Reportaje

PlayStation cumple 20 años, nuestros recuerdos

Por David Martínez
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Sony PlayStation ya ha cumplido 20 años. La consola se lanzó en Japón el 3 de diciembre de 1994, pero no llegaría a Occidente hasta septiembre de 1995. Primero se lanzó en Estados Unidos,  y un poco más tarde, el día 29 de septiembre, llegó a Europa. Para celebrarlo, rebuscamos entre nuestros recuerdos, ¿cómo fue tu primera vez con PlayStation? 

Hoy en día, la familia PlayStation (consolas y también algunos tablets y smartphones de Sony) es una de las líneas de más éxito de la compañía. Sus cuatro consolas de sobremesa, además de las portátiles PSP y PSVita han cosechado un éxito notable y su nombre ya es sinónimo de videojuegos en muchos hogares. Pero no siempre fue así, como demuestran algunos "tropiezos" de la compañía, relacionados con PlayStation, como Net Yaroze, PSX o PlayStation Pocket.

Aprovechando que se cumple el 20 aniversario de la primera máquina (que inicialmente iba a ser una unidad de CD para Super Nintendo) hemos querido echar la vista atrás y recordar cuál fue el primer recuerdo de PlayStation de los miembros de nuestra redacción. ¡Cómo ha cambiado el tiempo! Aquí está nuestro tributo a la consola, que llamábamos PSX, en forma de recuerdos. 

De 0 a 100 en... demasiado tiempo por David Martinez

Recuerdo nuestro primer encuentro como si fuera ayer. Yo acababa de entrar en la universidad, había dejado atrás familia y amigos (y también la Super Nintendo). Así que comencé a interesarme por las consolas con juegos en CD-ROM, que es lo que decíamos en aquella época. Y debo confesar que hasta el último momento estuve dudando entre Sega Saturn y PlayStation. Por suerte (más que nada por catálogo y vida útil, no por calidad de los juegos) opté por la máquina gris de Sony, y mi primer contacto fue un poco frío. El mando original (todavía no había salido Dual Shock) no me convencía mucho por su cruceta dividida, y además prefería conservar los colores de los botones en Super NES. Pero poco a poco iría cambiando mi opinión.

Luego llegó el momento crucial. Cuando conecté la consola por primera vez, metí aquel CD de color negro -lo que también me llamaba bastante la atención- y contemplé la pantalla de arranque. Hay que decir que el sonido si impresionaba: los bajos del sintonizador y las campanillas de fondo gritaban "potencia", pero me llevé mi primer chasco cuando tuve que esperar ¡varios segundos! a que el juego cargase. Acostumbrado a la velocidad de los cartuchos, los tiempos de carga eran un atraso, que yo no había sufrido desde mi Amstrad CPC 6128. Superado este momento crítico, con la pantalla de inicio de Ridge Racer, ya sabía que lo que tenía entre manos era "algo grande". Casi tan grande como la recreativa, pensaba yo. Pero visto los buenos ratos que me han dado Final Fantasy, Tomb Raider, Metal Gear Solid, Silent Hill, Castlevania SOTN, Time Crisis... es mucho más. Con estos 20 años de perspectiva, no me exraña que PlayStation revolucionase el mercado de videojuegos de aquella manera, chips aparte, claro.

Una consola que daba miedo por Luis López Zamorano

Cada vez que pienso en los años de la primera PlayStation, no puedo evitar acordarme de aquella tardes en las que nos juntábamos cuatro o cinco amigos en una habitación completamente a oscuras para disfrutar de el género que, en mi opinión, fue el rey de la época: El survival horror. Un género que dio mucho juego durante toda la vida de PSX y que hizo que mi corazón, y el de muchos usuarios, se acelerase hasta casi salir por la boca con títulos como los tres primeros Resident Evil, Dino Crisis, Silent Hill, Clock Tower...

