Análisis

Análisis de Risen 2: Dark Waters en 360 y PS3

Por Borja Abadie
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Piranha Bytes se supera con Risen 2: Dark Waters para Xbox 360 y PS3, que acertadamente intercambia la ambientación clásica de fantasía por un mundo lleno de piratas, vudú y tesoros a la espera de ser desenterrados.

El héroe sin nombre tiene nuevo trabajo, infiltrarse entre los piratas de los mares del sur para acabar con el mal que ellos mismos despertaron, la diosa Mara (uno de los temidos titanes). Nuestra aventura comienza rescatando a la pirata Patty (que aparecía en el primer Risen) del naufragio del barco en el que navegaba. Nuestro jefe en la Inquisición nos encomienda la misión de entrar en la tripulación del capitán Barba de Acero (padre de Patty) para encontrar los 4 artefactos que pueden acabar con la amenaza de Mara y su Kraken, una bestia marina que impide surcar los mares a todos, salvo al temido capitán.

Por el camino debemos tomar decisiones como capitán de nuestro propio barco, como apoyar a la Inquisición o a los nativos de las islas, los Moluca, que dominan las artes del vudú. Y aquí es donde llega el primer acierto de esta segunda entrega, abandonar la sobreexplotada ambientación fantástico medieval por un mundo pirata. Esto, entre otros muchos errores, hizo que la primera entrega pasase con más pena que gloria por los circuitos de nuestras consolas. Las posibilidades que este universo abre son geniales, con duelos de espadas, ron como elemento sanador y todo tipo de triquiñuelas propias de esos tunantes.

Vamos con calma, ¡pirata!

El desarrollo es muy pausado. La historia no termina de arrancar hasta más alla de las 10 horas de juego y la progresión del personaje es realmente maratoniana. La experiencia se mide en puntos de gloria, que recibimos al completar misiones, derrotar a enemigos, robar a la gente, etc... que nos sirve para aumentar los atributos del personaje en 5 apartados distintos: armas de filo, armas de fuego, resistencia, vudú y astucia. Incrementar estos atributos nos permite acceder a los talentos y habilidades que van asociados a cada uno. Lo malo es que para desbloquearlos, además, tenemos que hacernos con una buena cantidad de monedas de oro, recurso que no abunda precisamente en el juego.

Si por ejemplo queremos aprender la habilidad de forzar cerraduras de puertas y cofres tenemos que aumentar el atributos astucia y juntar 1500 monedas de oro, lo que durante las primeras horas de juego resulta prácticamente imposible. Explorar los escenarios al detalle, haciéndonos con todo el botín posible, para después venderlo a distintos mercaderes es básico, pero ni aún así progresamos a un buen ritmo. Por un lado esto nos "pica" para avanzar a toda costa y poder disfrutar de nuevas habilidades, como usar un mono adiestrado para que investigue en lugares que no podemos alcanzar de otra manera, pero al mismo tiempo provoca que después de más de 20 horas de juego no dispongamos de buena parte de nuestras habilidades.

El juego se va haciendo más interesante a medida que disponemos de estas habilidades, que multiplican las posibilidades tanto en los combates como en la exploración, por lo que tardar tanto en adquirirlas resulta muy frustante.

Peleando sucio

Los combates, en tiempo real, son algo flojos. Podemos atacar a los enemigos con espada, con pistolas y con magia vudú. Las batallas, generalmente, se basan en las espadas y pistolas, dejando el vudú para misiones concretas en las que debemos poseer a algún personaje no jugable (normalmente para acceder a nuevas zonas) o para hacer que dos enemigos temibles, como los gorilas, se enfrenten entre ellos. La realidad es que los enfrentamientos son bastante irregulares.

Mientras que los combates contra enemigos débiles son muy fáciles, los rivales más poderosos resultan un verdadero quebradero de cabeza. Tanto es así que la mayoría de las veces los resolvemos utilizando alguna triquiñuela aprovechando la mediocre IA de los enemigos, como dejar que nuestros compañeros de grupo (también controlados por la CPU) mueran, alejarnos del rival lo suficiente para que nuestro colega resucite y vuelta a empezar. Se podría decir que son estrategias propias de la pillería de un pirata, pero la verdad es que hacen desmerecer los combates.

Eso sí, las peleas contra rivales humanos son mucho más resultonas, sobre todo cuando ya hemos aprendido unas cuantas habilidades, como pegar patadas o contraatacar, donde el tempo se convierte en nuestra mejor arma. Hay que esperar nuestro momento, observar al rival, esquivar sus golpes y contraatacar. De lo contrario, lo más probable es que acabemos muertos, algo bastante frecuente durante la aventura, casi siempre debido a esta mala IA de la que hemos hablado, que puede hacer que los enemigos se queden quietos sin hacer nada esperando nuestros golpes o que no paren de atacar haciendo muy difícil que les derrotemos. Además, las animaciones son bastante robóticas y la contundencia de los golpes es nula, por lo que al final nos quedamos con la sensación de que, pese a las numerosas posibilidades de que disponemos, las batallas resultan demasiado irregulares e insatisfactorios.

