Análisis

Análisis a tiros de Borderlands 2

Por Rafael Aznar
-

Borderlands 2 aterriza en PS3, 360 y PC, y en este análisis os desgranamos todos y cada uno de los detalles del regreso a Pandora. Cuatro nuevos buscadores de la Cámara deben derrotar a Jack el ‘Guapo’, el líder de la malvada Corporación Hyperion. Tiros, rol, cooperativo para cuatro, un gigantesco mundo abierto, una campaña larguísima… En las tierras fronterizas, todo es a lo bestia.

Los shooters han sido el pan nuestro de cada día en la presente generación de consolas. Se cuentan por decenas los juegos que han bebido del manantial de los disparos en primera persona y la vastedad de los modos multijugador, hasta hacer que se quedara reseco, al menos en términos de originalidad. En medio de ese panorama de aridez, en 2009 llegó Borderlands, un shoot’em up que, aun teniendo su piedra angular forma de balas y cartuchos, se parecía más bien poco a adalides del tiroteo como Call of Duty Modern Warfare o Gears of War.

Curiosamente, el primer juego combatía la aridez con aridez: la de un planeta desértico, Pandora, donde dar rienda suelta a una peculiar mezcla de shooter y rol, calificada con denominaciones como FPR o RPS, mezclas léxicas igualmente válidas de sus dos géneros matriz: el FPS (‘first person shooter’) y el RPG (‘role playing game’). Así, el juego incluía disparos en primera persona, un sistema de experiencia por niveles, combates con ‘daños numéricos’ (la salud de los enemigos se medía como la de cualquier juego de rol), un mundo abierto por el que desplazarse libremente, diversas posibilidades de evolución para los poderes de los cuatro personajes disponibles y un tremendo cooperativo online. Tres años después, llega la secuela, Borderlands 2, que eleva la fórmula a la enésima potencia y se erige como uno de los grandes títulos de 2012.

Nuevos buscadores de la Cámara

La aventura nos sitúa, cronológicamente, después de los acontecimientos del primer Borderlands. Tras la apertura de la Cámara de entonces, el eridio, un valioso mineral alienígena, ha aflorado en las tierras de Pandora, y la Corporación Hyperion anhela extraerlo para sacarle rédito. En ésas, se descubre una nueva Cámara, por lo que a Jack el ‘Guapo’, presidente de la compañía, se le ocurre la idea de poner un anuncio para contratar mercenarios que busquen la localización de marras. Su intención no es otra que atraerlos a su presencia para darles sepultura y que no la encuentren antes que él, ya que pretende tomar control de un misterioso guerrero alienígena que se cree que mora allí.

El malo de Jack el ‘Guapo’ les da un escarmiento y los lanza a un cementerio ubicado en un gélido glaciar, para que descansen allí el resto de sus días…En ese momento entramos en juego nosotros. El personaje que elijamos amanece más muerto que vivo en la nieve, pero el simpático Claptrap, el robot que salía en la primera entrega, lo rescata y le ayuda a llegar hasta Sanctuary, territorio controlado por los invasores carmesíes y bastión de la resistencia contra Hyperion. Desde allí, habrá que contribuir a frustrar los pérfidos planes de nuestro némesis, tarea en la que nos ayudarán alocadas gentes y viejos conocidos.

La mezcla perfecta entre shooter y rol

La base de Borderlands 2 son los disparos en primera persona. Ahora bien, existe un sistema de progresión por niveles a base de experiencia, que afecta a parámetros como la salud, el poder de ataque o la posibilidad de equipar o no determinadas armas. Empezamos en nivel 1 y se puede llegar hasta el 50. Esto significa, por ejemplo, que si estamos en nivel 10 y vamos a por enemigos que estén en el 12 o el 13, nos costará la vida derrotarlos, literalmente, pues la diferencia entre un nivel de experiencia más y uno menos puede decantar la balanza con suma facilidad.

