Análisis

Análisis de Far Cry 4 en PS4

Por Alberto Lloret
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Versión comentada: PS4

Far Cry 4, el nuevo shooter en mundo abierto de Ubisoft, debuta en las consolas de nueva generación llevándonos a un ficticio Tibet regido por el psicópata Pagan Min. ¿Preparado para una nueva aventura de proporciones colosales?

ACTUALIZADO 10/02/2014: Ya está disponible en Xbox 360 y Xbox One el DLC Invasión de Far Cry 4. Mañana estará disponible en PS3 y PS4 y el jueves en PC. Incluye un nuevo modo Pvp con cuatro mapas nuevos y un vehículo más.

ACTUALIZADO 27/01/2015: Ya está disponible en PC, Xbox 360 y Xbox One (a partir de mañana en PS3 y PS4) el Hurk Deluxe Pack de Far Cry 4 que añade cinco nuevas misiones para un jugador y un arsenal donde destaca el cañón de arpones de Hurk.

ACTUALIZADO 13/01/2015: Ya está disponible el primer DLC de Far Cry 4: Escape de la Prisión de Durgesh.

ACTUALIZADO 11/12/2014: Ubisoft anuncia que ya está disponible un nuevo parche para Far Cry 4 en PC con mejoras en el apartado gráfico y los controles del juego.

Con más de 9 millones de copias vendidas desde su lanzamiento, Far Cry 3 fue una de las grandes sorpresas de 2012. El techo de una saga de shooters en mundo abierto adelantada a su tiempo, que nació en 2004 bajo el paraguas de Crytek para PC y que, después, compró Ubisoft para desarrollar las secuelas, con las que ha ido creciendo y madurando el concepto original para dejar experiencias tan intensas como enormes, que han ido a más. Y ahora, tras dos años de descanso, llega el siguiente paso en la serie, Far Cry 4. ¿Será capaz de superar las virtudes y el éxito de FC3? Vamos a verlo.

Far Cry 4 nos pone en el pellejo de Ajay Ghale, un exiliado que regresa a su ficticia Kyrat natal para cumplir el último deseo de su madre: que esparzan sus cenizas en la tierra de la que huyó. Una voluntad que va a complicar la existencia de Ajay cuando Pagan Min, el autoproclamado, tiránico y sádico rey de la región intercepta el autobús en el que viaja. Será el comienzo de una larga aventura en la que recorreremos una zona ficticia del Tibet, donde descubriremos, a tiro limpio, su folclore, fauna, flora… y peligros.

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Kyrat, que hermoso eres

El esquema de juego de FC4 se sustenta sobre lo visto en anteriores entregas y, muy especialmente, en FC3. Así, a grandes rasgos, nos sueltan en Kyrat, un gigantesco entorno abierto -de tamaño similar al de FC3- y nos dan libertad absoluta para hacer lo que nos plazca: podemos desde centrarnos exclusivamente en las misiones de la historia (que como en otros mundos abiertos activamos al llegar a zonas concretas del mapa) a dedicarnos a buscar los coleccionables (cerca de 300 en total), recorrer el mundo por puro placer o realizar sus abundantes tareas secundarias.

De la historia poco diremos para evitar destripar nada, pero, de nuevo, hay momentos muy intensos y salvajes, algún que otro viaje “psicotrópico” en los que recorremos una realidad “alternativa”, visitas puntuales al gélido Himalaya, villanos muy villanos (con algunos momentos y diálogos sobresalientes)  y crueldad por todas partes. Todo repartido en un total de 32 misiones, en las que no falta el sigilo, la acción a pecho descubierto y todos los caminos intermedios posibles.

Solo diremos, sin entrar en mucho detalle, que la historia, aún con algunos momentos flojillos y algo manidos, presenta un elenco de personajes brillante, en el que hay desde curas ultra-armados a torturadores con una intensa vida familiar, pasando por el brillante Pagan Min y otros personajes. Cada uno tiene sus momentos, bien sea mediante secuencias de vídeo o incluso a través de charlas por móvil. Son, sin duda, algunos de los mejores momentos de la trama...

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Viejos conocidos que vuelven

Calcular la duración exacta de la campaña es complicado, porque realizar algunas tareas opcionales ayuda a que la campaña sea más llevadera. Así, por ejemplo, la forma de mejorar nuestra capacidad para acarrear armas, munición y otros ítems (como jeringuillas) es idéntica a la de Far Cry 3, y requiere que cacemos y destripemos animales de todo tipo para obtener las pieles y materiales necesarios. Eso por no hablar de los campanarios, que vienen a ser las torres de FC3 (la forma de llegar a lo más alto en cada una varía, como en FC3) y que nos permiten ir despejando el mapa, emplazamientos y tareas extra al estilo de las atalayas de Assassin’s Creed.

