Análisis

Análisis de Kirby y el Pincel Arcoíris para Wii U

Por Rafael Aznar
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Versión comentada: Wii U

Haciendo el análisis de Kirby y el Pincel Arcoíris, nos hemos sentido como si fuéramos niños otra vez. ¿Quién no cogió de pequeño aquella plastilina de la marca Jovi para hacer churretes, pelotillas o lo que se prestara, con el objetivo de moldear alguna ocurrencia? Parece que HAL Laboratory se ha dejado llevar también por ese espíritu y le ha dado una nueva dimensión a un icono nintendero. Heredero espiritual de El Pincel del Poder de DS, este plataformas se entrega en cuerpo y alma a la pantalla táctil del Gamepad de Wii U.

Kirby y el Pincel Arcoíris desplegará su plastilina el 8 de mayo, y hemos hecho un análisis minucioso de sus coloridos ingredientes. Wii U ha sido un secarral en el primer cuatrimestre de 2015, pero, por suerte, a lo largo del próximo mes y medio, van a llegar tres exclusivas llamadas a insuflarle aire en los pulmones mientras se gana tiempo para Star Fox, The Legend of Zelda y lo que quiera que se tenga que anunciar en el E3. Se trata de Splatoon (29 de mayo), Yoshi’s Woolly World (26 de junio) y el título que nos ocupa.

El juego se lanzó en Japón y Norteamérica hace ya algunos meses, pero, en Europa, hemos tenido que esperar para poder echarle el guante. Como muchas otras sagas de Nintendo, ésta no cuenta con un patrón numérico, pero se podría considerar que esta entrega es casi una secuela de El Pincel del Poder, que vio la luz en DS allá por 2005, con excelentes críticas. El nombre lo delata, igual que las mecánicas jugables.

Justiciero del color

La aventura empieza cuando la malvada Claycia roba los colores de Dream Land para crear su propio mundo. El propio Kirby acaba descolorido, pero, repentinamente, aparece Eline, un pequeño ser con forma de pincel que lo devuelve a su estado normal para que la ayude a neutralizar la amenaza que supone Claycia.

El desarrollo es el de un plataformas en 2D, pero hay que poner de relieve que se prescinde de los saltos y las comilonas de enemigos a los que nos tiene acostumbrados el rosado y orondo ser. El joystick y los botones clásicos no sirven absolutamente para nada, ni siquiera para moverse por los menús. La razón es que se han apostado todas las cartas a la pantalla táctil del Gamepad, lo que deja un título original y extraño a la vez, pues, a menudo, es inevitable pensar que quizás habría pegado más en 3DS.

El protagonista presenta una gran tendencia a comportarse como un ‘peso muerto’, pues no se mueve por sí mismo. Ahí es donde entra en juego el pincel que da nombre al título, cuyos trazos sirven para impulsar al personaje, que siempre tiene apariencia de bola rodadora, de aquí para allá. A base de dibujar líneas que lo rocen, podemos hacerlo moverse casi de cualquier forma imaginable por los escenarios, haciendo bucles, salvando caídas con plataformas, tapando cascadas de agua, destruyendo proyectiles… Cada vez que trazamos una línea, se consume una parte de la barra de tinta, de modo que ésta se rellena casi automáticamente si estamos en el suelo o muy lentamente si estamos en volandas, lo que obliga a actuar con cabeza (también hay algunos frascos en puntos estratégicos). A eso, hay que añadir el hecho de que, si pinchamos directamente sobre Kirby, éste sale propulsado a gran velocidad, algo que resulta muy útil tanto para eliminar enemigos como para romper ciertas partes de los escenarios. Si cosechamos cien estrellas, ese ataque se vuelve incluso más poderoso. De primeras, el sistema puede parecer un poco tosco, pero, en cuanto se le pilla el hilo, resulta muy fácil encadenar movimientos. Eso sí, a pesar de que la dificultad es bastante baja (si nos matan cuatro veces seguidas, se nos pregunta si queremos saltarnos ese nivel, sin ir más lejos), no siempre nos sentimos en pleno control del personaje, al menos no tanto como en cualquier plataformas clásico.

Dentro de que su mecánica principal es muy simple, El Pincel Arcoíris sabe dosificar la presentación de sus mecánicas. A medida que avanzamos por las veintiocho fases que componen el modo Historia, van apareciendo nuevas derivaciones jugables que hacen que el desarrollo resulte muy variado: balancines, teletransportes, bolas de ‘pinball’, interruptores… Kirby no puede tragarse a los enemigos, como es habitual en él, pero eso no significa que no haya transformaciones. En ciertos niveles, se puede convertir en un tanque, un submarino o un cohete. El primero es muy útil para disparar a hordas de enemigos, el segundo permite ir por el agua y lanzar proyectiles, que se pueden dirigir trazando cuerdas en la pantalla táctil, y el tercero permite volar. Los tres elementos funcionan muy bien, pero no se les da demasiada cancha, en especial al tanque.

La Historia está estructurada en siete mundos, cada uno con cuatro fases, lo que se traduce en un total de veintiocho niveles. La última fase de cada mundo equivale a un jefe final. Aunque cumplen su cometido de forma notable, no se puede pasar por alto el hecho de que, en lugar de haber creado uno para cada mundo, hay tres de ellos que salen en dos ocasiones, simplemente con unos patrones de ataque ligeramente alterados.

