Análisis

Análisis de Road Not Taken para PS4 y PC

Por Rafael Aznar
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Versión comentada: PS4

Road Not Taken, un nuevo juego indie para PS4 y PC, está ya disponible para descargar y nos hemos adentrado en sus puzles para hacer el análisis de sus piezas. Contra el calor del verano, pocas cosas más apropiadas puede haber que adentrarse en un bosque azotado por una ventisca. Sin embargo, lejos de disfrutar de una excursión de placer, el protagonista debe rescatar a una serie de niños desaparecidos mientras buscaban bayas.

La fiebre por lo indie lleva ya un buen tiempo desbordando el mercurio de los termómetros, casi tanto como el calor estival. El último exponente de ese submundo de los videojuegos es Road Not Taken, un juego descargable que ha llegado a PS4 y PC esta misma semana, de la mano del estudio Spry Fox. Su precio es de 14,99 euros, pero, en el caso de la consola de Sony, quienes sean suscriptores de PS Plus pueden descargarlo de forma gratuita durante este mes de agosto. Gracias a juegos como éste, Guacamelee Super Turbo Championship Edition, Rogue Legacy, Shovel Knight, Entwined, Another World o incluso “falsos indies” como Valiant Hearts, la sequía veraniega se está saldando con menos aburrimiento del habitual.

El título que nos ocupa combina puzles con las típicas mecánicas del género conocido como “roguelike”, es decir, niveles laberínticos, elementos aleatorios, dificultad elevada o premisas sencillas. Encarnamos a una especie de ermitaño recién llegado a un pueblo que ha sido azotado por una ventisca, lo que ha hecho que muchos aldeanos quedaran atrapados en el bosque, adonde habían acudido a recoger bayas. Así, nuestro cometido es rescatar a una serie de niños que yacen inconscientes por los escenarios.

Puzles mientras enfilamos la jubilación

Road Not Taken se apoya en una mecánica de juego muy sencilla, pero tremendamente desafiante. Los escenarios, que cuentan con diversas zonas interconectadas, están estructurados en forma de casillas, de modo que debemos explorar en busca de los niños perdidos. El problema es que cada “sala” está llena de elementos dispuestos en forma de obstáculos, casi como un pequeño Tetris, lo que obliga a modificar su disposición para poder abrir caminos. El protagonista sólo puede desplazarse y hacer levitar los objetos poniéndose a su lado, con el condicionante de que sólo los puede empujar en la dirección hacia la que está mirando. Esos elementos también se pueden agarrar, pero a sabiendas de que, durante esos segundos, la barra de vida va mermando.

Los primeros niveles son más o menos fáciles, pero, pronto, la cosa se complica, con multitud de objetos en pantalla que obligan a pensarse muy bien cada movimiento, como si se tratara de una jugada de ajedrez. Valgan algunos ejemplos. Cuando hay muchos elementos en pantalla, cuesta mover exactamente las piezas de la manera que nos interesa (si el protagonista está en una casilla colindante con tres objetos potencialmente móviles, es preciso que esos tres objetos tengan espacio para poder moverlos simultáneamente). De hecho, puede suceder que nos veamos atrapados entre cuatro objetos y que tengamos que echar mano de una habilidad de teletransporte para volver a la zona inicial. Asimismo, hay muchos elementos vivos, como abejas, mapaches, pájaros, jabalíes, cabras, topos o ciervos dispuestos a hacer que le demos al coco. Es importante destacar la posibilidad de fusionar los objetos del entorno. Por ejemplo, si juntamos dos troncos, se genera una hoguera; si combinamos tres colmenas, surge un bote de miel. A priori, la premisa es muy sencilla, pero, merced a todo ese revoltijo de ingredientes, el rompecabezas hace honor a su nombre, con algún que otro momento desesperante.

La aventura consta de quince niveles, que, jocosamente, se corresponden con los quince años que al protagonista le quedan para jubilarse (señor Rajoy, tome nota de los dirigentes de Spry Fox). En cada uno de ellos, debemos rescatar a una serie de niños, de modo que sólo es posible superarlos habiendo encontrado y llevado con sus padres al menos a la mitad. Si nos dejamos a alguno por el camino, el alcalde nos dirá que es algo que sucede todos los inviernos y que ya harán más… Si morimos durante el nivel, algo nada descabellado, se nos obliga a retroceder hasta el nivel anterior. Suponiendo que estemos inspirados y no nos atasquemos, la duración puede rondar las tres horas fácilmente, a lo que se añade un alto componente de rejugabilidad, ya que la disposición de todos los elementos de los escenarios se genera aleatoriamente cada vez. Además, entre nivel y nivel, podemos hablar con los habitantes de una aldea y trabar amistad con ellos, dándoles regalos.

Austeridad estética, no exenta de encanto

La estética de Road Not Taken es puramente indie. La dirección artística es notable, con unos personajes de lo más simpáticos y un gran colorido, pero los escenarios, a pesar de la variabilidad de sus elementos, son bastante uniformes. La música no pasa de anecdótica, con levísimas melodías que se acompañan del ulular del viento o del ruido de las piezas que vamos moviendo.

Visualmente, es un título bonito, pero no juega en la misma liga que los grandes indies. Igual que sucede con la mecánica de juego, se ha apostado por la sencillez. Eso sí, el hecho de que todos los elementos se generen aleatoriamente cada vez es todo un acierto. Es evidente que la premisa principal que se perseguía era, básicamente, la de desafiar a las sinapsis cerebrales del usuario.

Un rompecabezas en toda regla

Road Not Taken es una buena opción para hacer frente a la sequía que está atenazando el gaznate de la nueva generación durante este verano, con la ventaja añadida de que, en PS4, quienes sean suscriptores de PS Plus pueden descargarlo de forma gratuita. La combinación de puzles y “roguelike” funciona bien, con unos niveles que logran ser desafiantes gracias a la variedad de elementos aleatorios que pueden presentarse sobre el “tablero”. Las mecánicas son sencillas sobre el papel, pero su ejecución en pantalla les da una profundidad que gustará a los amantes de los puzles sesudos. Visual y sonoramente, no está entre lo mejor del panorama indie y quizás se echan en falta más opciones, pero Spry Fox ha firmado un buen título, a prueba de cerebros.

Valoración

Combina con acierto puzles y mecánicas de “roguelike”. Su aparente superficialidad oculta un desarrollo desafiante, con decenas de objetos que exigen pensar.

Hobby

76

Bueno

Lo mejor

Gratis para suscriptores de PS Plus. Rejugable. Bajo su sencillez, hay profundidad.

Lo peor

No está entre lo más granado del panorama indie. Puede llegar a desesperar a los más alocados.

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