Existen cuatro personajes controlables, cada cual con sus propias características y habilidades de acción, que hacen que sea muy diferente elegir entre unos y otros, algo que aumenta la rejugabilidad del título. El control de los cuatro es muy similar, pero no así esa habilidad de acción, que es un poder especial que sólo se puede utilizar de vez en cuando, cuando el medidor correspondiente está a tope, para desatar la destrucción.

En primer lugar, nos encontramos con Axton, un soldado cuyo poder especial consiste en desplegar una torreta en el campo de batalla. En una de sus evoluciones máximas, esa torreta puede llegar a generar explosiones nucleares, en cuanto contacta con el suelo. En segundo lugar, está el asesino Cero, que puede volverse invisible. Una de las evoluciones le permite sacar una katana y encadenar combos, de tal forma que se activa una cuenta atrás de cinco segundos: si se rebana a alguien antes de que se consuma, el cronómetro vuelve a cinco segundos, hasta que fallemos, una fuente potencial de escabechinas descomunales. En tercer lugar, aparece Maya, una misteriosa sirena (se dice que sólo pueden existir seis de ellas al mismo tiempo) que puede generar portales interdimensionales para borrar a los enemigos del mapa. Finalmente, el gunzerker Salvador es una mole capaz de empuñar dos armas al mismo tiempo, sean del tipo que sean. Una evolución llamativa es la que le permite dedicar cortes de manga a los enemigos para que fijen su atención en él y aprovechar esa dualidad de armas para acribillarlos.

Además, el 16 de octubre llegará un quinto personaje en forma de DLC: el mechromancer Gaige, que será un robot con poderes especiales como hacer que sus balas reboten por todo el escenario, aunque no den en el blanco de primeras, o desplegar un robot para que reparta estopa a los malosos.

De todo eso, se deduce que la experiencia de juego varía sobremanera según nos metamos en la piel de uno u otro personaje. Por si fuera poco, cada protagonista tiene tres árboles de habilidad, a medida que gana experiencia. Por ejemplo, Axton puede optar por un camino en que su torreta acabe generando las explosiones nucleares que decíamos o por otro en que sean dos las torretas que lance. Lo mismo sucede con los otros tres personajes. Y, si se prefiere, también se pueden combinar los tres árboles. Si nos arrepentimos del camino elegido, no hay problema, ya que se puede ‘resetear’ por un módico precio, para que nos devuelvan todos los puntos de habilidad y reasignarlos como prefiramos. Además, existen desafíos de ‘rango de cabronazo’, que permiten mejorar los parámetros de nuestro álter ego, como la velocidad de recarga o el daño que causan las armas. Eso se logra a base de cumplir pequeños logros como matar a cierto número de enemigos con una determinada arma o destruir cierta cantidad de vehículos enemigos. Hay infinidad de ellos, y dan vidilla.

La existencia de esos diferentes personajes entronca con la otra gran virtud de Borderlands 2: el cooperativo, que asciende a cuatro jugadores online o a dos, si es a pantalla partida. No hay modos competitivos, pero el hecho de que todo el juego se pueda recorrer junto a tres amigos lo convierte en el paradigma de la diversión de grupo, y más si cada uno controla a un personaje diferente y combinan toda la brutalidad de sus habilidades especiales.

Una aventura más larga que un día sin pan

La duración es otro de los puntos fuertes del juego: la historia principal dura casi 30 horas, a lo que hay que sumar las tareas secundarias. Así, en las misiones debemos cumplir diversos objetivos parciales, que se resuelven casi siempre a tiros y al final de las cuales aguarda una recompensa en forma de experiencia, dinero y equipamiento.

La dinámica de las misiones es, básicamente, la de avanzar a tiros, tiros y más tiros, pero no se hace nada repetitiva, gracias a la variedad de situaciones, escenarios y enemigos. El único aspecto negativo es que las misiones obligatorias pueden hacerse excesivamente largas en ocasiones. La partida se guarda cada vez que cumplimos un pequeño objetivo, pero hay capítulos que quizás duran demasiado (hasta más de una hora), por el hecho de tener que andar limpiando las zonas de innumerables enemigos, que suele ser la estrategia más aconsejable.

