Análisis

Análisis de Dragon's Crown

Por Alberto Lloret
-

Dragones, mazmorras, orcos, magos, caballeros... Dragon's Crown hermana lo mejor de la fantasía heróica y el beat'em up con unos resultados sobresalientes. Si buscabas un juego de acción, para compartir con amigos, tienes una cita ineludible.

EDITADO (10/9/2013): Mañana saldrá a la venta, la función cross play se integrará más adelante, a través de una descarga, según responsables de Atlus en Norteamérica.

En la década de los 90, Capcom reinó en los salones recreativos con sus sobresalientes beat’em up, con legendarios nombres como Final Fight, Captain Commando, Dungeons & Dragons o Knights of the Round, por mencionar unos pocos. Pero poco a poco, el género fue perdiendo fuelle y, aún sin extinguirse por completo, nunca recuperó el brillo del  pasado. De hecho, experimentos, remakes o puestas al día como el reciente de Double Dragon Neon solo han empeorado las cosas.

Por eso nos ha encantado encontrarnos con Dragon’s Crown, el heredero directo de este espíritu “noventero”, pero puesto al día con mejoras en todos los frentes, desde un desarrollo no lineal y muy rejugable, a toques RPG o modos online para 4, novedades que han devuelto al género su brillo perdido y, de paso, lo han actualizado y “revigorizado” acorde a los estándares actuales. Pero no nos precipitemos, y veámos que es lo que ofrece…

Beat ´em up con “historia”

Tras un desarrollo algo tormentoso, incluso con parón y riesgo de no llegar a editarse, Dragon’s Crown ha nacido de la combinación de dos talentos: Vanillaware y Atlus. Por parte de los primeros, la pieza fundamental ha sido George Kamitani, una leyenda viva del beat’em up y de su evolución en los últimos años, quien imprimió su marca en algunas joyas 2D, como Dungeons & Dragons: Tower of Doom, el infravalorado Odin Sphere o Muramasa: The Demon Blade (y su remake de Vita aún inédito en España).

De hecho, algunas señas de identidad de anteriores producciones están en DC, como la bella y única estética (como en Muramasa) o la posibilidad de elegir entre varios protagonistas para afrontar la aventura (a lo Dungeons & Dragons). Y Atlus, por su parte, fue clave para rematar el desarrollo, ya que dio respaldo técnico y “logistico” en los momentos más complicados. Estos dos talentos unidos han pulido un diamante único, que a pesar de ser un beat’ em up, tiene una trabajada historia de fondo.

Así, Dragon's Crown nos transporta a un idílico mundo de magia y fantasía, donde un aparentemente apacible reino está padeciendo ataques en diversos frentes, desde cortesanos desleales que intentan debilitar al monarca desde dentro, a hordas de orcos y un reino rival que intentan invadirlo por la fuerza. Aunque tardaremos en descubrirlo, la salvación del reino parece estar en la llamada “corona del dragón”, un objeto que permite a su portador controlar a estas temibles criaturas y usarlas para nuestra causa. Así que ya vas sabiendo lo que te va a tocar, ¿no?

Dentro de este contexto nosotros asumimos el papel de un aventurero, a elegir entre 6 personajes distintos: un guerrero, una amazona, un enano, una elfa arquera, una hechicera y un mago. Aún con sus diferencias, los tres primeros ofrecen un estilo de juego más o menos similar, con un combate orientado al cuerpo a cuerpo y la fuerza bruta, sin artificio mágico. La elfa, por su parte, encarna el combate desde la distancia, mientras que los magos (los personajes más difíciles de dominar), encarnarían el combate mágico, con una enorme debilidad física.

Dicho de forma rápida, cada tipo de personaje encarna un nivel de dificultad distinto en Dragon's Crown, siendo los “guerreros” los más fáciles de dominar, la arquera el nivel intermedio y los magos el nivel de dificultad más alto. Así pues, para “dominar” el juego por completo, deberías completarlo con, al menos, un personaje de cada estilo. Indistintamente de tu elección, te esperan un total de 10 niveles (el último es “solo“ el combate con el jefe final). Pueden parecer pocos a estas alturas… pero lo cierto es que no lo notarás.

“Engordando” el género

La primera razón es que todos los niveles son muy rejugables. Para empezar, todos tienen dos rutas (A y B, que conducen a un enemigo final distinto) y, además, hay un total de 50 misiones o encargos que nos invitarán a visitarlos de nuevo para conseguir experiencia extra y, de paso, desbloquear imágenes de una galería de arte en la que han participado diversos diseñadores, como Shitagake o Emida Kira.

Algunos de estos trabajos extra son tan básicos como acabar con 30 enemigos de un tipo concreto, mientras que otros son más “de exploración” y nos invitan a encontrar salas ocultas, acceder a un cofre bloqueado por rejas… Aparte de todo esto, cada nivel también tiene eventos únicos, como superar un río con remolinos o volar en alfombra mágica mientras esquivamos lenguas de fuego y que, dependiendo de lo que hagamos, pueden desembocar en más situaciones distintas.

