Análisis

Análisis de Dark Souls II en PS3 y Xbox 360

Por Borja Abadie
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Versión comentada: PS3

FromSoftware lo ha vuelto a conseguir. Después de querer tirar el mando al suelo decenas de veces jugando a Dark Souls II, al final me toca pedirle perdón a mi probre pad y rezar para que siga funcionando cien horas más. Bienvenido a Drangleic, tierra de misterio, maldición, muerte y, sobre todo, mucha diversión.

ACTUALIZADO: Ya ha llegado a su fin The Lost Crowns, la trilogía de contenidos descargables de lo último de From Software que ha estado dejándose querer una vez al mes durante los últimos tres meses. Por eso, actualizamos este análisis de Dark Souls 2 con los respectivos análisis de los DLC para que no los paséis por alto:

ORIGINAL (3/11/2014): La muerte es, quizás, la mecánica más básica y repetida a lo largo de la historia del videojuego, y Dark Souls II no es precisamente una excepción. Ya sea una rana que va a cruzar una carretera en Frog, un fontanero saltando abismos o un marine espacial esquivando las bolas de fuego que le lanzan unos malditos demonios en Doom. Da igual, lo importante es no diñarla. Puede que sea una premisa demasiado primaria, pero es una de las que más nos ha hecho disfrutar todos estos años. Y eso, en FromSoftware, lo tienen muy claro.

Mientras, la mayor parte de la industria se dedica a “casualizar” los juegos y evitar lo máximo posible la temida pantalla de game over. Así, sus usuarios no se "frustran" y no abandonan su juego. O eso creen ellos, porque Dark Souls II vuelve a demostrar que una dificultad endiablada puede ir perfectamente de la mano con miles de usuarios felices por fallecer una y otra vez.

El tema de la dificultad ha sido uno de los más polémicos durante el desarrollo de esta segunda entrega: que si va a ser más fácil, que si no pueden traicionar a sus seguidores... La verdad es que, viendo lo "cabezotas" que han sido en FromSoftware desde que hace 20 años lanzaron King´s Field (el verdadero origen de la saga Souls) no tuve ninguna duda en que seguirían erre que erre con su particular estilo. Y así ha sido, porque Dark Souls II sigue teniendo una dificultad infernal y una jugabilidad casi celestial.

Soy el novio, el cuñado y hasta el primo de la muerte

Lo que sí es verdad es que el juego es más accesible. La interfaz ha sufrido cambios, como dejarnos ver al personaje mientras consultamos el inventario, por ejemplo. En general, los menús son más claros y  las explicaciones en las descripciones de cada ítem son algo más explícitas. Pero no nos engañemos, la jugabilidad en sí sigue siendo tan endiabladamente difícil y críptica como en anteriores entregas, por lo que las horas de experiencia son las únicas que nos pueden salvar de una muerte segura.

Eso sí, FromSoftware ha querido reequilibrar la dificultad, por lo que nos encontramos con ciertos momentos en los que ha aumentado y otros en los que ha disminuido. Hay detalles que la aumentan, como el que el máximo de nuestra barra de energía disminuya con cada muerte o que consigamos los frascos de estus (las pociones que recuperan nuestra energía) con más esfuerzo que en el original.

También hay otros que lo hacen más asequible, como zonas con enemigos facilones donde reunir almas o el que desaparezcan enemigos de una zona si estamos muriendo allí una y otra vez. En realidad, este último ejemplo es un arma de doble filo ya que, cuando consigamos subir de nivel para enfrentarnos a esas zonas en las que hemos muerto constantemente, no habrá tantos enemigos, lo que nos impide “grindear” al personaje.

La verdad es que para los que hayan jugado como locos al primero, la dificultad es más asequible, porque hay muchos movimientos calcados al original, el tempo de los golpes es el mismo, etc... Lo normal cuando una continuación se parece tanto al original. Y es que, gracias a Dios, las más de 100 horas que le eché al original no han sido en balde.

Un pequeño paso para el hombre, un gran salto para el hueco

Las novedades no son muy numerosas en esta entrega, aunque mejoran muchos de los pequeños problemas del original. El control es casi idéntico al de Dark Souls, aunque el nuevo salto es mucho más fiable y acaba con las únicas muertes sin sentido que tenía su predecesor. En lugar de saltar presionando el mismo botón de correr, tenemos el círculo para correr y el L3 para saltar (la B y el LS respectivamente en Xbox 360), lo que evita confusiones. Los más locos, digo insensatos, digo puristas, igual prefieren dejarlo como estaba en la primera entrega, cosa que pueden hacer desde el menú.