Hay que destacar que, una vez completado el hilo argumental, sigue habiendo juego para rato, por el interés de llegar hasta el nivel 50 de experiencia y seguir mejorando al personaje. Será necesario hacerlo si queremos plantar cara a la sorpresita que Gearbox ha preparado, de nombre Terramorphous y, de profesión, bicharraco tentacular duro de pelar.

Un aspecto que se le criticó mucho a la primera entrega era la nula variedad de paisajes y escenarios. Pandora se reducía a un decorado desértico que acababa por cansar. Sin embargo, en Borderlands 2, ha florecido una nueva Pandora: hay glaciares, ríos, zonas montañosas, presas, lagos, reservas animales… La extensión es enorme, y el mapa se va descubriendo a medida que lo recorremos, lo que siempre asegura encontrar parajes nuevos. Para evitar largas caminatas sin sentido, existen máquinas de viaje rápido, que permiten trasladarse ipso facto entre unas zonas y otras.

Enemigos y armas a gogó

El juego es un desafío continuo, pues los enemigos suelen ser ‘de nuestro nivel’ o incluso superior. Hay humanos, robots y fauna autóctona, pero la variedad dentro de cada subclase es considerable. Su comportamiento está también muy conseguido: algunos se atacan entre ellos, hay suicidas que gustan de lanzarse a abrazarnos dinamita en mano… Llaman la atención, sobre todo, los llamados ‘cabronazos’ (¿los recordáis de la primera parte?), que son versiones anabolizadas de los enemigos comunes, y los jefes finales. Si morimos, existe la llamada ‘segunda oportunidad’, que activa una cuenta atrás, de modo que, mientras agonizamos en el suelo, podemos seguir disparando y resucitar si logramos matar a un enemigo.

En términos generales, la IA de Borderlands 2 responde muy bien, si bien hay ocasiones en que la arquitectura de los escenarios les juega malas pasadas: por ejemplo, en varios enfrentamientos con jefazos, nos ha sucedido que, quedándonos en un altillo semiescondidos, les hemos podido coser a balazos sin que dijeran ni ‘mu’.

Lógicamente, para tumbar a los enemigos, hace falta material, y ahí Borderlands 2 saca toda su artillería: cientos y cientos de armas, que se pueden encontrar en cajas, ser recogidas en el campo de batalla, compradas en tiendas, ganadas superando misiones, hablando con personajes secundarios… Hay seis grandes clases de armas de fuego: pistolas, fusiles de asalto, subfusiles, escopetas, rifles de francotirador y lanzacohetes. En la variedad está el gusto, y cada situación aconsejará usar una diferente.

Cada arma cuenta con unas características determinadas: fabricante, daño, precisión, cadencia de fuego, velocidad de recarga, tamaño del cargador y tipo de daño elemental. Este último aspecto es fundamental, pues las armas pueden incorporar cuatro tipos de daño elemental, que son el fuego, la electricidad, la corrosión y el slag. El fuego es útil para carbonizar a enemigos de carne y hueso; la electricidad, para vencer escudos; la corrosión, para enemigos blindados; y el slug, para envenenar. A eso, añadid algunas características adicionales, como potencial daño explosivo, y granadas de todo tipo, para completar un arsenal inmenso.

Como complemento, también hay que preocuparse por cargar un escudo que proteja de los proyectiles enemigos, así como modificadores de clase, que mejoran ciertas estadísticas. Por otro lado, hay que agenciarse eridio (en algunas misiones, en cajas ocultas o derrotando enemigos para buscarlo con minuciosidad entre sus despojos) para poder acudir al mercado negro y adquirir mejoras para las armas.

En el apartado de los vehículos, el juego renquea un poco. Hay un par de ellos, como una tanqueta de dos plazas, cuyo diseño está a caballo entre el Batmóvil y la moto de las películas de Batman de Christopher Nolan, y un todoterreno. El primero es biplaza y cuenta con una ametralladora o un lanzacohetes; el segundo, permite subir a cuatro personas y cuenta con torreta y discos de sierra que se pueden lanzar. El manejo, con los dos joysticks, responde bien, pero su uso apenas se explota durante la aventura: básicamente, sirven para desplazarse grandes distancias con rapidez y arrasar todo a su paso, incluso helicópteros enemigos, pero, a la hora de verdad, no tienen uso práctico en casi ninguna misión.