Me encantaba pasar aquellas tardes en compañía de mis amigos. No sólo por ver quién era el primero en dar un brinco al aparecer un enemigo de la nada o por esos momentos de tensión en las que me agarraban del brazo diciendo eso de “tío, ¡no sigas por ahí! ¡Que seguro que nos mata algún monstruo!”, sino porque aquellas aventuras sacaban lo mejor de nosotros. Nos hacían pensar para resolver sus múltiples y complejos puzles, apuntando en un papel cualquier posible pista que encontrásemos por si nos rea de utilidad más tarde, nos obligaban a administrar los recursos y a recorrer los escenarios una y otra vez... Y es que PSX nos hizo crecer como jugadores y como personas.

Y entonces llegó ella.... por David Alonso Hernández

Lo reconozco: desde mi niñez siempre “he sido” de Sega a muerte. Por eso, cuando leí (en Hobby Consolas, por supuesto) que iban a salir Saturn y PlayStation a la venta lo tuve muy claro… ¿Sony haciendo consolas? ¿Pero nos hemos vuelto locos?

Por supuesto, aquellas Navidades los Reyes Magos dejaron en casa una flamante Saturn con Virtua Fighter y algún título más que no soy capaz de recordar en estos momentos. ¡Menudo maquinón! ¡No me había equivocado! ¡Pobrecillos los que hubiesen picado con esa “Play"!

Sin embargo, y con el paso de los meses (y de las Hobby Consolas) poco a poco iba viendo a ese “electrodoméstico gris que cargaba juegos” con otros ojos.

-Oye, pues parece que no está tan mal, ¿no? Me comentaba tímidamente mi hermano pequeño, otro “Seguero”  convencido desde su nacimiento (fue a unos carnavales del colegio disfrazado de Sonic, no os digo más).

En fin, al final –y casi con vergüenza por aquella “traición”- mi hermano Óscar y yo encargamos a los Reyes Magos una PlayStation… acompañada de un juego que nos tenía totalmente locos, y que quizá os suene a más de uno.

Nunca olvidaré aquella mañana de Reyes. Y os aseguro que no es una forma de hablar: lo recuerdo perfectamente.

Arremolinados ante la caja de la consola estábamos mi hermano, mi tío (jugón empedernido y culpable de que yo esté escribiendo esto en este momento) y yo.

Poco a poco, como bien se merecen estas ocasiones, fuimos sacando cuidadosamente cada elemento de la caja y comentando en voz alta: “Oye, pues el mando no tiene mala pinta”, “la consola no es tan fea como parecía en las fotos, eh”… etc.

Mientras seguíamos con nuestras opiniones y, casi sin darnos cuenta, ya teníamos la consola montada, conectada a la televisión y con el juego metido. “¡Dale al Power!

Pantalla de arranque contundente y molona (la cosa empezaba a prometer), Símbolo de Capcom en pantalla (silencio absoluto en la habitación en ese momento) y de repente una voz de ultratumba que decía: “Resideeeent Eviiiiil”. Piel de gallina.

No recuerdo las horas que estuvimos recorriendo aquella terrorífica mansión, huyendo de los zombis, gritando con cada susto… pero lo que nunca olvidaré son nuestras caras de asombro, mirándonos entre los tres sin hablar, con ojos que decían ¿pero tú estás viendo lo mismo que yo? Estábamos ante algo que era totalmente insuperable y que jamás en nuestra vida de “jugones” desde la era de Spectrum nos había impactado tanto.

El siguiente punto de inflexión que me hizo rendirme ante PlayStation seguro que también os suena:

Jamás olvidaré (y os prometo que esto también lo recuerdo como si fuera ayer) a mi hermano óscar y a mi escuchando - como cada domingo-  Game 40, el programa de radio conducido con Guillém Caballé y en el que –tras una larga incertidumbre al respecto- confirmaron en directo que… ¡Final Fantasy VII traería subtítulos en castellano!

En aquel momento ambos nos pusimos a saltar, nos abrazamos… llevábamos tantos meses esperando a que ese juego, que prometía ser increíble, llegara a España, que cuando oímos que además lo haría traducido casi nos da un pasmo de alegría.

En fin, qué os voy a contar de Final Fantasy VII que no sepáis ya. Pero (muchos lo sabréis bien), jugarlo su época original desde el  mismo día de su lanzamiento, después de meses y meses de espera fue otra de las mejores experiencias que he tenido a los mandos de cualquier consola.

