Análisis

Análisis de Dead Rising 3 para Xbox One

Por Borja Abadie
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Nosotros ya estamos contagiados por el virus de lanzamiento de la nueva generación y encima Capcom Vancouver y Microsoft se suman a la epidemia con Dead Rising 3, un apocalípsis zombi exclusivo de Xbox One, que pretende propagarse a todas y cada una de las nuevas consolas de Microsoft, pero... ¿han conseguido infectarnos o ya estamos vacunados?

Uno de los mayores reclamos del catálogo exclusivo de lanzamiento de Xbox One es, sin duda, la nueva entrega de la saga zombi más surrealista de Capcom, Dead Rising. Se ha hablado mucho durante los últimos meses sobre su apartado técnico, los tirones de frame rate, la resolución de 720p y muchas otras cuestiones técnicas que han sembrado las dudas de los futuros usuarios de la consola de Microsoft.

A nosotros nos ha pasado igual, y llevamos varias semanas con la abeja detrás de la oreja (ráscandonos desesperadamente cual zombi de Dead Rising). Hemos pasado los últimos tres días deambulando por las calles de Los Perdidos en busca de una respuesta y, con más de 25.000 zombis aniquilados sobre nuestras conciencias, ya la hemos encontrado.

No todo está Perdido, tenemos a Nick

El argumento de Dead Rising 3 sigue a pies juntillas el patrón de las dos entregas previas. Una infección zombi, unos pocos días antes de que los militares bombardeen la zona y un héroe con resistencia al virus y muy mala leche. En esta ocasíon, y después de Willamette y Fortune City, el escenario es la ciudad de Los Perdidos, una ciudad de un tamaño más que aceptable dividida en 4 grandes zonas.

Nuestro protagonista, Nick Ramos, es un mecánico que puede combinar armas en cualquier parte, sin necesidad de utilizar los bancos de trabajo de la anterior entrega (sí Chuck, estás obsoleto). Poco sabemos de él, de cómo ha llegado hasta la ciudad o de su enigmático tatuaje en el cuello. Por el camino, además, conocemos a una buena ración de secundarios: Ronda la mecánica, Dick, nuestro compañero del modo cooperativo, Gary, un esbirro de un mafioso o cualquiera de los 24 supervivientes que nos pueden acompañar.

Lamentablemente, y por aquellos de no ser baneados de Xbox Live, no hemos podido probar el modo cooperativo online ni las funciones smartglass. Una pena. 

Epidemia sandbox

La saga siempre se ha caracterizado por ofrecer bastante libertad a la hora de explorar los escenarios, completar misiones secundarias, recoger todo tipo de objetos que usar como armas,... aunque en esta nueva entrega Capcom ha dado el salto definitivo al sandbox, ¿o no? La realidad es que la ciudad de Los Perdidos tiene un tamaño muy superior al de anteriores entregas y que desde un principio podemos ir a donde queramos, pero en el fondo estamos igual de encerrados que siempre. La ciudad es como un centro comercial, pero más grande.

El problema principal es que el mapeado está repleto de barricadas que nos impiden movernos con verdadera libertad. Además, las 4 partes de la ciudad están conectadas por una sola autopista por lo que, entre barricadas y carreteras, sólo hay un recorrido posible que nos permita ir en vehículos. Otra cosa es que quieras hacerlo todo a pie, ¿aburrido?, sí, pero con más libertad. Así, nos quedamos con la sensación de que, realmente, tenemos la misma libertad que en Dead Rising 2, salvo que el mapa es mucho más grande.

Lo mismo sucede con los otros elementos típicos de un sandbox. Las misiones no están abiertas desde un principio, sino que se van desbloqueando a medida que avanza el tiempo antes del bombardeo (exactamente igual que en los dos capítulos previos), por lo que tampoco tenemos libertad para ir completándolas a nuestro aire. Para terminar de rematarlo, no hay ningún tipo de ocupación, pasatiempo, minijuego o mecánica de juego distinta, más allá de algunas búsquedas de coleccionables o misiones de adiestramiento (masacres contrarreloj en la que debemos aniquilar zombis siguiendo detrminadas reglas: usar sólo armas de fuego, vehículos, a puñetazo limpio...).

Comparado con cualquier otro exponente del género (léase Saint's Row, GTA, Red Dead, inFamous, Sleeping Dogs...) Dead Rising 3 resulta muy limitado. Podemos rescatar a supervivientes, completar misiones para ellos, avanzar en la historia, buscar coleccionables por todos lados,... pero, a la postre, repetimos una y otra vez la misma mecánica, aniquilar zombis, punto.