Personalidad y estilo en el apartado técnico

El apartado gráfico de Borderlands 2, sustentado por el recurrente motor Unreal 3, presenta un aspecto muy cuidado, con el cel shading por bandera. La técnica, caracterizada por sus bordes negros, como si fueran diseños hechos a mano, se empezó a utilizar con juegos que presentaban un aspecto de dibujos animados, como Jet Set Radio o The Legend of Zelda: Wind Waker, pero el título de Gearbox lo readapta a su manera, con una estética colorida que no es, exactamente, la de los dibujos animados. Es algo más. Con ella, los paisajes de Pandora, los diseños de los múltiples enemigos o las batallas lucen un aspecto genial, sin ninguna ralentización. A eso, hay que sumar el excelente progreso cíclico entre el día y la noche, junto con los efectos de luz y los reflejos que eso conlleva. También quedan muy bien los detalles como los copos de nieve que caen sobre la pantalla, en la tundra, o las telarañas que lanzan algunos enemigos para enmarañarnos la visión.

No obstante, existen ciertos altibajos en el apartado gráfico. En primer lugar, hay ‘clipping’ si nos acercamos a los enemigos muertos, algunos de los cuales, en ocasiones, se quedan colgando en posiciones que la física debería estudiar urgentemente. En segundo lugar, hay un abundante ‘popping’ cuando vamos a bordo de un vehículo y a gran velocidad, ya que las texturas de los hierbajos tardan mucho en cargarse, lo que hace que broten de la nada. Esos pequeños fallos no tienen repercusión práctica, pero están ahí.

En cuanto a la banda sonora, cumple con creces. Mención especial merecen el tema del menú de inicio, que recuerda al típico western, con una suave guitarra de fondo, y el tema This ain’t no place for no hero, que suena en la cinemática inicial del juego y que ya salió en un tráiler de Batman Arkham City.

Festival de humor y referencias culturales

Borderlands 2 es un juego que sabe reírse de sí mismo. El doblaje al castellano es espectacular, con voces muy bien ajustadas y que casan de maravilla con los hilarantes personajes secundarios, como Claptrap, Tina Chiquitina (una psicópata de trece años experta en explosivos) o Marcus Kincaid (un vendedor de armas al que, si un cliente le va con la moto de que le ha dado una pistola defectuosa, no duda en probarla contra la rodilla del quejoso de marras).

Del mismo modo, hay infinitas bromas. Por ejemplo, si morimos varias veces en un mismo punto, la impertinente vocecilla de Hyperion nos hará una recomendación, como buena médico de cabecera: “Hyperion te recomienda tomar varias inspiraciones seguidas antes de jurar venganza contra lo que te mató”. Como ésa, hay muchas más. Asimismo, hay referencias culturales a todo tipo de fenómenos, con desafíos como uno titulado ‘La noche los confunde’ (¿tendrá algo que ver con el otrora famoso Dinio?), la presencia de un tipo que nos dirá que Pandora “no es planeta para viejos” o un enemigo que nos recibirá, en una fortaleza, con un grito ya clásico en el imaginario colectivo: “¡No puedes pasar!”.

Por todo lo dicho, queda claro que Borderlands 2 es uno de los grandes títulos de este 2012. Sus enormes posibilidades y su ritmo frenético lo convierten en un serio candidato a juego del año y, desde luego, a formar parte de cualquier jugoteca de buen gusto.

Valoración

La mezcla de disparos y rol de Gearbox vuelve a dar en el clavo, llevando a extremos delirantes sus fortalezas: cooperativo, variedad de personajes, cientos de armas, extensa duración… Es un juegazo con mayúsculas.

Hobby

94

Excelente

Lo mejor

El cooperativo y las múltiples posibilidades que ofrecen las habilidades de los cuatro personajes.

Lo peor

Algunos defectillos gráficos menores y que no se saque mayor partido a los vehículos.

Lecturas recomendadas