Reportaje

The Walking Dead: Diferencias entre la serie y el cómic

Por Adrián Álvarez
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The Walking Dead empieza hoy su temporada 4, por lo que aprovechamos para repasar los problemas de la serie de televisión respecto al cómic. Aviso de spoilers gordos para la serie de televisión y el cómic hasta el tomo 9.  

Llega la temporada 4 de The Walking Dead, una historia que ha llamado la atención tanto en el mundo del cómic como al convertirse en serie de televisión. Esto nos ha recordado que vivimos tan rodeados de adaptaciones que, cuando se anuncia el paso a la gran o a la pequeña pantalla de un cómic o una novela, los aficionados dejan de festejarlo. El fan medio prefiere sacar la libreta antes que el matasuegras, dispuesto a analizar de forma pormenorizada en qué han osado traicionarle.

Con The Walking Dead no pasó esto, no del todo, al menos. Frank Darabont era el encargado de la adaptación, una especie de mesías. Es el tipo de Cadena Perpetua, ¿qué puede salir mal? Pues todo esto.

1. La serie no es nada sutil.

Puede que el cómic de The Walking Dead empezara de forma un poco atropellada, pero todo su desarrollo argumental se basa en los cambios paulatinos que se ejercen sobre sus personajes. Con cada número del cómic, el grupo de Rick Grimes se enfrenta a decisiones difíciles que, cinco números atrás, no hubieran sabido afrontar. Cada situación se gesta a lo largo de varios números, estalla en el clímax y detona una huída hacia delante. Puede que, 18 tomos después, esta estructura empiece a agotar a algunos lectores, pero funciona. Además, aún hoy, todo el conocimiento que se tiene sobre los zombis está basado en el día a día y en especulaciones.

La serie de televisión no lo ve así, a pesar de estar en un canal, AMC, que en teoría les obliga menos a contentar al público y más a centrarse en la historia. El inicio de la serie de televisión, muy superior al del cómic, nos engañó al hacernos creer que la sutileza se mantendría, pero no fue así. ¿Queríais sutileza? Toma Centro de Control de Enfermedades.

Todo el mundo sabe que, cuando ves una historia de zombis, quieres una explicación pseudocientífica y apresurada de cómo un ser humano se transforma en zombi. Y porque, a pesar de ser un cliché, ¿quién no disfruta viendo como un súper-laboratorio estalla por un sistema de autodestrucción contrario a cualquier protocolo de seguridad?

Pero si la serie entiende por sutileza lo ocurrido en la segunda temporada (que podría editarse con el nombre de The Talking Dead), mejor que se queden con esta extraña mezcla de valles y saltitos que forman su narrativa y que, por lo menos, ha mejorado en la tercera temporada.

2. Flashbacks

Esto merece un apartado especial, dada la naturaleza extraña del cómic The Walking Dead. Si nos atenemos a la colección regular, ésa que Planeta publica cada seis meses, el cómic apenas tiene un par de flashbacks. La razón es sencilla: respondiendo a esa idea de sutileza que he comentado antes, el cómic de Robert Kirkman decide construir los personajes poco a poco, en base a sus acciones y vivencias (no, no hay bocadillos de pensamiento, ni textos de apoyo). La plaga zombi es un punto de partida.

Salvo que te guste combinar el erotismo con los zombis. Si te gustan dos cosas diferentes, ¿por qué no juntarlas? Así apareció el cono de helado de Kit Kat, y así, los lectores de Playboy pudieron leer una breve historia de Michonne durante el principio de la plaga zombi. Una pena que, para ambos casos, el resultado sea algo soso y deje con ganas de más.

Hasta que Glenn Mazzara se puso al cargo de la serie de televisión de The Walking Dead, los espectadores disfrutamos de flashbacks inútiles vibrantes: ¡Shane en el inicio de la plaga zombi haciendo aspavientos! ¡Lori habla de sí misma hasta que se entera del disparo a Rick! ¡Lori y Shane se gustan! En efecto, se trata de un recurso que no tiene lugar en The Walking Dead y que no aporta nada dentro de esta historia, menos aún al usarse de forma tan ramplona. Y lo peor es que Darabont tenía planeado dedicar al menos un episodio de cada temporada a un flashback. Menos mal que Mazzara reconoció su incapacidad para manejarlos y prescindió de ellos, pero… ¿volverán con Scott M. Gimple, nuevo showrunner de la serie?