También regresan los “puestos”, pequeños emplazamientos controlados por las fuerzas de Pagan Min que, una vez eliminadas, nos permiten el viaje rápido entre zonas del mapa, además de abrir otras opciones, como acceder a algunas misiones secundarias y a un armario donde podemos vender los ítems rapiñados de cofres y cadáveres o comprar y mejorar nuestro arsenal. Y, de nuevo, como en FC3, en estos puestos no faltan las alarmas, que de ser activadas traerán más refuerzos y complicarán más las cosas (podemos “rejugarlos” para mejorar nuestro tiempo de conquista).

Del mismo modo, también regresan los puntos de experiencia, que al acumularse en determinadas cantidades se convierten en puntos de habilidad, con los que desbloqueamos hasta 48 nuevas destrezas para Ajay, esta vez repartidas en 2 ramas: el tigre y el elefante. Activar estas habilidades tiene un coste en puntos, entre 1 y 3 la mayoría, y nos permiten encadenar muertes sigilosas, subirnos en elefantes, acceder a nuevos tipos de jeringuilla que nos dan efectos extra, aumentar la barra de vida, etc. No todas están disponibles desde el principio y algunas requieren superar una misión de la historia, realizar ciertas tareas opcionales, etc.

De hecho, esta cantidad de similitudes es, quizá uno de los pocos “peros” que se le pude reprochar a Far Cry 4. En ocasiones es como si a Ubisoft Montreal le hubieran dado la consigna de retener todo aquello que funcionó en el anterior, incluso los detalles como contar con un tema musical famoso para ambientar un momento concreto del juego (si en Far Cry 3 la secuencia inicial la animaba “Paper Planes” de M.I.A. aquí hace lo propio “Should I Stay or Should I Go” de The Clash), el uso del traje alado para planear mientras estamos en caída libre, la presencia de soldados blindados… etc.

Aventuras con regusto tibetano

Hasta algunas misiones presentan situaciones idénticas, como quemar una plantación de opio (que en FC3 era de marihuana), ni falta algún que otro flirteo con el sexo… Incluso un personaje de FC3, Willis, vuelve con nuevas misiones. Pero, a pesar de esta sensación de ser continuista (que tampoco es malo dado el nivel al anterior juego), FC4 también tiene sus propios elementos diferenciadores. El primero y más importante es la ambientación. Kyrat es un entorno más variado que Rook Island y, además, explota de forma excepcional toda la cultura, tradición y mitología de reminiscencia tibetana.

Algunos de estos elementos se explotan de forma magistral en algunas escenas aisladas, fuera del mapa principal del juego, como el Himalaya (donde debemos buscar mascarillas de oxígeno para resistir la elevada altura y temperatura) o la mítica Shangri-la, donde reviviremos algunos pasajes de la mitología kyratí con algunas mecánicas jugables distintas a las del resto de la aventura.

Y no solo eso: a nivel jugable también introduce algunas interesantes propuestas. Por un lado están los eventos de “karma”, que beben directamente de los eventos aleatorios de GTAV. Mientras nos movemos por Kyrat, muchas cosas pueden pasar, desde evitar que la milicia ejecute a un ciudadano a ayudar a las tropas de Senda Dorada en un tiroteo o salvar a un civil del ataque de un tigre o manada de perros salvajes, por poner algunos ejemplos, aunque hay más.

Si actuamos bien en todas estas acciones, es decir, ayudando al prójimo y no exterminándolo, recibiremos puntos de karma que, a su vez, al alcanzar ciertos niveles, nos dan acceso a diferentes mejoras como poder comprar determinados explosivos pegajosos o poder usar más señales para pedir refuerzos. Si por el contrario obramos mal, aunque sea por accidente (atropellando a un civil durante una misión) se nos restarán puntos.

De este modo, los eventos aleatorios se encargan de que movernos por Kyrat resulte mucho más dinámico, impredecible y divertido que en su antecesor. Y eso sin contar con las propias amenazas naturales del entorno: que un águila nos ataque desde las alturas o que un rinoceronte cargue contra nosotros al encontrarnos de frente son solo algunos ejemplos de lo vivo y peligroso que resulta este ecosistema virtual.

