Análisis

Análisis diabólico de Lucius en PC

Por Sergio Gracia
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Ya era hora de dejar de lado el papel del bueno, el héroe, aquel a quien todo el mundo quiere y respeta, para encarnar al mismísimo hijo de Lucifer, una 'criaturita' con escrúpulos ni sentimientos, toda una máquina de matar a la que su padre a dotado de poderes sobrenaturales y mucha mala idea.

Todos los niños, de pequeños, han hecho alguna que otra trastada: meter petardos en los cigarillos de su padre, tirarle globos de agua a la abuelita del bajo cuando va a entrar al portal, poner una caca de perro donde alguien la pueda pisar sin darse cuenta, matar a una de las criadas de la casa encerrándola en una cámara refrigeradora... bueno, esto último tal vez no, eso sería algo que podría hacer el mismísimo hijo de Lucifer, alguien como Lucius.

Lace Mamba Global rompe, de una vez por todas, la cansina dinámica de encarnar siempre al 'bueno de la película'. ¿Cuántas veces os habría gustado poneros en la piel de malos como Bowser, Dr. Robotnik, Nemesis, Kefka, LeChuck, Saren, Ganondorf o Sephiroth protagonizando su propio juego y haciendo lo que saben hacer mejor? Pues con Lucius podréis cumplir vuestros sueños, aunque puede que el villano, en esta ocasión, no sea lo que podríamos esperarnos, de hecho nadie podría esperárselo, y ahí es donde reside la gracia del asunto.

Lucius, el hijo de Lucifer

Cuando conocimos la base de Lucius se nos vino irremediablemente a la cabeza La Profecía. Una película dirigida por Richard Donner que se estrenó en 1976 y en la que el personaje principal, Damien, no era otro que el hijo de Lucifer. De hecho casi podría decirse que Lucius es una adaptación de dicha obra, pues guarda muchas más similitudes: el padre de familia hace carrera política (en uno es Senador y en la otra Embajador), la primera muerte tiene lugar durante el cumpleaños del chico... Pero lo mejor que podemos hacer cuando comenzamos a jugar a Lucius es olvidarnos de todos los clichés del cine y disfrutarlo tal y como es, sin prejuicios.

La acción y sangría en Lucius no nos harán esperar con aburridos preámbulos que, por otra parte, podrían haber sido un poco más extensos para meternos más en la ambientación, en la historia y en la piel del niño. Como decimos, la familia celebra el sexto cumpleaños de Lucius, quien nació el día 6 de junio (mes 6) del año 1966. No hace falta ser ningún genio para ver la relación de números, ¿verdad?

Después de disfrutar con sus juguetes y regalos, Lucius decide seguir pasándoselo en grande de una manera un tanto más macabra. Ese es el primer momento en que Lucifer, un misterioso personaje con traje y corbata, se nos aparece y nos indica lo que tenemos que hacer: encerrar a la criada en la cámara refrigeradora, un buen comienzo para lo que está por llegar. Ésta primera muerte nos servirá como pequeño tutorial, aunque la verdad es que la mecánica de juego tampoco tiene ningún misterio.

De profesión... asesino

Los meses irán transcurriendo y, con ellos, las muertes. Ya conocemos la verdadera identidad de nuestro padre, sabemos qué debemos hacer para mantenerlo contento y sabemos quiénes son nuestros objetivos, lo único que nos falta descubrir es cómo acabar con todos y cada uno de ellos. Al principio las trampas serán bien sencillas, sin grandes complicaciones, pero poco a poco la cosa se irá poniendo más truculenta pues los habitantes de la mansión donde vivimos estarán más al loro y, sobre todo, tendremos que lidiar con la presencia del detective McGuffin.

En este punto es cuando debemos avisaros, aunque ya lo haga el código PEGI, que Lucius no es un juego apto para todos los púbicos, ni mucho menos. Las muertes serán brutales, sangrientas, macabras y explícitas.

Aunque seamos nosotros quienes tengamos que investigar la forma de asesinar a aquellos que Lucifer nos señale, lo cierto es que sólo encontraremos una solución posible, lo cual nos parece todo un desaprovechamiento del verdadero potencial que guarda el juego en sus entrañas. Nos imaginamos una mezcla entre Hitman Absolution y La Profecía y se nos ponen los pelos de punta, pero por desgracia todo es mucho más básico.

