Análisis

Análisis de Killer is Dead

Por Bruno Sol
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Aunque la calidad e imaginación de sus juegos no es siempre recompensada con unas ventas a su altura (al menos en occidente), Goichi Suda no se rinde, y nos ofrece un nuevo y feroz combo de acción, humor, erotismo de derribo y referencias a la cultura Pop. A primera vista, Killer is Dead puede parecer el hijo descarriado de dos clásicos como No More Heroes y Killer 7, pero detrás de este título hay mucho más. ¿Te atreves de descubrirlo?

Tras encadenar dos juegazos como Shadows of the Damned (en colaboración con Shinji Mikami) y Lollipop Chainsaw, (Goichi) Suda51 vuelve a desmarcarse del resto de la industria con otro juego rompedor, cuya estética recuerda irremisiblemente a uno de los grandes "tapados" de la década pasada: Killer 7. En Killer Is Dead encarnaremos a Mondo Zappa, un asesino a sueldo encargado de ajusticiar a otros asesinos con ayuda de una katana y un brazo biónico, el musselback.

Todo ello a través de diez niveles delirantes que nos llevarán desde la cara oculta de la Luna hasta un jardín zen de Kioto, de un tren desbocado en la estepa rusa a una base secreta del ejército (¡el Area 151!). Y entre misión y misión, aún le quedará tiempo libre para echarle los trastos a unas cuantas féminas con el desparpajo de un divorciado en un piano bar.

Llamadme Bayonetto

La mecánica de Killer is Dead es bastante simple, y fusila sin miramientos elementos de Bayonetta e incluso de El Shaddai: Ascension of the Metatron (otro gran juego con una ingrata vida comercial). En este último caso, a la hora de diseñar a los wire, los enemigos de  diverso tamaño y pelaje a los que tendrá que descuartizar ante de enfrentarse al jefe de cada escenario, el objetivo al que debemos "jubilar". Con un botón lanzaremos mandobles con la katana, mientras que con otro ejecutaremos bloqueos y parries con los que burlar los ataques enemigos.

Si esquivamos al enemigo en el momento preciso, el tiempo se ralentizará y podremos castigar a nuestra víctima a voluntad. Si, como cierta bruja adicta a los chupachups que todos conocemos. Además, si logramos encadenar una serie de ataques sin encajar un sólo golpe, Mondo podrá ejecutar de cuatro maneras distintas a su enemigo (Final Judgment), obteniendo diferentes objetos dependiendo del botón que hayamos elegido para desencadenar la ejecución.


Dichos objetos, y en especial las rosas, tienen una importancia capital en el juego, dado que los wire nos atacarán sin descanso y la única manera de devolverle algo de vida a Mondo pasa por utilizar la sangre de nuestros enemigos, personificada en dichas rosas, para recargar la barra de vida. La sangre es, además, la munición del musselback. Y es que el brazo biónico de Mondo puede adoptar múltiples formas. Con sólo pulsar un botón del pad podremos convertirlo en un arma de fuego, un taladro o adoptar la forma de una mano humana para accionar los paneles de apertura de algunas puertas.

Un botón para noquearlos a todos

La clave para salir con vida de cada misión radica en saber combinar la katana, el puñetazo (con el que romper los bloqueos del enemigo), el parry y la potencia de fuego del musselback, ya que algunos wire nos atacarán a distancia con armas de fuego e incluso desde el aire. Puede parecer complicado, pero en esencia sólo se nos exige utilizar unos pocos botones, algo que sin duda provocará las críticas de un buen número de jugadores, ante la ausencia de combates más técnicos, como los de Bayonetta.

No vamos a negarlo: buena parte de Killer is Dead puede superarse con sólo apretar machaconamente un único botón (es una crítica que suele hacérsele también a los Dynasty Warriors de Tecmo Koei), pero de lo que nadie podrá poner en duda es la originalidad, y la maravillosa desfachatez, del guión de Suda51. Sus mamarrachadas no logran eclipsar algunos de los defectos del juego (esa cámara criminal, por ejemplo, que te defrauda en el peor momento posible), pero son los golpes de humor y esas situaciones imposibles las que acaban permaneciendo en la memoria del jugador tras apagar la consola.

El bucle del huevo frito

Un gigante precolombino, un alien que es clavadito al Coronel Sanders (si, el del KFC), un archienemigo que te recibe mientras se corta las uñas del pie, un flashback onírico centrado en un huevo frito... Creíamos que nada de lo que pudiera salir de la delirante cabeza de Goichi Suda podría sorprendernos, pero el guión de Killer is Dead parece facturado al alimón entre David Lynch y Mariano Ozores.


