Análisis

Análisis de Dogchild para PS4

Por Juan Lara
-

Versión comentada: PS4

El análisis de Dogchild, el ganador de la primera edición de los Playstation Awards y creado por Animatoon Studios, saca a la luz una original y simpática aventura con un dúo de protagonistas, Tarpak y su perro Tarao, que nos harán pensar, saltar y luchar a partes iguales.

Animatoon Studios, el grupo liderado por Darío Avalos, por fin ha podido poner el broche a aquel proyecto que Sony España premió, hace ahora un año, en su primer certamen Playstation Awards. Un título que llamó la atención por la originalidad de su planteamiento y mezcla de géneros, con un pareja muy variopinta como protagonista: Tarpak y su perro Tarao.

Mucho cariño e ilusión en un proyecto indie realizado por un equipo de 10 personas y que pone de manifiesto que con perseverancia y una buena idea se puede conseguir mucho. De manos de James  Armstrong recibieron una donación de 10.000 €, la posibilidad de tener un espacio común donde juntarse y trabajar (en la incubadora de empresas de El Matadero de Madrid, tener la oportunidad de publicarlo en Playstation Store y el apoyo de una nada desdeñable campaña de promoción. Todo esto, junto con la ilusión y buen hacer del estudio ha dado como resultado un título enfocado a los jugadores más jóvenes (pero no infantil, que quede claro) entretenido y, por momentos, muy original. Si queréis conocer más sobre este joven equipo, no os perdaís el siguiente reportaje.


Con pulgas y a lo loco


La historia que sostiene el juego no es muy compleja pero sirve de hilo para mantener cierta coherencia y provocar en el jugador curiosidad por saber qué está pasando. Tarpak es un chico amante de los animales y fan del parkour que prometió defenderlos de toda amenaza. Una cruzada que empezó cuando sus padres desaparecieran en extrañas circunstancias, dejándole sólo con su inteligente mascota, su perro Tarao. Un cánido al que sólo le falta hablar y junto al que descubre que algo raro está pasando en el parque al que habitualmente van a entrenar. El número de desapariciones de mascotas se ha multiplicado exponencialmente y detrás parece estar una misteriosa empresa llamada Cornish.

Un trasfondo que se plasma en forma jugable a través de una mezcla de géneros y mecánicas muy variada. Hay de todo: sigilo, puzzles, saltos, exploración,...Buena parte de la culpa de esta amalgama la tiene las habilidades de cada uno de los dos protagonistas, cuyo control podremos alternar en cualquier momento con sólo apretar el panel táctil. Tarpak posee habilidades parkour que le permiten llegar a  sitios inaccesibles, ya sea mediante escaladas muy del estilo de Assasin´s Creed o bien mediante secuencias Quicktime en las que deberemos pulsar un botón determinado rápidamente. Para defenderse de los diferentes enemigos que les acosarán (drones, vigilantes, lobos, etc), el chico cuenta con la pelota con la que juega con Tarao, cuya física permitirá aturdirlos unos segundos, dándole tiempo a ponerlos fuera de circulación definitivamente. La gracia de este “arma” es que puede rebotar en paredes y techos y noquear a varios enemigos a al vez si tras “marcar” a un objetivo aprovechamos un breve “bullet time” para señalar al resto de enemigos.

Tarao, por su parte, puede infiltrase en cualquier sitio sin llamar la atención...o haciéndolo para distraer a los guardias y acercarlos a un posición ventajosa desde la que su dueño pueda dar buena cuenta de ellos. Puede también colarse por huecos estrechos, usar el olfato para localizar pistas y objetos enterrados o incluso orinar para marcar el camino o hacer que los guardias resbalen. Especialmente bien logrado está la cámara subjetiva usada cuando rastreamos un olor, recreando perfectamente los sonidos y movimientos del can.  El alternar entre los protagonistas es constante y habrá que saber aprovechar las habilidades de cada uno ya que algunos escenarios permiten afrontar ciertas situaciones con diferentes tácticas.

