipos son mis jefes. Y yo, uno de los malditos cabrones.

Antes de venir aquí, todos te advierten sobre lo distinto que es "ver el E3" de "ir al E3". El cansancio acumulado de toda una semana durmiendo mal y trabajando sin parar acaba pasando factura. Terminas discutiendo con tus compañeros por tonterías y, al final del día, apestas a sudor y sólo quieres dormir... Pero no puedes hacerlo porque aún hay más trabajo que hacer. Es duro, desde luego, pero cada vez que los ojos se me cierran antes de lo previsto pienso "¡estoy en el E3!" y todo el cansancio desaparece de un plumazo.

Es mi primera vez en el E3 y estoy cumpliendo el sueño de mi vida, así que creo que puedo permitirme la libertad de volverme loco cuando, durante una conferencia, anuncian TODOS los juegos que deseaba. Estoy viviéndolo en directo, en el anfiteatro más grande en el que he estado nunca, junto a cientos de personas que, como yo, se les ilumina la cara al descubrir una sorpresa tras otra.

Y, sinceramente, no creo que la profesionalidad esté reñida con el entusiasmo: si un tráiler me gusta, voy a aplaudir. Si un anuncio me parece perjudicial para el sector, lo voy a criticar. Y si Hideo Kojima sale al escenario al ritmo de Brothers in Arms para presentar su nuevo juego, voy a chillar hasta quedarme sin voz. Me encantan los videojuegos; si no me emociono en el E3, no sé cuándo lo voy a hacer.

Porque estoy en el maldito E3 2016, joder. Y si yo he llegado hasta aquí... cualquiera puede hacerlo.

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