Además de muchos otros entre medias, el tercer y definitivo juego que me hizo rendirme definitivamente ante PlayStation fue, cómo no, Metal Gear Solid. Su historia (¡parecía una película!), sus gráficos, la grave voz de Alfonso Vallés intepretando a Solid Snake, el enfrentamiento con Psycho Mantis con el Dualshock vibrando encima de la mesa ante mi cara de perplejidad… aquello era de otro mundo.

Hasta aquí solo he nombrado 3 juegos (¡que vaya tres!), pero no puedo –como mínimo- dejar de nombrar a títulos como Silent Hill, Parasite Eve, Parappa The Rapper, Medievil, Crash Bandicoot, Dino Crisis, Pro Evolution… y tantos otros que me hicieron gozar como hacía años que no lo hacía a mandos de una consola.

En fin, que no me quiero alargar más (demasiado lo he hecho ya). Pero, aunque llevo jugando 30 años, en los que he tenido (y disfrutado) de casi todas las consolas habidas y por haber, no me tiembla la voz al decir que, para mí, PlayStation fue, no sé si la mejor, pero al menos la consola que más me hizo disfrutar. La que me permitió recuperar la ilusión en los videojuegos.

Una cosa está muy clara: sin ella, la industria de los videojuegos no tendría la notoriedad que ha alcanzado hoy en día. ¡Larga vida a PSX!

Primera comunión = bautismo con Sony por Javier Parrilla Ruiz

Tras venir de los 16 bits observando a mi hermano jugar con Mega Drive o en casa de mi primo disfrutando de Super Nintendo, probé la primera PlayStation en casa de un amigo. El primer juego que probé fue Mickey's Wild Adventure, pero los títulos que me dejaron con la boca abierta por aquel entonces fueron Toshinden y Destruction Derby. Desde aquel momento, mi interés por Sega Saturn decreció en detrimento de PSone.

Y llegó el ansiado día. La primera PlayStation llegó a mi casa el día de la primera comunión como regalo por parte de mis padrinos, convirtiéndose en la primera consola de sobremesa propiamente mía. Air Combat y Need for Speed II acompañaban el regalazo y el videojuego de carreras me tuvo muy enganchado, sobre todo porque era fan de hacer volcar los coches y ver hasta donde conseguía lanzarlos.

Por supuesto, luego llegarían más juegos que marcarían esta consola en mi vida: Tekken 2 con sus llamadas al teléfono de asistencia a Sony para descubrir cómo se desbloqueaba a Roger y a Alex, Soul Blade y su desesperante modo Maestro de la Espada, Broken Sword y mi atasco en Siria, Metal Gear Solid y mi nula capacidad para el sigilo, Final Fantasy VII y su guía que me llevaba al colegio como si fuera la Biblia, Wild Arms y el pegadizo silbido de su opening, la tradición de dejar las intros de los juegos cuando venía alguien a jugar a casa, los piques con Super Puzzle Fighter II Turbo, la originalidad y la música de Bust A Groove, las imitaciones de las frases de la recepcionista de Theme Hospital, y un largo etcétera que seguro que me olvido, pero que me dibuja una sonrisa en la cara.

Unos Reyes muy jugones... Por Thais Valdivia 

Desde muy pequeña he sido más de consolas portátiles que de sobremesa, pero ese día de Reyes en el que cayó en mis manos la PlayStation One (la versión más pequeña y estilizada de PS1) todo cambió para mí de una manera radical. Recuerdo haberle echado horas y horas a esas más que aceptables primeras adaptaciones de las pelis de Harry Potter (cómo olvidar el desesperante minijuego del jardín de La Madriguera en La Cámara Secreta), a los trepidantes Dino Crisis y a todo tipo de juegos de lucha que iban saliendo (uno de mis géneros favoritos). No le hacía (ni hago) ascos a ningún género.

Por supuesto, gracias a la primera PlayStation viví terroríficas aventuras como las de los primeros Resident Evil, aunque he de admitir que el género que me conquistó fue el JRPG. Vagrant Story, Final Fantasy VII, VIII, IX, Grandia, Suikoden... Mil y una aventuras inolvidables y mágicas que a día de hoy siguen emocionándome e invitándome a conectar la PlayStation para revivirlas por todo lo alto.