  
Un compendio de habilidades muy fácilmente utilizables por un control suave y desenfadado que, sin embargo, peca de poco preciso en ciertas ocasiones y que provocará fallos innecesarios. Los errores de cálculo no se perdonan casi nunca y nos obligarán a empezar desde el último checkpoint, aunque por suerte son muy numerosos y no penalizan demasiado. Tampoco ayuda en algunas situaciones la cámara que, aunque libre y completamente manejable, causa desorientación al cambiar de personaje en mitad de los combates y cuando manejamos a Tarao por sitios estrechos. Dos puntos estos no muy preocupantes pero que entorpecen a veces una dinámica muy fluida la mayor parte del tiempo.

Variado a más no poder

El coctel de géneros que Animatoon Studios ha agitado y mezclado en Dogchild da como resultado a secciones clásicas donde prima el sigilo y los saltos, y a otras donde de verdad se aprovechan de formas orginal las habiliadades de Tarpak y Tarao. Buscar la salida a un laberinto de piedra mientras usamos la orina de Tararo como guía o enfrentarnos a supyuestos “bosses” mientras cambiamos de personaje rápidamente y coordinamos sus movimientos son algunos ejemplos.

Lástima que parte de la dificultad que presenta el título esté representada, no por una exigencia de habilidad, si no por una escasa o no muy evidente guía en cuanto a las mecánicas y límites jugables. Todo juego debe proponer pistas visuales o de diseño que nos indican qué cosas se pueden hacer o no en ciertos momentos y nos ayudan así a establecer unas “normas” que orientan la forma de pensar para superar una situación concreta. Aquí no siempre tenemos esa "guía", y nos pasaremos más tiempo del debido averiguando por dónde saltar, qué puerta abrir o qué pared superar. Ejemplos como los Quicktime, en los que no siempre es evidente que estemos ante uno de ellos y las instrucciones en pantalla dan lugar a confusión. O las secciones de saltos con plataformas y salientes donde no sabemos muy bien a cuál saltar o, siquiera, cuál está a nuestro alcance y cuál no. Un plus de dificultad que no depende de la habilidad del jugador y que sólo causa cierta frustración. Y es que el Dogchild no es un paseo infantil y plantea una curva de dificultad suave pero retadora en ciertos momentos.

La primera obra del estudio español ha sido creado usando el motor Unity y con un presupuesto acorde con este tipo de títulos. Algo fundamental de interiorizar antes de valorar el apartado técnico del juego. Y no porque sea malo, ni mucho menos. Colorido a raudales y haciendo gala de un diseño muy "cartoon" que nos pone en pantalla variados escenarios (una ciudad, la montaña, fabricas abandonadas, etc.) que si bien carecen de un mucho detalle permiten mantener una tasa de frames bastante estable. Las animaciones no son milimétricas pero tampoco infuyen, por suerte, en la jugabilidad.

A nadie dejará con la boca abierta pero tampoco creemos que los potenciales compradores de Dogchild vayan buscándolo. Sí quedarán gratamente sorprendidos con el apartado sonoro, especialmente el musical. Las melodías que acompañan cada escenario y situación están perfectamente creadas y orquestadas, y elegidas con mucho gusto. Ambientan muy bien en función de la situación a la que nos enfrentamos y al entorno que nos rodea y las tararearemos en más de una ocasión.

El estreno de Animatoon Studio en el mercado es prometedor y su primera obra destila buenas ideas y el gusto por ofrecer una experiencia muy variada y original. No sólo el diseño de los protagonistas es un acierto, también lo son algunas de las situaciones ante las que los sitúa. Defectos tiene, por supuesto, y algunos de ellos son salvables con independencia del presupuesto con el que han contado. Pero hay que reconocer que el producto final es muy meritorio dados los recursos con los que han contado. Dogchild ofrece unas cuantas horas de original entretenimiento, enfocado a jugadores “casual” o jóvenes (que no infantiles) que gusten de ideas frescas y por poco dinero. Echadle un vistazo.

Valoración

Un juego entretenido y muy variado en sus mecánicas que hace gala de un unos protagionistas muy simpáticos y con un apartado técnico que cumple para ser un indie. Sus defectos jugables lo alejan de la gloría pero muestra el potencial del estudio.

Hobby

75

Bueno

Lo mejor

Lo variado de sus mecánicas. El duo protagonista.

Lo peor

Control poco preciso y desorientación en los objetivos.

Lecturas recomendadas