Análisis

Análisis de Crimson Shroud para 3DS

Por Víctor Navarro
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Boli, papel, un tablero, figurillas, un 'máster', algún libro y dados de muchas caras. El creador de Tactics Ogre, Final Fantasy Tactics y Vargrant Story intenta retratar estas herramientas en un juego para la eShop de 3DS: Crimson Shroud.

El rol japonés es generalmente mucho más estricto que el occidental. Incluso aquellos que tienen un mundo relativamente abierto (los Pokémon y muchos Final Fantasy, por citar ejemplos conocidos) llevan al jugador de la mano por una historia rígida, le obligan a comerse todo lo que se sirve en el plato y ponen mucho peso en el combate. Puesto por escrito suena feo, pero es una fórmula que funciona y que a muchos nos encanta.

El rol occidental, con sagas como Baldur’s Gate, es mucho más flexible, le da al jugador más capacidad para tomar decisiones y da más protagonismo a la conversación. El origen de estas diferencias regionales es que los RPG desarrollados fuera de Japón se parecen más a lo que nosotros entendemos como ‘rol de mesa’, rol de toda la vida, de papel, boli y dados de veinte caras.

En Crimson Shroud, el estudio nipón Level 5 intenta hacerle una reverencia a ese rol de tablero. O dicho de otra forma: Yasumi Matsuno, el autor de rolazos como Ogre Battle o Vargrant Story, hace su interpretación libre de Dragones y Mazmorras. 

El resultado es extraño. Matsuno ha mantenido el apretado corsé del JRPG en la historia y los personajes, la toma de decisiones está muy limitada, hay muchísimo texto y el sistema de combate por turnos sigue el molde de los JRPG.

Esos combates son lo mejor del juego, con diferencia. Es un sistema más flexible, complejo, con muchas cifras, dos acciones por turno, tiradas de dados esporádicas y combos. En Crimson Shroud los combos son cadenas de habilidades y magias elementales (tierra, agua, rayo, fuego…) que, cuando se rompen, añaden dados a tu reserva. Esos dados pueden lanzarse para mejorar el daño, las posibilidades de acierto o la efectividad de un hechizo en cualquier momento durante el combate. También pueden lanzarse para aumentar el número de objetos que recogemos del botín. Los tres protagonistas (guerrero, arquero y bruja) no suben de nivel, pero obtienen habilidades nuevas al final de los combates y modifican sus estadísticas con los objetos que recogen. En resumen: una gozada de peleas, pero esencialmente japonesas.

Dados y figurillas

Entonces, ¿dónde está el homenaje al rol de tablero? Fundamentalmente en la estética y en la narrativa. Los personajes aparecen como figurillas, peana incluída y los desplazamientos se hacen tocando sobre el mapa el lugar al que queremos ir. Nunca movemos directamente a los personajes: vemos el lugar donde estaban colocadas las piezas y el lugar donde las hemos colocado. El texto que aparece constantemente en la pantalla simula la voz del ‘máster’ que dirige la historia, describe los escenarios y define las situaciones.

Y, por supuesto, están los dados. Auténticas tiradas de dados de veinte, ocho, seis o cuatro caras, como en los juegos de mesa. Las tiradas sirven para comprobar si una emboscada va bien o para medir el poder de un conjuro. Esta parte aleatoria siempre ha existido en los videojuegos de rol, pero Matsuno ha querido reflejarlas en Crimson Shroud con polígonos de colorines y números.

No vemos nada de lo que sucede en Crimson Shroud. No hay animaciones, no hay explosiones, no hay sonidos, no hay cine. Solo leemos, escuchamos e imaginamos.

Como juego, Crimson Shroud está lejos del rol de lápiz y boli. Echa en falta la flexibilidad, la riqueza y el ritmo de juegos como Baldur’s Gate, Fallout o el reciente Legends of Grimrock.  Y aun así, Matsuno ha conseguido un bello retrato de la experiencia física de jugar al rol como se ha hecho toda la vida: con un puñado de dados.

Valoración

La tercera experiencia del paquete Guild01 no decepciona: otro experimento de autor y hecho con mimo.

Hobby

70

Bueno

Lo mejor

El complejo sistema de combate y la sensación de estar jugando sobre un tablero.

Lo peor

El juego tiene toneladas de texto y eso lo hace lento. No es grave, pero hay que estar preparado.

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