Recorriendo los mares del sur

El elemento más satisfactorio de todo el juego, desde nuestro punto de vista, es la exploración. Pese a que desgraciadamente la navegación se limita a escenas cinemáticas y no podemos manejar el barco, una vez que llegamos a tierra las cosas se ponen muy bien. Al principio no podemos elegir destino, pero una vez que hayamos completado las islas de Tacarigua y Costa Espada, el juego se vuelve más abierto, permitiéndonos elegir nuestro siguiente objetivo entre un buen número de islas: Caldera, Antigua, Bahía Maracái, Isla de los Ladrones, Isla de los Muertos y algunas pequeñas islas ocultas, como Isla Tormenta, por ejemplo.

Los tiempos de carga se limitan a estos trayectos entre islas, ya que una vez que pongamos nuestros pies sobre cualquiera de las islas, podemos movernos con total libertad sin ninguna espera, ni si quiera al entrar en cuevas o edificios, lo que es muy de agradecer. Como buen pirata, la búsqueda de tesoros y botín de todo tipo es una de nuestras mayores ocupaciones. Para ello contamos con un buen número de herramientas, como cuchillos, sierras o cinceles, que nos sirven para despellejar a los animales salvajes u obtener sus dientes, garras, etc... y otras menos sangrientas, como el pico, que nos sive para extraer minerales en las vetas que encontremos o la pala, que nos sirve para desenterrar tesoros ocultos (previa obtención del correspondiente mapa del tesoro que nos indique su ubicación).

De todas las búsquedas la que resulta más divertida y adictiva es la de los objetos legendarios. Primero tenemos que encontrar algún libro que nos cuente la aventura quer rodea al correspondiente objeto, como una pata de palo con la que un mítico pirata subió a la montaña más alta de una isla, por ejemplo. Eso sí, solo nos dan pistas para encontrarlos, y mientras que algunos son tan simples como ir a la tienda correspondiente y comprarlo (por una alta suma de oro, que como os hemos dicho escasea bastante), otros nos obligan a peinar cada palmo de las islas que visitamos para encontrarlos. Lo mejor es que cada uno de los 21 objetos disponibles aumenta alguno de nuestros atributos y talentos, sin duda una recompensa muy de agradecer teniendo en cuenta la lentitud con la que hacemos progresar a nuestro héroe.

¡Oh capitán, mi capitán!

Otro de los elementos que más nos ha gustado es la posibilidad de crear nuestra propia tripulación para el barco. Hay 10 personajes que podemos reclutar, aunque en nuestra partida, de más de 30 horas, solo hemos podido encontrar a 5. Cada uno tiene sus propias habilidades que nos ayudan en los combates, como los hechizos sanadores de la nativa moluca que viaja con nosotros o la poderosa pirata Patty, que lucha con espada y pistola. A lo largo del juego tenemos que tomar varias decisiones, eligiendo entre apoyar a los nativos de las islas, recientemente esclavizados por la inquisición o a los propios esclavizadores (¿soy el único que le ve un cierto paralelismo con la conquista de América?). Dependiendo de ello la trama tomará un camino u otro, accederemos a determinadas misiones y podremos reclutar a distintos personajes para nuestra nave.

Técnicamente flojo

La verdad es que Risen 2: Dark Waters cuenta con bastantes fallos técnicos. Las voces (en inglés) y la banda sonora están a nivel más que aceptable, incluso notable en muchos momentos, pero tanto el sonido ambiente como los golpes que ejecutamos durante los combates a veces no se reproducen dando una sensación de cine mudo bastante extraña. Gráficamente es extraño: por un lado desde la distancia todo tiene un aspecto bastante bueno, pero a medida que nos aproximamos nos damos cuenta de que las texturas son muy simples, hay popping, alguna que otra ralentización y unos modelos y animaciones de personajes bastante anticuados.

Aunque tiene, sin duda, varios fallos, con un desarrollo algo lento y un apartado técnico muy mejorable, la historia, la ambientación pirata, las posibilidades del vudú y la exploración nos invitan-obligan a jugar sin casi darnos cuenta, como sumidos en un extraño trance vudú. Los que puedan obviar estos deslices técnicos pueden disfrutar de un juego de rol muy completo y divertido que se coinvierte en una buena opción para estas vacaciones, y que además cuenta con una edición de coleccionista por 79,99€ muy apañada.

Valoración

Risen 2: Dark Waters supera en todo a su antecesor (cosa no muy difícil) y su ambientación pirata y la exploración de las islas enganchan. Si se hubieran pulido detalles técnicos y jugables estariamos ante uno de los grandes del género.

Hobby

82

Muy bueno

Lo mejor

La ambientación pirata, llena de humor y la exploración de las islas: completa y adictiva.

Lo peor

El apartado técnico tiene fallos como "popping" y texturas cutres. La IA de los enemigos es simple.

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