Análisis

Análisis de Little Inferno para Wii U

Por Gustavo Acero
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Little Inferno es más que una simple chimenea virtual para PC y la eShop de Wii U; esta vez, el sucesor espiritual de World of Goo nos ofrece algo mucho más atípico y valiente: una experiencia interactiva para aprender a prender nuestra soledad.

Tres años después de edificar la mejor obra de WiiWare, el cofundador del estudio indie 2D Boy (World of Goo) se asocia con el creador de Henry Hatsworth (DS) y un tercer ex programador de EA para inaugurar una nueva fábrica llamada Tomorrow Corporation.

Y lo primero que han hecho es cambiar la mecánica constructiva de su anterior obra por una incendiaria mezcla de puzle, aventura gráfica y simulador de físicas que empieza despertando nuestro instinto pirómano más primitivo para acabar haciéndonos reflexionar sobre nuestra propia existencia. 790.000 años de evolución condensados en cuatro horas de barbacoa.

Este es el invierno de nuestro descontento

Con esta célebre frase iniciaba don William Shakespeare su segunda obra más extensa, y eso que a Ricardo III no le tocó vivir en la España de Campofrío. Por eso, ahora más que nunca, la chimenea Little Inferno se presenta como el lugar idóneo para resguardarnos de esa gélida realidad exterior, un invierno perpetuo de incertidumbre que en cualquier momento puede encender la mecha de la desesperanza y el encierro en nosotros mismos.

La práctica totalidad del juego se desarrolla en el claustrofóbico espacio de nuestra hogareña hoguera (u hoguereño hogar), donde sólo podemos quemar juguetes para mantenernos calentitos mientras ganamos monedas canjeables por más objetos, así como sellos con los que reducir los interminables tiempos de espera de ciertos encargos. Basta con posar el lápiz táctil o el dedo sobre la pantalla del Wii U GamePad para crear una llama y arrastrarla hacia los objetos adquiridos, desde peluches de gatitos (¡aiiiinsss!) hasta cajas de cereales, televisores y satélites en miniatura que alteran la fuerza de gravedad.

Así hasta 140 artículos divividos en siete catálogos de temas tan surrealistas como alimentación para híspters, accesorios para machotes de gimnasio (guiño a Gandía Shore) o el magnífico tecno retro indie, plagado de referencias al mundillo de los videojuegos, donde la frontera entre el homenaje y la sátira es tan etérea como el humo de nuestra hoguera: bolas de Goo, la araña de Limbo, un Meat Boy de cartón, un árbol de Duck Hunt, una Game & Watch autorreferencial o una tableta "cargada de juegos gratis que te cuestan un pico". No es ésta la única crítica mordaz que encontraréis entre las hilarantes descripciones de los productos.


Pero la verdadera chispa de esta fogata está en los combos, 99 combinaciones de objetos que debemos adivinar a partir de sus títulos, disponibles desde el principio en un listado. Se trata de juegos de palabras que sugieren asociaciones de dos o tres artilugios aparentemente inconexos; casi todos se deducen por sentido común, como "Bomba de relojería" (hay que quemar una mini bomba nuclear y un reloj juntos); otros requieren saberse bien las reacciones ígneas de cada objeto, y unos pocos ("Baldosas amarillas") apelan a nuestra cultura literario-audiovisual. Por tontaco que parezca el planteamiento, no podréis parar hasta dar con todos los combos, lo que alarga la escasa duración de la experiencia.

Algunas personas sólo quieren ver arder el mundo

Y no sólo el Joker de Nolan. Si tomamos el bello refrán "casa sin fuego, cuerpo sin alma" como analogía, el cuerpo de Little Inferno sería su sencillísima y repetitiva mecánica, inspirada en el juego Trash Panic (2009) para PS3, junto a su impecable estética burtoniana y una emocional banda sonora digna del mejor Danny Elfman. Pero el alma de Little Inferno es su intrahistoria, una crítica directa a los juegos sociales como FarmVille, que en realidad esconde algo mucho más profundo: una reinterpretación moderna de la Alegoría de la Caverna de Platón. Oye, no os riáis, que va en serio.

A través de este clásico mito, Platón personifica el desconocimiento humano en un grupo de hombres encadenados desde su nacimiento al muro de una cueva, de espaldas al mundo exterior, de forma que sólo pueden ver las sombras de los objetos que les son proyectadas por la luz de una hoguera (anda mira, qué casualidad). Cuando uno de ellos es liberado y contempla por primera vez el mundo de las esencias, intenta describirle a sus compañeros todo cuanto ha visto más allá del muro, pero están demasiado cegados por el mundo de las apariencias como para comprenderlo. Y al igual que en Matrix, El Show de Truman o El Bosque, los títeres del sistema viven más cómodos en la ignorancia pasiva que en la búsqueda de respuestas.




En Little Inferno también somos prisioneros... del consumismo compulsivo, de la dictadura tecnológica y de la deshumanización comunicativa (siempre separados por pantallas) de nuestros días, mientras que las sombras de lo esencial son los juguetes que la fabricante Miss Nancy nos envía desde fuera, junto a los catastrofistas partes meteorológicos del Hombre del Tiempo (la manipulación de los medios), que nos incita a seguir comprando y quemando basura para aplacar el frío sin cuestionarnos por qué lo hacemos.

Y justo en el lado opuesto del muro está nuestra vecina Azucarilla, única fuente de calor real -el humano-, con la que entablamos una conmovedora relación unidireccional (sólo nos escribe cartas ella) que representa la transición de la confortable inocencia a la cruel madurez. Lo que no desvelaré es si finalmente logramos salir de nuestra casa y descubrir el mundo exterior... aunque a esas alturas del cuento ya ni siquiera importe.

Little Inferno es, en conclusión, una alegoría actualizada que nos invita a preguntarnos si de verdad somos felices comprando, wasapeando, tuiteando, desbloqueando trofeos y perdiendo el tiempo en busca de un calor virtual e ilusorio. Que un estudio indie de tres programadores haya renunciado a unas ventas más elevadas para intentar sacarnos de la caverna materialista ya es un pequeño milagro; una oportunidad para comprobar si estamos preparados para resurgir de nuestras cenizas... o si preferimos seguir echando leña al fuego de nuestro infierno. Todo por 9,99 . Vosotros veréis si vale la pena.

Valoración

El fuego no es un juego, y Little Inferno tampoco. Es un cuento disfrazado de puzle con toques de simulador. No ofrece la libertad y diversión de World of Goo, pero sí una atmósfera igual de mágica y una historia mucho más enriquecedora.

Hobby

80

Muy bueno

Lo mejor

Inteligente, valiente y muy adictivo. Su valioso mensaje. Las físicas del fuego y la banda sonora.

Lo peor

Corto y nada rejugable. Cero interacción entre TV y GamePad. Habrá a quien le parezca una chorrada.

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