Con PSX me reencontré con los videojuegos por Igone Martínez 

Todos tenemos un pasado, el mío fue nintendero pero en la época de los 32 bits, me "pasé" a PlayStation y lo pongo entre comillas ya que PSX llegó a mi vida como una sorpresa inesperada, porque me la regalaron. Pero antes de tener la mía propia, tuve la ocasión de probar sus (para mí) toscos controles jugando con los amigos a Metal Gear Solid. En aquella primera partida era realmente una inútil, no es que haya mejorado mi habilidad con el tiempo, pero por aquel entonces, era aún peor. Sin embargo, Snake y todo lo que le rodeaba me atrajo tanto que me decidí a por lo menos pasarme el Metal Gear Solid. Junto con la PSX venían otro par de juegos que me decidí (ya que estábamos) a probar. Entre ellos se encontraba el Silent Hill y ponerlo en la consola supuso un antes y después en mi vida.

Tal vez fuera porque me aburrí, aunque tenga delito decirlo, de tantos plataformas y "marios", que antes de descubrir PSX pensé que el mundo de los videojuegos era una etapa que había terminado en mi vida. Con Metal Gear Solid volví a engancharme, pero con Silent Hill volví para quedarme disfrutando de los videojuegos para siempre.

PSX, la consola que nunca tuve por Clara Castaño Ruiz

Lo reconozco, yo no tuve PSX (PlayStation One) y, no porque no quisiera. Mis padres decidieron que con Mega Drive, el ordenador (casi recién comprado), la Game Boy de mi hermana y la NES que había quedado relegada a los fines de semana en el pueblo, era suficiente entretenimiento tecnológico para mi edad. Por suerte, pude jugar a algunos de los juegos del amplio catálogo de PlayStation en mi ordenador con Windows 95: FIFA 98, Broken Sword, Broken Sword II, Myst, SimCity 2000, Theme Hospital, Expediente X: el videojuego… y un largo etcétera de títulos multiplataforma.

Ahora estaréis pensando, o tal vez no, pobre que no tuvo PSX. No os preocupéis por mi, jugadores, porque una siempre ha contado con buenos amigos y primos que sí tenían la consola y me dejaban utilizarla para jugar a Asterix, Colin McRae Rally 2.0, Hércules, Drácula II: el último santuario, Hugo, Rayman... Me hablaban de las maravillas de Final Fantasy VII, o me enseñaban (de estrangis) Resident Evil 2, mientras nos llenábamos la barriga de Tang Tropical, gusanitos y gominolas de Coca Cola. A fin de cuentas, los videojuegos siempre han sido compartir o, ¿acaso nunca os habéis echado un campeonato para saber quién mataba más patos en Duck Hunt? (Sí, ya sé que este juego es de Nintendo)

Desde luego, PSX marcó un antes y un después en la industria, como dice un poco más arriba mi compi David Alonso. Su variado catálogo apto para todas las edades y ser una de las pioneras en el uso del CD-ROM (adiós cartuchos), la hacen ser, todavía hoy, una de las mejores consolas de todos los tiempos. PlayStation One nos marcó el camino a seguir. Por cierto, otra de las cosas que más recuerdo, son los anuncios de televisión, algunos daban tanto miedo como Silent Hill. Aquí os dejo algunos ejemplos del buen marketing que siempre ha hecho Sony y ¡muchas felicidades PlayStation!

P.D. Lo primero que hice con mi primer dinerillo ahorrado fue hacerme con la PS2, no fue lo mismo que la PS One, pero al menos me quite la morriña.

