Análisis

Análisis 'alan' American Nightmare

Por Óscar Díaz
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Alan Wake American's Nightmare es la pesadilla que esperábamos, en un escenario diferente y con una forma de contar las cosas que nos recuerda demasiado a las películas de serie B... lo cual no tiene por qué ser malo.

Por unas horas, nos metemos en el televisor. Durante uno de los episodios de Night Springs, que dan pie a Alan Wake's American Nightmare. Así, Remedy nos devuelve a su mundo siniestro, oscuro y lleno de dobles sentidos. Precisamente, este juego tenía todas las papeletas para ser una segunda parte. Sin embargo, desde el primer instante nos damos cuenta de lo que se trata. Es un episodio paralelo. Comparte protagonista, mecánica y hasta personajes con el título original. Pero se apunta a la moda de los 'spin off', muy a pesar de los fans que querían ver continuada la historia principal, después de recibir el final del título a modo de entregas de pago, mediante DLC.


La justificación para esta pesadilla en América es algo que se veía venir. Los televisores que encontrábamos en Alan Wake ofrecían un viaje a lo inexplicable. Un homenaje a las series de misterio, sobre lo desconocido. Toda una fuente de inspiración que pedía a gritos algo de protagonismo. Y aquí está el fruto, con juego propio. Una idea que resulta brillante y parece haber servido para que los guionistas dejen volar su imaginación, sin una coletilla de segunda parte que les frenara.

Controlamos el horizontal y el vertical...

Tenemos una mecánica de juego que está muy depurada. La luz nos ayuda a plantar cara a los poseídos. Las armas de fuego terminan con cualquier enemigo. Encontramos objetos que también reaccionan con nuestros focos y, por supuesto, las zonas iluminadas son seguras. Así, nos topamos con un nuevo escenario que se aleja de los bosques y lagos del juego que da medio nombre a este 'episodio'. Arizona, el desierto y las mismas zonas a las que volvemos varias veces son el entorno que debemos explorar ahora.


American Nightmare es menos pretencioso que Alan Wake. Un título que ofrecía un paraje enorme, lleno de vida y posibilidades, pero que apenas llegabamos a explorar. Ahora vemos un trabajo mejor aprovechado. Que no deja la sensación de haber desperdiciado recursos en crear decenas de kilómetros cuadrados que apenas vemos unos minutos. Incluso la historia nos proporciona una justificación, que necesita el juego para devolvernos, varias veces, a los mismos lugares. Pero, precisamente, la forma de contar las cosas contrasta con lo que conocíamos de esta 'posible' saga.


Alan Wake nos llevaba de la mano con presentaciones impresionantes, una narrativa visual de primera, voces que nos engatusaban y una producción que podía justificar sus muchos años de desarrollo. La tecnología empleada era espectacular en 2006 y aguantó bien el tipo cuando llegó a las tiendas en 2010. Pero esta vez nos topamos con un trabajo de ocho meses, según Remedy, donde se nota dónde se ha invertido el tiempo. Actores reales sustituyen a los generados por ordenador y voces en inglés nos leen manuscritos que contienen lo más interesante de la historia. Quizá sea algo necesario para un juego exclusivamente online. Pero, precisamente por su naturaleza, lo que pide a gritos son varias entregas en lugar de una de cinco horas y un modo extra.

Sabor a Remedy, que nos deja a la espera de más

De las cosas que se mantienen, el motor de juego rinde mejor que nunca. Oscuridad y luz contrastan de maravilla y, por mucha pirotecnia que veamos en pantalla, todo fluye con solvencia. Los lugares conocidos, personajes y mecánicas de juego están a un nivel superior al ya vivido. En línea con las mejoras que ha visto la versión para PC de Alan Wake. Aunque se notan texturas mucho menos detalladas que en el juego que ha recibido Steam hace poco.

American Nighmare es más ligero en todos los sentidos. Pero tiene muchos recursos para que el jugador elija cómo aprovecharlos. Mientras que la munición y las bengalas parecen abundar, merece la pena que nos pongamos retos personales para sacar partido a la experiencia. La intención de Remedy parece ir de la mano de los estudios de mercado. Los mismos que muestran el número de jugadores que se terminaron Alan Wake en Xbox 360. Pocos, según parece, porque las facilidades para llegar al final de esta nueva aventura pueden parecer excesivas, por momentos. Así, nos queda el recurso de intentar no recargar o sacar adelante el puñado de logros que ofrece.


Para completar la experiencia y que deje más sabor a juego completo, también se incluye un modo arcade. Al estilo de los populares horda, consiste en aguantar una oleada tras otra. Los enemigos son cada vez más fuertes y los puntos vuelan cada vez que abatimos uno. Además, hacerlo con estilo tiene premio, con multiplicadores que nos ayudarán a tener mejores puntuaciones de las que presumir. Por cierto, las mejores armas las tendremos que desbloquear en el modo historia, así que tenemos otro motivo para acabárnoslo con todos los documentos recogidos.

El sabor que deja este experimento largo, que se une a los contenidos descargables que ya vio Xbox 360 y que se incluyen en el juego de PC, es demasiado ligero. Si la idea era explotar un mecanismo de juego que tengamos que desgranar historias a base de textos que recogemos por ahí, el futuro de Alan Wake puede parecer más oscuro que algunos de sus escenarios. Pero American Nightmare no nos cuenta nada que amplíe lo que vivimos en el juego anterior. Ni siquera sale en formato físico... con lo que quizá, Remedy, haya jugado muy bien sus cartas con este episodio. Uno paralelo, totalmente, que coincide en esa idea tan de Stephen King, de poner al escritor como protagonista de su propia obra.

Valoración

La acción se apodera de Alan Wake, con cinco horas más de historia y una forma diferente de contarla. La pluma gana a los vídeos espectaculares y el plomo se alía, otra vez, con la luz. Una experiencia muy recomendable, pero hecha con prisas.

Hobby

82

Muy bueno

Lo mejor

Más acción con el estilo de Remedy, junto a una historia que amplía sus pesadillas.

Lo peor

Tiene potencial para ser una segunda parte, pero se queda algo descafeinado.

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