Reportaje

Universos de Ficción: El Señor de los Anillos

Por Daniel Acal
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En el principio estaba Eru, el Único… con estas palabras empieza el Silmarillion, una de las tres obras más famosas de J.R.R. Tolkien. Casi parafraseándolo, podríamos empezar la defensa de la Tierra Media como ganador de este choque de universos diciendo…

En el principio estaba Tolkien, no el Único, pero si el primero en dar vida a un mundo que ha inspirado a otro muchos mundos, algunos presentes o otros no en este choque de universos. ¿Pensabáis que los huargos eran patrimonio exclusivo de la casa Stark? ¿O que los dementores que salen en Harry Potter se parecen a los nâzgul sólo por casualidad? No, amigos, J.R.R. Tolkien es el autor más influyente de todos los que aparecen en este macroreportaje. George Lucas no fue pionero en usar el nombre de Endor para denominar un lugar (vale, Tolkien también lo sacó de la Biblia, pero él lo hizo primero). ¡Si hasta George R.R. Martin, autor de Canción de Hielo y Fuego, le ha copiado las R.R. del apellido! (esto último es una broma, ¿eh? que quede claro).

ORIGEN

Lo cierto es que John Ronald Reuel Tolkien tampoco creó su universo de la nada. Como él mismo diría, en todo caso lo “sub-creó”. La mitología nórdica y sus profundas convicciones católicas son las dos grandes fuentes de las que bebió “el viejo profesor” a la hora de crear (sub-crear) este universo que nos ocupa. La saga de los Volsungos cuenta la leyenda de Sigurd el Matador de Dragón, una gran epopeya que se ha transmitido por los siglos de distintas formas, seguramente la más famosa sea la opera de Wagner El Anillo del Nibelungo, que acercó este relato épico al público de toda Europa durante los siglos XIX y XX. No obstante, en algunas cartas posteriores a la publicación de El Señor de los Anillos, Tolkien negaba paralelismo alguno con esta historia. Según el, la única similitud real es que “los dos anillos eran redondos" (ya veis que era un cachondo).

En cuanto a las influencias de la religión católica, se notan desde la misma génesis de su universo (lo veremos más adelante) hasta ese viaje hacia un lugar mejor que emprenden algunos de los protagonistas de ESDLA al final de El Retorno del Rey. Pero los dioses nórdicos y el catolicismo no son las únicas influencias. El poema anglosajón Beowulf y otros clásicos de la literatura universal como el Macbeth de Shakespeare. Algunos autores lo relacionan también con las leyendas artúricas (viendo semejanzas entre el Rey Arturo y Aragorn; Merlín y Gandalf…) Bien, es sólo un punto de vista, aunque las leyendas artúricas no dejan de estar inspiradas en antiguos relatos teutónicos, con lo que el origen sigue siendo nórdico.

 

Sea como fuere, Tolkien era una gran conocedor de la literatura universal. Sin embargo, él no fue un autor especialmente prolífico. De hecho, algunos de sus biógrafos afirman  que era algo perezoso y distraído, con tendencia a dejar las cosas “para mañana” (como yo, vamos). Académico y profesor en Oxford, soldado (luchó en la primera guerra mundial formando parte del batallón nº 11 de los fusileros de Lancashire; aunque él juraba que esto nunca le influyó como escritor), filólogo (su interés por las lenguas era tal que creó varias para su universo, desarrollando principalmente las dos élficas: el quenya y el sindarín) y escritor (aquí vamos a centrarnos en El Silmarillion, El Hobbit y El Señor de los Anillos), él decía que se sentía “como un hobbit” . En una de las pocas entrevistas que concedió en vida, reconocía que “le gustan los jardines, los árboles, la buena comida sencilla y hasta los chalecos”.

LOS LIBROS

Los comienzos de El Silmarillion hay que buscarlos en 1917, año en el que Tolkien vuelve de la guerra. En aquel año empieza a esbozar los personajes y los temas principales. Y en torno a 1925 ya tiene algunas historias concretas. Pero la obra era tan ambiciosa como inabarcable, y la fue aparcando y retomando, acaparcando y retomando… Mientras, entre 1920 y 1930 escribía cuentos con el único propósito de divertir a sus hijos. Uno de esos cuentos manuscritos, que ni siquiera estaba acabado, terminó cayendo en manos de la editorial George Allen & Unwin. Les gustó tanto que los editores pidieron a Tolkien que la terminara. Y así, el 21 de septiembre de 1937, se publicó El Hobbit en el Reino Unido. Al calor de este éxito, Tolkien presentó a sus editores una edición incompleta pero bastante avanzada de El Silmarillion, que fue rechazada por ser consideraba demasiado compleja, oscura y “demasiado céltica”. También les ofreció otros cuentos infantiles, que fueron igualmente rechazados. Sus editores lo tenían claro: querían una continuación de El Hobbit, que a la postre terminó dando lugar a El Señor de los Anillos.

