Análisis

Análisis de Mario Party 9 con mucha fiesta

Por Gustavo Acero
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Desde que la saga inventó los “party game” de tablero en N64 (1998), cada consola de Nintendo ha visto al menos una entrega de Mario Party. La nº 9 es la segunda para Wii y os contamos todas sus novedades en el análisis de Mario Party 9.

Diez entregas contando las portátiles, cerca de 700 minijuegos y más de 30 millones de copias vendidas son el legado de este fenómeno multijugador que Nintendo y Hudson crearon hace la friolera de trece años. Pero después de un lustro en la incubadora, la saga Mario Party pedía a gritos oxígeno renovado, y los elegidos para revitalizarla han sido precisamente los padres de otro juego fiestero multijugador: Wii Party. ¿Quieres saber cómo se lo han montado? Pues vamos allá con nuestro análisis de Mario Party 9 para Wii (aunque si antes lo quieres ver en movimiento, aquí tienes este avance).

Tirando el dado... y del carro

El estudio Nd Cube (formado por ex integrantes de Hudson, que ya sabían de qué iba la fiesta) ha tomado como referente el tablero isleño de Wii Party y lo ha multiplicado por siete tableros de magia nintendera, como el valle de Toad, la fábrica Bob-omb o el satélite Bowser.

La primera novedad heredada del guateque de los Miis es la mecánica inspirada en el juego de la oca, o sea, que los tableros ya no son circulares, sino que acaban en una meta, donde nos espera un jefe final (además del subjefe intermedio) al que debemos derrotar de forma cooperativa. Otro cambio importante es la elección de minijuegos, que ya no depende de una ruleta aleatoria, sino que los escogemos a dedo entre tres propuestas.


Y aquí llega el cambio más radical que tantas dudas nos había suscitado hasta hoy: el vehículo, carro o como prefiráis llamarlo. Por primera vez, nos desplazamos todos juntos por el tablero, y cada turno determina quién es el comandante, que puede elegir las bifurcaciones que más le beneficien... o arrastrar a sus rivales a los caminos más puñeteros.

El avance en Mario Party 9 se realiza todos juntos por el tablero. Es una de las grandes novedades de esta novena entrega.

Aunque se pierde el nivel de desmadre de antaño y algunos echaréis en falta la opción de jugar a la vieja usanza, lo cierto es que las partidas de Mario Party se han vuelto más vivas, participativas y estratégicas (mirad cómo dieron de sí en el torneo Mario Party 9 para periodistas organizado por Nintendo) ya que nos incitan a planear qué tipo de dado nos conviene usar en función del tipo y número de casillas que tengamos por delante.

Atrás quedan por tanto la individualidad de los viejos Mario Party, en los que había que esperar a que cada jugador administrase su turno a su bola, y las partidas “mariotonianas” de varias horas, ya que al fin sentimos la necesidad (y la prisa) de avanzar hacia una meta.

La saga con más estrellas de los videojuegos

La última regla renovada es la desaparición de las estrellas y las monedas, que dejan paso a las miniestrellas, cuyo reparto asegura partidas más reñidas... hasta que Bowser arma el caos. Hay dos formas de conseguirlas: recogiéndolas por el tablero o jugando a los 80 nuevos minijuegos, mucho más sencillos y equilibrados: basta con pulsar dos botones, inclinar el mando, apuntar a la pantalla y sacudir lo justo (mucho menos que en Mario Party 8) para pintar un lienzo, esquivar tropecientas Bill Balas, escalar una montaña contrarreloj, hacer pizzas o echar carreras plataformeras, más presentes que nunca.

Y reservamos la mención honorífica a los cuatro retos extra como los bolos o el fútbol Goomba, un subjuego tan adictivo que por un rato olvidaréis quién ha renacido como el alma la fiesta. Sí, ese, el del bigote.

Valoración

El estudio Nd Cube, nuevos comandantes de la saga, ha cambiado el rumbo de Mario Party sin perder el norte. Los tableros recuperan su esencia, los minijuegos enganchan y la mezcla de azar y estrategia devuelve la vida a las partidas.

Hobby

88

Muy bueno

Lo mejor

Minijuegos variados y muy intuitivos. Los nuevos aires de estrategia. ¡El fútbol Goomba!

Lo peor

Como siempre, jugar en solitario. Sigue sin online. Habrá quien añore las reglas clásicas.

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