Pero aún hay más. También están las fortalezas, que como su nombre indica, son el baluarte donde se esconden algunos de los hombres clave de Pagan. En total hay 4, y son como un puesto, pero bastante más grandes y difíciles (aunque podemos bajar su nivel de dificultad cumpliendo misiones de la campaña). Aún así, es una de las tareas que resultan mucho más amenas y llevaderas jugando en cooperativo con un amigo, algo sobre lo que hablaremos más adelante.

Las novedades no terminan aquí: Ajay cuenta con algunos nuevos recursos, como un garfio para poder trepar o descender por por determinadas paredes rocosas, un “buzzer” o autogiro que nos permite volar por el mapeado o subir en elefantes y utilizarlos para cargar contra vehículos y enemigos. Incluso podemos activar un “autopilotaje” en determinados momentos para centrarnos en disparar mientras nuestro vehículo sigue avanzando por el camino hasta el lugar indicado.

Pero, lo más importante de todo, es que en determinados momentos de la aventura Ajay puede decidir. Sus principales aliados son Sabal y Amita, los dos líderes de Senda Dorado (los revolucionarios que luchan contra el régimen de Pagan Min) y en momentos puntuales de la aventura, podemos elegir a cuál de los dos ayudamos. Como todas las elecciones, respaldar a uno de los líderes tiene sus consecuencias, y los desequilibramos en su lucha de poder.

En dos palabras, elegir a uno significa “dar de lado” al otro y, lo que es más importante a nivel jugable, se nos plantean misiones, objetivos y escenarios distintos según nuestra decisión. Esta dicotomía se da en un total de 4 ó 5 misiones, lo que hace que la trama de la aventura sea, en cierto modo rejugable, al menos si eres de los completistas que quiere ver todas las combinaciones posibles.

Bienvenidos al paraíso de las tareas opcionales

Todo esto sin haber entrado aún a hablar en detalle de todo lo opcional que ofrece Far Cry 4, uno de los puntos donde da el do de pecho. Y es que, sin ningún tipo de duda, estamos ante uno de los mundos abiertos más “densos”, con más cosas para hacer, de todo el género. Como en el anterior, existen multitud de cofres que nos dan dinero y objetos para vender. El sentido del humor está presente incluso en las descripciones de estos objetos, algunas con mucha mala baba y doble sentido…

Además, están los típicos coleccionables, que aquí son unos “pocos”: 150 pósters de propaganda que debemos arrancar de las paredes, 40 ruedas mani que debemos hacer girar, 55 máscaras demoníacas de Yalung que debemos destruir, 20 cartas perdidas de soldados de la I Guerra Mundial, 20 diarios del padre de Ajay… Algunos aparecen indicados en el mapa al pasar cerca, otros marcan un área donde se encuentran, aunque si alguno se resiste, siempre podemos comprar los mapas que revelan su ubicación.

Como misiones opcionales, hay una verdadera burrada para elegir. Solo en misiones de caza, hay 4 tipos distintos. Por ejemplo, hay misiones de “control”, en el que debemos reducir la población de una determinada especie usando los métodos que queramos (lanzagranadas incluido, como podéis ver en uno de los vídeos del modo cooperativo). Hay otras de “suministro”, en las que debemos usar el arma indicada para abatir al animal y recoger su carne para dársela a los miembros de Senda Dorado.

Incluso las hay de “supervivencia”, en las que debemos abatir a determinados depredadores, como tigres de bengala, para salvar a algunos civiles que están siendo atacados. Y, por último en la caza, están las misiones de la llamada “semana de la moda de Kyrat”, en las que debemos rastrear y abatir ejemplares únicos para acceder a su cotizada piel (algunas de estas pieles son necesarias para fabricar algunos ítems, como los últimos niveles de algunas bandoleras de munición).

No faltan tampoco eventos para una productora de cine, que cámara deportiva en el casco, debemos grabarnos en diferentes eventos que nos invitan a pasar por checkpoints, cambiar de vehículos y superar carreras en un tiempo. Tampoco faltan operaciones de rescate de rehenes, o las llamadas “Ojo por ojo”, en las que debemos abatir a un soldado concreto usando un arma determinada y, además, cumplir algún otro objetivo adicional, como tomarle una foto o esconder el cuerpo en una zona concreta.

