Análisis

Análisis de Kinect Sports Rivals para Xbox One

Por Rafael Aznar
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Versión comentada: Xbox One

Kinect Sports Rivals, el primer gran título para el sensor de movimientos de Xbox One, llega a las tiendas el 11 de abril. Con una ensalada de bolos, tenis, fútbol, escalada, tiro al blanco y motos de agua, Rare pretende demostrar que el juego sin un mando al uso tiene mucho que decir en el menú de la nueva generación. Todas las cartas de la baraja inicial de Microsoft están ya sobre el tapete.

En 2006, se desató un terremoto que removió los cimientos de la industria de los videojuegos. Se llamaba Wii, una consola con la que Nintendo se reinventó por completo, al apostar por un mando basado en la detección de movimientos que cautivó a gente de toda edad y condición. El estandarte de esa nueva filosofía fue Wii Sports, un título que se incluyó en el mismo pack que la máquina en casi todos los territorios y que, gracias a ello, es el más vendido de la historia, con 81 millones de copias dispensadas, según VG Chartz.

A la vista del éxito cosechado por la Gran N con su archiconocido Wiimote, sus competidoras directas, Sony y Microsoft, tomaron nota del tirón de la captura de movimientos y se lanzaron a idear sus propias propuestas. La primera se sacó de la chistera PS Move, un artilugio vinculado a una cámara y coronado por un chirimbolo discoquetero que cambiaba de color. Aunque se le ha intentado sacar partido, lo cierto es que el periférico nunca ha llegado a cuajar. La segunda, en cambio, quiso ir más allá y apostó por un periférico que prescindía totalmente de mandos clásicos u objetos que hubiera que sostener en la mano. El controlador iba a ser sólo el cuerpo de las personas, captado por una cámara dotada de sensores del movimiento. Fue así como nació Kinect, allá por el año 2010. Aunque el periférico no supuso un cataclismo como el del Wiimote, sí que logró cautivar a un buen número de usuarios. Baste con decir que el título más vendido de la historia de Xbox 360 es Kinect Adventures!, con 21 millones de copias distribuidas, nuevamente según las estadísticas manejadas por VG Chartz.

Tres años después de aquello, cuando MS anunció Xbox One, dejó muy claro que Kinect 2.0, una versión mejorada del aparato, sería una pieza fundamental de su nuevo puzle. A diferencia de lo que sucedía en 360, donde era un complemento voluntario, el periférico pasaba a ser parte inseparable de la plataforma de nueva generación, algo que muchos consideran una rémora, pues encarece la consola en cien euros respecto a su gran rival, PlayStation 4. Otros creen que es lógico, dada la fuerte inversión que se ha hecho en esa tecnología, ya que, así, se garantiza que todos y cada uno de los usuarios lo tengan en casa y sean potenciales compradores de los juegos que le saquen partido. Sea como fuere, el caso es que, tras casi cinco meses, por fin ha llegado el primer título elaborado expresamente para dar cuenta de las bondades del producto: Kinect Sports Rivals.

La teoría del movimiento, según Rare

Rare, otrora mano derecha de Nintendo, se ha convertido en la gran valedora de Kinect. Desde la prehistoria del periférico, Microsoft le dio a la compañía británica los galones de abanderar su nueva tecnología. Así, en Xbox 360, crearon una IP para la ocasión, Kinect Sports, casi a imagen y semejanza de Wii Sports. En vez de los Miis, los protagonistas eran los Avatares, los muñecos que representan a cada usuario en el interfaz de la consola. Rare lanzó dos títulos de esa subsaga y, ahora, contraataca con la tercera, convertida en la primera piedra de toque seria para el futuro del artilugio en XO.

El juego nos invita a crearnos un álter ego y competir en seis modalidades deportivas: bolos, tenis, fútbol, escalada, tiro al blanco y carreras de motos de agua. Las tres primeras ya se dejaron ver en 360, por lo que se han recuperado muchas de sus mecánicas, aunque puliéndolas para aprovechar la mayor potencia del nuevo periférico, que resulta mucho más preciso a la hora de reconocer los movimientos. Las tres últimas hacen su debut, con un resultado bastante convincente.

El deportista todoterreno

Los seis deportes que se han incluido en Kinect Sports Rivals ofrecen unas mecánicas de juego muy diferenciadas, cada una con sus propios comandos corporales. Lo avisamos desde ya: bracear sin sentido ante la cámara es sinónimo de fracaso y de frustración, porque, por suerte, el sensor de movimiento funciona muy bien, por lo general. Hay que hacer exactamente los gestos que corresponda, no como lo que sucedía con el Wiimote o con el primer Kinect, que, al final, sólo capturaban ráfagas de movimiento y “palos” desplazándose, respectivamente. El nuevo periférico reconoce hasta los dedos de las manos y la rotación de las extremidades, lo que da bastante juego en algunos deportes. A continuación, os detallamos pormenorizadamente cuáles son las mecánicas de cada deporte.