 

Lo más curioso que, cuando se puso a escribir, Tolkien sabia de la historia del Anillo Único casi tan poco como el bueno de Bilbo cuando se lo encontró en las Montañas Nubladas. De hecho, al publicar El Señor de los Anillos tuvo que modificar algunas partes de El Hobbit para que la historia se adaptara mejor a la obra posterior. Si en el Silmarillion establece las bases y el contexto de su universo y el Hobbit no es más que una sencilla historia que narra unos acontecimientos dentro de un lapso bastante pequeño dentro de ese universo, el Señor de los Anillos es una obra mastodóntica, mucho más compleja y que su autor tardo once largos años en terminar.

El Señor de los Anillos se publicó en tres partes: las dos primeras en 1954 y la tercera en 1955. Por esta razón es considerado una trilogía, aunque su autor se opuso radicalmente a esta división en tres partes. Pero los editores, que son los que mandan a la postre, optaron por este formato debido a la gran extensión de la obra y para abaratar costes debido también a la carestía del papel que había en esa época de posguerra. La primera parte, como todos sabéis, es La Comunidad del Anillo. Para la segunda parte, Tolkien pensó en llamarla “El Anillo en la Sombra” o “La Sombra se alarga”, pero al final optaron por el no menos críptico título de Las Dos Torres (digo que es críptico porque ni el mismo Tolkien estaba seguro de a qué Torres se refería el título; se supone que son Orthanc y Barad-dûr). Y la tercera parte, publicada como digo un año más tarde, se llamo finalmente El Retorno del Rey pese a que Tolkien prefería “La Guerra del Anillo” (una vez más los editores “metieron mano”, eligiendo el título que ellos pensaban que era más “comercial”).

 

La obra fue bien recibida por el público, aunque no tanto por la crítica (muchos la tachaban de infantil) ni por algunos de colegas escritores (otro gurú de la fantasía heroica como Michael Moorcock se convirtió en su más ilustre detractor). También hubo gente que vio un poso racista en la obra, aunque su autor lo negara. Eso sí, cambio la vida de Tolkien para siempre, que pasó de casi anónimo profesor a escritor adorado por una creciente masa de fans, que hizo que poco a poco se recluyera en su casa y se alejara de la vida pública y las entrevistas. Eso sí, siguió trabajando en El Silmarillion, aunque centrándose más en aspectos relacionados con el contexto de la obra que con la narración en si misma. A título póstumo pudo cumplir su viejo sueño de publicar El Silmarillion, ya que su hijo Christopher reunió las historias más acabadas en un solo volumen, cumpliendo así la voluntad de su padre ya fallecido. Y el éxito posterior dio lugar a que se publicaran otros relatos menores del autor.

EL ESCENARIO

Aunque según el Silmarillion el universo del legendarium de Tolkien entendido como el conjunto de la creación es el Eä, el escenario global de la obra de Tolkien es el Arda, que se divide en la Tierra Media y las Tierras Imperecederas. Este mundo está poblado por dioses paganos, elfos, enanos, ents, hobbits, orcos, trolls… y con el tiempo, hombres mortales que son los que se acabarán imponiendo, como sabemos. La Tierra Media es el escenario fundamental donde transcurren todos los acontecimientos que conocemos. Y esta Tierra Media no es más que una versión imaginaria de nuestra Tierra hace muchos, muchísimos años. De hecho, según la cronología oficial han pasado 37.000 años de la historia de este mundo antes de que empiecen los sucesos narrados en El Señor de los Anillos. Y después del final de la Guerra del Anillo, aún tendrían que pasar unos 6.000 años hasta que llegamos a nuestros tiempos.

