Análisis

Análisis en Sera de Gears of War 3

Por Óscar Díaz
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Gears of War 3 nos plantea algo diferente a lo que podría ser un gran final para una saga ya mítica. Una historia que intenta superar a lo vivido en anteriores entregas. Una experiencia personal, dedicada a quien haya querido unirse a Marcus Fenix y se haya empapado de su lucha contra los Locust. Una que no merece ser contada, sino vivida.

Empecemos porque la imulsión es el combustible que mueve todo en Sera. Un planeta que ha visto tiempos mejores. Arrasado por los hombres, horadado por kilómetros de túneles que excavan los Locust y con poco que ofrecer a quien busque tranquilidad. Pero, antes de destruir ese hogar que podría ser un paraíso, las armas han sido protagonistas en guerras fratricidas. El poder, como siempre, corrompe todo. Pero Sera no es la Tierra, aunque en los bocetos de Epic Games lo fuera en algún momento. Es un lugar gemelo, como en otra dimensión, donde cualquier cosa es posible si respeta las leyes que rigen el Universo que conocemos.

Con la coalición de gobiernos ordenados fuera de juego, el presidente desaparecido, los cuerpos de élite COG odiados por los civiles, bestias que aparecen en cualquier punto de tierra firme y mucha mala uva, lo menos que podíamos esperar era algo de ilusión o esperanza. Justo, la misma que tiene Dominic de Santiago, por hacer crecer sus hortalizas en un barco que le sirve de refugio. Así están las cosas, nuestro equipo Delta de Gears of War se dedica a buscar alimentos y munición, recuperar tecnología de la basura y sacar adelante a los pocos supervivientes que se han organizado junto a ellos.

Otros efectivos se quedaron atrás, en tierra firme, asediados por Locust infectados por la mutación que les produce la imulsión. Sin embargo, el mar parecía lo más seguro, hasta ahora.

Pero, papá, ¿por qué luchamos?

Las ciudades arrasadas desde el espacio, para acabar con enemigos que surgían de la tierra, han dado lugar a todo tipo de aberraciones. Los civiles supervivientes viven entre los restos, pero tampoco es que en Gears of War 3 nos inviten a preocuparnos por ellos. Algo que se aprecia a primera vista, con un apartado estético bien distinto para los protagonistas y la 'plebe'.

Si nuestros COG y alguna que otra estrella invitada tienen hasta el último detalle en sus armaduras, los mendigos y supervivientes, así como los cadáveres que encontramos, apenas han recibido un poco de cariño. Sin embargo, esto nos permite centrarnos en el gran trabajo de Epic y en el protagonismo del equipo Delta. Junto a unos escenarios que impresionarán a los nuevos, pero salvo a partir del cuarto acto no provocan el asombro de los anteriores Gears of War. En este camino, las 3D estereoscópicas ponen su punto de sal, sobre todo en cierto viaje submarino, como si de una atracción de Disneyword se tratara.

Por lo tanto, en el papel de Marcus o el de otros personajes que controlemos, tendremos objetivos claros desde un principio. Siempre con la supervivencia por delante y quizá demasiadas misiones de 'recaderos' por medio. No todo iba a ser arrasar ciudades enteras y enfrentarse a los enemigos más grandes que se pudieran imaginar.

A lo largo de cinco actos, Gears of War 3 nos lleva a la experiencia para un jugador más larga de la saga. Siete horas en el peor de los casos y unas catorce si nos dedicamos a investigar, pero más aún si queremos sacarle todo el jugo. Un rato de duración más que aceptable para un Gears, que empieza con una gran explosión y luego nos permite relajarnos un poco. No lo entendáis mal, el juego está lleno de acción directa e intensa, salvo en algunas escenas de transición. Pero poco se desgrana de la historia principal hasta que estamos bien pasada la mitad. Así que, lo mejor que podemos hacer es sentarnos y disfrutar de la carnicería, a ser posible, en el nivel de dificultad más alto que tengamos disponible.

Como urracas

Buscar comida se ha convertido en la principal motivación de nuestros COG. El combustible, esa inmulsión que convierte a los Locust en bestias aún más peligrosas, tampoco viene mal. Pero entre tanta basura también encontraremos objetos que coleccionar. Como es ya tradición en la saga, las chapas de los caídos y una amplia colección de objetos más o menos escondidos nos harán investigar hasta el último de los rincones del juego. En este sentido, no sólo nos veremos agraciados con logros, sino que desbloquearán personajes, insignias y diverso material que ayuda a hacer de Gears of War 3 un juego realmente extenso.