El lanzamiento de bolos es la disciplina más sencilla y directa de todas, pero, a la vez, una de las más adictivas y realistas. Como si estuviéramos en una bolera de verdad, debemos tumbar las alineaciones de bolos, colocados con forma de triángulo invertido. Tenemos diez tiradas para obtener la mayor puntuación posible, sabiendo que, tras hacer un pleno, los siguientes bolos que tiremos puntúan doble. Para coger la bola, extendemos hacia el lado el brazo izquierdo o el derecho, según seamos zurdos o diestros, y cerramos la mano. Luego, podemos movernos de izquierda a derecha para conseguir la alineación que más nos convenga y, finalmente, ejecutamos el tiro, con la posibilidad de darle efecto mediante una rotación de la muñeca.

El tenis es el deporte más fidedigno de todos, seguramente. Los partidos se disputan al mejor de cinco juegos, con el clásico sistema de puntuación de 15-30-40. Tras elegir con qué mano queremos agarrar el mango de la raqueta, para sacar, debemos levantar el brazo que sostiene la bola y golpear arriba con la otra. A la hora de intercambiar los golpes, el jugador se mueve solo, así que nuestra preocupación está en marcar bien los tiempos a la hora de golpear, para conseguir que la bola no golpee en la red o se vaya fuera. Ya sea de derecha o de revés, podemos hacer golpeos liftados (moviendo la raqueta de abajo hacia arriba), globos (exagerando mucho el movimiento anterior), golpeos cortados (de arriba hacia abajo) y remates (de arriba hacia abajo, siempre que la bola venga alta).

El fútbol es, seguramente, el deporte más encorsetado y tosco de todos, por la dificultad para recrearlo bien. Aquí, dista mucho de ser el deporte rey. Se disputan partidos de tres minutos, en los que se alternan situaciones de ataque y de defensa, con los jugadores colocados en posiciones estáticas. Al atacar, debemos hacer dos cosas. La primera es dar pases rasos o por alto para que el balón llegue desde el portero hasta el delantero, para lo cual hay que evitar que el balón dé en los rivales, que son una serie de autómatas que se mueven sobre raíles. La segunda es chutar o cabecear el balón a puerta, cuando le llega al ariete, con la posibilidad de imprimirle efectos. Al defender, lo único que debemos hacer es mover al portero, desplazándonos de izquierda a derecha y extendiendo los brazos para blocar los disparos.

Pasando ya a los deportes inéditos, la escalada es uno de los que más nos han gustado. Debemos ascender por una serie de plataformas verticales, usando los dos brazos para engancharnos en los múltiples guijarros que hay. Así, podemos mover los brazos en varios planos y, para asegurar el agarre, debemos cerrar la mano. Al mismo tiempo, para darnos impulso, debemos agitar los brazos hacia abajo o incluso saltar, si la distancia hasta el siguiente guijarro es muy grande. Además, a menudo, hay varias rutas por las que avanzar, con trampas como paneles eléctricos o ráfagas de viento esporádicas que pueden hacernos caer. Y no se trata sólo de escalar, pues el desarrollo es el de una carrera contra otros tres rivales, lo que obliga a ser preciso y rápido a la vez, pues los rivales pueden fastidiarnos y tirarnos al vacío, lo cual resulta muy frustrante en ocasiones. Lo bueno es que nosotros también podemos hacerles esa fullería…

El tiro al blanco es otro deporte bien recreado. La mecánica consiste en mover la mano que hayamos elegido para apuntar, mientras que, para disparar, hay que encoger el dedo, como si estuviéramos percutiendo el gatillo de una pistola. Sobre un mural, van apareciendo todo tipo de dianas: las hay con una puntuación mayor o menor, móviles, de las que obligan a disparar en un orden determinado, de las que nos restan puntos, otras que se balancean y se ocultan unas detrás de otras… Además, podemos fastidiar al rival que hay al otro lado del mural, ya sea disparándole a las dianas que sobresalgan por encima del muro o activando una torreta de rayos que le obliga a moverse al tiempo que dispara. Eso sí, el sensor de movimiento es demasiado sensible en este evento: no serán pocas las veces que determine que hemos hecho ademán de apretar el gatillo, sin haberlo hecho, y que eso se traduzca en, por ejemplo, un tiro involuntario contra una diana de las que restan puntos.

