Análisis

Análisis 'in Black' de Bodycount

Por José Carlos Castillo
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Todo amante del género shooter recordará Black, uno de los máximos exponentes en la anterior generación. Bodycount ha sido hartamente esperado desde su anuncio, a causa de su conexión para con este título que nació de las ganas de demostrar que Criterion sabía hacer algo más que Burnouts. No en vano, estos títulos comparten creadores, lo que pronto nos hizo albergar esperanzas hacia el juego que ahora publica Codemasters.

Conforme salían a relucir nuevos materiales, más continuadas fueron las comparaciones con títulos como Brink o Bulletstorm. Andy Wilson, director del proyecto, salía entonces a la palestra para acallar cualquier crítica a la supesta carente originalidad: "Queremos encontrar nuestro propio espacio. Visualmente Bodycount es muy diferente, lo mismo puede decirse de la jugabilidad. Ahora mismo no encuentro nada comparable entre esos títulos y el nuestro. Queremos que la gente juegue a Bodycount y diga: sí, no hay nada parecido a esto”.

Estamos en condiciones de dictaminar que tenía razón… aunque sólo en parte. Y es que Bodycount apuesta por un tono mucho más serio que el propuesto por el título de Epic Games, aunque en el fondo la base sea exactamente la misma: disparar a todo lo que se mueva con la máxima precisión, buscando multiplicar nuestro combo de muertes y ejecutándolas con estilo.

Shooter puro

Lo que pretende, Bodycount lo consigue con creces, de una forma que demuestra lo bien que se le da esto a sus responsables. Se respira la esencia de Black y eso implica entornos altamente destructibles, lluvia de disparos por múltiples flancos y la necesidad de avanzar mientras estudiamos nuestro próximo movimiento. Por supuesto, no hablamos de un shooter con niveles de exigencia tácticos, pero sí que resulta imprescindible moverse con maestría por los amplios escenarios, si es que queremos tener alguna posibilidad.

 

El gran problema del título, no obstante, es su carencia de alma. Le falta personalidad, algo que denota un pobre estilo narrativo. Aunque claro, para hablar de esto, primero tendríamos que reconocer como trama lo que no dejan de ser más de cuatro o cinco líneas de guión.

 


 

Cuando un juego emplea pantallas de carga para meternos en situación, es que tiene poco o nada que contarnos. En este caso asumimos el control de un agente contratado por The Network, corporación mercenaria que nos destinará a diferentes localizaciones tercermundistas, en pos de restaurar el orden en la medida de lo posible. El Primer Mundo crea el problema y la solución pasa por usar la fuerza, vamos.

 

No esperéis mucho más tras esta explicación, pues Bodycount es un título que argumentalmente sabe a excusa, sin que pretenda en ningún momento disimularlo. No hay forma de que podamos empatizar con el protagonista o su causa y eso es algo que acaba pasando factura.

 

Al final, nuestras partidas se convierten en una sucesión de fases que atravesar con mayor o menor maestría, donde la motivación es cuestión exclusiva de los verdaderos amantes del género.

 


 

Serán ellos quienes aprecien su purismo, aunque no pasen por alto las críticas a su inteligencia artificial. Los enemigos suelen exponerse más de lo convenido, dispuestos para que nos luzcamos con muertes múltiples por explosiones de barriles o fulminantes impactos a la cabeza, algo que compensa el gran número de estos que suele asaltarnos por vez. Pero la diversión se queda atrás cuando queremos subir nuestro contador, ya que disparar y sentir las armas suele romper nuestro conteo de puntos. Es decir, nos centramos en el contador o intentamos divertirnos sin que ambas opciones resulten compatibles del todo.

Corrección falta de inspiración

El diseño de escenarios, por su parte, resulta muy meritorio, aunque poco practicable en ocasiones. La amplitud, muchos recovecos y una completa libertad de exploración se agradecen, pese a ciertas situaciones en que sus angulosas formas nos dejan vendidos ante el fuego contrario. Nuevamente, los más hardcore del lugar sabrán encontrar aquí una virtud, pues se exige la exploración exhaustiva del entorno si queremos sacar provecho a las refriegas.

 


 

Los puntos de habilidad resultan claves también en el desarrollo, siendo quizás el único aspecto mínimamente propio que encontremos en la fórmula. Si abatimos a un enemigo de forma concreta, desprenderá varios multiplicadores y puntos de mejora, con los que afinar criterios como la velocidad de las armas o su potencia. Respecto a estas, criticamos además el escaso número, unas diez, de las que sólo una cuantas nos resultarán eficaces.

 

A nivel gráfico, Bodycount intenta distanciarse de los tópicos visuales de esta generación. Colores brillantes de tonos lavados consiguen insuflarle un aire peculiar, aunque llegue tras la estela de Brink y Bullestorm, que vuelven a restar la originalidad que se le suponía al título que nos ocupa. No se aprecian, eso sí, defectos remarcables, aunque no falten ralentizaciones y retardo en la carga de texturas (muy puntuales, eso sí).

 


 

El nivel sonoro adolece del mismo problema que el conjunto: le falta identidad. Los efectos resultan contundentes, pero cansan al poco, aparte de que a menudo parecen desvincularse completamente del contexto en que nos encontramos (se siguen escuchando tiroteos aún cuando hemos vaciado por completo el escenario). El doblaje al castellano, por su lado, resulta correcto, en línea con otros aspectos del juego.

 

Entrando por último en materia multijugador, Bodycount parece tan limitado como en su corta campaña (apenas seis horas). Sólo cuenta con cuatro mapas para las modalidades cooperativa y competitiva, donde hasta 12 jugadores pueden enfrentarse en Deathmatch normal o por equipos.

 

A fin de cuentas, hemos de ser justos y calificar en la franja de los 60 a un shooter que busca ser perfecto en sus formas, pero frío y poco inspirado en su ejecución. Sólo los amantes del mata-mata más exigente, exento de cualquier artificio argumental, disfrutarán realmente la experiencia. Para el resto, mejor buscar en otro sitio el alma que a este desarrollo le falta.

Valoración

Bodycount es un shooter directo, sin artificios. Llamativo en combate, pero poco inspirado en el resto de sus apartados. Sólo recomendado para los amantes del género que sólo buscan acción.

Hobby

71

Bueno

Lo mejor

La 'destructibilidad' de los escenarios, lo espectacular de las refriegas.

Lo peor

Excesivamente genérico en sus formas. Se echa en falta un mínimo de narrativa.

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