PlayStation, una experiencia breve pero intensa por Alejandro Oramas

Lo cierto es que mi aventura con PlayStation comenzó algo tarde. Antes de tenerla en casa pude disfrutar de Metal Gear Solid en casa de mis amigos, aunque casi siempre como espectador, no llegué a jugar mucho salvo para probar qué tal se me daba. La sorpresa llegó un día de Reyes cuando me regalaron PlayStation, no recuerdo si fue en el año 1999 o en el 2000, pero sí que tengo grabado en la memoria mi primer juego: Dino Crisis

Dino Crisis. ¡Qué maravilla de juego! De pequeño me encantaban los dinosaurios, así que os podéis imaginar cómo disfruté aniquilando velociraptores con Regina. PlayStation formó parte de mi vida durante muy poco tiempo, pero los recuerdos que tengo son muy buenos. Además de Dino Crisis, juego del que espero una nueva secuela o un reinicio muy pronto, por mi PlayStation también pasaron títulos como Resident Evil 2, Dino Crisis 2 (no tan bueno como el primero) y Tomb Raider II. 

Un descubrimiento tardío, por Estela Villa

Aunque parezca mentira mi primer contacto con PSX llegó más tarde de lo esperado. Por aquel entonces, yo estaba muy contenta con mi Sega Megadrive y cuando vi el anuncio por la televisión de que Sony iba a sacar una consola me quedé un poco sorprendida de que un gigante como la compañía japonesa quisiera entrar en un mundo que estaba dominado por Sega y Nintendo (en aquella época), así que no le presté mucha atención. Aunque también he de decir que por lo que tampoco la hice demasiado caso es que justo en el momento en el que tocaba cambiar de consola me llovió del cielo una Nintendo 64 y me pasé toda esa generación con Mario 64, The Legend of Zelda: Ocarina of Time y Pokémon Stadium, entre otros.

Visto el éxito que tuvo PSX, cuando llegó PlayStation 2 convencí a mi hermana para que se la pidiera como regalo de comunión y a raíz de entonces empecé a jugar a Metal Gear Solid 2, me gustó tanto que tuve que además de convertirse en mi saga de videojuegos preferida tuve que pedir una PSX prestada para poder jugar a la primera parte, y así fue como comenzó mi andadura con la primera consola de Sony. Gracias a ello comencé a jugar a otros títulos como Crash Bandicoot, Tomb Raider, Medievil...

Un cambio de última hora, por Álvaro Alonso

¿La Play? Venga ya hombre, menuda patochada de consola. Donde esté mi flamante Nintendo 64, que se quiten el Metal Guear ese y todos los Final Fantasy de las narices. Que por cierto... ¿Empiezan por el siete? ¿Quién se han creído estos de Sony? ¿George Lucas? Lo dicho, aquí me quedo con mi F-Zero X y mi Pokémon Stadium, que les dan mil vueltas.

Lo que acabáis de leer es el pensamiento que recorría mi mente a todas horas allá por 1998. Aunque más que un pensamiento, era la excusa que me repetía a mí mismo para tratar de convecerme de que había tomado la decisión correcta. En un principio, me iba a comprar una PlayStation, ¡lo juro! Bueno, vale, no, no me la iba a comprar: me la iban a regalar mis padres por mi cumpleaños/día de Reyes. ¡Y mis tíos llegaron incluso a comprarme el juego con el que la iba a estrenar! (Alien Trilogy, había visto cómo lo jugaban en un centro comercial y mi yo del pasado pensó que tenía una pinta alucinante). Sin embargo, a pocos días del gran evento, un amigo (el típico niño rico al que sus padres divorciados le compran todas las consolas) me invitó a su casa por su cumpleaños... Y adivinad quién estaba allí. Su mando con forma de arado captó mi atención desde el primer momento, y el tacto de la palanca analógica me transportó a un mundo de movimientos imposibles. Además, siempre había sido un chico de Nintendo (mi primera consola fue la Game Boy clásica), así que no pude evitar sentirme atraído por el festival de luz y color que se mostró en pantalla en cuanto mi amigo pulsó el botón 'ON'.

Pero para qué os voy a engañar, esto también son excusas. Lo que en realidad me hizo cambiar de opinión, lo que hizo que mis tíos tuviesen que ir a su Continente de confianza para cambiar Alien Trilogy por F-Zero X, fue la respuesta a la pregunta que, inevitablemente, le hice al cumpleañero:

- "Tú que tienes PlayStation y Nintendo 64, ¿cuál es mejor?"

- "¡NINTENDO 64 ES MIL MILLONES DE VECES MEJOR!"

Poco después dejamos de ser amigos.

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