Hay un duelo en moto contra un samurai de 2'40 de altura montado en un tigre. Un Mozart esquelético. Una locomotora rusa poseída. Y los aliados de Mondo no son menos peculiares. Bryan, su jefe, parece un dealer de Compton con medio cuerpo robótico. A su ayudante, Vivienne Phantom (¿Cómo se le ocurrirán a Suda51 esos nombres?) le salen chorrocientos brazos a lo Shiva. Creedme si os digo que lo menos peculiar de Killer is Dead es ver a Mondo caminar sobre la luna con su traje de mod, con la única ayuda de una escafandra.

Puestos a copiar, hagamóslo de los mejores

Como ya he dicho antes, Killer is Dead bebe de muchas fuentes: No More Heroes, Bayonetta o Killer 7. Incluso incorpora, a modo de guiño, las lámparas con cabeza de ciervo de Shadows Of The Damned. La huella de El Shaddai se deja ver en el diseño de los wire y en esos parajes oníricos en los que Mondo revivirá su pasado (si, estamos ante otro héroe amnésico). Hasta homenajean (por no decir que fusilan) uno de los momentos más memorables de Asura's Wrath, aquel duelo con la Sinfonía del Nuevo Mundo de Dvorak. Una banda sonora que, al igual que en las dos anteriores producciones de Grashopper Manufacture, lleva la firma de Akira Yamaoka (compositor de Silent Hill).

Lo curioso es que a pesar de tomar prestados elementos de un montón de juegos, Grashopper Manufacture logra hacer de Killer is Dead una experiencia única. Puede que no sea perfecta, pero desde luego deja huella en el jugador.

No se vayan todavía, aún hay más.

Si algo negativo tenían Lollipop Chainsaw y Shadows of The Damned es que se hacían muy cortos. Killer is Dead tampoco es que sea excesivamente largo (nos ha llevado poco más de siete horas completar los doce capítulos de los que se compone el modo historia), pero al menos añade a la oferta de juego diez minijuegos, que se irán desbloqueando a medida que vamos liquidando asesinos. Desde una cacería de wires en moto (con una mecánica que recuerda al inolvidable Pepsiman de la primera PlayStation) a niveles shooter en los que hay usar torretas para abatir enemigos.


A esto hay que sumar además los desafíos de la enfermera Scarlett, la cual nos esperará, bien escondidita, en remotos puntos de los escenarios del modo historia. Cada vez que te la encuentres, habrás desbloqueado un desafío más. Tendrás que superarlos (cosa nada fácil) si quieres tener una oportunidad de ligar con ella. Y eso nos lleva a hablar de uno de los momentos más publicitados y surrealistas de Killer is Dead: el roneo con chavalas.

Mis ojos están aquí arriba

Aunque parezca un asesino implacable, Mondo Zappa no es de piedra. Ni nosotros tampoco. Eso quedará patente en una serie de minijuegos en los que nuestro objetivo es seducir a una moza, recurriendo para ello a regalos (a la usanza del tórrido volley playero de DOA) mientras aumentamos el marcador de valentía mirándole el escote y el muslamen. Pero ojo, si nos pilla mirando otra cosa que no sean sus bonitos ojos, la cita habrá acabado. Así que será esencial mantener un equilibrio entre Cary Grant y Paco Martínez Soria para alcanzar el éxito. La recompensa lo vale, ya que las chicas nos obsequiarán con nuevas transformaciones para el brazo de Mondo.


En Grashopper Manufacture deben pensar que los jugadores somos unos guarros. Y la verdad, no van muy desencaminados. De ahí que el principal atractivo de las ediciones Fan y Limitada de Killer is Dead sea un DLC que añade un par de gafas con Rayos X con las que podremos ver la ropa interior de las chicas. Con ellas puestas sí que será difícil mantener la compostura.

Killer is Dead no es una obra maestra, pero sus creadores tampoco buscaban crear una. Es un juego divertido, estéticamente deslumbrante y pródigo en momentos descacharrantes, que si bien no tiene muchas posibilidades de competir con la marabunta de superproducciones que desembarcarán este otoño, tiene todos los visos de convertirse en otra obra de culto. Uno de esos juegos que redescubrirás en tu estantería dentro de unos años, y que nos demuestran que, entre tanto FPS y tanto sandbox, aún hay sitio para propuestas diferentes.

Valoración

Goichi Suda sigue produciendo juegos únicos, incluso cuando fusila sin miramientos elementos de otros títulos. Sin ser perfecto, está llamado a convertirse en otro juego de culto.

Hobby

86

Muy bueno

Lo mejor

El sentido del humor impregna todo el juego. Su estética a lo Killer 7. Los minijuegos de ligoteo.

Lo peor

La cámara juega malas pasadas. El sistema de combate es demasiado simple.

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