En nuestro camino, la fuerza bruta vuelve a ser lo más aconsejable para abrirse paso. Las balas, la motosierra, los golpes… son la solución para casi todo. Es más, se sigue la norma de que, si una patada no puede arreglar un problema, lo mejor es dar otra más fuerte en el mismo punto. Así, nos damos cuenta de la capacidad de Gears of War para mostrar la destrucción.

Edificios que caen, cajas que hacemos añicos, polvo por todas partes, rayos de luz que casi se pueden tocar y un despliegue enorme del potencial gráfico de Xbox 360 están al servicio del juego. Llegados a este punto, está claro que Epic ha conseguido sacar bastante partido al hardware, a pesar de utilizar una tecnología multiplataforma. Sus posibilidades, además, se traducen en un estilo de juego muy personal.

Lo de siempre, pero mejor

Hasta ahora, en Gears of War nos veíamos muy limitados por el diseño de los escenarios y se podían diferenciar perfectamente las dos primeras entregas. En esta tercera, lo que nos encontramos es una mezcla de todo lo ya visto. Los pasillos de Gears of War 2 están muy presentes. Los enfrentamientos orquestados no faltan. Pero también nos las vemos con escenarios abiertos, en los que resulta difícil saber por dónde va a llegar la siguiente oleada. Todo tipo de jugadores van a tener algo a su gusto, con poco tiempo para reaccionar entre uno y otro estilo. Es más, al controlar a alguien más que a Marcus, la sensación de estar ante algo nuevo se potencia, aunque las herramientas sean las mismas.

Según sea el nivel de dificultad que elijamos, algo que podemos cambiar en cualquier momento de la partida, necesitaremos correr, rodar u ocultarnos. Un mismo escenario puede plantearse de maneras bien distintas. Eso sí, cuanto más difícil, más tendremos que evadirnos o aprovechar los parapetos que desaparecen con los disparos que reciben.

Pero en esta mezcla de experiencias anteriores, se puede echar algo en falta. Las primeras horas del juego intentan hacer de tutorial y recordatorio al mismo tiempo. Con un principio que muestra todo el potencial del juego y nos hace esperar algo tremendo, a los pocos minutos nos encontramos con varias horas de la misma medicina. Sin esos momentos especiales que cualquiera espera de un Gears of War. Menos mal que las cosas cambian más adelante, con algo de paciencia, ¡y de qué forma!

En el lado de nuestros compañeros de viaje, la inteligencia artificial es todo un ejemplo para la competencia. Se adapta a los niveles de dificultad, nos ayuda en exceso cuando somos novatos y le agradecemos que nos saque de algún aprieto cuando nos creemos demasiado buenos para Gears of War 3. Esto, sin contar con que los modos de juego, Campaña, Enfrentamiento, Horda y Bestia nos permiten jugar a pantalla partida en la misma consola, además de por Internet.

¿Es el fin para los Gears?

Xbox 360 ha visto nacer una trilogía y, ahora, llega su punto final. Gears of War se despide con una tercera entrega que intenta cerrar la historia de algunos de sus protagonistas. Llena de humor, con frases y momentos para recordar o guiños a otros juegos y películas. Pero, tranquilos, que esto es sólo un punto y aparte, porque aún queda mucho que contar en el mundo de Sera. Quizá Marcus quede aparcado, a la espera de los nuevos contenidos que se vislumbran en el menú principal del juego, dentro del modo historia. Pero está claro que habrá más Gears.

Mientras el primer juego fue la presentación y basaba buena parte de su atractivo en mostrar un estilo a seguir, Gears of War 2 se convirtió en ese paso que otras sagas no consiguen. El sistema de coberturas, la carrera, esquivar a los enemigos que embestían, armas que daban sensación de poder, el sistema de recarga… es todo lo que hemos visto repetido en la última década, con juegos que muchas veces no consiguen siquiera acercarse a la obra original de Epic y Cliff Bleszinski.

