Análisis

Análisis de DuckTales Remastered

Por Rafael Aznar
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DuckTales Remastered, la reconstrucción en alta definición del mítico juego de NES de 1989, ya está entre nosotros. Gilito McPato ha vuelto a bucear en su cámara acorazada para rescatar su preciado bastón y darle lustre en PS3, Xbox 360, Wii U y PC. Ya decía la mítica canción de apertura de la serie de televisión que había “Patoaventuras para rato”.

La factoría Disney lleva décadas siendo un referente de la creación de dibujos animados. Personajes como Mickey Mouse, Donald Duck, Goofie o Pluto han sido sólo algunos de los personajes que han contribuido a convertir a la compañía estadounidense en una mina de oro. Precisamente, el protagonista de DuckTales Remastered, el juego que nos ocupa en este análisis, es el Tío Gilito, un pato enamorado hasta las plumas del vil metal, tal y como quedó patente en la serie de televisión Patoaventuras, que los menos jóvenes del lugar recordaréis con gran nostalgia.

A finales de los 80 y principios de los 90, las licencias de Disney dieron pie a un puñado de videojuegos excepcionales. Títulos como Castle of Illusion Starring Mickey Mouse, Aladdin o el Rey León permanecen en el imaginario de la época de los 8 y los 16 bits, cuando las plataformas eran el género predilecto de las compañías, sublimado en dos referentes como el fontanero Mario y el erizo Sonic. En esos albores de la filosofía saltimbanqui, uno de las primeras estrellas fue Gilito McPato, que, en 1989, protagonizó DuckTales, un juego de NES dirigido por Keiji Inafune, una de las caras más visibles de Capcom hasta hace unos años, pues estuvo al cargo de sagas como MegaMan, Onimusha o Dead Rising.

En el juego, inspirado en la serie televisiva, Tío Gilito (alias Uncle Scrooge, en la versión original) debía viajar por diversos parajes en busca de una serie de tesoros perdidos, mientras se ayudaba de su bastón para dar brincos por doquier y derrotar a cuantos enemigos le salieran al paso. Veinticinco años después, estamos de enhorabuena, sobre todo los que crecimos viendo a este millonario tacaño y sus allegados. Permítanme el comentario de abuelete refunfuñón: ya no se hacen series de dibujos animados como Patoaventuras. Por no haber, no hay ni series infantiles en los canales generalistas de mayor audiencia, ni por la mañana, ni a mediodía ni por la tarde (parece ser que la telebasura engrosa más fácilmente los índices de audiencia). Por suerte, Capcom se ha decidido a hacer un “remake” del juego de NES y le ha dado la batuta al estudio WayForward, para trasladarlo a las plataformas digitales de PlayStation 3, Xbox 360, Wii U y PC. El 13 de agosto sale la versión de ordenador; el 14, la de PS3; y el 15, la de la consola de Nintendo. La de la máquina de Microsoft tendrá que esperar hasta el 11 de septiembre.

Patos en el estanque aúrico

DuckTales Remastered da comienzo justo después de que los Golfos Apandadores accedan a la cámara acorazada de Gilito McPato para desplumarle. La alarma salta y el protagonista acude presto para evitar que le escamoteen sus doblones de oro, que con tanto ahínco ha ido recabando. Sin embargo, lo que buscan los susodichos gordinflones es un documento que se halla oculto tras un cuadro y cuya existencia Gilito desconocía. Éste se da cuenta enseguida de que es un mapa del tesoro y se lanza a la aventura, con el objetivo de añadir cinco nuevas reliquias a su ya ostentosa colección de joyas: el cetro del Rey Inca, la moneda del Reino Perdido, el diamante gigante del Centro de la Tierra, la corona perdida de Genghis Khan y el queso verde de la longevidad.

El juego cuenta con un desarrollo plataformero en 2D. Hay saltos corrientes, pero la clave está en el uso de un bastón, que no sólo permite rebotar y dar saltos más amplios, sino también lanzar objetos, romper cosas o descalabrar a los enemigos. Por lo general, hay que buscar una serie de objetos por los escenarios, tales como monedas, trozos de un documento, una llave de ascensor o las piezas de un rotor. Una vez que los tenemos en nuestras manos, podemos acceder al jefe final de cada nivel. De vez en cuando, también toca salvar a los sobrinos de Gilito (Juanito, Jaimito y Jorgito) y a Rosita, a los que la curiosidad les mete en más de un lío.

En total, hay siete niveles: uno introductorio, cinco principales que se pueden superar en cualquier orden y un epílogo. Cada uno suele durar unos 15-20 minutos y, al final, nos esperan criaturas como un tótem vivificado, una bruja con ínfulas de buitre, un pariente del Yeti o un roedor gigante. Cada cual tiene sus rutinas, aunque, una vez aprendidas, es bastante sencillo darles el finiquito vital.

La base del título es la misma que en NES. Es decir, los movimientos de Gilito, los tipos de enemigos o los escenarios son los que ya conocimos en 1989. Ahora bien, se han rediseñado algunas secciones y, aunque sigue siendo desafiante, se ha mitigado ligeramente la dificultad. Al principio, contamos con tres vidas y tres contenedores de corazón, de modo que, si perdemos las tres oportunidades, toca reiniciar los niveles desde cero, sin posibilidad de continuar infinitas veces como sucede en muchos juegos actuales, sustentados por la fórmula del ensayo-error. A medida que progresamos, podemos ampliar el número de contenedores de corazón, lo que hace que todo sea más asequible. Además, podemos buscar a la Señora Beakley, que está escondida en algún lugar de cada escenario, para que nos conceda una vida extra y nos rellene la barra sanguínea.