 

Al igual que en la historia de la humanidad, podemos distinguir varias edades en la historia de este universo. La Primera Edad comienza en ascenso de la Luna y el Sol y termina con el hundimiento de Beleriand (ver El Silmarillion para más detalles): La Segunda termina con la batalla de Dagorlad, en la que Sauron pierde un dedo y el Anillo (la batalla que abre la trilogía cinematográfica de ESDLA, para que nos entendamos todos). Y la Tercera Edad es de la que más detalles tenemos y la que todos conocemos, aunque sea por las pelis), pues termina con el viaje de Gandalf, Bilbo, Frodo, Elrond, Galadriel y demás hacia las Tierras Imperecederas. De la Cuarta Edad Tolkien dejó escritos pocos detalles, aunque en una carta situaba nuestro siglo XX “formando parte de la Quinta o la Sexta Edad”. Tomando esto como referencia, podríamos decir que la Guerra del Anillo transcurrió en “nuestro” 4.000 ó 5.000 a.C. y mientras que la creación del mundo de Arda habría tenido lugar, más o menos, en el 41.000 a.C.

En cuanto a la geografía de este mundo, Tolkien nunca terminó de darla forma, aunque sí tenemos algunos mapas esbozados por él y publicados por su hijo. Pero resulta complicado sacar paralelismo con nuestro mundo. Supuestamente el continente de Endor, lo que conocemos como Tierra Media, tendría algo que ver con Eurasia. Y los principales acontecimientos que Tolkien dejó escritos transcurren en la parte noroeste de este continente:

 

PERSONAJES

No voy a detenerme mucho en este apartado ya que son muchos personajes y a la mayoría los conocemos todos aunque sólo sea por las películas de Peter Jackson. En El Silmarillion, destacan Eru como dios creador, una estirpe de seres angélicos (los Ainur) que terminan interviniendo en el curso de los acontecimientos como Valar (de ellos descatan Manwë y Melkor, el angel caído del que Sauron es su lugarteniente) y Maiar (los más conocidos son Gandalf, Saruman, Radagast y Sauron); y Beren y Lúthien (más que nada porque su historia es una de las más terminadas de todas cuantas componen El Silmarillion).

En cuanto a El Hobbit, el protagonista es Bilbo Bolsón, junto a Gandalf y a Thorin Escudo de Roble y sus doce compañeros enanos. Entre los antagonistas encontramos la primera aparición de Gollum y el dragon Smaug… y no seguimos por si acaso no habéis leído el Hobbit y os spoileamos detalles de las dos películas que faltan.

En cuanto a El Señor de los Anillos, pues ya los conocéis. Resumiendo MUCHO tenemos a Frodo recogiendo el liston (y la espada y la cota de mithril) de Bilbo como tenaz (y sufrido) portador del Anillo; a su fiel Samsagaz Gamyi ayudándole (no, no es gay) y sus dos primos Meriadoc y Peregrin que se convierten también, sin quererlo, en inesperados protagonistas de esta épica historia. Del lado de los hombres tenemos a Aragorn, hijo de Arathorn, trigésimo noveno heredero del rey Isildur por ascendencia directa y prototipo de héroe triunfante al más puro estilo artúrico. Dunedain son también Boromir y Faramir, que representan el poder de Gondor. Y los rohirrim Eomer y Eowyn, con papeles estelares tanto en batallas tan importantes como el Abismo de Helm o la de los Campos de Pelennor.

 

Siguiendo en el lado de los buenos, representando a los enanos tenemos a Gimli, hijo de Glóin (reducido casi a alivio cómico en las pelis aunque en los libros tiene un papel más digno). En cuanto a los elfos, tenemos a Legolas (príncipe de los elfos del Bosque Negro) y los portadores de los anillos élficos Galadriel y Elrond (aunque éste es medio elfo). El tercer anillo élfico lo tiene Gandalf el Gris, que durante los hechos acaecidos en ESDLA pasa a ser el Blanco. Y no nos olvidamos de las grandes águilas, los ents (Tolkien los ideo a raíz de que su hijo Michael le propusiera escribir un cuento sobre “árboles que se vengan de los que les hacen daño”), el enigmático Tom Bombadil y su esposa Baya de Oro (que finalmente no salieron en las pelis de ESDLA)…

En el lado de los malos, principalmente tenemos a Sauron (un maia que fue lugarteniente de Melkor), los nueve nâzgul (inspirados en los cuatro jinetes del Apocalipsis), Saruman (el maia líder de los istari que termina corrompido por sus ansias de poder y cuya última manifestación, como Zarquino en la Comarca, es omitida en las películas; y menos mal, porque es un final tremendamente anticlimático), el pobre Gollum (convertido casi en un icono pop tras las pelis de Peter Jackson), Ella-Laraña, los Uruk-hai, etc.