Finalmente, están las carreras de motos de agua, llamadas carreras de estelas, que también sacan bastante partido al sensor de movimiento. Para acelerar y frenar, basta con cerrar y abrir el puño, mientras que los giros se realizan echando un brazo u otro ligeramente hacia atrás, como si tuviéramos un manillar entre las manos, además de inclinándonos hacia los lados para que el radio de giro sea mayor. Durante el recorrido, nos topamos con rampas que generan turbos y que permiten hacer piruetas, si inclinamos el cuerpo. Este deporte es el único del que se puede disfrutar estando sentado en una silla.

Kinect responde muy bien en casi todas esas disciplinas, pero conviene aclarar varios aspectos evidentes. Los tres deportes que ya se dejaron ver en Xbox 360 están reciclados y su profundidad no es particularmente grande. Todos ellos resultan bastante mecanizados y no introducen nada revolucionario o que no hubiéramos visto ya. Simplemente, son algo más precisos que antaño. Sin embargo, los tres nuevos fichajes funcionan mejor, ya que no se limitan a que realicemos una serie de gestos automatizados, sino que hay condicionantes que obligan a actuar sobre la marcha, como el viento en la escalada, las olas en las carreras de estelas o las dianas móviles en el tiro al blanco. Dicho eso, la nómina de deportes se antoja algo exigua, y más si se tiene en cuenta que la mitad de ellos no son nuevos. Al menos, se podrían haber recuperado disciplinas como el boxeo, el voleibol, el atletismo, el béisbol, el golf, los dardos o el esquí. Seis pruebas son pocas, y eso pesa.

Una experiencia muy social

Hay que destacar que, nada más comenzar, se nos invita a crearnos un álter ego con ayuda de la cámara de Kinect. Primero, hace un escaneo general de nuestra anatomía para determinar el tipo de cuerpo y, luego, se fija pormenorizadamente en nuestra cara, para generar un modelo, detectando el color de piel y de pelo o si llevamos gafas. El parecido del personaje, llamado campeón, depende mucho del caso. El de un servidor se tenía cierto aire, pero también probé con un amigo y, en su caso, el parecido brillaba por su ausencia. Antes de que el ADN digital se haga corpóreo, debemos decidir el sexo y la edad (joven o adulto), lo que deja pie a la experimentación. Asimismo, podemos modificar aquellos rasgos con los que no estemos conformes, como la complexión física, el tono de piel, el peinado o los rasgos faciales.

Kinect Sports Rivals concede una gran importancia al juego social, con ayuda de la Nube. En cuanto se conecta a Internet, cada usuario pasa a ser parte del mundo del juego, de modo que su personaje puede aparecer en las partidas de otros y viceversa. Aunque la gente esté “offline”, su campeón participa en otras partidas. No es el típico online cara a cara, sino algo similar a los “drivatares” que tan bien funcionaron en Forza Motorsport 5 como sustitutos de la IA tradicional. A medida que participamos en pruebas más avanzadas, los oponentes se muestran cada vez más duros de roer.

Así, el multijugador social es una parte esencial de la experiencia. Tras cumplir una serie de misiones del juego, podemos unirnos a tres equipos diferentes: la Legión Águila, el Clan del Lobo y la Red Víbora, que, a priori, pretenden integrar a la gente según su nivel de competitividad, aunque somos libres de integrarnos en el que queramos. Cada deporte y cada evento cuentan con una serie de clasificaciones mundiales que invitan a picarse por conseguir los mejores récords. Además, podemos retar a nuestros amigos, participar en diversos desafíos y compartir fotografías de nuestro campeón. Progresivamente, se irán publicando diversos retos. Por otra parte, en una misma consola, pueden jugar dos personas a pantalla partida o cuatro por turnos, según la disciplina.

Rare ha intentado darle recorrido a KSR, para que no sea el típico juego de una tarde de risas. Para ello, se ha introducido un sistema de experiencia y seguidores, que permite ascender a lo largo de seis divisiones. Hay veinte niveles de experiencia para cada deporte, que permiten desbloquear infinidad de ropas y habilidades especiales para adquirir en la tienda, con las monedas que vayamos amasando. Esto es interesante, ya que esas habilidades especiales van siendo más potentes cuanto más jugamos. Se trata de una serie de poderes que se pueden activar durante las partidas a medida que se recargan, de modo que hay tres diferentes para cada deporte. Por ejemplo, hay bolas meteóricas para los bolos, raquetazos de fuerza para el tenis, escudos de goles para el fútbol, minas antipersona para las carreras de estelas, supersaltos para la escalada o multiplicadores de puntos para el tiro al blanco. Para activarlos, basta con dar una patada al suelo o decir en voz alta el nombre. Todo eso les añade un componente de imprevisibilidad a las partidas.