La Historia se puede acabar en unas cinco o seis horas, una cifra que se nos antoja bastante escasa. Eso sí, en cada nivel, hay numerosos cofres coleccionables que permiten desbloquear figuras y temas musicales, lo cual hace que sea muy rejugable. También se pueden recolectar las páginas de un diario, aunque esto se hace en una especie de ruleta que hay al final de los niveles y hacia la que debemos dirigir al protagonista con cuidado, pues la mayoría de premios son menores, como estrellas o vidas adicionales. Asimismo, durante el desarrollo, nos topamos con algunas fases de bonus que, a su vez, sirven para desbloquear hasta 48 eventos de un modo independiente llamado Desafíos. En ellos, se nos ofrecen cuatro pequeños escenarios y se nos dan quince segundos en cada uno para que lleguemos hasta un cofre. Por otra parte, hay multijugador local, de modo que, en cualquier momento, pueden entrar o salir de la partida hasta tres usuarios adicionales, que participan manejando a un Waddle Dee que debe proteger a Kirby, ya sea llevándolo en brazos o atacando a los enemigos. Por desgracia, no hay posibilidad de jugar online, algo que Nintendo debería empezar a introducir ya en todos sus títulos. En conjunto, estamos ante un juego corto, pero, aun así, es rejugable y se lanza a precio reducido (39,95 euros), algo que otros títulos no pueden decir.

El Play-Doh del siglo XXI

Si crecisteis en los años 90, seguro que os acordáis de la plastilina Jovi y de los míticos juguetes de Play-Doh. Si no, no os preocupéis, que ya os refrescamos nosotros la memoria con este épico vídeo. Pues bien, Kirby y el Pincel Arcoíris bien podría considerarse un producto de la misma escuela, ya que su principal característica técnica es que tanto el protagonista como los escenarios parecen hechos de plastilina.

Habiendo visto ya Yoshi’s Woolly World, la verdad es que el juego de HAL Laboratory nos ha dejado un poco fríos, pero hay que reconocerle que se escapa de lo corriente y que ofrece una paletas de colores muy viva. Quizás lo que más destaca es el diseño de los escenarios, especialmente el de los más avanzados. Si hablamos de ambientación, nos encontramos con bosques, desiertos, playas, océanos, volcanes… El juego no cuenta con ningún fallo reseñable, pero lo cierto es que el conjunto no resulta demasiado llamativo.

En relación con el apartado técnico, hay que comentar un aspecto importante del juego, y es que quizás va demasiado lejos en su voluntad de querer aprovechar el Gamepad. Normalmente, el ‘Off-TV’ es una opción que se agradece en Wii U, pero es que, en este caso, se invierte la lógica, de tal modo que la imagen que se ve en el televisor es absolutamente intrascendente, pues, para poder trazar con el pincel, es imprescindible fijar la vista en la pantalla táctil. La televisión sólo resulta útil para el multijugador o para que alguien nos vea jugar. Paralelamente, esa idolatría a la pantalla táctil hace que sea un poco incómodo jugar, pues hay que sujetar el Gamepad con una sola mano y tener el stylus en la otra para dibujar. Al final, resulta más cómodo apoyar el mando en la mesa y centrarse sólo en dibujar. Como decíamos antes, el planteamiento casi habría pegado más en una consola portátil que en una de sobremesa.

Respecto a la compatibilidad con amiibo, hay tres figuras que tienen utilidad: la de Kirby, la de Meta Knight y la del Rey Dedede. La primera concede turbos estelares ilimitados, la segunda aumenta la velocidad del movimiento turbo carga y la tercera incrementa la barra de salud en dos espacios. Cada figura se puede usar una sola vez al día y en un solo nivel.

La banda sonora raya a un gran nivel, sobre todo por la cantidad de registros que abarca. Nosotros nos quedamos con algunas melodías desenfadadas que casi recuerdan a las de un circo, pero hay hasta temas rockeros que casan perfectamente con lo que sucede en cada nivel. En cuanto a los personajes, no hay voces, sino simples balbuceos y gritos de los protagonistas, en la línea de lo que es habitual en los plataformas de Nintendo.

Un plataformas inusual

Kirby y el Pincel Arcoíris es un buen telonero del reflorecimiento primaveral que debe experimentar Wii U a lo largo del próximo mes y medio. Quizás no resulta tan brillante como otros plataformas de Nintendo, pero sus mecánicas huyen de los saltos para abrazar la pantalla táctil del Gamepad, lo cual tiene sus pros y sus contras. Por un lado, el conjunto se siente fresco y, pese a su sencillez, resulta muy variado; por otro lado, transmite la sensación de ser más un juego portátil que de sobremesa, algo fácilmente observable en la inutilidad de la imagen que se proyecta en el televisor. Es un título notable, pero está lejos de los más duchos en el arte plataformero.

Valoración

Un plataformas que huye de los convencionalismos y ofrece mecánicas muy interesantes, aunque, por momentos, se siente como un juego portátil encorsetado en un mando de sobremesa.

Hobby

78

Bueno

Lo mejor

La jugabilidad, que parece anodina de primeras y va creciendo. La música. El modo Desafíos.

Lo peor

La Historia dura 5-6 horas. Es un empacho de Off-TV. Que no haya cooperativo online.

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