Inaugurando la nueva generación

Poco sabemos del verdadero portencial de las nuevas consolas, pero lo que nos queda muy claro al jugar a Dead Rising 3 es que esperamos que éste no sea el nivel general. Aunque se han corregido algunos de los errores de pasadas demos, como los tirones en el frame rate o las ralentizaciones, el acabado general es muy mediocre. Los 720p tienen buena culpa de ello, pero lo peor son las texturas que no cargan hasta que no estamos a un palmo de ellas, los fallos de popping, los 30fps por segundo o el acabado general, propio de 360 o PS3 (sin ofender, que quede claro).

Hay momentos en los que podemos atisbar el espectáculo que debería de haber sido Dead Rising 3. Esto sucede en los momentos en los que se juntan cientos de zombis en pantalla, cada uno con distinta apariencia, unido a las explosiones y efectos producidos por nuestras armas. Pero insisto, el acabado general no está a la altura de lo que esperamos de la nueva generación.

Eso sí, cuenta con ciertos detalles, como la vibración de los gatillos del nuevo mando de Xbox One cuando nos quedan pocas balas y el uso de Kinect para atraer a los zombis con nuestra voz, zafarnos de ellos moviendo el mando o navegar por los menús, pero poco más.

Diversión a prueba de virus

Si hay algo que no cambia en esta tercera entrega, y que incluso aumenta, es la diversión. Recorrer la ciudad en busca de nuevos planos de armas o simplemente darte el gusto de aniquilar cientos de zombis vestido como Mega Man, no tiene precio. El nuevo sistema de subida de nivel nos ha parecido un gran acierto ya que, esta vez, podemos asignar los puntos como queramos para mejorar las habilidades que más se adapten a nuestro estilo de juego.

Otro cambio sustancial es el tema de los supervivientes. Mientras paseamos por Los Perdidos nos encontramos con montones de ellos, aunque hay de dos tipos. Unos nos piden que despejemos de zombis la zona donde se encuentran y luego se van a su aire, pero hay 24 que nos pueden acompañar durante la aventura. Una vez completada la misión pertinente se unen a nuestro grupo. Si visitamos el panel de supervivientes de uno de nuestros refugios (que antes debemos limpiar de zombis) podemos elegir quién queremos que nos acompañe de todos los rescatados. Y es que cada uno cuenta con sus propias estadísticas de fuerza, daño con armas...

En nuestros refugios también contamos con un armario para cambiarnos de ropa y otro para coger armas. Cualquier objeto del juego que hayamos recogido y usado, estará disponible en este armario (armas combinadas incluidas) por lo que siempre podemos pasarnos por uno a abastecernos (antes de que lo preguntéis, no, no es infinito, cuando hemos sacado unas pocas, nos obliga a esperar antes de sacar más armas). Lo mismo sucede en los distintos talleres dsperdigados por la ciudad, en los que podemos crear de la nada, cualquier vehículo en el que hayamos montado.

En particular, hay que destacar la posibilidad de desbloquear la creación de armas combinadas usando cualquier arma de su una tipología, en lugar de tener que encontrar una específica. Si, por ejemplo, necesitamos un machete y un helicóptero de juguete para crear un arma, podemos conseguir hacer la combinación con cualquier arma de filo, en lugar de tener que encontrar un machete.

El aumento exponencial en el número de zombis con los que nos enfrentamos también ayuda a aumentar la locura y la diversión aunque a un precio: plagar los escenarios de armas y subir su potencia. Si en Dead Rising 2 un bate con pinchos era un arma más que respetable, en esta entrega apenas la utilizaremos. Aquí abundan mucho más las armas explosivas, de fuego o engendros cuerpo a cuerpo realmente brutales. Es lógico, pero no deja de resultar extraño encontrar lanzacohetes, granadas, etc... con mucha asiduidad. 

Tampoco podemos olvidarnos de los psicópatas, esos "entrañables" no infectados que pululan por la ciudad es busca de bronca. En esta ocasión están inspirados en los pecados capitales, por lo que nos encontramos con envidiosos, lujuriosos, comilones,... El nivel de dificultad ha bajado mucho respecto a entregas previas, en parte por nuestro constante e imponente arsenal y en parte por sus rutinas de ataque. En general el nivel ha bajado en toda la aventura. Apenas nos mataron un par de veces en las 15 horas de juego (20 si queremos completarlo todo). Más chungo es el modo pesadilla, en el que sólo disponemos de unas 8 horas para completar el juego y en el que los zombis y los jefes y psicópatas son mucho más temibles.

Dead Rising 3 se perfila, de este modo, como un muy buen juego: entretenido, divertido, surrealista y adictivo como siempre, aunque su apartado técnico y su limitado componente sandbox nos ha dejado tan fríos como un muerto viviente.

Valoración

La diversión sigue intacta, e incluso ampliada, pero técnicamente no tiene apariencia de nueva generación y como sandbox se queda bastante corto.

Hobby

81

Muy bueno

Lo mejor

Diversión y surrealismo garantizados. Las armas y vehículos combinados.

Lo peor

Gráficamente podría ser de 360. Pocas novedades. Muy limitado como sandbox.

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