Y eso por no hablar de los combates contra enemigos finales (algunos también pueden resolverse de dos formas distintas), runas mágicas en la pared que activamos para desbloquear caminos o ayudas extra, enemigos que podemos convertir en montura (como dinosaurios o enormes dientes de sable)… una ingente cantidad de elementos que hacen que Dragon’s Crown sea muy rejugable. Y todo está tan bien dosificado, tan bien calculado que, de verdad, en ningún momento dirás “¿otra vez este nivel?, ¿otra vez este enemigo?” (al menos durante las primeras 20 horas de juego que para un beat’em up ya es bastante).

Todos estos niveles están unidos por un “mundo central” desde el que accedemos a diferentes tiendas y lugares, como una iglesia, un establo o una taberna. Casi todos estos lugares tiene su razón de ser tanto dentro de la historia como por las opciones que ofrece. Por ejemplo, la iglesia nos permite “rezar” para beneficiarnos de ciertas mejoras, como una vida más durante nuestras aventuras (sí, hay vidas a la antigua usanza). O incluso resucitar los huesos de los aventureros caidos que encontremos durante nuestras andanzas, por mencionar algunas opciones (incidiremos sobre esto último más adelante).

Tampoco faltan tiendas donde abastecernos de anillos mágicos de todo tipo, pociones, runas mágicas o incluso “bolsas” para equipar distintos sets de armas, accesorios e ítems. Incluso en una de las tiendas ofrecen servicio de reparación, ya que armas, protecciones y accesorios se deterioran con el uso. Y hay más toques RPG. Por ejemplo, al cumplir ciertas misiones o subir de nivel, ganamos puntos de habilidad, que podemos canjear por… ¡oh sorpresa!, habilidades. Dentro de éstas, existen dos grupos distintos: uno exclusivo de nuestro personaje y otro común a todos.

En el primero encontramos diferentes niveles de mejora –hasta 10- para nuestros ataques y combos (o incluso habilidades nuevas), mientras que en el segundo encontramos mejoras de salud, recuperar energía recogiendo monedas… y cosas similares. La única restricción es que todas las habilidades tienen un nivel mínimo requerido, es decir, hasta que no alcancemos ese nivel no podremos activar la mejora. De este modo, tú decides qué mejoras quieres realizar, aunque en la práctica, nunca tendrás la sensación de que tus decisiones marquen las diferencias.

Otro aspecto original frente a otros beat ’em ups es Rannie, el ladrón que nos acompaña en todo momento. Su papel es vital, ya que es el único que puede abrir las puertas y cofres del juego (y que encierran armas, escudos, accesorios o dinero). El contenido de estos cofres se “valora” de mejor a peor con las letras A, B, C, D y E, quedando la S reservada a los mejores y más escasos. Eso sí, cuando consigas algún nuevo artilugio/accesorio no podrás usarlo de primeras. Previo pago, tendrás que “identificarlo” en una de las tiendas, lo que te permitirá conocer sus características y efectos extra (envenenar, causar más daño a un tipo de enemigo… etc.).

Sabor noventero

A la hora de jugar, la mejor forma de definir a Dragon’s Crown es como un Dungeons & Dragons de Capcom vitaminado y potenciado a lo bestia. La acción es directa, simple y con apenas 2 botones realizamos todos los ataques, combos o hechizos. No busca complicaciones ni que realizar ciertos ataques sea complicado: como mucho pulsar un botón más una dirección y listo (no hay “hadokens” ni nada parecido como en Dungeons & Dragons). Es acción simple, directa y muy efectiva, para que cualquiera pueda empezar a gozarlo desde el primer minuto (sobre todo con los personajes más “sencillos”).

También disponemos de un botón de salto, otro para esquivar, uno para coger ítems (como ballestas, antorchas o los mencionados huesos)  o subirnos en las monturas.... e incluso la cruceta, con la que nos movemos y utilizamos los ítems de nuestro inventario (pergaminos, anillos, pociones…). También hay un botón para interactuar con el entorno, que junto al stick derecho, nos permite localizar en el decorado objetos ocultos que brillan o indicarle a Rannie que puerta o cofre abrir, mecánica que resulta mucho más cómoda en Vita (basta con tocar la pantalla táctil).

Y, como en los clásicos de los 90, podemos disfrutar de esta fórmula completamente solos, acompañados por 3 personajes manejados por la CPU (a elegir entre los aventureros resucitados) o por 3 humanos, ya sea en la misma consola u online (en Vita también ad hoc). El resultado, si jugamos con otros 3 personajes (algo recomendable hasta que alcancemos cierto nivel), es que las batallas pueden llegar a ser algo confusas, con demasiados efectos, explosiones y enemigos en pantalla al mismo tiempo.  No saber dónde estamos es algo que puede pasarte a menudo, pero tampoco es un problema nuevo en el género… (Nota: cada jugador/personaje está asociado a un color y con  actualización 1.02 se duplica este código de color en la parte inferior de la pantalla con una marca "hermosa" para que localicemos más rápido a nuestro personaje).