Escoltar un vehículo, recuperar suministros para la Senda Dorada, secuestrar o destruir para nuestra causa los camiones del ejército de Pagan, destruir convoyes de blindados que intentarán recuperar algún puesto, destruir su maquinaria de propaganda… En total, casi 100 misiones opcionales, que se reparten de forma desigual entre todas estas tareas (por ejemplo, el rescate de rehenes tiene 14 misiones, mientras que algunas de caza no llegan ni a las 5).  Por no faltar, no falta ni una especie de coliseo, donde tendremos que superar oleadas de enemigos, fieras salvajes incluidas.

Para cerrar este festival de tareas opcionales está la búsqueda de las llamadas Thangka, 4 fragmentos de un mural, con los que accedemos a Shangri-la, sin olvidar las mejoras que podemos comprar para un edificio o las misiones de algunos secundarios, como los “fumaos” Yogi y Reggie, visitar los 240 lugares de interés del mapa, subir a los mencionados campanarios (17 en total) y dominar los 24 puestos. Lo dicho, si quieres una aventura en mundo abierto para un jugador que sea capaz de entretenerte durante bastante tiempo, Far Cry 4 es tu juego… y aún guarda algunos ases en la manga.

Recorre Kyrat con un amigo

El modo cooperativo es quizá, el mayor aporte de esta entrega a la saga. Mientras que en FC3 el modo cooperativo consistía en una historia aparte para hasta 4 jugadores y con 6 niveles independientes de la campaña, aquí Ubisoft Montreal ha optado por lo más inteligente: que dos jugadores puedan recorrer juntos Kyrat y realizar la práctica totalidad de tareas opcionales juntos. Y cuando decimos todas, nos estamos refiriendo a asaltar fortalezas, cazar o incluso arrancar los carteles de propaganda, como podéis ver en el siguiente gameplay...

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Para poder jugar en cooperativo, aparte de tener una conexión online (no se puede a pantalla partida), hay que cumplir un par de requisitos. El primero es haber alcanzado un punto concreto de la historia en el que conocemos a Hurk, un “pasao” de rosca al que ya vimos en FC3 y que aquí es nuestro compañero en nuestras andanzas cooperativas. El segundo requisito es que, a la hora de comenzar una sesión de juego, elijamos la opción “Continuar (en línea)”,  ya que podemos continuar “sin conexión”, impidiendo que nadie pueda entrar en nuestra partida.

Podemos invitar a amigos o dejar que cualquiera se una a la partida usando un sencillo sistema, ya sea desde el menú principal, desde la pausa del juego o pulsando abajo en la cruceta. El que pida “ayuda” será el anfitrión, mientras que cualquiera que la ofrezca puede unirse, incluidas invitaciones a amigos. Una vez juntos, el anfitrión es el que marca los objetivos, aunque ambos pueden ayudarse mutuamente (compartir munición, ayudar a recuperarse si uno de los dos cae abatido… etc.) y pueden separarse hasta 150 metros: si el invitado se aleja más, volverá de forma automática junto al anfitrión.

Aquí el uso del headset es crucial para realizar de forma coordinada algunas acciones, como asaltar fortalezas o rescatar rehenes, aunque el juego también incluye una serie de frases y gestos contextuales que podemos elegir pulsando abajo en la cruceta. Entre estos gestos no falta la famosa peineta, que promete ser uno de los más utilizados a la hora de jugar con amigos… Y hablando de amigos, tampoco hay que olvidar las llamadas llaves para Kyrat.

Si compras el juego en sus versiones para PS3 o PS4, obtendrás 10 llaves de Kyrat, que te permiten invitar a un amigo (solo una llave por amigo) que no tenga el juego a unirse a tu partida en mundo abierto para realizar juntos algunas de las tareas opcionales. Hubiera molado que, en lugar de 2 horas, hubiera sido una única llave para que un amigo jugara de forma indefinida… pero bueno, al menos es una buena forma para que los amigos prueben el juego y decidan si les gusta o no. Y, desde luego, el cooperativo es muy, muy divertido y como lo probéis, es muy probable que dos horas os sepan a poco…

Multijugador online con el toque Far Cry

Por último, están otras dos opciones de sobra conocidas por los seguidores de Far Cry: el multijugador competitivo y el editor de mapas, ambos presentes desde FC2. El primero ofrece lo habitual en el género, es decir, partidas abiertas en las que hay experiencia, con la que ganamos monedas para comprar armas, mejoras y habilidades y partidas cerradas entre amigos que no “puntúan”. En ambos casos son para un máximo de 10 jugadores, y ofrece 3 modos de juego distintos, que una vez más son modificaciones de algunos modos de juego clásicos, como capturar la bandera.