El bastón más saltarín y peleón

El control de DuckTales Remastered es fabuloso. Los viejos lobos de mar de los 8 bits se sentirán muy satisfechos con la facilidad para encadenar saltos en todo tipo de situaciones. Podemos saltar sobre un enemigo para llegar a un saliente alto, rebotar por zonas a priori dañinas, como un zarzal de espinas, aprovechar a un enemigo que surge repentinamente de un foso, lanzarnos por lianas, trepar por cadenas que se deterioran con nuestro peso… También hay que estar atento, por ejemplo, al tipo de superficie, pues si usamos el bastón para rebotar en la nieve, sólo conseguiremos hundirnos hasta la cintura. Tampoco faltan algunas secciones con vagonetas, que obligan a agachar la cocorota y saltar antes de que se despeñen por algún precipicio.

Los enemigos resultan muy variados e inciden, directamente, en la jugabilidad. Hay plantas carnívoras sobre las que no se puede saltar (pero sí tirarles algún objeto), fantasmas invencibles a los que no queda otra que esquivar, esqueletos que corren, patos trajeados como jugadores de hockey hielo, cabras montesas, patos momificados… El humor y la simpatía lo presiden todo.

Lo más negativo que se puede decir de la aventura es que sólo dura unas dos horas. Para los estándares de hoy en día, es una cifra bastante escasa, aunque está el añadido de tener que repetir los niveles para recolectar más dinero y, así, poder comprar todo el arte conceptual que hay en la tienda, que es bastante llamativo. En especial, destacan los diseños de personajes, que permiten comparar los modelos actuales en HD con los “sprites” originales de NES. Además, hay clasificaciones online, para poder comparar nuestras puntuaciones con las de otros usuarios. Aun así, el elevado precio de 14,99 euros hace que la relación duración-coste sea un poco elevada. Quizás se podría haber incluido una posible reedición de DuckTales 2 en el pack.

Juventud, divino tesoro

DuckTales Remastered es un juego que se ha rehecho desde cero. Capcom ya demostró su capacidad para reconstruir juegos cuando adaptó a Gamecube la primera entrega de Resident Evil, también conocida como “REmake”. De un tiempo a esta parte, han proliferado las versiones en alta definición de muchos juegos. Las compañías han visto un filón en la propuesta y, a menudo, se haría necesario sacar una lupa y contratar los servicios de Sherlock Holmes para ver si aprecia alguna diferencia entre el título original y la supuesta versión actualizada. Muchas compañías han apostado por el “port” facilón o, directamente, por poner en el juego original en la tienda virtual, sin siquiera corregir fallos.

No es el caso del juego que nos ocupa, que ha sido remozado de pies a cabeza. Los píxeles de NES han sufrido un auténtico lifting, lo que ha dado lugar a la paradoja temporal de que, en vez de tener arrugas, el Tío Gilito luce más joven que hace veinticuatro años. El apartado gráfico es una explosión de color. Por un lado, los personajes, dibujados a mano, lucen genial. Por otro, los escenarios presentan unos diseños, una estructura y una estética muy variados. El banco, el Amazonas, el castillo de Transilvania, las minas africanas, el Himalaya, la Luna y el Monte Vesubio no tienen nada que ver los unos con los otros. No es lo mismo moverse por la jungla que por un volcán o una montaña helada, y eso el juego lo refleja a la perfección. Del mismo modo, llaman la atención los juegos de luces, como los de las antorchas y los rayos que caen del cielo en el nivel de Transilvania.

El peso imponderable de la nostalgia patosa

Uno de los puntos fuertes de DuckTales Remastered es su fidelidad a la serie de televisión. En primer lugar, están los personajes. No sólo aparecen el Tío Gilito y sus sobrinos, sino también el aviador Joe, Ungenio, el mayordomo Bernardo, Bubba, Robopato, Isidoro Dorado, Mágica de Spell… En segundo lugar, no faltan iconos como la avioneta de Joe o la piscina de monedas de Gilito, en la cual el protagonista puede darse un chapuzón y salir “escupiendo” monedas, tal y como hacía en la apertura de la serie.

El apartado sonoro también es muy fidedigno. En el menú, suena la mítica melodía de la intro televisiva. A ello, se añaden los sonidos “a lo 8 bits”, por ejemplo a la hora de trepar por cadenas o rebotar con el bastón, lo que contribuye a recordar los orígenes bautismales del título. Como colofón, se han incluido las voces originales de la serie. Lo malo es que están sólo en inglés, pero los diálogos son muy divertidos de escuchar (los subtítulos, al menos, sí están en castellano).

Con este título, WayForward y Capcom enseñan lo que cabe esperar de un verdadero “remake”. Mientras otros tratan de maquillar títulos antiguos con un filtro HD y vender la moto de que son nuevos, el millonario McPato demuestra que aún tiene condiciones para seguir en la picota de las plataformas en 2D, que han renacido en los últimos años. La lástima es que dure tan poco, contradiciendo aquel lema de “Patoaventuras para rato”, y que cueste 14,99 euros. Aun así, el título es pura nostalgia adaptada al siglo XXI. Al Tío Gilito le pirran los tesoros y, entre ellos, cuenta con uno de los más preciados: el elixir de la eterna juventud.

Valoración

El Tío Gilito vuelve por sus fueros con una aventura rehecha desde cero. El control es fabuloso, igual que la recreación visual de Patoaventuras. Más les valdría tomar nota a los amantes de los “ports” cutres en HD.

Hobby

89

Muy bueno

Lo mejor

Rememorar uno de los mejores títulos de NES, adaptado al siglo XXI. La variedad de los niveles.

Lo peor

Se puede acabar en dos horas escasas y es un poco caro. Las voces no se han doblado al español.

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