Análisis

Análisis de Ragnarok Odyssey para Vita

Por Mercedes López
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Monster Hunter ha creado un estilo de juego que está siendo copiado hasta la saciedad. Y uno de estos clones es Ragnarok Odyssey, el primero en llegar a Vita, pero… ¿está a la altura de lo esperado? ¿será capaz de superar al original?

No son pocos los juegos que están imitando el planteamiento de la saga Monster Hunter, ofreciendo combates para hasta 4 jugadores contra enormes criaturas y con algunas opciones RPG. Solo para este año y para PS Vita está previsto el lanzamiento de Soul Sacrifice, Toukiden y God Eater 2…, sin olvidar Monster Hunter 4 y Monster Hunter 3 Ultimate para 3DS (y este último también para Wii U), títulos que vienen a demostrar que el género gusta bastante en Japón.

Pues bien, tras su exitoso lanzamiento en Japón y Estados Unidos el año pasado, ha llegado al Store europeo hace un par de semanas Ragnarok Odyssey, el primer clon de Monster Hunter para Vita, en el que se replican las las principales señas de identidad del título de Capcom: cacerías de bichos enormes, posibilidad de jugar en cooperativo con 3 amigos, opciones para personalizar nuestro equipo… junto con algunas de nuevo cuño.

Un punto de partida conocido

¿El resultado? Un título que explota algunos aspectos mejor que el título de Capcom, pero que por otra parte no consigue superar a su referente… pero veámoslo por partes.

Ragnarok Odyssey nos traslada a un reino asediado por gigantes y otras criaturas fantásticas que, tras un primer ataque, casi han exterminado a la armada real. Así surgen distintas “Guilds” o facciones que se dedican a luchar contra estas criaturas, y en una de ellas nos inscribiremos como novatos.

Este típico arranque prosigue con otro elemento habitual: el editor de personaje. Con el damos forma a nuestro guerrero, pudiendo elegir entre 6 clases distintas (espadachín, mago, cazador, herrero, asesino o clérigo, cada una con sus armas y habilidades), asignándonos cada una de ellas un arma distinta y unas características diferentes. A esto hay que añadir que podemos modificar otros aspectos, desde el tipo de rostro o peinado a la voz o la paleta de color de la ropa.

Opciones que, en general, no se salen de lo habitual, pero que podían resultar más atractivas con más opciones de personalización, por ejemplo, a la hora de elegir prendas. Tras esto, conoceremos a los personajes de nuestra “Guild” o facción, quienes nos enseñarán los rudimentos del juego y nos explicarán lo fundamental, como el sistema de mostradores para acceder a las misiones o las tiendas de pociones.

Cabe destacar que, como en Monster Hunter, accedemos a las misiones desde nuestra base, pero también podemos activar las misiones desde la llamada taberna, que viene a ser el punto de reunión para jugar ad hoc y online y, además, ofrecen las mismas misiones pero con un nivel de dificultad mayor (algo a considerar por quienes busquen retos más complicados).

Una duración a prueba de bombas

Tras las aclaraciones iniciales podremos embarcarnos en más de 120 misiones, repartidas por un total de 9 capítulos (con una media de 9-10 misiones en cada uno) y una serie de misiones opcionales encargadas por la gente de la ciudad (otras 30 misiones). Por regla general siempre tenemos más de una misión para elegir, de modo que si se nos atraganta una, podemos probar suerte con otra.

Como hemos dicho, es posible jugar online a Ragnarok Odyssey, y ése es uno de los principales puntos fuertes frente a Monster Hunter. Las partidas suelen ir bastante fluidas y no hay mucho lag, aunque si tienen un fallo importante: solo podemos acceder a las misiones del jugador que menos haya avanzado en el juego… lo que tampoco tiene mucho sentido.