Hemos podido probar los 3 modos largo y tendido y cada uno tiene su encanto, además de ofrecer sensaciones y opciones muy distintas según el bando. Aquí se enfrentan los miembros de Senda Dorada, fuertemente armados y capaces de manejar vehículos contra los Rakshasa, una tribu ancestral que usa el sigilo, la invisibilidad, el arco y la naturaleza (por ejemplo, pueden activar efectos extra recolectando plantas e invocar animales salvajes) para combatir.

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Así, “Máscara Demoníaca” es una revisión de capturar la bandera, en la que ambos equipos deben localizar una máscara y llevarla a unos templos para preservarlas o destruirlas. El portador de la máscara muta incluso en aspecto, premiando al resto de jugadores con XP por escoltarle hasta los templos. En este modo, como en el resto, suele haber un campanario, que dominado por uno u otro equipo hace que los enemigos sean visibles o no en el mapa.

Por su parte, “Puesto” es la versión Far Cry del típico dominación, aunque en lugar de varias bases solo hay una. Lo que hay es una barra con el porcentaje de dominación. Los defensores deben evitar que esa barra suba (al llegar a ciertos porcentajes, se añade tiempo extra), mientras que los atacantes deben situarse cerca de la bandera para que la barra vaya subiendo.

El tercer y último modo es “Propaganda”, en el que debemos destruir, o evitar que destruyan, algunos puntos clave del mapa. Es el típico modo en el que debemos plantar bombas o desactivarlas, dependiendo del bando, pero de nuevo, entran en juego otros elementos, como el campanario, las armas fijas que hay en los mapas (como morteros). En las partidas abiertas, ganar en estos modos nos da XP, pero no hay niveles como tal, sino que cada vez que rellenamos una barra de experiencia, recibimos monedas, según el resultado de la partida.

Al principio conseguimos monedas rápidamente, pero después la cosa se va poniendo más complicada y desbloquear armas y accesorios y habilidades va llevando más tiempo. Que, todo sea dicho, están las 64 armas de la campaña individual, así como los cargadores ampliados, las miras y silenciadores. En el caso de los Rakshasa, podemos desbloquear diferentes tipos de flecha, incluida una que desata un enjambre de insectos.

Además, están las habilidades, que podemos equipar un máximo de dos simultáneamente. No hay una gran cantidad (un total de 8 en cada bando), y proporcionan efectos como aumentar la velocidad, la distancia a la que podemos matar sigilosamente y otros aspectos. También podemos crear nuestras propias clases personalizadas, para cambiar rápidamente entre distintos sets de armas y habilidades.

Lógicamente, hemos jugado en unas condiciones óptimas, solo con gente de prensa de Europa y las partidas iban bien, fluidas y sin excesivos tiempos de espera para encontrar partida. Un poco de lag puntual, sí, pero en general bien y fluidas. Y podemos afirmar que nos ha resultado divertido. Jugando con Senda Dorada el juego ofrece las opciones “de siempre”, pero con los Rakshasa hay un montón de ideas interesantes. Podemos invocar un águila, un oso o un tigre para que nos ayude, además de usar plantas para, por ejemplo, activar un modo espectral que nos permite salir de nuestro cuerpo durante 30 segundos, para subirnos a un elefante y liarla parda sin ser visto…

Como decimos, estos tres modos son realmente divertidos y el sistema de desbloqueo promete tenernos enganchados al juego durante bastante tiempo. Y no hay mejor indicativo que el tiempo que hemos pasado con él nos ha dejado con ganas de más. La única duda es si 3 modos de juego y 10 mapas “de serie” son suficientes, aunque este último punto lo remedia el propio juego gracias al editor de mapas que incluye, con el que podemos modificar el entorno y compartirlo (y otros jugadores pueden descargar nuestra creación, modificarla y volverla a subir).

Los males recurrentes de los mundos abiertos

Todo este arsenal de opciones y posibilidades vuelve a correr sobre el motor Dunia, en su segunda versión, el mismo sobre el que corría Far Cry 3… por lo que muchas de sus virtudes y defectos siguen presentes también en PS4, que es la versión que hemos jugado. Vaya por delante que el juego luce de fábula, con unos entornos rebosantes de detalle y vida, pero que como en la anterior entrega, retiene algunos problemas, desde “clipping” (usando el gancho atravesamos algunas paredes) a “popping”.