El diseño de los escenarios sigue siendo tan laberíntico como siempre, pero al menos contamos con la posibilidad de viajar de una hoguera a otra en todo momento, para evitar las largas caminatas y la repetición de combates innecesarios de Dark Souls. La quema de objetos en las hogueras también nos ofrece nuevas posibilidades, como aumentar la dificultad de los enemigos (más aún) o evitar que nos invadan tanto.

Y es que, la mejora del multijugador es otro de los puntos fuertes de esta entrega. Ya no es necesario estar en forma humana para ser invadidos o jugar en modo cooperativo, por lo que los encuentros son más frecuentes que en el original, añadiendo (más si cabe) causas de muerte para nuestro personaje. Eso sí, la libertad para elegir cómo queremos jugar es mayor ya que también podemos quemar una efigie humana (la misma que ahora nos convierte en humanos) para disminuir la frecuencia de los encuentros. 

Además, los jugadores que se dedican a invadir constamente a otros usuarios sufrirán el castigo de los desarrolladores (en forma de personaje casi inmortal, como paaba en el origina) y pondrán en riesgo su barra de energía, que puede verse reducida hasta el 10% de su total si se pasan de invasores.

Los nuevos servidores dedicados ofrecen una mayor estabilidad que las conexiones entre usuarios del original, aunque también nos hemos encontrado con algunas desconexiones que esperamos que se solucionen de cara al lanzamiento de Dark Souls II.

Alcanzando el podio del rol

La mala noticia es que el nivel gráfico deja mucho que desear, pese a lo que digan sus desarrolladores. Ha mejorado la iluminación y hay menos difuminado alrededor de los personajes, pero sigue estando a un nivel muy ramplón, cosa que, por otra parte, no nos importa lo más mínimo tratándose de una joya jugable como ésta.

El sistema de combate sigue siendo de lo más robusto que podemos encontrar en el género. El tempo de nuestros golpes, el estudio de las rutinas de ataque enemigas o lo "perros" que estemos dispuestos a ser para sobrevivir siguen enanchando como pocos títulos lo hacen. Estaréis cansados de oirlo, pero no puedo evitar repetir que Dark Souls II no engaña a nadie. Cuando mueres, ha sido culpa tuya y eso es lo que consigue que queramos volver a intentarlo una y otra vez pese a la dificultad, porque sabemos que lo podemos hacer mejor.

La importancia de los atributos de nuestro personaje, del equipo que llevamos y de cómo lo usemos resulta vital para sobrevivir, un elemento que debería ser básico para cualquier juego de rol pero que la mayoría de desarrolladores han ido abandonando con el paso de los años. Saber que nos espera una recompensa que sí que supondrá un cambio sustancial en el poder de nuestro héroe es otro de los motivos por los que consigue picarnos.

La exploración sigue siendo otro de sus puntos fuertes. Aunque nos hemos encontrado con menos recovecos y trampas en el escenario, el diseño de los escenarios sigue siendo muy satisfactorio. Como en toda la aventura, el juego te explica lo menos posible. Pasa con el argumento, aunque lo que verdaderamente importa es lo jugable. Por ejemplo, puedes encontrarte con una puerta cerrada y darte media vuelta para encontrar otro camino, o puedes intentar romperla a espadazos y descubrir toda una nueva zona tras la puerta. Depende de tí, porque el juego no te va a decir: "la puerta está cerrada, ¿por qué no pruebas a darle un mamporrazo?" Y eso vale su peso en oro, porque la satisfacción al descubrir este tipo de cosas es nuestra, no del tutorial o la pista de turno.

El grado de inmersión en su decadente universo, la exploración de un mundo abierto, su elevada dificultad que siempre nos pica para probar suerte una vez más y la increíble adicción que provoca sólo para saber qué habrá detrás de la siguiente niebla basta para coronarlo como uno de los grandes juegos de rol de la actual generación.

Si hubieran incluido más novedades (se parece demasiado al original) y si hubieran dado un verdadero salto gráfico estaríamos hablando del único juego de rol capaz de mirarle a la cara y de tú a tú al todopoderoso Skyrim. Un juego absolutamente indispensable. En cuanto a la versión de PC, que saldrá el 25 de abril, aún no sabemos gran cosa, ya que no hemos podido probarla. Antes de marcharme a pasar la tarde en el Dark Souls Café, os aviso de que, tan pronto como me sea posible terminarlo, publicaremos un vídeo bastante simpático con nuestra experiencia de juego en Dark Souls II. No, no es un gameplay al uso, será otra cosa.

Valoración

Una experiencia absolutamente única para los no iniciados en el universo "Souls". La ausencia de grandes novedades y un apartado gráfico a la altura lo alejan (solo un poco) de convertirse en una verdadera obra maestra.

Hobby

92

Excelente

Lo mejor

Casi todo: combates, ambientación, dificultad, exploración, mejora de personaje..

Lo peor

Se parece demasiado al Dark Souls original. Gráficamente es muy mejorable.

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