EXPANSIONES MULTIMEDIA

Aquí también vamos a resumir porque esto daría para un reportaje en sí mismo. La primera adaptación de El Señor de los Anillos fue para la radio, entre los años 1955 y 1956. La BBC Radio realizó para el Reino Unido una adaptación de doce episodios, seis dedicados a La Comunidad del Anillo y otros seis para Las dos torres y El retorno del Rey. Después hubo un par de adaptaciones para las radios norteamericanas, hasta llegar a una nueva versión de la BBC mucho más currada en 1981, con 26 capítulos de media hora y el actor Iam Holm (que en la pelis de Peter Jackson fue Bilbo), poniendo la voz a Frodo.

 

En cuanto al cine, hubo varios intentos antes de la grandiosa adaptación de Peter Jackson. Los primeros proyectos fueron descartados (incluyendo la surrealista propuesta de Stanley Kubrick de hacer una peli en la que los miembros de The Beatles serían los protagonistas). En 1977 Jules Bass y Arthur Rankin Jr. hicieron El Hobbit como una peli de dibujos animados. Luego vendría la rotoscópica versión de El Señor de los Anillos de Ralph Bakshi en 1978 y dos años más tarde Rankin y Bass hacen para televisión la película de dibujos animados El Retorno del Rey, que pretende ser una continuación de la peli de Bakshi, (lo entenderéis si la habéis visto). Y así llegamos a las tres películas de Peter Jackson, estrenadas en 2001, 2002 y 2003 respectivamente. Y ahora ha hecho lo mismo con El Hobbit, dividiendo el cuento de Tolkien en tres pelis: Un viaje inesperado , la desolación de Smaug y Partida y regreso.

Juegos de rol de mesa y de cartas, todo tipo de libros (desde biografías o verdaderas enciclopedias hasta diccionarios de quenya), cómics (nos quedamos con el de Dixon y Wenzel) y todo el merchandising que podáis imaginar (espadas, broches, muñecos, llaveros, piezas LEGO…) hacen de El Señor de los Anillos uno de los universos más rentables, sin nada que envidiar en este sentido a Star Wars, Marvel, DC, etc.

 

Y en cuando a videojuegos, pues también los conocéis, así que sólo mencionaré los más importantes. Empezando por aquella primera aventura conversacional de El Hobbit para MSX, Spectrum y demás ordenadores de los ochenta hasta aquel action-RPG para Super Nintendo de Interplay. Después, cuando las pelis de Peter Jackson volvieron a poner de moda la saga, vivimos una verdadera guerra entre EA Games que ostentaba las licencias de las pelis (con los notables beat’ em ups Las Dos Torres y El Retorno del Rey, el juego de estrategia en tiempo real Batalla por la Tierra Media, el más rolero La Tercera Edad, ESDLA La Conquista al estilo Star Wars Battlefront…) y Vivendi, que tenía las de los libros e hizo El Hobbit, La Comunidad del Anillo… y terminó cancelando La Traición de Isengard. Después vendrían todos los LOTR Online y la saga en manos de Warner, que hizo el infantil Las Aventuras de Aragorn, el action-RPG La Guerra del Norte y LEGO El Señor de los Anillos. Sorprendentemente, no hubo un videojuego oficial que saliera al calor del estreno de El Hobbit: Un Viaje Inesperado el año pasado...

 

Uf! Si habéis llegado hasta aquí, os tengo que dar las gracias porque os habéis dado una buena panzada a leer. Espero que no os hayáis aburrido mucho, que hayáis descubierto algún detalle que no conociérais y, sobre todo, que me apoyéis en la defensa de que el universo de Tolkien es el mejor de todos los que integran este macrorreportaje. Porque fue el primero y el más influyente y porque no por ello ha perdido fuerza y vigencia en la actualidad, más de medio siglo después. Y el mérito es doble porque este inabarcable universo ha salido de la imaginación de un solo hombre. Un genio al que otros creadores de universos, como George RR Martin, reconocen admirar. Por si tenéis dudas y queréis revisar los argumentos que han escrito mis compañeros sobre otros universos, aquí tenéis los reportajes sobre DC Comics, Marvel, Juego de Tronos y Star Wars

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