Los asesinatos, al principio, los llevaremos a cabo 'con nuestras propias manos', manipulando objetos peligrosos y atrayendo a la gente a ellos, pero a medida que vayamos acabando con el servicio de la casa iremos ganando nuevos poderes y mejorando nuestras diabólicas habilidades. El pequeño Lucifer podrá adquirir telequinesis, control mental, amnesia y la más divertida de todas, piroquinesis. Una vez más, el punto negativo llega cuando cada uno de estos poderes será muy específico en cada objetivo, es decir, no podremos darle rienda suelta a nuestra imaginación para hacer el mal.

La casa está llena de crucifijos, los cuales nos debilitarán en un radio lo suficientemente grande como para que tengamos que acercarnos y darles la vuelta, ¡eso sí, sin que nadie nos pille! Ésta es la forma de perder en Lucius, ser descubierto realizando una tarea 'sospechosa', y no será nada sencillo esconderse en según qué momentos, pues no podemos saber quién está rondando por la mansión o, peor aún, dónde se encuentra.

El lado bueno de Lucius

O mejor dicho, 'el lado teatral' de Lucius. Sería sospechoso que un niño de seis años apareciese siempre cerca de aquellos que acaban de morir salvajemente, un niño que debería estar jugando con su trenecito, el bueno hijo que se lava los dientes antes de irse a dormir o va a buscar una botella de vino cuando sus padres se lo piden. Así pues, tendremos que realizar diferentes taras cuando se nos encarguen para que nuestra conducta sea la más normal posible.

En total, a medida que avanza la historia, deberemos completar ocho tareas. Al realizarlas con éxito (nada del otro mundo) seremos recompensados con regalos que nos ayudarán ligeramente en la resolución de los asesinatos (de cómo cometerlos, no en la investigación). Éstas tareas no serán obligatorias para terminar el juego, pero sí que son una buena forma de darle algo más de vida y variedad.

¡Menuda mansión, señor Senador!

Como ya os dijimos al principio de ésta análisis, el padre de Lucius (el falso) es Senador, y claro, un cargo semejante conlleva ciertos beneficios... sobre todo económicos. Vivimos en una enorme mansión que puede convertirse rápidamente en una ratonera si no hacemos uso del mapa. El que todo el juego se desarrolle en éste lugar puede parecer un contra, pero de hecho le da cierto encanto y ayuda a darle más fuerza a la sensación de laboratorio de experimentos en el que nuestras víctimas se encuentran encerradas y a nuestra entera merced.

Dándonos un paseo por la mansión (exceptuando ciertas habitaciones cerradas con llave, la podremos recorrer a antojo desde el primer momento) nos damos cuenta del nivel de detalle que ésta tiene. Aún así, técnicamente de poco más puede presumir Lucius. Aún, después de haberos terminado el juego, no somos capaces de explicarnos por qué no podemos abrir puertas y coger objetos mientras tenemos seleccionado un poder diferente a la espectacular y sobrenatural habilidad de 'interactuar'. ¿En qué cabeza cabe?

La banda sonora, aunque sonando en un segundo plano muy sigiloso, llega a hacerse de lo más repetitiva, y ésta no deja de sonar ni siquiera en las pantallas de carga, las cuales son, por otra parte, un tanto largas. Es una suerte el que FX Interactive se haya encargado de la distribución del juego, pues así, al menos, podemos disfrutarlo en un perfecto castellano, tanto los textos como las voces, las cuales, como siempre, gozan de una calidad excepcional.

Nos encontramos ante un juego que, al igual que el hijo de Lucifer, cuenta con un potencial oculto bestial, un planteamiento original que podría haber dado muchísimo más de sí. Por desgracia lo que podría haber sido un título digno de pertenecer a cualquier colección no ha pasado de ser 'el niño malo de la casa'.

Valoración

La idea es original y con mucho potencial, pero por desgracia no se ha sabido exprimir al máximo. Se echa en falta algo más de libertad en las misiones.

Hobby

84

Muy bueno

Lo mejor

Las muertes, sangrientas y brutales, perpretadas por un 'simple' niño.

Lo peor

Técnicamente deja bastante que desear.