3. Cambios en los personajes

Los cambios son necesarios en una adaptación: no se puede contar lo mismo en un cómic que en televisión o en cine, dado que son dos medios diferentes. Si encima, tu productor ejecutivo es el mismo creador de la obra, puedes desarrollar a personajes desaprovechados e introducir nuevos que enriquezcan partes de la historia que así lo requieran.

Ahora bien, decir que los personajes de la serie de televisión son como los del cómic, es como decir que un taxidermista es lo mismo que un veterinario porque, después de todo, ambos te devuelven al perro.

En el cómic, tenemos un simpático y variado grupo de supervivientes donde cada muerte se vive como una tragedia, hasta que el temperamento de cada uno se agria y surgen inevitables tensiones. En general hay alguien con quien conectar y cada fan tiene un favorito.

En la serie, me siento como si volviera a la edad del pavo, porque odio a todo el mundo. Me gusta el Gobernador, porque ese tipo quiere acabar con Rick y los suyos, y tengo una cierta simpatía hacia Rick y Daryl (más de esto luego), pero eso es todo. Cualquier cosa que pueda decir sobre Carl Grimes, Lori o Shane ya se ha dicho, de forma bastante menos elegante, en cualquier foro de Internet. En general, son un conjunto de estereotipos mal llevados.

Y es una pena, porque en el cómic, Rick es un personaje fascinante y complejo, que tiene más que ver con Walter White que con el Rick Grimes que vemos en televisión: taimado y hábil estratega, la excusa de un bien mayor le ha llevado a no pocas decisiones controvertidas e incluso peligrosas para su grupo.

4. Le falta crudeza

La serie de televisión de The Walking Dead tiene un grave problema de tono. Estando en una cadena que ha permitido algunos de los argumentos más controvertidos de la tele (Breaking Bad, cuyo final vimos hace menos de un mes), extraña que no se atrevan a llevar un poco más allá la violencia y la ambigüedad moral que los lectores disfrutamos desde hace años.

Los descafeinados ataques de los zombis, las medias tintas con Randall en la segunda temporada, lo ocurrido con Shane o la muerte de Lori demuestran que los guionistas caminan con miedo, como si fueran a romper algo o, mejor dicho, como si no hubieran roto nada aún.

Pero el cómic es mucho más salvaje. Quizás, esto puedan considerarlo un acierto los lectores del cómic más sensibles, que observan como Robert Kirkman y Charlie Adlard llevan al límite la supervivencia de sus protagonistas. Un ejemplo: en la tele, Lori muere por una cesárea mientras da a luz a Judy, y la niña sale viva. Qué mono. En el cómic, Lori muere de un disparo del ejército del Gobernador mientras lleva a Judy en brazos y ahoga al bebé al caerse encima. Y lo que hace Michonne con el Gobernador no se queda atrás.

El acierto: Daryl Dixon.

Que la serie The Walking Dead tiene suficientes aciertos está claro, porque algo que sea mediocre y sin sentido no puede convertirse en un éxito de masas.

Entre estas virtudes tenemos una gran dirección cinematográfica y un buen uso del espacio, y parece que ahora se está encauzando narrativamente, pero lo mejor sin duda es Norman Reedus, que con su papel de Daryl Dixon consigue la unanimidad que sólo Lori consiguió en el sentido contrario.

¿El motivo? Es el personaje que más evoluciona a lo largo de la serie: pasa de ser poco más que un paleto racista a uno de los miembros más importantes del grupo. Es lo único que salva la desastrosa segunda temporada gracias a su búsqueda de Sophia.

Su cambio de personalidad es tan importante que llega a distanciarse de su hermano, el chiflado de Merle. Aporta un toque molón a una serie que en el cómic no tuvo hasta el tercer tomo (con Tyreese y luego Michonne), y como lector de los cómics, es lo único que deseo que se trasvase desde la televisión al cómic. Además, lleva una maldita ballesta.

La serie The Walking Dead estrena su esperadísima cuarta temporada el 13 de octubre, mientras que el cómic está en pie de guerra en su número 115. En España, Planeta de Agostini sacó en septiembre el tomo 18 de la colección. 

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