En Gears of War 3, algunos buscarán las mismas fórmulas ya conocidas y las encontrarán. Pero, en general, la sensación que ofrece el modo historia es algo ligero. Si en la segunda entrega nos sorprendía la idea del 'más grande todavía' y en el primero lo hacían hasta el más débil de los Locust, en esta ocasión apenas hay momentos así. Esto se intenta suplir con escenas cinemáticas y, eso sí, algún escenario que invita a olvidar que Xbox salió al mercado en 2005.

Por otro lado, es una pena, que para algo tan especial para muchos, tampoco se haya dedicado el esfuerzo necesario para el apartado de las voces. Mientras que ya conocemos a Marcus, nos esperábamos que el nivel del doblaje se mantuviera durante todo el juego, pero no sólo decae en el protagonista, una vez que avanza. La elección de secundarios, una vez más en los productos de Microsoft, vuelve a decepcionar. Algo incomprensible, aunque se compense con un apartado técnico excelente, a pesar de que la banda sonora innova lo justo frente a la magnificencia de las entregas anteriores de Gears of War.

Dejad que la horda se acerque a mi

Con la experiencia del modo horda de Gears of War 2, parecía claro qué nos podríamos encontrar en esta tercera parte. Más y mejor, ¿verdad? Pues... cualquiera que haya hecho predicciones se habrá quedado corto. Y eso que aún queda mucho por ver, ya que se ha vuelto a plantar una semilla que crecerá más allá de lo que disfrutamos estos días en Gears of War 3.

En el modo horda, con sus 50 asaltos, se añaden defensas, señuelos, puestos de defensa y todo un conjunto de elementos que debemos plantar por el escenario, antes de que lleguen los malos. Con un límite que a veces se nos queda corto, sólo cinco participantes, parece que en Epic han jugado mucho estos años. La espera es estresante, gastar los créditos en reparar o comprar elementos nos obliga a pensar. Pero, una vez que llegan los enemigos, cualquier plan puede volverse inútil. Las estrategias pueden cambiar en medio de una oleada y, las defensas que nos han ido bien durante muchos asaltos, puede que sea mejor abandonarlas.

El elemento táctico, como si de un juego de estrategia en tiempo real se tratara, es una de las novedades que vemos en Gears of War 3. Todo un gran añadido que no viene solo, porque, ¿nunca habéis querido ser los malos? Un boomer, un Berserk... ¿no? ¿Nunca? Pues está a nuestra disposición en el modo Bestia. Con tan sólo 12 niveles, parece que esta modalidad está diseñada para crecer con descargas y actualizaciones de contenidos.

En lugar de comprar defensas y armas, como en Horda, en Bestia debemos adquirir el tipo de unidad que usaremos para acabar con los COG. Estos, en cada asalto, crecen en número y ganan héroes como Marcus, Cole, Ania y cualquiera que haya estado al otro lado de la batalla en alguna ocasión. Pero, no sólo es divertido por la idea, sino porque tenemos un plantel de unidades que empiezan desde el bicho más bajo hasta verdaderas bestias andantes. Es de suponer que, en el futuro, Epic nos brindará la oportunidad de controlar algo de mayor tamaño... pero, por el momento, podemos darnos por servidos.

Por último, aparte de modos cooperativos que nos dejan vivir la historia en compañía o sacar puntos de nuestras andanzas, también están los típicos enfrentamientos para hasta 10 participantes. Aquí, por suerte, también hay una gran novedad. Una que no vemos en los menús, aunque la notamos en medio de las partidas. Se trata de los servidores dedicados que han llegado con Gears of War 3. Con ellos, parece olvidada la ventaja de la segunda parte, en la que quien organizaba la partida tenía ventaja, sobre todo con la sierra. La paridad, que cuando el organizador deje la partida otro la retome sin apenas espera y que todo va realmente fluido, son ese tipo de mejoras que cualquier aficionado a Gears of War esperaba desde hace años. Por fin han llegado, aunque las hubiéramos pedido hace demasiado.

Valoración

La experiencia que ofrece Gears of War 3 es digna de una gran producción de Hollywood. Con momentos para recordar, aunque intentando contentar a 'todos los públicos'. Algo que consigue, sobre todo, con sus opciones multijugador.

Hobby

96

Obra maestra

Lo mejor

Algunos momentos nos han hecho sentir algo especial. A nivel técnico es una delicia.

Lo peor

Pequeñas pausas al guardar la partida y un modo historia que merecía algo más, sin DLC por medio.

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