Lo cierto es que Ragnarok Odyssey comienza fuerte, con un desarrollo que pica a lo bestia durante las dos primeras horas gracias a un sistema de combate bastante más ágil y permisivo que en el juego de Capcom (los ataques son más rápidos y fluidos e incluso podemos ejecutar combos aéreos). Pasado este “subidón” inicial, el juego cae en su principal problema: la repetición.

Comienzan los defectos...

Los escenarios y enemigos se repiten más de lo que nos gustaría y las novedades se van introduciendo con cuentagotas, más despacio de lo que nos gustaría. Por ejemplo, una de las técnicas básicas para derrotar a los jefes finales, llamada Dainsleif, se introduce al final del primer capítulo, mientras que el cambio de clase se introduce en el segundo. Son dos ejemplos, pero hay más, como opciones de juego que no quedan muy claras (como la “tensión” o incremento del daño que causan nuestros combos).

Pero, lo peor de todo, es que todas las misiones se reducen a eliminar enemigos, incluso las que consisten en localizar objetos (los sueltan los enemigos al ser abatidos). Así que olvídate de buscar huevos y llevarlos a la base evitando a los enemigos, recoletar plantas y otras cosas vistas en Monster Hunter porque aquí todo es pelear, pelear y pelear. De hecho, no hay zonas de plataformeo ni nada parecido: reducción al máximo, vamos.

Y esta limitación es lo que hace que el juego acabe resultando muy monótono muy pronto. Se repiten los enemigos, los escenarios… y de forma muy lenta se van introduciendo nuevas áreas en el mapa y nuevos enemigos. Si a esto sumamos que la progresión del personaje apenas existe (solo “subimos” de nivel al pasar de capítulo) y que la mejora del equipo es confusa en general, el resultado es un juego que pronto cansa.

Eso sí, las referencias a Monster Hunter tampoco acaban aquí: las misiones las activamos desde mostradores, hay tiendas con varios fines (comprar equipo o mejorar el que tenemos, venta de pociones…) o incluso tenemos nuestro “cuarto”, desde el que salvamos la partida, almacenamos todos los objetos que recojemos o configuramos diferentes combinaciones de equipo para salir a las misiones rápidamente.

Con ideas propias más allá de Monster Hunter

Tampoco sería justo decir que “fusila” todas las ideas de Monster Hunter, ya que también tiene las suyas propias, como un sistema de cartas que podemos insertar en nuestra armadura para beneficiarnos de diferentes habilidades (cada una tiene un límite de cartas), el uso del stick derecho para controlar la cámara o el uso de la pantalla táctil para activar el modo de ataque Dainsleif o tomar las pociones que tengamos equipadas (hasta 3 distintas).

Todas estas ideas quedan “deslucidas” por los fallos antes mencionados y otros propios, como que nos llega sin traducir o que la historia es bastante floja y los personajes excesivamente típicos. Todo esto hace que Ragnarok Odyssey sea, hasta cierto punto, un juego “fallido”, que no consigue superar al estilo de juego que copia. Incluso técnicamente tampoco es nada del otro jueves: convencen los diseños de los enemigos, aunque los entornos pecan de simples e incluso tienen “popping”.

Por todo esto, si te apetece jugar a algo del estilo Monster Hunter, lo mejor que puedes hacer es ir al Store y descargarte, por ejemplo, Freedom Unite para PSP, aunque cualquiera es más barato y, en este estilo de juego, siguen resultando intratables (además de poder usar el stick derecho de Vita para manejar la cámara). Se conservan bastante bien, aunque no esperes gráficos como se han visto en otros títulos de Vita

Valoración

Si buscas un juego de cacerías de bichos, largo y en la línea de Monster Hunter, Ragnarok Odyssey es lo más parecido que hay en Vita, aunque es más repetitivo, simple y monótono que el juego de Capcom.

Hobby

79

Bueno

Lo mejor

Multijugador online para 4. Desarrollo tipo Monster Hunter, pero más ágil. Duradero.

Lo peor

Muy repetitivo. Algunas opciones son confusas. No explota el potencial de Vita. Llega en inglés.

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