Un paraíso del deporte

Kinect Sports Rivals está ambientado en una isla paradisiaca, en la que los recintos deportivos se mimetizan con la naturaleza. Eso permite que haya diferentes entornos y eventos para algunos de los deportes. El tenis y los bolos sólo cuentan con un tipo de prueba, pero las otras cuatro modalidades ofrecen una mayor variedad de paisajes o de condicionantes: seis para la escalada, cinco para las carreras de estelas, cinco para el tiro al blanco y cuatro para el fútbol. En particular, hay que destacar los sitios donde se desarrolla la escalada, como un barco encallado en posición vertical.

Gráficamente, el juego luce bastante bien, a 1080p y 30 fps. Si bien no está entre lo más granado de Xbox One ni supone un gran salto de rendimiento respecto a lo visto en 360, han mejorado sobremanera los personajes, gracias al uso de la cámara de Kinect, en contraste con los antiguos avatares, que resultaban demasiado simplones. En general, prima el colorido, con un aspecto “cartoon” mucho más serio que en las dos entregas previas. Destacan también efectos como el de las olas, entre las que podemos llegar a ver tiburones, o la selva que rodea a la cancha de tenis, en cuya lejanía se puede observar el arcoíris.

La navegación por los menús con el control gestual es un tanto engorrosa, ya que el menú principal está distribuido de forma circular, lo que obliga a rotarlo, sin que la precisión sea la mejor. Del mismo modo, para activar las pestañas, hay que empujar con la mano hacia delante y, luego retirarla, lo que también da algunos problemas. Por suerte, hay algunos atajos de voz y se puede usar la cruceta del mando como alternativa. Por otra parte, los tiempos de carga antes de cada prueba son bastante considerables.

Sin duda, lo más destacable es el aprovechamiento técnico que Rare ha conseguido del periférico estrella de Microsoft. La detección del movimiento es instantánea, sin retardos, y resulta muy precisa por lo general, a prueba de “agitabrazos”. Eso sí, para algunos de los deportes, conviene tener una habitación con tres o cuatro metros de espacio. Por ejemplo, en el caso del fútbol, al actuar como guardameta, para cubrir todo el ancho de la portería, es necesario estar muy lejos del sensor para tener todo el ángulo necesario. Si no, hay chuts a los que llegar es imposible.

En cuanto al apartado sonoro, todas las voces están en castellano, tanto las del entrenador que nos instruye en cada deporte como las de los personajes de los tres equipos que hay (Legión Águila, Clan del Lobo y Red Víbora). Particularmente, nos ha encantado la banda sonora, que desdeña el recurso facilón de las melodías machaconas para utilizar canciones de artistas conocidos, como Avicii (Wake Me Up), Calvin Harris (Feel So Close), Franz Ferdinand (Right Action) o Daft Punk (Technologic). En especial, conviene destacar el tema principal del juego, Collide, hecho expresamente para la ocasión por el grupo Youngblood Hawke, que ya puso una de sus canciones en FIFA 13.

Saliendo del túnel de vestuarios

Seguramente, Kinect Sports Rivals es el juego que mejor aprovechamiento haya sacado hasta ahora de un sensor de movimiento, ya hablemos del Wiimote, de PS Move o de Kinect. Además, Rare ha acertado con el componente social con que ha imbuido a toda la experiencia. Ahora bien, pese a ser una buena piedra de toque para el devenir del periférico en XO, la experiencia se antoja un tanto parca en contenidos. Se habría agradecido que se hubiese añadido algún deporte más, y más si se tiene en cuenta que tres de los presentes ya se dejaron caer por 360. Aun así, es un notable comienzo para la andadura de Kinect 2.0, necesitado hasta ahora de títulos que justificasen por qué se incluye dentro de la caja de Xbox One.

Valoración

Una buena carta de presentación para Kinect 2.0, una de las grandes apuestas de Microsoft para Xbox One. La detección de movimientos funciona muy bien, aunque la nómina de deportes resulta escasa, con mucho contenido recuperado desde 360.

Hobby

78

Bueno

Lo mejor

El tono social, con clasificaciones y rivales “humanos”. El sensor exige marcar bien los tiempos.

Lo peor

Seis deportes son pocos, y más si sólo la mitad son nuevos. El fútbol se siente muy encorsetado.

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