Reportaje

Visitamos el Museo Belga del Cómic

Por Daniel Quesada
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El tebeo, cómic o bande dessinée (como lo llaman ellos) es toda una institución en Bélgica. Tanto, que tienen un enorme museo dedicado a él en Bruselas. Ya que no queremos descuidar nuestra vena comiquera, hemos decidido visitarlo...

El Centre Belge de la Bande Dessinée parece un museo más por fuera, pero dentro alberga un colorido homenaje al mundo de la historieta. El tebeo forma parte de la identidad de su capital, Bruselas, como el chocolate o las patatas fritas (no las llaméis allí "french fries", que se enfadan). La estación de Midi está custodiada en una de sus salidas por la estatua de un Pitufo gigante, es fácil encontrar referencias a Tintín por toda la urbe y una vez al año se celebra la Balloon´s Day Parade, en la que enormes globos basados en los héroes de la viñeta recorren las calles.

Por eso, no es de extrañar que en pleno centro de la ciudad exista este Museo Belga del Cómic. Entre sus muros de art nouveau se alojan una enorme tienda de tebeos, una cafetería... y el comienzo del tour libre por el museo, siempre que estemos dispuestos a pagar los 8 euros que vale. Bruselas no es una ciudad barata, precisamente...

En el comienzo, no hubo bocadillos

Comenzamos nuestro recorrido indagando en la pre-historia del cómic. En las narraciones medievales hasta las caricaturas satíricas de los primeros tabloides estaba el germen del tebeo tal y como lo conocemos ahora. Las numerosas acotaciones del museo nos explican a lo largo del viaje cómo se fue evolucionando desde los simples dibujos interconectados hasta las estructuras más complejas en las que conviven onomatopeyas, bocadillos y viñetas.

Así, podemos descubrir el origen de The Yellow Kid (el que muchos consideran primer tebeo moderno) o de Little Nemo in Slumberland, uno de los mayores éxitos de la historieta a principios del siglo XX. A partir de esa época es posible avanzar hasta mediados de siglo, cuando el Tintín de Hergé se convirtió en un éxito universal y propició que la industria belga de la historieta creciera sin parar.

En este museo, el visitante treintañero español no parará de sorprenderse con personajes que tenía olvidados en algún rincón de la memoria. Historias como las del inventor Leonardo, Los Buitragones o Copito (Cubitus) se usaban para el relleno de las revistas Mortadelo o Zipi y Zape de los 80, pero en la cultura franco-belga eran verdaderos iconos que siguen viéndose por las calles. El museo recoge varias páginas originales de estos y muchos otros títulos que sólo se vieron en Bélgica.

¿Qué hay del mundo exterior?

Aunque el trayecto inicial muestra el nacimiento del cómic en distintas partes del mundo, en seguida queda claro que este es un museo sobre el cómic belga fundamentalmente. Así, no esperéis encontrar entre sus muros a Superlópez o el Capitán Trueno, ni tampoco a Spider-man. Sus tres plantas están pensadas para homenajear a clásicos autóctonos como Tintín (sin duda, es la gran estrella del museo) o a Lucky Luke y en ese sentido resulta divertido visitar dioramas que reproducen un saloon del cómic de Morris o un quiosco atestado de revistas de los años 50.

Las obras de otros lugares del mundo tienen una presencia testimonial (algunas estatuas están muy logradas), si bien hay un área del museo dedicada a exposiciones cambiantes, donde sí existe la posibilidad de organizar eventos relacionados con cualquier tebeo o autor. Esta forma de "barrer para casa" del museo no debe espantarnos. Al contrario, sirve para descubrir las raíces de muchas obras que han formado parte de nuestra infancia y que influyeron claramente en la industria española y mundial del cómic.

Terminamos con una reflexión: nos da una envidia tremenda este museo. España es un lugar con una gigantesca tradición comiquera, pero sigue existiendo esa sensación de que es un hobby infantil. El manga y el cómic americano aumentaron un poco la edad media del lector en nuestro país, pero... ¿acaso no basta nuestra cantera para satisfacer a grandes y pequeños? Desde aquí, pido y exijo un museo tan molón como el belga, en el que Superlópez, El Jabato o Los Cuentos de Tío Vázquez se luzcan como lo que son: parte de nuestra cultura.

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