Este último, junto con algo de neblina, es especialmente evidente cuando estamos en el aire, ya sea en el “buzzer” o en ala delta, desde los que se ve cómo van apareciendo de forma brusca algunos elementos o la carga de texturas a medida que nos acercamos a ellos. En tierra firme no es ni tan evidente ni tan frecuente, aunque también hay detalles “raros”, como un “mareante” efecto del pelaje de ciertos animales –evidente al acercanos a despellejarlos-, a césped que está flotando en el aire o incluso errores muy puntuales a la hora de cargar la posición de los enemigos (que aparecen de forma brusca, cayendo del cielo, en algunas misiones) o la detección de los impactos de bala.

Pero en ningún caso son, ni mucho menos, fallos graves que afecten en exceso al resultado global… sino daños colaterales que están presentes en la gran mayoría, si no en todos los juegos en mundo abierto que, cuanto más grandes y complejos se vuelven, más propensos son a presentar problemas de este tipo, de los que ni siquiera se han librado los grandes nombres del género, como el genial Red Dead Redemption.

Desde el punto de vista gráfico, Kyrat consigue dejar impreso en la retina un mundo más vivo, bello, brillante, variado e impredecible, que te trasladará a un Tibet irreal repleto de referencias al real, desde las enormes estatuas de piedra a sus frondosos bosques, fauna salvaje incluida, donde vivirás aventuras a cada paso. Buenos efectos de luz, con ciclo noche día incluido, logrados efectos visuales –incluido el fuego que ahora se propaga incluso por los árboles- y un buen modelado de los principales personajes cierran un apartado técnico que, a pesar de los fallos indicados, entra por los ojos, a 1080p y una tasa de frames estable a 30 fps…

Un sonido... para soñar con los ojos cerrados

Y eso por no hablar de la parcela sonora, que de nuevo es una delicia. La BSO, a cargo de Cliff Martinez, se ajusta como anillo al dedo al desarrollo de la acción, con temas intensos para los momentos de acción, el suspense y el sigilo, sin olvidar temas hindi para las emisoras de radio, donde también escucharemos propaganda de Pagan Min y una emisora rebelde con proclamas en contra.

Mención aparte merecen los efectos, soberbios como viene siendo habitual en la saga. No solo el contundente sonido de las armas y sus efectos, sino también el de los vehículos (los típicos taxis hindi suenan como en las películas) y el de la fauna, detectable solo prestando atención con el oído, para saber si tenemos cerca jaurías de perros, águilas o un leopardo… y salir pitando si corresponde.

Por último, en el apartado sonoro, cabe destacar el profesional y cuidado trabajo que se ha culminado con el doblaje, que probablemente está entre los mejores de este año, si no es el mejor. En él han intervenido reconocidos actores de doblaje, como Juan Amador Pulido, que da vida a Sabal (Rick Grimes en la serie de TV The Walking Dead) o el propio Ajay, interpretado por David Hernán, quien ha dado vida a otros asiáticos en series como El Séquito, donde interpretaba a Lloyd.

Pero sin duda, el que se sale del mapa es Iván Muelas, que da vida a Pagan Min y lo hace con unos resultados tan magistrales que consigue que casi te olvides del gran trabajo que hizo David Robles en Far Cry 3 con el psicópata Vaas. Y lo mejor de todo es que el resto de personajes está al mismo nivel, desde Hurk, a Willis o el cura mercenario Longinus. Voces que vuelven a poner de manifiesto que cuando se cuida y mima un doblaje, muchas veces no hay que envidiar nada al original.

Es sin duda el broche de oro a un gran juego, uno de esos que estás deseando volver a coger por banda al poco de soltar el mando. Uno capaz de engancharte durante una larga temporada, ya sea jugando solo, con un amigo o compitiendo online.  Un juego que sobre mimbres ya conocidos, refina un poco más su propia fórmula. Solo se le puede reprochar que no haya sido un poco más ambicioso a la hora de innovar, pero a poco que te guste la saga (o si no la has jugado, que te atraiga la idea), lo disfrutarás. Y mucho.

Valoración

FC4 recupera todo lo bueno que ha ido incorporando la saga en una gran aventura, a la que solo se le puede reprochar ser muy continuista y algunos fallos técnicos. Además, con gran unas buenas opciones online.

Hobby

92

Excelente

Lo mejor

La cantidad de cosas que hay para hacer. El cooperativo, el doblaje...

Lo peor

Que sea demasiado continuista y no arriesgue. Fallitos técnicos.

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