Análisis

Análisis de Kid Icarus Uprising

Por Rafael Aznar
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Kid Icarus, un clásico de Nintendo, por fin llega a 3DS. ¿Quieres saber qué tal le ha sentado el paso del tiempo al ángel Pit? ¡No te pierdas nuestro análisis!

Muchos años después del debut de la saga en NES, Masahiro Sakurai, responsable de juegos como Smash Bros y Kirby, ha recuperado a Pit para la causa consolera, y lo ha hecho por todo lo alto. La mitología cuenta que hubo un mortal, Ícaro, que osó intentar alcanzar el sol con las alas que su padre le había fabricado. Sin embargo, la cera que unía las plumas se le derritió en el intento y dio con sus huesos en el abismo marino. Pit, el protagonista de Kid Icarus Uprising, también tiene apéndices voladores, pero su cabeza está mejor amueblada. Como buen ángel que es, sólo usa las alas para servir a su diosa, Palutena, en su misión de acabar con las fuerzas del Inframundo comandadas por Medusa.

Acción por tierra y aire

La acción es una constante en el juego. No esperéis una aventura “todoterreno” tipo Zelda, porque no lo es. La adaptación de la saga a los tiempos contemporáneos y los entornos tridimensionales ha apostado por el derrotero de los disparos a gogó, con niveles que combinan partes aéreas (al estilo de Space Harrier) y terrestres (con un tono más tendente al beat ’em up).

 

Lo mejor es que las armas son muy variadas. Hay nueve tipos y, a su vez, multitud dentro de cada clase, en función de parámetros como la defensa, la capacidad de envenenar o la cadencia de tiro. Teniendo en cuenta que no se puede cambiar de herramienta en plena partida, la elección condiciona enormemente la jugabilidad, ya que el equilibrio entre disparos y golpes cuerpo a cuerpo varía entre unas y otras. Así, para disparar desde la lejanía, son ideales los arcos, los orbitales, los báculos e incluso las espadas. Por el contrario, para zurrar desde cerca, lo mejor son las garras, los brazales o las pesadísimas mazas, que ralentizan a Pit y que suplen su nulidad como armas de fuego permitiendo “batear” los proyectiles enemigos. Muchas armas se recogen durante los niveles, pero también hay una tienda donde podemos comprar o fusionar las que ya tenemos.

 

El desarrollo de los niveles de Kid Icarus Uprising se hace muy ameno, y siempre tienen con un jefe final como guinda. La mayoría son seres mitológicos como el cancerbero, la hidra, el kraken, Tánatos… Muchos nos pondrán las cosas difíciles, pues beben los vientos por hacerse un buen bocata de plumas (las del angelical protagonista, como podréis imaginar). La historia rezuma humor y guiños, con hilarantes diálogos entre Pit, Palutena y algunos enemigos, y nos depara varias sorpresas a lo largo del desarrollo.

 

El control es sencillo: con el botón deslizante se mueve a Pit; con el botón L se dispara; y con la pantalla táctil se rota la cámara y se fija el punto de mira. Puede parecer engorroso, ya que sólo se puede sujetar la consola con una mano, pero, por suerte, el juego se vende junto con un soporte para apoyarla. Igualmente, los zurdos pueden servirse del nuevo botón deslizante pro, que se vende por separado, para así manejar el stylus con su mano más mañosa.

¿Qué dificultad eliges?

La dificultad del juego admite amplios ajustes. La clave de todo es el llamado Caldero maligno, una herramienta que nos permite fijarla antes de cada nivel. El rango va desde 0.0 (un paseo triunfal digno de gallinas cluecas) hasta 9.0 (un infierno capaz de sacar de sus casillas a la persona más angelical). A partir de la intensidad 4.0, la cosa ya se vuelve peliaguda, con hordas de enemigos tan innumerables como mortíferas. Sin embargo, merece la pena jugar con dificultades elevadas, pues se obtienen mejores recompensas, en forma de objetos valiosos, e incluso hay unas puertas secretas, las puertas de intensidad, que sólo se abren si jugamos con cierto nivel de exigencia.

 

La campaña dura unas 12 horas y es rejugable, de cara a lograr nuevas armas y picarse por lograr mejores puntuaciones. Además, también hay un modo multijugador para seis usuarios, tanto online como en red local (en este caso, se necesita una tarjeta por jugador). Hay dos modos en los que zurrarse la badana a base de bien: Todos contra todos y Luces y sombras. El primero no tiene misterio. Hay que zumbarle a todo lo que se mueva y evitar que, en el intento, ese "todo" nos zumbe a nosotros, claro. El segundo modo sí tiene más enjundia, pues enfrenta a dos equipos de tres jugadores. Así, cada usuario tiene su propia barra de vitalidad, pero también hay una barra de energía conjunta para el equipo, que se reduce cada vez que uno de sus integrantes muere. Cuando ese medidor colectivo llega a cero, el último usuario en morir se transforma en un Pit especial mucho más poderoso (los otros dos siguen luchando en su forma estándar), de modo que la partida acaba cuando el otro equipo logra darle matarile. No está nada mal, pero se habría agradecido alguna variante de juego más.

Pit cobra vida y se sale de la consola

El uso de las funciones de realidad aumentada de Kid Icarus Uprising es interesante, merced a las seis tarjetas que incluye, a las que se añaden otras que se pueden conseguir reservando el juego o canjeando puntos en el Club Nintendo. Podemos usar estas cartas para, con ayuda de las cámaras de 3DS, observar modelos de los personajes y, lo que es mejor, trasladar luchas como la de Pit y Medusa a la mesa de nuestra habitación.

 

La estampa de color es uno de los puntos fuertes del apartado gráfico, tanto en los escenarios como en los enemigos, con especial mención para los carismáticos jefes finales y para los dibujos de Pit y Palutena que adornan la pantalla táctil y que están acompasados con los diálogos. Sin embargo, las voces están en inglés, lo que, en medio del fragor de la acción, dificulta poder disfrutarlos. Por su parte, el uso de las 3D no es muy relevante a nivel visual, y tampoco tiene una especial incidencia en la jugabilidad. Eso no es obstáculo para que Kid Icarus Uprising suponga, 25 años después del juego original, la acertada resurrección de uno de los personajes más entrañables de Nintendo.

 

Valoración

El ángel Pit vuelve con un excelente juego de acción y disparos que aprovecha la pantalla táctil y está repleto de guiños y humor. Gran control y multitud de posibilidades para un juego imprescindible.

Hobby

90

Excelente

Lo mejor

El control es preciso e intuitivo. Los diálogos destilan humor y simpatía.

Lo peor

Las voces están en inglés. El multijugador tiene solo dos modos y precisa una tarjeta por usuario.

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