Análisis

Análisis con un par de terrones de Sugar Kid

Por Carlos Hergueta
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¿Cuántas criaturas se deshacen cuando les cae encima un poco de líquido? Seguramente solo la bruja de El mago de Oz y el nuevo héroe nacido en España: el terrón de azucar Sugar Kid. Calentad los dedos, porque solo ellos pueden salvarle. 

Hace unos años era casi imposible ver videojuegos firmados por compañías españolas. Sin embargo, las tiendas digitales han permitido a estudios pequeños aunque con solera salir adelante y seguir sacando juegos a pesar de los tiempos difíciles, como es el caso de Péndulo Studios, que adaptaron a iOS Yesterday y ya trabajan en su nuevo juego. Pero también vemos cómo nuevos estudios pueden poner en práctica todos sus conocimientos y talento al servicio de juegos que de otra forma no habrían sido posibles.

 

Es el caso de los catalanes A Crowd of Monsters, que han lanzado para las plataformas de Apple un interesante título, que emplea recursos habituales de los juego móviles con un resultado francamente bueno. En él asumimos el papel de Sugar Kid, que ha sido encerrado en una caja por el malvado Mr. Lemon, con el objetivo de acabar con su vida a base de líquidos que deshagan su edulcorado cuerpo. Para la promoción del videojuego, el estudio ya demostró que buen humor y "frikismo" les sobraba. Como muestra, un botón; mirad el cartel que publicaron...

 

 

Sugar Kid parte de una idea similar al popular Where is my water? de Disney: orientar la caída de líquidos en breves niveles de una sola pantalla, que hay que superar con la posibilidad de conseguir tres estrellas para conseguir el 100% del nivel. En este caso, en lugar de dibujar caminos en la tierra, debemos trazar líneas en el escenario que alteran la caída de fluidos de cuatro colores diferentes, que a la larga tienen efectos distintos sobre los elementos en pantalla.

EL AGUA, TU MORTAL ENEMIGA

En lugar de llevar los líquidos a un punto concreto estático, en Sugar Kid normalmente debemos evitar que los fluidos caigan sobre el personaje, que se mueve de lado a lado (si le tocamos, podemos pararle temporalmente). En otras ocasiones debemos hacer que el líquido caiga sobre lugares concretos del suelo, para conseguir rellenar un medidor y superar el nivel, o sobre Sugar Kid, el prota, para rellenar una burbuja en la que está encerrado. Además de la estrella que obtenemos por finalizar, también hay dos estrellas dentro de burbujas por el escenario, que debemos rellenar mientras no perdemos de vista lo que ocurre con el personaje.

 

 

Este mecanismo tiene como resultado un desarrollo de juego menos sesudo, pero más dinámico, que el de Where is my water? De esta forma, estamos ante un arcade en el que priman nuestros reflejos sobre nuestro ingenio. Los cambios en el desarrollo se combinan con ítems que nos otorgan habilidades (un paraguas que nos protege, un reloj que ralentiza el tiempo, etc.), objetos que alteran la trayectoria del líquido y diferentes tipos de fluidos que debemos llevar a unos lugares o a otros (por ejemplo, hay burbujas que solo se rellenan con agua, pero no con zumo de limón).

 

Ademas, hay pequeñas variables que van cambiando las reglas del juego, como una enfermedad que limita la movilidad de Sugar Kid, paredes que se estrechan o la prohibición de usar objetos especiales.

 

 

En el aspecto visual, Sugar Kid es más sencillo que otros títulos de su categoría, como el propio Where is my water? u otros juegos destacados en 2D de la App Store, como Cut the rope. Por ejemplo, los fluidos no están demasiado bien recreados y en lugar de comportarse como un cuerpo líquido que se divide y une, consiste en una serie de puntos independientes. Sin embargo, es muy colorista y los elementos que componen el escenario tienen un simpático aspecto de tela y cartón. El humor está garantizado; por ejemplo, Mr Lemon tiene una cara que recuerda a las Rage faces como las que estamos acostumbrados a ver en los memes que rondan por Internet y Sugar Kid recuerda a una versión edulcorada de Meat Boy.

 

 

Por otro lado, nos gustaría destacar un detalle que nos ha gustado y es que podemos activar un modo gore que le añade carisma al acabado visual. Si está activado, presenciamos cómo el pobre protagonista va siendo herido poco a poco, pierde partes de su cuerpo y lo pone todo perdido de sangre.

 

 

Por último, queremos mencionar que en Sugar Kid contamos con una tienda en la que podemos comprar una serie de extras, con las estrellas que vamos consiguiendo en el juego o con pequeñas transacciones de dinero. Entre otras cosas se encuentran ayudas para superar niveles, pero también geniales paquetes de trajes para disfrazar a Sugar Kid. Podemos elegir entre el pack gótico (con personajes como El cuervo o Jack Sckellington), el otaku (Goku, Ash de Pokémon, etc) y el de películas (como Gizmo de Los Gremlins o Terminator, entre otros).

 

 

En total, hay 90 fases. Sin embargo, tan solo hay 45 niveles originales y los otros 45 son una versión más complicada -a base de más y más elementos que alteran y complican el desarrollo-. Sugar Kid no es especialmente largo, pero sí anda en la línea de la mayoría de títulos de este tipo para móviles. Además, hay un nuevo mundo en camino (es decir, otros 15 niveles) que ya se anuncia dentro del propio juego e, imaginamos, será gratuito cuando esté disponible.

 

Gracias a la atención de A Crowd of Monsters por los detalles y a los cambios constantes en el desarrollo, que a priori parece algo repetitivo y demasiado sencillo, Sugar Kid es un juego que deja un gran sabor de boca y que garantiza un buen rato de cortas y divertidas partidas rápidas, perfectas para un dispositivo móvil.

 

El juego de la desarrolladora A Crowd of Monsters, editado por Bulkypix, Sugar Kid está disponible en la App Store de Apple para iPhone, iPad e iPod touch desde este jueves por 0,79 euros.

Valoración

Un arcade muy bien pensado para nuestros dedos, con un desarrollo bastante entretenido, repleto de giros y detalles.

Hobby

80

Muy bueno

Lo mejor

Los cambios de desarrollo en cada nivel, que impiden que nos acostumbremos.

Lo peor

Algo corto. Los gráficos, aunque simpáticos, no están a la altura de los mejores.

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