Diseñado para durar

Por si la sola idea de rapiñar el contenido de los cofres (cuyo contenido es aleatorio y existen cientos de armas y accesorios) no fuera suficiente, Dragon's Crown tiene sus propios mecanismos para prolongar aún más su duración. Uno de ellos es la posibilidad de jugar los niveles de forma consecutiva, sin pasar por el mundo central. Al hacerlo, iremos consiguiendo bonificaciones extra, como conseguir más dinero, mejores tesoros o mejor puntuación al final del nivel. Eso sí, tendremos que tener equipo suficiente y distintas bolsas para cambiar de equipo a medida que se deteriore.

Además, visitar de forma consecutiva los niveles habilita un minijuego especial de “cocina”, con el que podemos preparar diversos guisos y así recuperar la energía y características de nuestro personaje. Por si todo esto fuera poco, al terminar la aventura desbloqueamos dos modos extra, Colosseum (un modo “versus” para hasta 4 jugadores)  y Labyrinth of Chaos, un laberinto “infinito” que se genera aleatoriamente y que encierra alguna jugosa recompensa al superar un determinado número de salas.

Sobra decir que tanto estos retos adicionales como la aventura “normal” se disfrutan muchísimo más en compañía de otros jugadores, especialmente online y en Vita. Y es que en la portátil podemos disfrutar de algunas “funciones” que curiosamente no están disponibles en PS3, como el chat de voz. En Vita podemos abrir una sala “Fiesta”, dejar la aplicación en segundo plano y hablar con los amigos mientras jugamos (y va bastante bien, sin sufrir lag o ralentizaciones), algo que no es posible en PS3. Esto, sumado a la pantalla táctil, convierte la versión portátil en nuestra favorita (y más con las últimas actualizaciones, que han mejorado la estabilidad del juego, ya bastante buena desde la versión 1.01).

Un gustazo para los ojos… y los oídos

Además de sus virtudes jugables, Dragon's Crown tiene otra baza más: es uno de los juegos más bellos que han pasado por Vita. En PS3 luce igual de bien, pero la pantalla de la portátil realza aún más su brillante colorido. Y como en otras producciones de Vanillaware, la dirección artística es única, a pesar de haber recibido algunas críticas por abusar de pechos y culos enormes en el diseño de algunos personajes femeninos (cosa que todo sea dicho, a mi no me ha molestado lo más mínimo).

Es un juego que entra por los ojos, que parece casi una acuarela y en el que tanto personajes, como escenarios o enemigos cuentan con un delicioso acabado. Sus animaciones pueden parecer simples, pero están repletas de detallitos, lo que sumado a los vistosos efectos (fuego, luz, explosiones…) culminan un apartado visual sobresaliente. El audio por su parte está al mismo nivel, con excelentes efectos y una banda sonora, rubricada por el estudio de Hitoshi Sakimoto (Vagrant Story, Final Fantasy XII…) que se te grabará a fuego en los tímpanos.

Eso sí, no es tampoco el juego “perfecto”. Por desgracia llega con los textos en inglés (de las voces ni hablamos) y como hemos dicho anteriormente, tiene alguna que otra ralentización. Puede ser fácil perder de vista a tu personaje en los momentos más caóticos e, inexplicablemente, en un juego tan orientado al cooperativo, no ofrece chat de voz en PS3. Aunque podemos usar la misma partida guardada indistintamente entre PS3 y Vita (hay opción para subirla a la nube), no es Cross-Buy ni ofrece juego cruzado entre plataformas.

Fallos que pueden ser considerados menores pero que, en su conjunto, le alejan de ser “perfecto”. Aún así, Dragon’s Crown es por méritos propios un título imprescindible para los amantes de los beat’em up, una referencia en el género que con el paso del tiempo está llamada a convertirse en un juego de culto. Una JOYAZA que ha sabido poner al día un género denostado y que a poco que le des una oportunidad, sabrá conquistar tu corazón.

Valoración

Un beat 'em up como los de antes, pero diseñado como los de ahora: muy divertido, muy rejugable y sobre todo, muy vistoso. Un juego llamado a ser una referencia en el género y que, en no muchos años, será un título de culto.

Hobby

92

Excelente

Lo mejor

Es muy divertido y rejugable. Los gráficos son PRECIOSOS. El uso de la pantalla táctil en Vita.

Lo peor

No llega con los textos en castellano. Ralentizaciones puntuales. Ni Cros-Buy ni juego cruzado.

Lecturas recomendadas